viernes, 10 de abril de 2009

SEPTIMA PALABRA: PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPIRITU


Hace pocas semanas tuve que hacer durante varios dias seguidos una visita a una clínica local para visitar a un familiar que había sido operado. Al dirigirme al lugar donde se encontraba, tenía que pasar por el piso donde estaban las salas de operaciones, y el piso donde esperaban los familiares. Allí en un hospital se batalla a diario contra la muerte, vida y muerte suelen pelearse a diario la existencia de una persona. Hace 10 años me tocó pasar por una experiencia semejante: a mi me operaban de apendicitis y durante el tiempo que estuve en el hospital veia a los familiares de los pacientes en su angustia de saber que había sido de ellos habían ido a indagar, incluso escuché las lágrimas de algunas personas que habían perdido a un familiar en el hospital.
Cuando uno está tan cerca de la pelea entre la vida y la muerte, sólo nos queda ponernos en las manos del Padre: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Cuando las situación se pone en el límite de lo humanamente aceptable, de lo previsible, cuando ya escapa de nuestro control, cuando el destino de nuestra vida ya no nos petenece, solo queda ponernos en las manos del Padre.
Jesús así lo sintio y lo vivio: Ya había cumplido con su misión, ya había padecido todo lo que le tocaba, entonces, cuando ya ve cercana la muerte, solo le queda ponerse en las manos de su Padre.
Me imagino que en este momento Jesús sentiría que se acabaría la pesadilla, esa pesadilla de la Pasion que le atormentaba, porque como hombre verdadero que es sufre el dolor fisico y moral de la crucifixión, y al ver el final de su vida, ya en paz, se pone en las manos de su Padre, sabiendo que, como dicen los salmos, no quedará defraudado; que aunque la muerte parece vencer al mismo Hijo de Dios, sabe que su Padre, su “Abba”, su “papito” (traducción literal de la palabra “Abba”), no lo va a defraudar; que será el quien tendrá la ultima palabra. Y así, con su espíritu y su vida puesta en sus manos, entrega su espiritu, como un niño se entrega a los brazos de su madre o de su padre.
¡Cuanto tenemos que aprender de Jesús!: como humano sintió el dolor, el abandono, el hambre, la sed; se sintió abandonado de Dios, tuvo el consuelo de su madre, tuvo miedo de la misma muerte. Pero, cuando se enfrenta a la muerte y al dolor, al haber librado su batalla, con paz y confianza duerme en los brazos de su Padre.
Ponernos en las manos de Dios. ¿No es así como debemos estar siempre? No solo encomendar nuestro espíritu, sino nuestra vida, nuestros afanes, sabiendo que en los manos del Padre, del "papito", no hay esperanza defraudada. Que en las manos del Padre está toda la ternura que podemos encontrar, que en sus manos podemos abandonarnos.
Se cuenta que el P. Pedro Arrupe, S.J. decía ya enfermo de la trombosis que lo obligo a renunciar a ser General de la Compañía de Jesús que toda su vida quería estar en las manos de Dios, pero que ahora, en su enfermedad, toda la iniciativa viene de Dios mismo.
Estar en las manos de Dios…
Recuerdo un afiche que en el que aparaceía un niño pequeño durmiendo en unas manos. ESA ES LA IMAGEN DE ESTAR EN LAS MANOS DE DIOS, la imagen del abandono total de la confianza infinita, del pequeño que duerme dulcemente en las manos paternales, del que puede despertar a los ojos llenos de ternura de sus padres.Cuanta gente al legar el final de su vida se pone en las manos de Dios, sabe que su encuentro con Dios está cerca, y aunque sabe que este paso traerá dolor a sus seres queridos, se llenan de confianza. Se me viene a la mente el recuerdo de varias persdonas que esperaban la muerte, bien por enfermedad o por vejez, que estaban en paz; sabiendo que el Señor no los defraudaría, sabiendo que ese encuentro con Dios será la salvación, la paz, el gozo. Que aunque no sepan que vendrá después, saben y confian en el Dios que no defrauda.Y Jesús no fue defraudado… Su padre tuvo la ultima palabra, la palabra definitva que hasta ahora la escuchamos: La vida vence a la muerte.
Foto: Señor de los Milagros del Santuario de las Nazarenas.

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