viernes, 2 de octubre de 2009

LO QUE DIOS HA UNIDO, QUE NO LO SEPARE EL HOMBRE


Sobre Marcos 10, 2-13
El Evangelio siempre es Buena Noticia, es la Palabra del Señor Jesús que la Iglesia siempre ha anunciado, nadando muchas veces contra la corriente. Cuando este Evangelio cuestiona los modos de vivir de la sociedad, inmediantamente saltan los "líderes de opinión", los personajes de este mundo que dicen: "la Iglesia está equivocada, es anticuada, no está de acuerdo con el mundo moderno, debe de ponerse al día". No se atreven a decirle a Dios "anticuado", "no estás al día", "eres enemigo del hombre".
Las películas, el arte, el comercio y tantas cosas nos presentan el matrimonio como un "lecho de rosas". De hecho los cuentos de hadas y las novelas finalizan, muchas veces, con una boda, en la cual se supone que "vivieron felices para siempre". Claro, nadie se pregunta si los personajes de los cuentos y las novelas tuvieron problemas de cualquier índole (salud, dinero, trabajo), si los hijos fueron buenos o tuvieron fallas que dieron dolor de cabeza a sus padres, si tuvieron que cargar con problemas ajenos, si el esposo o la esposa un día estuvieron de "mal genio"...
Los judíos, al igual que los cristianos del siglo XXI tenían problemas conyugales. Claro, la diferencia es que los judíos eran sumamente machistas, la mujer no contaba para nada, tenía que depender de un hombre (padre, esposo o hijo); hoy en día el machismo no se manifiesta como antes y no faltan mujeres que con su "feminismo" copian lo peor del machismo (libetinaje, opresión al otro, egoísmo). Jesús no es ajeno a los problemas conyugales de sus contemporáneos, ni a los actuales, por ello la pregunta que le hacen hace casi 2,000 años sigue haciendose hoy en día: "Maestro, ¿es lícito divorciarse por cualquier motivo?... Moisés lo permitía".
Dice el Evangelio que esta pregunta se la hicieron para ponerlo a prueba. Sospecho que además de ponerlo a prueba debió haber entre ellos alguna persona interesada en tener una respuesta favorable, que le diga "Quédate tranquilo, puedes divorciarte las veces que quieras, Dios no te va a reprochar, si fallaste una vez tienes derecho a rehacer tu vida, hay cosas peores por la cuales preocuparse". ¿A cuántos les gustaría oir esta respuesta?
Pero Jesús no puede traicionar el proyecto de Dios: "Teniendo en cuenta la dureza de sus corazones escribió Moisés para ustedes este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, El los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre". Jesús es claro, el proyecto de Dios es el amor del hombre y la mujer para siempre, no con condiciones, ni hasta cierto límite, sino para siempre; no es un juego, ni un compromiso social, es comprometer la vida por amor; no del amor de las telenovelas y las películas, sino el amor de todos los días de cuando estamos felices y cuando estamos tristes, en las buenas y en las malas. Por eso el matrimonio es un camino de santidad, para el cual hay que tener vocación, y hay que asumirla con madurez y seriedad.
Para titularme de abogado sustenté un expediente de divorcio, y tuve que estudiar mucho sobre el tema. Y después de examinar el asunto he llegado a la conclusión de que muchos de los problemas que originan las causales de divorcio se pueden superar con ayuda profesional y espiritual. Se que no es fácil, que se ocasionan muchas heridas sicológicas difíciles de sanar y que a veces hay personas que no desean corregirse ni superar sus dificultades; pero no podemos dejar de hacer el intento: ese será una muestra del amor en la adversidad.
¿Eso significa que estoy obligado a soportar el martirio de un cónyuge que me haga la vida imposible, que me maltrate, que tenga que vivir aparentando una felicidad que no tengo? La respuesta es NO: el amor a tu cónyuge presupone, necesariamente, el amor a ti mismo, no es correcto ni cristiano soportar la violencia y el maltrato, y quizás sea necesario separarse temporalmente para buscar ayuda y recapacitar. Pero en ningún caso es permiso para "rehacer tu vida" con otra persona que quizás sea "el amor de tu vida", pero también el martirio de tus hijos, a quien ellos detestarán, más aún si esa persona fue la que causó la separación de sus padres.
Por eso Jesús nos dice algo que muchos no quieren oir: "el hombre (o la mujer) que se separa de su cónyuge y se casa con otro comete adulterio". Si lo que Dios ha unido no lo puede separar el hombre, cualquier unión posterior es pecado de adulterio (estoy hablando del sacramento del matrimonio válidamente celebrado, no del matrimonio nulo, es decir que es inválido desde su origen). En eso Jesús es muy claro, y considerando esto la Iglesia no puede aceptar el divorcio que pretenda disolver el matrimonio religioso, porque hacerlo sería tracionar a Cristo. Y por esta misma razón una persona que estando casada por la Iglesia se divorcia y se casa por civil con otra persona no puede confesarse, ni comulgar, ni ser padrino de bautismo o confirmación, pues para hacerlo debe arrepentirse del adulterio y hacer propósito de enmienda, el mismo que consiste en contraer matrimonio religioso (si es que el anterior cónyuge ha muerto o ha sido declarado nulo el matrimonio anterior) o romper con esa relación que da origen al adulterio.
"Este lenguaje es muy duro, ¿quién puede soportarlo?" ante estas palabras de Jesús muchos optan por irse, por darle un portazo a la Iglesia (con Dios no se atreven, despues de todo creen en Él "a su manera"); por buscar tranquilizar su conciencia haciendo que un sacerdote amigo o suspendido en su ministerio sacerdotal les "de la bendición" el día de su nuevo matrimonio civil en la capilla de una casa hacienda o en el jardín de su casa primorosamente adornado para la ocasión; haciendo que bendigan sus anillos de matrimonio civil, para que no falte la entrega de anillos que no pueden hacer en la iglesia. La verdad es que no amamos a Dios sobretodas las cosas y preferimos sacrificarlo a Él, antes que renunciar a nuestros intereses.
Yo sé que al escribir esto estoy siendo muy duro (puedo serlo mucho mas) y que estoy tocando una llaga muy dolorosa; se que dejo muchas cosas en el tintero a las que deba referirme mas adelante y que también muchos de mis lectores me criticarán por esto. No los culpo, se que no es un tema fácil y que nadie puede tirar la primera piedra. Pero ante esto solo nos queda mirar a Jesús y decirle "Señor ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, nosotros creemos que Tú eres el Hijo de Dios". Si tú, mi amable lector vives en esta situación de pecado NO TENGAS MIEDO, PIDELE A JESUS QUE TE AYUDE A SOLUCIONAR ESTE PROBLEMA CONYUGAL, aunque aparentemente no tenga solución. Por mas grave que sea tu pecado, y más dificil de resolver sea tu situación familiar, Él te espera con los brazos abiertos y te ayudará a encontrar la mejor solución a esta dificultad, quizás tome su tiempo, pero Jesús no te dejará solo. Después de todo Él vino para salvar a los pecadores.
Sólo te dejo un último consejo, que me lo dió hace años el P. Ignacio Muguiro, S.J.: "No pretendas ser bueno sin Dios". No pretendas solucionar tu probelma familiar sin Dios.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

