jueves, 25 de diciembre de 2008

VILLANCICOS ALEGRES Y HUMILDES

Desde que aprendí, en Diciembre de 1974, el villancico “Sopa le dieron al Niño” (que, como bien dice el P. Ricardo Rodríguez: “A quién se le ocurre darle sopa a un niño recién nacido”), hasta el día de hoy, he escuchado y cantado muchos villancicos: los tradicionales villancicos españoles, los del famoso disco “Ronda de Navidad” grabado por los niños del Colegio “Manuel Pardo” de Chiclayo, los de “Los Toribianitos”, los que he escuchado a “Los Niños Cantores de Viena”,… Tantos villancicos que nos dicen “Es Navidad, ha nacido Jesús”. Me he emocionado con varios de ellos (sobretodo cuando ayudaba a dar la Comunión en una Misa de Gallo mientras cantaban el “Noche de Paz” y el “Adeste fideles”, una experiencia realmente impresionante), he reído con el “Rin rin” (En el portal de Belén… han entrado los ratones, y al bueno de San José… le han roído los calzones…); y también he meditado con algunos de ellos.
Y por ello, en este día de Navidad les propongo la letra de dos villancicos, que nos pueden ayudar a meditar en el Misterio del Nacimiento de Jesús.

El primero del P. Máximo Pérez, "Ay, ay, ay los pastores", que me recuerda como Dios se hace sencillo con los sencillos, cercano a los hombres de corazón grande y generoso. Léanlo conmigo:

No sabían leer en los libros, casi nunca asistían al templo,
Que sabían cuidar solamente
sus cabras y ovejas y mirar al cielo.
No entendían porque los rabinos
discutían con rostros tan serios,
Mas sabían estar vigilantes pasando la noche sin probar el sueño.

Ay, ay, ay, los pastores; ay, ay, ay, como son
Los demás son muy sabios, ay, ay, ay, ellos no
Ay, ay, ay, los pastores, ay, ay, ay, como son
Cuando todos se duermen, ay, ay, ay, ellos no.

No se extrañan de que Dios ame al hombre,
no se extrañan de que tome su cuerpo
No se extrañan de ver Madre y Virgen,
Ellos no se extrañan de que todo sea nuevo.
Se lo cuentan los unos a otros, a José, a María y al pueblo,
Lo propagan por todas las partes,
porque para todos es el Evangelio.

Invitados por Dios al banquete no pensaron llegar los primeros,
Porque estaban muy acostumbrados
en todas las cosas a ser los postreros.
Se aprendieron el canto celeste y cantándolo siempre vivieron:
“Paz al hombre a quien Dios ama tanto,
y a Dios que nos salva la gloria en el cielo”

El segundo es de Esteban de Cegoñal. “Quiero verte en Belén”, que nos invita a contemplar al Niño Jesús en su cuna, y a dejar brotar los sentimientos del corazón:
Quiero verte en Belén porque yo necesito
Encontrar en tu rostro de Niño sonrisa y calor,
Quiero verte en Belén porque allí sin cumplidos
Podré darte un abrazo y lograr tu perdón.

QUERO VERTE SEÑOR EN BELEN
HAZME UN SITIO EN TU HUMILDE PORTAL
PORQUE QUIERO APRENDER DE TU AMOR
EL MILAGRO DE AMAR.

Quiero verte en Belén porque sigo buscando
La ilusión la inocencia y la infancia que un día perdí
Quiero verte en Belén porque vivo añorando
La emoción de unos años que pasé junto a ti.

Quiero verte en Belén porque tú eres la roca
Que le da fundamento y sentido a todo mi ser.
Quiero verte en Belén porque tu eres la fuente
Donde nacen las aguas en que apago mi sed.
Y, para terminar, les pongo estos videos donde acompaño con el teclado a los Niños del Colegio "Hermano Anselmo María", cantando "Rin rin". No cantarán como los ángeles, ni como "Los Toribianitos", pero su entusiasmo y su alegría me han alegrado el corazón en esta Navidad.

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¡FELIZ NAVIDAD CON JESÚS!

lunes, 22 de diciembre de 2008

NO HAY NAVIDAD SIN JESUS

Si mal no recuerdo, durante el Adviento de 1990, cuando pasaba por la capilla de la Universidad Católica (donde yo estudiaba Derecho), vi un afiche en el que aparecía un niño de poco tiempo de nacido, durmiendo en una cuna de pajas. Aquel niño no se parecía a los “Niños Jesús” estereotipados, que vemos en los nacimientos de las iglesias, ni a los que vemos en las obras de arte, (niños de tez blanca, rubios y de ojos azules); se parecía mas bien a un niño de los tantos que hay en los barrios populosos de Lima. Sin embargo, al ver esto, mi imaginación me trasladó a Belén, para contemplar al Niño Jesús recién nacido.
También recuerdo que, cuando era niño, pasaba por una relojería de la Av. Venezuela, en Breña y veía un afiche con una imagen del Niño Dios, que decía "No hay Navidad sin Jesús"; y siempre que lo recuerdo me pongo a pensar en el sentido de aquel slogan. Asimismo, hace pocos años, pasando por la Av. Javier Prado he visto la pancarta de una feria artesanal, que dice "Navidad es Jesús", y me alegra que haya gente que nos lo haga recordar.
Me pregunto ¿Para cuantos, realmente, la Navidad es Jesús y con Jesús? Para algunos Jesús está arrinconado en un nacimiento, adornado primorosamente, pero sólo como elemento decorativo, por costumbre; para otros Jesús está "sobreentendido" o "entre líneas", porque se fijan sólo en las costumbres sociales. Yo no sé si alguien sería capaz de celebrar el "Día de la Madre", saludándola apenas, o reuniéndose con sus hermanos y otros familiares pero arrinconando a su mamá en algún lugar apartado de la casa (para que moleste lo menos posible). Quien hiciera esto se comportaría de manera indigna con su madre. Pues bien, ¿Cuántas personas hacen esto con Jesús?
En estos días de Navidad de quien menos se habla en nuestros ambientes es de Jesús. Se habla de regalos, de gratificaciones, de comidas... Es curioso como las películas que vemos en estos días (muchas de ellas son unas verdaderas "telelloronas") hablan de árboles de Navidad, de Papá Noel, de regalos... ¿Y de Jesús? Bien gracias.
Yo no tengo nada contra los regalos (a mi me encanta darlos y recibirlos), ni contra las costumbres que hay en estos días en cuanto a comidas se refiere, ni contra Papá Noel. Es más, es bonito que en estos días las familias se reúnan para estar juntos, la gente se sienta más buena y generosa que quiera compartir un regalo como muestra de cariño a un ser querido, o quieran compartir chocolate caliente (aunque en estos días, cercanos al verano, haga mucho calor) con la gente que les rodea o con aquellos que no tienen recursos económicos. Pero me parece que es justo y necesario que en estos días pongamos el corazón en Jesucristo recién nacido: es Jesús quien hace el milagro de compartir, de perdonarnos, de unir a la familia dispersa. Ni los regalos, ni las comidas, ni siquiera la unión familiar de este día tienen sentido, si es que Jesucristo no está presente de modo patente en nosotros (no "sobreentendido" o "entrelíneas"), si no nos damos un tiempo para contemplarle, meditar el Evangelio, hablarle, mirarle; para reconciliarnos con él y recibirle en la Comunión de la Misa de la Noche o el Día de Navidad, para agradecer el amor de Dios que nos ha enviado a su Hijo para salvarnos, para que sea nuestro amigo y hermano.
La Navidad es Jesús que trae alegría y paz, y que por lo mismo todas nuestras costumbres deben ser el reflejo de nuestra ALEGRÍA EN EL SEÑOR: "Les doy una gran noticia una alegría para todo el pueblo: Ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor..." (Lucas 2, 10-11). Es verdad que, para aquellos que sufren a causa de la muerte o ausencia de un ser querido, de la enfermedad, de la falta de trabajo, o de un trabajo demasiado sacrificado (policías, médicos y enfermeras de turno en los hospitales, etc.), el sentimiento más fuerte es el de la tristeza y la melancolía. Sin embargo, para este "pueblo que caminaba en tinieblas", "una luz les brilló,... porque un Niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado" (Isaías 9, 1. 5); la Buena Noticia de la Navidad es para todos los que, con un corazón sencillo, acogen al Salvador, como los Pastores de Belén: ellos no tenían grandes banquetes, eran ignorantes, eran pobres, no tendrían a todos sus seres queridos con ellos, ni entendían las complicaciones de los Maestros de la Ley, y sin embargo fueron los primeros en contemplar al Salvador y, junto con María y José, vivieron, mejor que nadie, la Navidad.
Por ello les invito en esta Navidad a pedir, no sólo por los pobres (muchas veces pedimos para ellos sólo bienes materiales), sino por aquellos que tienen todo (dinero, trabajo, salud, familia unida), pero no tienen a Jesús: para que le busquen, le encuentren, le quieran y sean como Él; para que comiencen una amistad fuerte y duradera con Jesús; para que en esta Navidad la Palabra se haga carne, habite entre nosotros y contemplemos su gloria, en nuestro corazón y en nuestra familia.
Que María, nuestra Madre, nos ponga junto a su Hijo recién nacido. Si tenemos a Jesús en Navidad, lo demás vendrá por añadidura.

