viernes, 2 de abril de 2010

SEPTIMA PALABRA: PADRE EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPIRITU


Escribo estas palabras recordando a una familia en la puerta de la Capilla del hospital avisando a sus allegados la muerte de un ser querido.
Cuando llega el momento de la muerte y vemos partir de este mundo a un ser querido después de una penosa enfermedad, en medio de la pena que nos embarga, sentimos una sensación de alivio: nuestro ser querido ya no sufre mas, se acabó para él el dolor, por fin descansa de todo ese tormento. Ahora está en las manos de Dios.
Dios lo acoge, lo recibe en sus brazos. Esa es la esperanza que tenemos cuando nos visita la muerte. Y en esas circunstancias nuestros ojos se vuelven a Dios, no tenemos a nadie mas a quien recurrir, nadie en quien confiar. La muerte de un ser humano es el acontecimiento mas religioso que hay, Dios se hace presente mas que nunca, confiamos al difunto a su misericordia.
¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!
Padre, cuando la vida se termina, nos ponemos en tus manos, en tus brazos, como un niño que se duerme en los brazos de su madre, llenos de confianza y de paz. Y allí en tus brazos descansamos en paz, descansamos en tu corazón y esperamos el día en nos resucites, gloriosos como Cristo y te alabemos con tus ángeles y tus santos por toda la eternidad.

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