viernes, 10 de abril de 2009

PRIMERA PALBRA: PADRE, PERDONALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN


Me da la impresión de que estamos eliminando la palabra “perdón” no solo de nuestro vocabulario, sino también de las actitudes de nuestra vida diaria. Ante un error, una falla, un pecado, parece que ya no pedimos perdón, a lo más una “disculpa”, solo por cumplir, u optamos por mantener nuestra soberbia, justificando nuestros errores y diciendo que actuamos de esa manera porque así es nuestro carácter, porque somos débiles, porque así somos y “nada nos hará cambiar”. En el fondo no queremos “pedir perdón”, porque ello implica humillarse, “rebajarse”, y en nuestra sociedad el “humillarse” implica una “baja autoestima”, un problema psicológico que no queremos padecer.
Jesús no tuvo problemas en “humillarse” en “rebajarse” sin hacer alarde de su categoría de Dios, como nos dijo San Pablo el Domingo de Ramos. Siendo Dios se rebajó al hacerse hombre y someterse a lo mas humillante de la condición humana: la muerte, y de esta la peor: la muerte en cruz, destinada a los grandes delincuentes de Roma. Y en su agonía, se humilla, se rebaja una vez más para pedir perdón a favor de aquellos que lo crucifican. La actitud de Jesús contrasta con nuestra soberbia y nuestras justificaciones.
¿De qué pediría perdón Jesús?No sólo de aquellos que, cegados por la envidia o por cumplir las órdenes, lo crucificaban. Jesús también pide perdón por aquellos que hoy siguen lo siguen crucificando en sus hermanos y en la Iglesia, que es su cuerpo.Jesús pide perdón por todos nuestros pecados personales, aquellos que confesamos en el sacramento de la reconciliación y aquellos que “no consideramos pecado” porque “es normal en nuestra sociedad” o “todo el mundo lo hace”: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…”
Pero también pediría perdón por nuestros pecados sociales:
- Por que en nuestras familias no hay amor, sino egoísmo y la hemos convertido en un lugar de servicios mutuos, en la cual nos aprovechamos de otros para estar bien nosotros, sin importarnos los demás.
- Por los pecados en la Iglesia, cuando nosotros, católicos, que tenemos la enseñanza de Cristo y sus Apóstoles y el ejemplo de los santos, no somos signos de su presencia, y no vivimos el Evangelio, y por si fuera poco, buscamos justificaciones para no aceptar que estamos equivocados.
- Por los pecados en nuestro barrio, donde hay tantos jóvenes víctimas de las drogas, sin un trabajo o un porvenir, con hijos fuera del matrimonio que muchas veces sufrirán a causa del egoísmo y la irresponsabilidad de sus padres.
- Por los pecados en nuestra patria donde la violencia, la mentira y la difamación están a la orden del día cuando, en los programas llamados "de espectáculos" difunden “ampays” que destruyen familias y revelan lo más bajo de la vida privada de la gente, ganando “rating”, olvidándonos que le hacemos juego a la mentira, a la difamación en contra de esos “ampayados” que son nuestros hermanos, gente por la que Cristo dio su vida en la Cruz.
- Por la violencia que impera en nuestra sociedad, por la forma como escandalizamos y destruimos la inocencia de los niños y de los jóvenes. Por esos hogares destruidos, productos del adulterio (del cual nadie quiere arrepentirse ni enmendarse), por ese libertinaje sexual que trae niños al mundo sin un hogar que los acoja, por las veces que para esconder un embarazo no deseado se mata una vida en las entrañas de sus madre.
Y pediría perdón porque ya no perdonamos, sino que pedimos “justicia”, pero no una justicia sincera, libre de apasionamiento, sino una venganza disfrazada de legalidad, que no busca resarcir el mal, sino castigar de la ma manera mas grave posible a aquel que ha errado.
Hoy, delante de Cristo crucificado, pidámosle la gracia de reconocernos pecadores, de no buscar justificaciones o disculpas para nuestro pecado, sino mas bien la gracia de aceptar con humildad que hemos pecado, que hemos hecho mal. Y pidamos la gracia de saber perdonar, como él nos enseñó, ojalá que podamos decir, cuando alguien nos hace algún mal “Padre, perdónalo, porque no sabe lo que hace”. Ya Jesús se anticipó a nosotros, ahora solo nos queda acoger su perdón.
Foto: Cristo de Velásquez.

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