¡Feliz Navidad con Jesús!

jueves, 4 de diciembre de 2008

ESPERAMOS, SEÑOR, TU VENIDA DE VERDAD


El título de este artículo corresponde al estribillo de uno de los cantos que empleamos en la liturgia de Adviento. Lo escuché por primera vez en nuestra parroquia el primer Domingo de Adviento en Noviembre de 1982.
Hoy quiero compartir con ustedes una reflexión (reflexión que ya en otras ocasiones he hecho en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados) sobre una de las estrofas de este canto, porque, desde la primera vez que lo escuché (y más aún cuando me detuve a leer con calma la letra del mismo), me quedé profundamente impresionado por el mensaje que nos da.
La última parte del canto dice así:
Villancicos alegres y humildes, nacimientos de barro y cartón,
más no habrá de verdad nacimiento, si a nosotros nos falta el amor.
Si seguimos viviendo en pecado, o haya un niño que llore sin pan,
Aunque suenen canciones y fiestas, no podremos tener Navidad.
Esperando.
Esperamos, Señor, tu venida, tu venida de verdad.

Ya vemos como las tiendas y centros comerciales comienzan a tomar un “ambiente navideño”: árboles, luces, adornos, Papa Noeles, nacimientos, etc., y junto con ellos no tardarán en sonar los villancicos. Todos ellos nos dicen: Se viene la Navidad. Pero ¿Qué Navidad se viene? ¿La Navidad de las luces, adornos, panteones y pavos, PERO SIN JESUS? Parece que el ambiente navideño está solo en lo externo, y no en la espera del Señor. La venida del Señor no es solo esperar a que Jesús nazca en la liturgia y en los nacimientos. Es hacer que Jesús nazca en los corazones, en nuestra sociedad, en nuestras casas, en nuestro barrio. ¡Esperamos, Señor tu venida de verdad!
Y la canción nos hace una advertencia que, a mi personalmente, me deja un poco preocupado: Si seguimos viviendo en pecado, o haya un niño que llore sin pan, AUNQUE SUENEN CANCIONES Y FIESTAS NO PODREMOS TENER NAVIDAD.
Nuestra sociedad (sociedad que se dice Católica) está muy lejos de Dios. Muchas veces los cristianos no somos luz del mundo, ni sal de la tierra, sino todo lo contrario. Y podemos verlo a nivel personal, familiar y social. Fruto de ese pecado vemos a gente que no tiene un trabajo o un salario digno, violencia, familias destruidas, madres abandonadas, niños explotados que tienen que vender caramelos en los carros, o hacer acrobacias en las calles para ganarse unos cuantos centavos. Pues bien, mientras todo eso exista como fruto del pecado, aunque los coros infantiles canten villancicos, o hayan muchas propagandas de panteones, chocolates y pavos, no habrá Navidad. ¡Esperamos, Señor, tu venida de verdad!
La venida del Señor no es solamente celebrar su nacimiento, o esperar su última venida al final de los tiempos; es hacer que su Reino ya esté en la tierra, construyendo una sociedad de hermanos, de justicia, de amor y de paz. Es destruir el pecado, personal y social, y hacer que el Señor esté presente en todos los aspectos de nuestra vida. Por todo ello nuestra vida es un constante Adviento, es decir un constante esperar la venida del Señor y construir su reino. ¡Eso es esperar al Señor con las lámparas encendidas! Y por ello la venida del Señor no es el fin del mundo, el Apocalipsis que presentan las películas. ¡La venida del Señor es lo mejor que nos puede pasar! No en vano la oración de los primeros cristianos era esa “¡Marana Tha! ¡Ven, Señor Jesús!”, porque sabían que su presencia en el mundo y en sus vidas es lo mejor que les podía suceder.
Hagamos que en este Adviento Jesús esté en nosotros, desterrando el pecado, acercándonos a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía; y haciendo que Jesús esté presente entre nosotros, en nuestras familias, en nuestro barrio, en nuestro mundo.
¡Esperamos, Señor, tu venida! Pero no con los brazos cruzados. ¡Tú vienes con nosotros!

miércoles, 3 de diciembre de 2008

DIOS ENTRE JUICIOS

Foto de la inauguración de la Capilla del Palacio de Justicia el 17 de Noviembre del 2008 por el Cardenal Juan Luis Cipriani.

Padre nuestro que estás en la calle,
entre el tráfico, el ruido y los nervios,
que se cumpla, Señor, tu Palabra,
lo mismo en la tierra que arriba en el cielo.

PADRE NUESTRO, PADRE NUESTRO,
NO ERES UN DIOS QUE TE QUEDAS
ALEGREMENTE EN TU CIELO.
TÚ ALIENTAS A LOS QUE LUCHAN
PARA QUE LLEGUE TU REINO.
(J. A. Olivar)

Como Abogado que soy tengo que realizar, de cuando en cuando, una visita al Palacio de Justicia. El lunes 24 de noviembre tuve que estar por allí para recoger en la sede del Colegio de Abogados un compendio de leyes que nos obsequiaba el Decano. Al estar por allí recordé que había leído en la página web del Arzobispado de Lima (http://www.arzobispadodelima.org/) que el Señor Cardenal Juan Luis Cipriani había inaugurado una Capilla el 17 de Noviembre, por lo que me decidí visitarla.
La Capilla está muy bien arreglada, con cuadros de la Virgen del Carmen, del Señor de la Justicia, de San José y otros santos más. Lo único de malo es que el techo es de vidrios (o acrílicos, no lo pude distinguir) casi transparente que, al mediodía, deja pasar los rayos del sol, lo cual dificulta el recogimiento para la oración.
Al estar allí me puse a pensar: ¿Es posible encontrar a Dios en medio de todos estos juicios y expedientes, entre el bullicio de la gente que clama por justicia? Por esos lugares del Palacio de Justicia están los Juzgados Penales y la Carceleta a donde van las personas que han cometido algún delito ¿Cómo encontrar a Dios al lado de tanta gente que está procesada por haber cometido algún delito, delitos que muchas veces son pecados graves? ¿Estará Dios cerca de donde se corrompen a los abogados, secretarios y jueces para torcer el sentido de la justicia?
Aparentemente a Dios solo se encuentra donde abunda la santidad, los buenos ejemplos, la vida de la gracia. Y se ha querido meter allí donde parece estar ausente. Y nos invita a contemplarlo y a mirarlo allí, en medio de los jueces, abogados, procesados, policías y expedientes, allí donde quizás “sobreabunda” (?) el pecado, porque ha venido para salvar a los que estaban perdidos.
Allí, en el Palacio de Justicia, lo necesitamos a gritos y se ha quedado en el Sagrario de esta soleada capilla para esperarnos, como amigazo del alma, con los brazos abiertos.

