viernes, 10 de abril de 2009

QUINTA PALABRA: TENGO SED


Esta fue la primera palabra que recuerdo haber oido de Jesús, cuando era un niño. Y, cuando restauramos el Sermón de las Siete Palabras en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados en el 2004 yo tuve la oportunidad de conmentarla.
Es posible que Jesús haya estado sin comer ni beber nada desde el final de la Última Cena. Esta sensación se vería aumentada por el desangramiento producido por la flagelación, y la crucifixión. Jesús, quien prometió el agua viva a la Samaritana, tiene sed.
A estas palabras, nos dice el Evangelio, le dieron a beber vinagre, "para mi sed me diste vinagre" nos lo recuerda el canto de los improperios que se entonan durante la veneración de la Santa Cruz. Le dan un poco de vinagre, la "posca" que los soldados romanos empleaban como desinfectante cuando, al proceder a la crucifixión, se herían al ejecutar al reo.
Nos llama la atención el hecho de que a Jesús le den vinagre en su sed. Es casi como burlarse de Él. Con el vinagre no se calma la sed, sino que mas bien se aumenta el malestar.
Esta sed física de Jesús, nos debe recordar la sed que Él tiene de nosotros, de nuestro cariño, de nuestra cercanía, de nuestra corazón. Y muchas veces nuestra respuesta es darle vinagre: no le damos nuestra vida y nuestro corazón, lo que El quiere, sino que mas bien le damos las sobras de nuestro tiempo, de nuestro corazón. Todo es mas importante que Dios, para El "no tenemos tiempo" y si se lo damos, lo hacemos solo por cumplir. "Para mi sed me diste vinagre".
Y al recordar la sed de Jesús podemos recordar el hambre y la sed de muchos hermanos nuestros: el hambre ya la sed de los que tienen que pedir limosna para comer, de los que duermen en la calle, de los que buscan la compañía y el cariño de otros porque se sienten solos, de los que claman justicia y mejores condiciones de vida. Esta física, sed, moral y espiritual de muchos, es también la sed de Jesús. Y como a Él solo le damos vinagre, algo para tranquilizar nuestra conciencia y quedar bien, aunque muchas veces no solucionamos nada.
¡Señor que ante tu sed no nos quedemos indiferentes, que no te demos vinagre para tranquilizar nuestar conciencia! ¡Que te demos lo que nos pides, y en el fondo lo que nos pides es nuestro corazón!
Señor Jesús, aumenta nuestra hambre y sed de ti, y que esa hambre y sed de ti, sacie tu hambre y sed, y la de todos nuestros hermanos.
Foto: Señor de los temblores del Cuzco.

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