BUENO PARA CASARSE HAY QUE PENSARLO BIEN,PARA VESTIRSE OSILA ENTRE 2,800 A 7,500,UNA BUENA IGLESIA ENTRE 1,500 A 3,500,LAS FLORES Y ADORNOS ENTRE 1,150 A 2,850, LOS ANILLOS ENTRE 400 A 1,000, EL ALQUILER DEL ROKA ENTRE 700 A 1,200, LOS RECUERDOS DE 1,200 A 2,500 LA HAMA ENTRE 10,000 A 15,000 CON LA TORTA ENTRE 300 A 600 EN TOTAL VARIA ENTRE 27,000 A 48,000 ES QUIZAS MOTIVO QUE SE PREFIERE CONVIVIR A VER SI ME SACO LA LOTERIA PARA CASARME, SALUDOS.

Manuel dijo...

Recuerdo hace varios años a una pareja que se casaba un día de trabajo por la mañana, con mucha sencillez, el novio con su saco y corbata, la novia con su blusa y su pantalón, los anillos muy sencillos. No tenían dinero para más, pero se casaron delante de Dios y eso era lo importante.
Recuerdo tambien a una pareja que se casaba después de años de convivencia, volvían a confesarse y a comulgar después de mucho tiempo. El rostro que vi en la novia me impresionó muchísimo: se notaba que Dios estaba alli.