sábado, 22 de noviembre de 2008

EL REINO "DEL MAS ALLA"


Seguramente por el título de este artículo usted pensará que me estoy refiriendo a cosas relacionadas con ultratumba, espiritismo, magia negra, etc. Nada de esto. Hoy es la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, y es una oportunidad para reflexionar sobre el Reino de Dios que Jesús ha venido a predicar entre nosotros y que nos ha encargado construir.
Y, si pongo la frase “Reino del más allá”, es porque muchas veces pensamos que el Reino de Dios, o el Reino de los Cielos (como lo llama Jesús en su predicación) es algo que sólo va ocurrir al fin del mundo, o después de nuestra muerte, y que, por lo tanto, como será “en el más allá” no hay nada que hacer en el “mas acá”.
Los textos litúrgicos de la Fiesta de hoy nos hacen ver cómo es el Reino que quiere Jesús: un Reino de justicia, de amor, de paz, donde todos los hombres seamos hermanos, donde seamos solidarios con aquellos que sufren, donde no se discrimine a nadie. Y, en otras oportunidades, compara a su Reino con una fiesta, un banquete donde todos están invitados, donde se come lo mejor, donde se tiene el gusto de estar con otras personas (Mateo 22, 1-14)
Este reino, que nos puede parecer una utopía, se construye aquí y ahora. Si escuchamos atentamente el Evangelio de hoy, nos daremos cuenta que, cuando Jesús venga como Rey, llamará a compartir la Fiesta definitiva de su Reino a todos aquellos que fueron solidarios con quien lo necesitaba: “Tuve hambre, sed, estaba solo, desnudo, en la cárcel (no interesa si justa o injustamente) y tu me ayudaste…”, aunque no lo hayan reconocido; y despedirá de su Reino a aquellos que no ayudaron a sus semejantes, porque las veces que hicimos o no una obra de bien “con uno de sus hermanos mas pequeños” con él lo hicimos o lo dejamos de hacer. (Mateo 25, 31-46)
¿Qué Reino construimos entre nosotros? Somos un país católico, donde amamos al Señor y a la Virgen nuestra Madre, y lo mostramos con nuestras celebraciones religiosas. Pero, ¿no somos también un país donde el reino de Dios está lejos de nosotros? ¿No vemos acaso que la corrupción, la violencia, el aborto, la infidelidad matrimonial, el pago de salarios injustos, la discriminación, etc. van en contra y destruyen el reino de Dios? y lo peor de todo, es que muchos de los involucrados en estos actos son hermanos nuestros, que un día fueron bautizados, hicieron su Primera Comunión, le dieron el corazón a Cristo. La semilla del Reino que se sembró en ellos no dio fruto. (Mateo 13, 24-43).
No quiero, amable lector, desanimarlo. Por el contrario, lo que quiero es animarlo a construir el Reino de Dios aquí y ahora. Un Reino en el cual vivamos los valores del Evangelio, no solo la justicia, la paz y la solidaridad, sino también la misericordia para ayudar a levantarse al que ha caído. Un Reino al cual estamos llamados todos, sin discriminación alguna, (Mateo 20, 1-16) en el que todos tenemos un lugar para trabajar; y al cual siempre tendremos la oportunidad de regresar, si decidimos poner el hombro para construirlo.
Hoy en día la figura de los reyes está muy venida a menos, tanto a nivel social (recordemos los escándalos de las monarquías europeas), como a nivel político (en la mayoría de las monarquías “El Rey reina, pero no gobierna”); las monarquías son casi “figuras decorativas” de los países que las conservan. Jesucristo quiere ser nuestro Rey, un Rey que reine y gobierne de verdad, como decimos en la canción que seguramente hemos cantado o recordado hoy “en nuestra patria, en nuestro suelo”. Depende de nosotros que Reine en nuestra patria, en nuestro suelo, en el “más acá”; y no esperar para que esta realidad sea solo del “más allá.

Nota: Hoy, día de Cristo Rey doy gracias a Dios por el 22 aniversario de mi Confirmación recibida el 23 de Noviembre de 1986 en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados, por el ministerio de Mons. Alfredo Noriega Arce, S.J.; y porque en la Víspera de esta Solemnidad y de este aniversario me ha concedido ser padrino de Confirmación.

jueves, 20 de noviembre de 2008

RECUERDOS DE NOVIEMBRE: SIEMPRE LA H... SIEMPRE LA U...


