viernes, 2 de abril de 2010

CUARTA PALABRA: DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?


¿Cuántos hermanos nuestros que están en los hospitales le gritan a Dios lo mismo que Jesús: por qué me has abandonado?
¿Por qué me has mandado esta enfermedad?
¿Por qué yo, que soy joven, que tengo toda una vida por delante, un futuro promisorio, tengo que padecer esta enfermedad que me anula, que trunca mi vida y mis proyectos?
¿Por qué yo tengo que sufrir esto, que tengo una familia y unos hijos pequeños que me necesitan?
¿Por qué mi padre, mi hijo se enferma así?
¿Por qué yo, por qué a mi, que soy bueno, que no le hago mal a nadie?
Estas y mas preguntas están gritando en el corazón de las personas que están en un hospital, de los enfermos y sus familiares.
Y Dios calla.
¡No te asustes hermano!
Jesús, ante el dolor de la cruz, también sintió el dolor que tú sientes ante la enfermedad, ante la dificultad, también le dijo a su Padre ¿por qué me has abandonado? Y también sintió que Dios callaba.
Cuando sientas que ante tu enfermedad incurable, ante tu dolor Dios calla, ten paciencia, no te asustes, ¡Jesús también lo sintió!
En ese momento Dios callaba, ¡pero no lo dejaba solo!
La última palabra de Dios, no es la muerte, es la resurrección. Y Dios la pronunciará cuando el quiera. Y en esa resurrección tu triunfarás con Cristo y verás que tu dolor no fue en vano.

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