lunes, 15 de junio de 2009

OH BUEN JESÚS, YO CREO FIRMEMENTE...


Oh buen Jesús, yo creo firmemente
que por mi bien estás en el altar,
que das tu Cuerpo y Sangre juntamente
al alma fiel en celestial manjar.

Esta canción es la expresión de los cristianos que, desde los primeros siglos de la Iglesia, creemos en la presencia real de Cristo en la Eucaristía y, con cariño y respeto, la hemos celebrado a lo largo de los siglos en la Santa Misa y lo hemos adorado en la Custodia y en el Sagrario.
Sin embargo, una anécdota que me sucédió hace algunos años me dejó pensando si es que realmente creemos que Jesús está presente en la Eucaristía: Durante una Misa de difuntos noté que una pareja de gente adulta se la pasó un buen tiempo conversando. Terminada la celebración me acerqué a ellos y les pregunté si ellos sabían que Jesús estaba en el Sagrario; ellos me dijeron que si; y entonces les volví a preguntar que, si ellos sabían esto, ¿por qué no hablaban con Él?, la respuesta que escuche fue: "Dios está en todas partes, yo no necesito ir a una iglesia para hablar con Dios".
Y claro que decía la verdad: Dios está en todas partes y podemos hablar con Él en cualquier lugar. Sin embargo aquellas palabras escondían dos actitudes que nos revelan una falta de fe: o no ceemos que Jesús está en el Sagrario (y por eso no hablamos con Él) o, lo que es peor, no nos importa si está allí o no, es decir lo despreciamos.
La presencia real de Jesús en la Eucaristía bajo las especies de pan y vino consagrados en la Misa, son una verdad de fe con fundamento bíblico: Jesús promete dar de comer su Cuerpo y de beber su Sangre y esto escandalizó a los judíos que lo escuchaban (Juan 6, 51-59); y esta promesa se cumple en la Última Cena: Jesús toma el pan y el vino, da gracias y los reparte diciendo: Esto ES MI CUERPO, esta ES MI SANGRE. No se trata de algo que simbolce su Cuerpo o su Sangre, sino realmente de su Cuerpo y de su Sangre. Por ello San Pablo recuerda a los cristianos de Corinto, (que celebraban la Cena del Señor sin respeto por lo sagrado y, por si fuera poco, peleados entre si) que la Eucaristía es el memorial de la muerte del Señor hasta que vuelva, y que quien la coma indignamente se hace reo del Cuerpo y la Sngre del Señor (1 Coritnios 11).
A través de la historia de la Iglesia, la reflexión teológica, los milagros eucarísticos ocurridos en diversas partes del mundo y la fe de nuestro pueblo se ha profundizado en esta verdad: en ese Pan y Vino consagrados, esta Jesús realmente presente, el mismo del Evangelio, de Belén y de Nazareth, del Cenáculo y del Calvario, el mismo Cristo resucitado.
Y para creer esto sólo se requiere un acto de fe, es decir un acto de confianza en Jesús a quien no vemos, pero que sabemos que dice la verdad, de confianza sencilla, pequeña quizas aún en medio de las dudas y dificultades, pero confianza en Cristo, como la de un niño que confía en su padre o su madre pase lo que pase.
Es curioso ver como pugnamos por acercarnos a las imágenes de Cristo (por ejemplo al Señor de los Milagros), por tocar el anda o quedarnos con las flores después de una procesión; y sin embargo que poco nos acercamos a Cristo en la Eucaristía: son pocos los que se dan tiempo para visitar al Santísimo Sacramento o asistir a una procesión del Corpus Christi; sólo asistimos a Misa por obligación o por algún acontecimiento (bodas, misas de difunto, fiestas religiosas) o porque celebra la Misa un Obispo o el Papa. Sin embargo Cristo, el mismo de ayer, de hoy y de siempre, está realmente presente en la Misa celebrada por cualquier sacerdote, en el Sagrario de todos los templos y en la Custodia en las que se expone la Hostia consagrada, esperando nuestra presencia, nuestra oración y, sobretodo, que nos alimentemos con él en la Comunión.
Útilizando las palabras de una canción diríamos. Si tuvieramos fe como un granito de mostaza creeríamos que Jesús está en la Eucaristía, asitiriamos a Misa por el sólo deseo de encontrarnos con Él, le buscaríamos ardientemente en el Sagrario o en las Capillas del Santísimo y hablaríamos con confianza. Le amaríamos de verdad y nos quedaríamos con Él.
Que Dios nos conceda la fe de muchos santos y de muchos hermanos nuestros que han encontrado a Cristo en la Eucaristía.

Con fe te adoramos, Dios oculto aquí,
bajo el pan y el vino te vemos a ti;
te entregamos todos nuestro corazón
porque al contemplarte se inflama de amor.

Vista gusto y tacto se engañan en tiu;
la fe está segura tan sólo al oir.
Creo cuanto ha dicho el Hijo de Dios:
la verdad, el Verbo, no hay verdad mayor.

(Traducción al español del Himno latino "Adoro te devote")

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ah.... Beethoven, Debussy y Mozart.
La fe la llevo en el corazòn ,si hay cosas por la cual estoy resentido, (ya pasara), es simplemente por que no es posible que haya persona que sepa las cosas y no sea sincera no es nada en contra de la Iglesia por el contario me siento tan Catolico como tu....saludos.

Rio dijo...

¡Oh, buen pastor, amable y fino amante!
Nuestro corazón se abraza en santo ardor.
Bendiciones

J. del Río Gómez
http://www.liturgiacatolica.org/