El otro conjunto de recuerdos de Noviembre lo constituye mi colegio. Mis estudios de Primaria y Secundaria los realice en el Colegio “Hipólito Unanue” ubicado en la Unidad Vecinal de Mirones, desde el Lunes 12 de Abril de 1976 (1º grado de primaria) hasta el Lunes 22 de Diciembre de 1986 (clausura de 5º de secundaria). Recuerdo que, cuando entré al colegio, se llamaba “Gran Unidad Escolar Hipólito Unanue”, al terminar la Primaria en 1981 se llamaba “Centro Base Hipólito Unanue”, al final de la secundaria se llamó “Colegio Nacional Hipólito Unanue” y (no recuerdo si después de algún cambio mas) hoy se llama “Institución Educativa Mixta Hipólito Unanue”. En mis tiempos era Colegio de Varones, ahora es mixto. No sólo los nombres cambian.
Y los recuerdos de mi colegio afloran en estos días porque en el mes de Noviembre celebrábamos el Aniversario del Colegio, precedido de concursos, campeonatos, y demás actividades que los Colegios suelen organizar con este motivo. De todas las actividades que se hacían la que más recuerdo era el “Concurso de Oratoria”. Aquel era EL CONCURSO del colegio: los alumnos de 3º a 5º de secundaria hacíamos gala de nuestras cualidades como oradores preparando discursos que arrancaban efusivos aplausos de nuestros compañeros, y demostrábamos nuestra capacidad de liderazgo, ya que ese concurso era semillero de líderes. Y el ganador del Concurso era quien, a nombre de la promoción, daba el discurso de Orden en el “Día del Colegio”. De mi salón llegamos a participar cinco en 1986 (yo era uno de ellos), y los cinco llegamos a la final, coronándose como campeón Martín Jurado. Yo no quedaba entre los tres primeros lugares, y creo que se debía a que gritaba mucho y a que tengo el defecto de hablar rápido, algo que se hacía más notorio en esas ocasiones (ahora me pregunto si de todos los discursos que di en el Colegio, que fueron muchos, algo habrá quedado, o lo que es peor, si alguien me habrá prestado atención).
La celebración del “Día del Colegio” era impresionante: ofrendas florales ante el busto de Hipólito Unanue, presencia de exalumnos (infaltable la Promoción 1966 a la que pertenece el futbolista Percy Rojas), colegios invitados, globos aerostáticos, la presentación de la banda de mi colegio dirigida por el Profesor Hernández Peña (realmente impresionante) y los números musicales a cargo de los profesores Lorenzo Humberto Sotomayor (cantando sus composiciones "Corazón" y "Las mujeres de mi tierra") y Alejandro Hernández Bedoya (quien en 1983, con un piano destartalado se lució como nunca tocando el “Cóndor Pasa”). Creo que de todos los aniversarios en los que he estado, tanto de alumno como de exalumno, el mejor de todos fue el que organizamos cuando yo estaba en 5º de secundaria el 20 de Noviembre de 1986. No es por alabar a mi promoción, pero no he visto, ni siquiera en las “Bodas de Oro” en 1998, la algarabía y el entusiasmo de aquella vez; y debe haberles impresionado a muchos porque cuando estuve el pasado Martes 18 en el aniversario de mi colegio, estaban publicadas varias fotos del año 1986.
Cuando estuve en secundaria nuestro Director era don Nicanor Castañeda Guerrero. Para los que fuimos alumnos del “HU” en la década de los años 80, era un “Señor Director”: le teníamos mucho respeto, estaba al pie de todas las actividades del colegio, asistiendo incluso los sábados y domingos para cualquier cosa que fuera necesaria, siendo Director no era raro verlo jugando basket con los alumnos. Él era “Unanuino de verdad”, nos enseñó a querer a nuestro colegio, tenía una “mística” muy especial, y para muestra basta un botón: la arenga de nuestro colegio “Siempre la H, siempre la U, nadie le gana al HU” (cuya autoria, a finales de los años 50, pertenece al auxiliar del colegio Hernán Sánchez Santa Gadea) sonaba, en la voz de don Nicanor, con la mística, la fuerza, la energía y la emoción que sólo él le ponía y, (que me perdonen los exalumnos antiguos) como nunca lo he escuchado gritar a nadie.
Volver al colegio cada año en estas fechas es recordar el paso por las aulas, el reencuentro con los compañeros de promoción (y de otras promociones que he conocido) y con los maestros de mi niñez y adolescencia. A pesar de que la educación estatal ya estaba en crisis desde que estaba en primaria, creo que mis maestros del “Hipólito” me formaron bien, no solo a nivel académico, sino también a nivel personal y humano. Tuvimos unos Señores Maestros que se tomaron en serio lo que enseñaban y se preocuparon porque aprendamos, cada quien con su carácter y su forma de ser. Yo fui amigo de varios de mis maestros quienes en algunos casos compartieron conmigo sus inquietudes. Permítanme recordar a Serafín Sáenz, mi profesor de Primaria; a Rosa María Alva (Matemáticas en 3º y 4º, con quien pintamos el “Patio Perú”), Teresa Morán (Geografía en 2º e Historia en 5º), Luisa Tito (Religión en 1º y 5º), Luis Amado y José Cavero (Educación física en 1º y 5º)[1], Pina Canales (Historia y Geografía en 2º, 3º y 4º, fue Madrina de la Promoción); Gladys Benites (Matemáticas en 1º y Madrina de la Promoción); Gladys Carbajal (Lenguaje en 1º), Fidel Peltroche y Manuel Vélez (Lenguaje y Literatura en 2º, 3º y 4º, promotores del Concurso de Oratoria); Lorenzo Humberto Sotomayor (Arte en 1º y 2º); Sigfredo Quintana (Biología en 4º, una memoria impresionante); Clara Silva, Pilar Barera y Mario Beuzeville (inglés); Luis Hidalgo (Historia); Eugenia Velázquez (Geografía en 1º y 5º);… Puedo añadir más nombres, pero una vez más la brevedad me obliga a parar, sin embargo a todos ellos los recuerdo con cariño y gratitud.
Los tiempos han cambiado, de hecho el “Hipólito” ya no es igual que antes: ahora es mixto, ya no hay el Concurso de Oratoria, el “Patio Perú” ya no tiene los murales que hicimos, los alumnos no dan discursos en la actuación central, y quizás no tienen la mística que tuvimos nosotros. Lo único que permanece igual es la cancha de fútbol y el espacio destinado a construir un día el Coliseo del Colegio. Ojala se pueda hacer algo, se que hay voluntad, pero lo que falta es dinero y mas gente que haga algo por conseguirlo.
Por mi parte, sueño con restaurar el “Concurso de Oratoria”, ojala que mis compañeros de promoción se animen a colaborar en este proyecto, ya que mi salón destacó mucho en esto. Estoy convencido que un evento de este tipo ayudará a que despierten los líderes escolares (que deben estar dormidos en las aulas esperando que alguien les de la oportunidad de mostrar sus cualidades) y a resucitar la mística de nuestro tiempo. Y también sueño, desde hace 22 años, con presidir la final de este concurso, como lo hicieron mis maestros de antaño.

¡SIEMPRE LA "H"!
¡SIEMPRE LA "U"!
¡NADIE LE GANA AL "HU"!

[1] Para los estudios fui bastante bueno, pero para el deporte fui malo: Cuando estuve en el colegio el profesor Luis Amado nunca pudo lograr que pateara bien una pelota de futbol, y el profesor José Cavero nunca pudo hacer que haga una barra. Sin embargo sé que el profesor Amado se habrá alegrado cuando, desde el cielo, me habrá visto jugando futbol 25 años después de haber sido su alumno; y al profesor Cavero, si lee lo que estoy escribiendo, quiero decirle que 19 años después de haber sido su alumno, durante mis Ejercicios Espirituales, pude hacer las barras que usted quería que haga en clase. Lo que ustedes me enseñaron dio frutos después de mucho tiempo, no fracasaron conmigo. ¡Gracias profes!

sábado, 8 de noviembre de 2008

RECUERDOS DE NOVIEMBRE: "Y DALE GOCE, DALE..."


