viernes, 2 de abril de 2010

TERCERA PALABRA: MUJER, AHÍ TIENES A TU HIJO. AHÍ TIENES A TU MADRE.


“Junto a la cruz de Jesús estaba su madre”
¿Han visto a una madre al pie de un hijo enfermo?
Una madre atendiendo a su hijo enfermo en un hospital es una escena que inspira mucho respeto. Recuerdo mucho a una señora, a quien conocía, sentada en la escalera de un hospital, esperando que su hijo salga de la sala de operaciones… No me atrevía a decirle nada, era una escena para contemplar en silencio reverente.
Cuantas madres lloran en silencio ante la enfermedad terminal de su hijo. Ellas que les dieron la vida, ven como la enfermedad se las quita, ¡y no pueden hacer nada!
Pero están allí, como María, al pie de la cruz. El dolor les embarga, la angustia les invade, quieren evitar el sufrimiento de sus hijos, quieren volver a darles la vida. Pero cuando la situación se torna irremediable, entonces solo les queda acompañar y rezar, no importa si tienen hambre o están cansadas, ni siquiera saben que hacer en esas circunstancias. Lo único que hacen, y lo hacen bien porque lo hacen con cariño, es estar al pie de la cruz de sus hijos.
¡María, que valiente eres! Para una madre ser valiente es parte de su vida: valiente para aceptar la maternidad, valiente para criar y corregir a los hijos, valiente para sufrir con los hijos.
Al pie de la cruz sufres, pero debes ser fuerte: una madre no flaquea ante el sufrimiento de su hijo. Cuando tu hijo ya no esté tendrás tiempo para las lágrimas y para expresar tu dolor.
¡María, anima a las madres que sufren con sus hijos crucificados!
Tú que sabes lo que es el dolor de perder a un hijo, ayuda a las madres que están acompañando a sus hijos en los hospitales esperando la hora de la muerte.
Tú que eres Madre, acompaña a tus hijos enfermos que no tienen una madre que vea por ellos y que reclaman, con lágrimas de niño, la presencia de su madre.
Tú que eres Madre, acompaña a tus hijos que están a punto de partir al encuentro de tu hijo.
Tú que eres Madre, ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.

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