Noviembre es para mi un mes cargado de recuerdos tanto a nivel personal, familiar, parroquial, espiritual. Por otra parte, algunos amigos me han hecho notar que tengo una memoria “casi fotográfica” para recordar las fechas de algunos acontecimientos y sus detalles.
Así, pues, recuerdo que hace 18 años comenzó la participación de mi promoción en las Olimpiadas de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica. Les explico: durante el mes de Noviembre se realizaban durante poco mas de 15 días las “Olimpiadas de Derecho”, que consistían en un desfile y scketch (actuación en la que se parodiaba y ridiculizaba a la realidad de la universidad, del país, y aún al derecho mismo) en la inauguración, competencias deportivas, la tradicional gymkhana, una tarea olímpica (tarea social) y un scketch final. Ah, y por supuesto, fiesta al comienzo y al final de las olimpiadas. Cada ciclo de estudios se constituía en una promoción (éramos nueve) y llevaba un nombre jurídico (por lo general) en doble o triple sentido. Mi promoción se llamaba “Goce…” (no lo completo para no escandalizar a algunos de mis lectores).
Pues bien, el miércoles 7 de noviembre de 1990, estando en segundo ciclo de Derecho mi promoción se disponía a participar por primera vez en tan magno evento. Por la mañana, bajo la batuta de Christian Stein ensayábamos nuestro scketch. Yo había decidido no participar, sin embargo Manuel Barrios (con quien hasta entonces no había cruzado palabra alguna) se encargó de animarme y convencerme a que participe (las palabras de un buen amigo, dichas del modo apropiado, pueden hacernos cambiar de opinión). Allí tuve la oportunidad de conocer y actuar con Salvador del Solar (quien fue mi compañero de promoción). Por la tarde tuvimos el desfile desde la Facultad (disfrazados y haciendo barra) hasta el campo deportivo al otro lado de la Universidad. Aquel día “Goce” tomaba carta de ciudadanía, siendo Mirko Peraltilla nuestro primer Presidente y Manuel Huamán y Jorge Vega nuestros delegados de deportes. Y Salvador del Solar nos enseñó la barra que nos distinguió para siempre: “Ay, ayayay, ayayayayay, sube, baja, Goce, ay”.
Terminado el desfile presentamos nuestro scketch en el cual hicimos una parodia de “Fuego Cruzado”, con Paul Duclós en el papel de "Mariela Balbi" y Magaly Báscones en el papel de “Estrellita”. Tengo que reconocer que nos fue mal, y si no quedamos últimos fue porque la promoción de Primer Ciclo lo hizo peor.
Ese día nació un grupo de amigos, una promoción que se sentía un solo hombre para competir y celebrar un triunfo. Todos participábamos de una u otra forma, en las actuaciones, en los deportes, en la gymkhana, en las barras. Recuerdo que, terminadas las clases de la mañana, corríamos al campo deportivo para hacer barra a nuestra promoción.
Vienen a mi mente los scketch que hicimos: “Fuego Cruzado” y “La historia de Paquito Avendaño” en 1990; “El amor en el derecho” y “Alicia en la Facultad de las Maravillas” en 1991; “El teatro en el derecho” y “La guerra de las galaxias” en 1992 y “El mundo mágico del derecho” y “Terminator” en 1993; y el recuerdo de las actuaciones de mis compañeros (llegábamos a actuar alrededor de 80, sólo de nuestra promoción): Paul Duclós (Cupido y Pinocho); Salvador del Solar (Marco Antonio, el Genio de la Lámpara), Mijail Quispe (el Chiquito Mazamorrero), Eduardo Guevara (Raúl Velasco y Akundún), David Flores (Peter Pan), Beatriz Llanos (Susan Nieves); Micaela Mujica (Afrodita y Lady D); Gonzalo Quijandría (Paris, Dr. Fausto Zolezzi); Pedro Velásquez (Paquito Avendaño bebito); Rista Maraví (Cleopatra), Gloria Viacava (la mucama de Susan Nieves); Magaly Báscones (Odaliska), Homi Rodríguez (Odaliska y bailarina de Can Can); Duncan Masson (estatua del discóbolo); nuestros profesores el Dr. Humberto Medrano (Príncipe Azul), Dr. Mario Pasco (Papa). Recuerdo a las utileras dirigidas por Rosita Aguilar que nos preparaban los disfraces; a los que preparaban las voces en las grabaciones. A mi me tocó actuar haciendo de Papa, árbitro de futbol, esclavo de pirata.
Y en deportes, permítanme recordar nuevamente a Salvador del Solar (participaba en casi todo), Gonzalo Quijandría, Bayo García Godos, Roberto “Tyson” Gómez (basket); Rocío Medina (fulbito femenino, ¡que tales goles!), Pepe Chirinos (fulbito), Ana Cecilia Serpa (marathon); Gloria Viacava, Elizabeth Prado y Ana Vera (basket); Carlos Briceño y Diego Ferré (carrera de cinco pies); Kiko Felices, Beatriz Llanos, José Delmar (nudo de guerra), Enrique Ferrand (marathon),… Perdónenme que no siga con mas nombres, no puedo alargarme más.
Y en estas competencias saboreamos el triunfo: en 1990 fuimos sub campeones, bajo la batuta de Mirko Peraltilla; campeones en 1991 y 1992 y sub campeones (oficialmente) en 1993 bajo la batuta de Giovanna Béjar. ¡Cuántos recuerdos!
Un día conversando con Carlos, acólito de Desamparados (que ha conocido a varios de mis compañeros), me dijo: “Manuel, tú te emocionas cuando hablas de tus amigos de la Universidad”. Y es verdad. A ustedes, amigos de Goce, les agradezco el regalo de su compañía en las aulas de clase, el regalo de su amistad que perdura hasta hoy, el regalo de su alegría en las competencias y en los bailes, el regalo de su confianza al compartir mutuamente nuestras inquietudes, el regalo de su colaboración generosa cuando en abril pasado les pedí una limosna para las sotanas de los acólitos de mi parroquia. Y al recordar el comienzo de nuestra promoción les dedico estas líneas, con mucho cariño y con mucha nostalgia, con agradecimiento por tanto bien recibido de ustedes.
“¡…Ayayay, sube, baja Goce, ay…!”

miércoles, 5 de noviembre de 2008

TODOS LOS SANTOS Y BEATOS DE LA COMPAÑÍA DE JESUS


Aunque ya no estoy en una parroquia jesuita, no puedo olvidar que el 5 de Noviembre se celebra la Fiesta de Todos los Santos y Beatos de la Compañía de Jesús. La rúbrica que está en la Liturgia de las Horas propio de los jesuitas dice lo siguiente:
Por analogía con la antigua tradición de la Iglesia, que en la solemnidad de Todos los Santos, celebra a todos los que están con Cristo en la gloria, en esta fiesta celebramos no sólo a aquellos de nuestros hermanos a quienes se ha concedido el honor de los altares, sino también a otros innumerables que han trabajado con Cristo por la salvación de las almas y que, habiéndole seguido en la pena, le han seguido también en la gloria (Cf. Ejercicios Espirituales Nº 95).”
He conocido la vida de varios santos y beatos de la Compañía de Jesús, algunos con más detalle que otros: Ignacio de Loyola, el fundador; Francisco Javier, el misionero; Francisco de Borja, quien después de enviudar renunció al Ducado de Gandía para entrar a la Compañía de Jesús; los tres patronos de la juventud: Luis Gonzaga (quien murió siendo estudiante contagiado por la peste); Estanislao de Kostka (patrono de los novicios); y Juan Berchmans (patrono de los estudiantes jesuitas); Pedro Claver, el "esclavo de los esclavos" en Cartagena de Indias; Claudio La Colombiere, confesor de Santa Margarita María de Alacoque y difusor de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús; el hermano Alonso Rodríguez, que se santificó como portero del Colegio de Palma de Mallorca; Alberto Hurtado, fundador del "Hogar de Cristo" en Chile; el Beato Miguel Agustín Pro, mártir en Méjico durante la “Guerra Cristera” en 1927; por citar a los que más recuerdo.
Entre los que aún no han alcanzado el honor de los altares no puedo dejar de citar al P. Francisco Del Castillo, el Apóstol de Lima, quien en la antigua iglesia de los Desamparados estaba al servicio de los esclavos, y ante el Santo Cristo de la Agonía (que conservamos en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados y San José en Breña junto con la imagen de la Virgen de esta advocación) dio comienzo a la meditación de las Siete Palabras de Cristo en la Cruz que se tiene el Viernes Santo en los templos y que más tarde se convirtió en el tradicional “Sermón de las tres horas”, difundido en el mundo; no en vano el Papa Juan Pablo II en su visita al Perú en 1985 lo propuso como modelo de sacerdote. Y también quiero mencionar al P. Pedro Arrupe, General de los Jesuitas desde 1965 hasta 1983, testigo de la bomba atómica que asoló Hiroshima en 1945, a quien le tocó guiar a la Compañía en los años posteriores al Concilio Vaticano II, "amigo fuerte de Dios" e "hijo de la Iglesia, a quien le duelen las debilidades de su madre (la Iglesia), pero no menos las críticas de quienes, -siendo de hecho, y diciéndose hijos suyos-, la mira y la maltratan como realidad ajena. Y sale siempre, inmediatamente, al paso de ambas", como lo diría el P. Ignacio Iglesias; un hombre al que quizás muchos ajenos a la Compañía no entienden, pero que les puedo asegurar (y así lo demuestran su vida y sus palabras) que era fiel a la Iglesia y al Papa.
Y entre los jesuitas fallecidos que han seguido a Jesús en la pena y después en la gloria, quiero recordar a los que yo conocí: el P. Antonio Alonso, hombre sencillo, confesor en Desamparados, que se preparaba para la Misa con mucho recogimiento; el P. César Toledo, jesuita sabio, confesor en el templo, buen guía espiritual; el P. Pedro Gassó, amigo de los niños, formador de acólitos, que nos ganaba con su simpatía, y que se sentía orgulloso de que lo llamen “jesuita” es decir “de Jesús”; el P. Ubaldo Ramos, fallecido de cáncer a los 46 años, de carácter alegre, comprensivo y bromista, quien me dirigió en los Ejercicios Espirituales en 1996; el H. Juan Retuerta, fallecido hace un mes en España, a quien recuerdo rezando el Rosario en Desamparados; el P. José Ridruejo, Provincial en España y en el Perú, confesor en San Pedro; el P. Pablo Urrunaga, quien me bautizó, amigo de los niños en la Parroquia de Santo Toribio; el P. César Regueras, mi primer Director Espiritual y por quien comencé a asistir a Desamparados, que me enseñó a gustar del canto gregoriano; el P. Manuel Marzal, hombre sabio y sencillo, catedrático universitario y trabajador en la viña del Señor hasta el final, atendiendo confesiones y celebrando Misa en Desamparados a pesar del cáncer que lo estaba consumiendo.
Podría citar incluso nombres de jesuitas que aun viven y cuya santidad de vida lo notan todos aquellos que los conocen, pero no lo hago para no herir susceptibilidades; pero, sepa usted mi amable lector, que a pesar de las dificultades que hay en la Iglesia y en el mundo, hay santos, y no son pocos, en la Compañía de Jesús del siglo XXI.
Y es que para ellos “ser santos” no es una palabra que se repita en un discurso o en una homilía; “ser santo” es su forma de vivir, sin grandes aspavientos, con mucha sencillez y humildad, con el corazón puesto en Jesucristo para amarle y seguirle, con el corazón en los hermanos para llevarlos al encuentro con Dios, apreciando sus valores, comprendiendo sus debilidades, ayudándoles a superarse, respetando su libertad; con amor y fidelidad a la Iglesia y al Papa. Y esto nos interpela, nos cuestiona y nos hace ver que muchos de nosotros (y yo me incluyo allí) estamos lejos de la santidad, pero que si ponemos el corazón en Dios y somos fieles a la Iglesia y al Papa (como lo enseñó San Ignacio de Loyola) seremos santos, no como ellos, sino más que ellos: como Jesús. Él es nuestra meta.

lunes, 3 de noviembre de 2008

¿TRADICION VACIA?


Hace unos días acompañaba a un amigo al hospital a averiguar el estado de salud de su pareja. Lo conocía desde que era un niño en la parroquia, y por diversas circunstancias se había convertido en “cristiano” (=evangélico). Su historia es muy común entre la gente que atraviesa por estas circunstancias: son católicos “de nombre” (no van a Misa, no se confiesan, no rezan), llevan una vida desordenada hasta que llegan a situaciones graves (vicios muy arraigados, enfermedad, muerte, problemas familiares, etc.) que les llevan al borde de la desesperación; es allí donde alguien con la Biblia en la mano les habla de Dios, los lleva a su iglesia y entonces ven una luz, dejan sus vicios, sienten que su vida cambia y todo va bien… al menos aparentemente, pero de esto hablaremos en otro momento.
Mientras íbamos en la combi rumbo al hospital Rebagliati, me preguntó si había ido a la procesión del Señor de los Milagros, yo le respondí que si, y él me salió con el refrito de los evangélicos, perdón, “cristianos” (como si los “católicos” no fuésemos “cristianos”): que porque iba, que mejor me hubiese quedado en mi casa a orar, que eso es solo una “tradición”. Yo le dije que allí iba a encontrarme con Cristo, y que más allá de la tradición (que no tiene nada de malo) está el encuentro con Cristo, de la misma manera que lo encontramos en la oración y en la Biblia.
El pasado 28 de Octubre asistía de noche a la procesión. Como muchos de nosotros, iba con mi “lista de pedidos” (ya el 19 había asistido y agradecía las gracias recibidas). Sin embargo, al ver a tanta gente (esta vez he visto mucha más gente que en años anteriores) de toda condición, llevando a sus hijos pequeños, llenando varias cuadras de las avenidas Wilson y Tacna, me olvidaba de mi “lista de pedidos” y me ponía a reflexionar: ¿Esto puede ser una tradición vacía? ¿Puede llamarse “tradición” o “costumbre” (en el peor sentido de la palabra) asistir a una procesión multitudinaria, donde nos exponemos a extraviarnos, desmayarnos, a que se nos pierda algo, a que nos empujen por acercarnos a una imagen? ¿Acaso la gente se viste de morado, adorna sus casas y calles, con cadenetas, alfombras de flores y gigantografías, solo por costumbre, para cumplir o quedar bien? ¿Quién me va a negar la emoción que sentimos al acercarnos a la imagen de Cristo crucificado; la emoción de nuestro pueblo que aplaude cuando, al sonido de la campana se eleva el anda del Señor de los Milagros? ¿Qué sentido puede tener que muchos padres de familia lleven a sus hijos pequeños a una procesión con tanta gente? (a mi me llevaron a los 4 meses de nacido y cuenta mi mamá que jalaba el cabello a la gente). ¿Por qué tantos homenajes de instituciones y personas particulares, que con guitarra y cajón le canta nuestra música criolla al Señor de los Milagros? (Les confieso que en una ocasión me dio mucha mas devoción escuchar en la procesión el vals de Mario Cavagnaro “Lima de Octubre” que el “Ave María” de Schubert o “Cómo no creer en Dios”).
Añada usted mi amable lector mas “costumbres” o “tradiciones” y verá que todo esto si tiene sentido. Y ese sentido es Jesucristo, no hay otro. El lo dijo en el Evangelio “Cuando sea elevado de la tierra atraeré a todos hacia mi” (Juan 12, 32).
Y atraídos por Jesús, nos acercamos a su imagen, nos encontramos con él. Como otros ya lo han dicho, en el Evangelio podemos encontrar a mucha gente que se empujaba por acercarse a Él y tocar aunque sea el borde de su manto para obtener una gracia (Marcos 5, 25-34).
No puede ser una costumbre vacía, hueca, sin sentido, todo esto. En octubre buscamos, de diversas maneras, encontrarnos con Jesús; ya lo escribí anteriormente. Que nuestros hermanos evangélicos se dejen de prejuicios. Así como ellos buscan al Señor en la lectura de la Biblia y en la oración, así también nosotros, CRISTIANOS CATOLICOS, buscamos al Señor en la Biblia, en el Magisterio de la Iglesia, en los Sacramentos, en la oración, en nuestras devociones al Señor de los Milagros (que es el mismo Jesús de la Biblia), a la Virgen y a los santos. Y si lo hacemos con sinceridad, con cariño, con todo el corazón, el Señor saldrá a nuestro encuentro.

sábado, 1 de noviembre de 2008

LOS MOTIVOS DEL LOBO

Cuando hace 24 años estudiaba Oratoria en el Museo de Arte de Lima escuché por primera vez el poema de Rubén Darío “Los motivos del lobo”, basado en las “Florecillas de San Francisco” en donde se cuenta como el santo amansó al Lobo de Gubbio. A diferencia de las “Florecillas”, en el poema de Darío el lobo cambia su forma de vivir solo por un tiempo y después, lleno de resentimiento, vuelve a su antigua vida en el bosque. Y tiene sus motivos para ello. Les invito a leer las “Florecillas” y el poema de Darío en http://www.franciscanos.org/sfa/gubbio.html
Hace tres meses estuve haciendo los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola bajo la dirección del Centro de Espiritualidad Ignaciana. Ha sido una experiencia fascinante, yo lo veía como un “Viaje al corazón de Cristo”. Después de la introducción que se llama “Principio y Fundamento”, la primera parte de los ejercicios es la meditación del pecado en el mundo y en cada uno de nosotros. Al tocar este punto reflexionábamos como muchas veces el pecado, tanto a nivel social como individual, es producido como consecuencia del mal que otros o también nosotros mismos hemos provocado anteriormente, repitiéndose la cadena del mal. Por ejemplo, a nivel social lo podemos comprobar cuando vemos que en la década del 80 y 90 el terrorismo que asoló nuestro país fue provocado por tantas situaciones de injusticia y de olvido de muchos habitantes del ande peruano; como la destrucción de la familia (madres solteras, aborto, divorcio) es producto del egoísmo y del mal ejemplo de nuestra sociedad. Y a nivel personal, si hacemos un serio examen de conciencia, podemos comprobar como las heridas del pecado ajeno o propio nos hacen caer en el mal.
Cuando constatamos el pecado ajeno, nuestra reacción es pretender que el otro cambie de conducta; es más, queremos que el cambio y la conversión sea marca “Acme” (Recuerden los dibujos animados del “Correcaminos" donde el Coyote sacaba un objeto que, con solo un botón debería funcionar a la perfección, pero que casi siempre terminaba fallando). Y si el cambio o la conversión no es rápida, a “nuestro estilo” o con nuestros criterios, nos desesperamos, perdemos la paciencia y, en no pocas ocasiones, empujamos al pecador a abandonar el camino correcto, en lugar de ayudarle a enderezarlo. Insisto, si el hombre se equivoca, peca y actúa mal no es porque sea malo, sino porque muchas veces es consecuencia de las heridas, experiencias y traumas que arrastra a lo largo de su vida. ¿No son estos los motivos del lobo?
Sin embargo, creo necesario hacer dos aclaraciones:
1º Que, al afirmar lo que he escrito no pretendo justificar el error, el mal, ni el pecado; sino entender a la persona que se equivoca, mas allá de sus caídas y pecados. Si queremos combatir el mal y el pecado en el mundo y en el hombre hay que ver cuales son sus causas mas profundas, de lo contrario el cambio de conducta solo será superficial, y existirán muchas posibilidades de volver a caer.
2º Que no pretendo reducir el problema del mal y del pecado a un asunto meramente psicológico, como si sólo se tratara de eso. La conversión y el cambio de vida, como dijo el Papa Benedicto XVI, se produce al encontrarnos con Jesús Resucitado. Y es bueno recordar que Jesús sale al encuentro de la persona en su totalidad, con toda su historia, sus pecados, sus traumas y problemas; que El sana nuestras heridas, y nos ayuda a superar nuestras dificultades, y así nos resucita de nuestras situaciones de muerte, que son precisamente las que ocasionan el mal.
Que pertinentes resultan las palabras de Jesús cuando en la parábola del trigo y la cizaña (Mateo 13, 24-30) nos presenta las actitudes de los trabajadores que quieren arrancar la cizaña y la respuesta del dueño del campo “No, dejen crecer la cizaña junto al trigo, ya llegará el momento de cortarla y quemarla”. No nos apuremos, a veces por querer destruir el mal destruimos también el bien que hay en el hombre y al hombre mismo, tratemos de entender sus motivos, de salvar la proposición del prójimo; no lo empujemos a abandonar el camino de Dios. Y junto con esto me resuena en el corazón la parábola de la semilla (Marcos 4, 26-34), Dios actúa la conversión de la persona silenciosamente, sin que lo notemos, de día de noche, en el momento menos pensado veremos que ha echado raíces, sale la planta y produce fruto.
Dios apuesta por nosotros, con nuestras limitaciones y pecados, tiene paciencia con nosotros, nos comprende y nos conoce porque nos ha creado y sabe que si vamos sembrando su Evangelio en el hermano, con el mismo Corazón de su Hijo Jesucristo, tarde o temprano dará frutos de santidad.

jueves, 16 de octubre de 2008

OCTUBRE, MES DE FE Y TRADICION


Como muchos de ustedes he asistido a la procesión del Señor de los Milagros y lo he hecho desde que era muy pequeño. El Cristo Morado se ha convertido en el centro de este mes de Octubre desde la época del Virreinato. Y ante esta imagen de Cristo Crucificado, la Iglesia nos invita, con el color morado, a acercarnos al Señor, convertirnos y renovar nuestra vida. No en vano se ha llamado al mes de Octubre la “Cuaresma Peruana”.
Y en Octubre, en torno al Señor de los Milagros, nos sentimos mas hermanos, porque manifestamos nuestra fe y nuestro amor a Cristo; y esto lo podemos apreciar cuando vemos que, tanto al Templo de las Nazarenas como a la Procesión, asisten muchas personas sin distinciones económicas, culturales ni sociales: allí están nuestros políticos, militares, religiosos, deportistas, empresarios, junto con los hombres y mujeres sencillos, del trabajo diario y desapercibido; están los hombres que viven su fe con convicción y se esfuerzan por hacer realidad el Evangelio, junto con aquellos que, por una u otra razón no viven su fe, pero con el corazón del publicano del Evangelio (Lucas 18) se acercan con humildad a Cristo. Frente al Señor de los Milagros todos somos hermanos.
Pero también nos sentimos más peruanos: nuestra música criolla, nuestras costumbres y comidas se hacen manifestación de peruanidad y de fe en este mes. Y sabemos que no estamos solos, estamos en comunión con miles de hermanos que, como dijo el Cardenal Juan Luis Cipriani en su homilía del 18 de Octubre del 2006 en las Nazarenas, en diversas partes del mundo celebran al Señor de los Milagros con procesiones, hábitos morados y sahumerios, para recordar a su tierra y a sus paisanos que esperan un día su retorno. De verdad, el Señor de los Milagros nos une a todos los peruanos.
Una vez que asistí a la procesión, me preguntaba, como es posible que, siendo el mes de Octubre un mes penitencial, haya tanto ambiente festivo en nuestras calles. ¿No será una contradicción hacer tanta fiesta en torno al Señor Crucificado? Y allí recordé las palabras de la Liturgia del Viernes Santo: “Por el madero ha venido la alegría al mundo entero”. Por la muerte de Cristo, que es su triunfo sobre el pecado, ha venido la alegría al mundo y, en octubre ha venido la alegría a los peruanos. Y, si de veras nos encontramos con Cristo, que ya no está crucificado, sino que esta vivo y camina entre nosotros, esa alegría se hace música, guitarra y cajón y casi me atrevería a decir que Jesús resucitado, vivo y presente entre nosotros, canta al son de nuestra música criolla y come turrón, anticuchos y picarones con nosotros, porque Él comparte la alegría de su pueblo, como lo hizo en Caná de Galilea. Después de todo ¿No decía Jesús que su reino se parece a una fiesta con buenas comidas? (Mateo 22, 1-14)
Pero allí no termina todo. De esta manifestación de fe y alegría tenemos que asumir un compromiso: el compromiso de construir el Reino de Dios entre nosotros, de hacer que Jesús, crucificado en tantos hermanos que sufren, resucite y tenga vida, y esa vida se haga alegría. Quien se encuentra con Cristo y se reconcilia con Él comparte la alegría de su fe con otros, no solo invitándole a honrar a Cristo en la Liturgia y en la Procesión, sino a honrar a las imágenes vivas de Cristo crucificado en el amor y servicio al prójimo. Si hacemos que nuestra fe celebrada se convierta en servicio a lo largo del año, nuestro mes morado será una experiencia de fe y de encuentro con Jesús, el mismo del Evangelio, de la Cruz y del Sagrario, el mismo que comparte nuestra alegrías, dolores y esperanzas, el mismo que está en la Iglesia y en el prójimo, el mismo de ayer, de hoy y siempre.

Publicado en el Boletín parroquial de Desamparados en Octubre del 2006

ENTRADA A EJERCICIOS


Comparto con ustedes dos textos que escribí al comenzar mis Ejercicios espirituales de 8 días. El primero es del 1 de Agosto del 2005, y el segundo del 1 de Agosto del 2008. Ambos tienen algunos retoques que les hice posteriormente.

He venido a tu presencia, Señor,
me has traido hasta aquí,
me has sacado de mis actividades,
y allí me devolverás.

Quiero darte la oportunidad
de tenerme para Ti,
sin estar abrumado por las prisas,
los trabajos y dolores.
Quiero estar aquí, solo contigo.

Hago una ofrenda de todo lo que traigo,
de todo lo que he dejado,
y lo pongo ante tu altar.

Ante tu altar dejo mis actividades,
mis afectos y mis temores,
mis alegrías y mis penas,
ante tu altar consagro nuestra amistad.

Me has traído ante ti,
y quiero estar contigo.
Llena mi corazón de tu amor
para que otros se acerquen a Ti.

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Hoy he venido a verte,
a dejarme llevar,
a caminar contigo.

Voy a recorrer los caminos del Señor,
caminos polvorientos,
caminos alegres, de plantas y agua,
y caminos pedregosos con lodo.

Hoy vengo a caminar contigo,
a dejarme querer por ti.
Hoy vengo, solamente, a ser tu amigo,
a poner mi corazón contigo.

Hoy vengo simplemente
a recorrer los caminos
con el Señor.

"Al que recibe los Ejercicios mucho le aprovecha entrar en ellos con grande ánimo y liberalidad.."
(Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, Nº 5)

lunes, 13 de octubre de 2008

EN TODO AMAR Y SERVIR

Hay veces en que tenemos el corazón muy sensible para reconocer la presencia de Dios en momentos aparentemente simples. Aun cuando nuestro corazón está en medio de turbulencias espirituales, el Señor se las ingenia para “pasarnos la voz” y dejarnos maravillados con los signos con los que nos muestra su cariño.
Hace unos días acompañaba a un amigo, era de noche, y sin tenerlo planificado me invitó a pasar a su casa a cenar. Yo no quería incomodar, así que le pedí me sirviera poco. Y, mientras me servía el plato, me acordaba del gesto de Jesús al lavar los pies a sus apóstoles (Juan 13); y también cuando, después de su Resurrección en el Lago de Tiberíades, les sirvió el desayuno a sus discípulos que volvían de pescar (Juan 21). Ya en otras ocasiones habíamos comido juntos, pero nos servían otros. Esta vez, en un gesto tan sencillo y tan común, vi una muestra de amistad y de aprecio, que es también un gesto de amistad y de aprecio del Señor.
Se me viene a la memoria también una experiencia que viví hace unos años con un grupo de niños de un colegio de Breña: había muerto un compañero de ellos, víctima de un accidente de tránsito. Estuve con ellos en el funeral y les acompañé de una manera muy cercana en este momento de dolor. Un año después me invitaron a acompañarlos a una romería a la tumba de ese niño. Fue una experiencia muy impresionante: estaban todos mas tranquilos, tuvimos la oración en la capilla del cementerio y, después de adornar y dejar flores en la tumba, los padres del difunto (que eran vendedores de golosinas en la Av. Alfonso Ugarte) nos sirvieron gaseosas, galletas, canchita. Quizás para muchos esto puede parecer una anécdota folklórica, de esas que se ven en la televisión con motivo del “Día de los difuntos”. Pero el ver que los papás del difunto compartían de su pobreza, con tanta paz, a pesar del duro golpe que habían sufrido, me hizo sentir la presencia del Señor en medio de ellos. Y recordaba un himno de la Liturgia del Jueves Santo: “Donde hay caridad y amor allí está Dios”. Regresé a casa muy enriquecido de esa experiencia que hoy recuerdo con silencio reverente.
San Ignacio de Loyola al final de los Ejercicios Espirituales, después de habernos sensibilizado para experimentar el paso del Señor en los días del retiro, nos invita a mantener esa misma sensibilidad, de tal manera que vayamos a nuestra vida diaria para ser “Contemplativos en la acción”, para “en todo amar y servir a su Divina Majestad”, para contemplar a Dios que se hace presente en todo gesto humano que busca el bien, y para que, con un corazón emocionado, podamos darle gracias por tanto bien recibido. Y aunque a veces nos lo olvidamos, el mismo se encarga, como dije al comienzo, de “pasarnos la voz”, con una sonrisa que nos alegra el alma.
Dentro de este orden de ideas, les transcribo unas anécdotas del P. Pedro Arrupe, S.J., que a mi me impresionan y me cuestionan mucho. Al leerlos, me doy cuenta que me falta mucho aprender de Jesucristo y de sus amigos que, con mucha sencillez, nos enseñan en todo a “amar y servir”.

Hace pocos años estaba yo visitando una provincia jesuítica de América Latina. Fui invitado como con cierto miedo, a decir una Misa en un suburbio, el más pobre de la región, según decían. Vivían allí unas 100,000 personas en medio del fango, pues estaba construido en medio de una cañada y cuando llovía se inundaba casi todo.
La Misa se tuvo en un pequeño cuarto todo destartalado y abierto, pues no había puerta alguna: perros y gatos salían sin dificultad. Comencé la Misa: los cantos acompañados por una guitarra de quien ciertamente no era un Segovia, pero el conjunto me resultó maravilloso:
Amar es entregarse, olvidándose de si
Buscando lo que al otro pueda hacerle feliz.
Que lindo es vivir para amar,
Que grande es tener para dar
Dar alegría y felicidad,
darse uno mismo eso es amar.
A medida que el canto iba avanzando yo sentí que se me hacía un nudo en la garganta y tenía que hacer un esfuerzo para continuar la Misa: aquella gente, que parecía no tener nada, cantaba estar dispuesta a darse a si misma para dar alegría y felicidad!
Tuve con ellos una homilía breve, dialogada: me dijeron cosas que difícilmente se oyen en los discursos de altos vuelos, cosas sencillísimas, pero profundas y humanamente sublimes. Una viejecita me dijo:
“¿Usted es el superior de estos padres, verdad? Pues, señor, muchísimas gracias, porque sus padres jesuitas nos han traído el gran tesoro que nos faltaba, lo que mas queremos, la santa Misa”. Otro jovencito declaró públicamente: “Señor padre, sepa que le queremos mucho, porque estos padres nos han enseñado a amar a nuestros enemigos. El día pasado tenía preparado un cuchillo para matar a un compañero hacia el que sentía mucho odio. Pero después de oír al padre explicarnos el Evangelio, fui, compre un helado, y se lo regalé a mi compañero”.
Al salir, un hombrachón que casi infundía miedo por su aspecto patibulario, me dijo: “
Venga a mi casa, tengo algo con que obsequiarle”. Quedé indeciso sin saber si debía aceptar, pero el padre que me acompañaba me dijo: “Acepte, padre, es muy buena gente”. Fui a su casa, que era una casita medio caída, y me hizo sentar en una silla media coja. Así desde yo estaba, se veía la caída del sol. Este hombre me dijo: “¡Señor, vea que lindo!”. Y nos quedamos en silencio durante unos minutos. El sol desapareció. El hombre añadió: “Yo no sabía como agradecer todo lo que ustedes hacen por nosotros. Yo no tengo nada que darle, pero creí que le gustaría ver esta puesta del sol. Le ha gustado ¿verdad? Buenas tardes". Y me dio la mano
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