lunes, 31 de octubre de 2011

OCTUBRE, MES EN QUE SE ENGALANA LIMA


Después de 45 años el Señor de los Milagros visita el distrito de Breña (la última vez fue en 1966 en que pernoctó en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados).
El 28 de Octubre Breña se vistió de fiesta: nunca vi los Jirones Pomabamba y Jorge Chávez y la Avenida Bolivia tan llenas de gente, alegría y devoción. Los vecinos, colegios, pequeñas hermandades se organizaron de una u otra manera para expresar su fe: estrados blancos y morados, alfombras florales, música criolla, pancartas... hacían un espectáculo que, de verdad, me ha emocionado mucho, me ha llenado el espíritu y me ha mostrado el fervor católico de la gente de la jurisdicción parroquial a la que sirvo desde hace años.
Dicen que "una imagen vale mas que mil palabras", pues comparto un pequeño video hecho con las fotos que tomé a los vecinos de Breña, a los alumnos de los diversos colegios que he visto (en especial mis amigos del "Anselmo María") y a tanta gente que ha expresado su devoción a Cristo como nunca lo he visto en esas calles. La música es el vals de Mario Cavagnaro "Lima de Octubre" que espero que, al igual que a mi, les llene el corazón de alegría por la fiesta del Cristo Morado.
Y así dicen que la Iglesia Católica está decayendo.

video

sábado, 15 de octubre de 2011

TERESA DE AVILA, RUEGA POR NOSOTROS.


Para muchos de nosotros la fe viene de nuestros padres: son ellos los que nos enseñan a rezar, a ir a Misa, a conocer a Dios y a la Iglesia; nos transmiten sus devociones a Cristo y a María en sus diversas advocaciones y a los santos que ellos han conocido o que les han concedido algún milagro. A medida que pasa el tiempo vamos teniendo nuestra propia experiencia de fe y con ella podemos ir conociendo y asimilando nuevas formas de expresarla, conocemos a otros santos a quienes nos encomendamos o cuyas vidas nos impactan.
Como ya lo dije en una entrada anterior, siendo muy niño, mi mamá me enseñó a conocer y venerar a San Martín de Porres y a Santa Rosa de Lima, llevándome a sus tumbas en la iglesia de Santo Domingo o al Santuario de Santa Rosa en la Av. Tacna, aquí en Lima. Pero, cuando fui creciendo conocí la vida de dos santos españoles del siglo XVI: Ignacio de Loyola y Teresa de Avila. A diferencia de Martín y Rosa, Ignacio y Teresa no tienen fama de "milagreros", pero sus vidas me han impactado muchísimo.
Tenía 8 o 9 años cuando conocí a Teresa de Ávila leyendo su biografía (junto a la de Ignacio de Loyola y Benito de Nursia) en uno de los tomos del "Nuevo Tesoro de la Juventud" (colección mejicana de cultura general de 20 tomos); en aquella lectura, breve, pero interesante, me la presentaron como "Doctora mística" (no sabía que significaba eso) y escritora. Años después en 1986, después de la Semana Santa, América Televisión transmitía los domingos por la noche la miniserie "Teresa de Jesús" producida por la Televisión Española en 1984 , protagonizada por Concha Velasco en el papel de Santa Teresa y dirigida por Josefina Molina.
Esta miniserie me ha permitido conocer mejor la vida de esta Santa, no solo desde el lado espiritual, sino también desde el lado humano. La he visto en varias ocasiones y ha sido un referente para diversos momentos de mi vida espiritual. Me ha llamado la atención su largo periodo de desolación; su encuentro con Dios que la llevó por muchas experiencias místicas; su empeño por reformar la Orden Carmelita; sus diversas dificultades con la nobleza española, la Orden Carmelita y la Inquisición; y su muerte como Hija de la Iglesia. De todas las escenas de "Teresa de Jesús" hay una que me ha impactado muchísimo: su encuentro con San Juan de la Cruz en Medina del Campo; en ella Teresa, de carácter fuerte, anima a Juan de la Cruz (prudente y casi miedoso) a ayudarle en la reforma de la Orden Carmelita (pueden verlo en http://www.youtube.com/watch?v=3lkFckr3dmE&index=8&list=UUPwKG9TZKPSgn-L6fUdT1gw). Gracias a esta producción española le he tomado mucho cariño y devoción a Santa Teresa.
No pretendo contarles la vida de Santa Teresa (si desean leer su vida y su poesía pueden ver http://www.los-poetas.com/g/tere.htm), ni la miniserie española (que pueden ver a través del enlace que puse más arriba). Solo les invito a que la conozcan por ustedes mismos a "La Santa" como me dijo alguna vez el P. José Francisco Navarro, S.J., y se encomienden a ella. Yo me encomiendo a esta Santa de carácter fuerte y le pido que interceda por mi, que quiero ser un Hijo de la Iglesia y servir en ella en el camino que Jesús me ponga.

martes, 11 de octubre de 2011

RETIRO DE CONFIRMACION

Quizás por el hecho de que la Primera Comunión fue la experiencia que ha marcado una frontera en mi vida en un “antes” y un “después de Cristo” (mas bien diría “con Cristo”); es que la preparación para la Confirmación no tuvo el impacto que he visto que tiene para muchos jóvenes; pues para mi el encuentro fuerte con Cristo fue el día en que comulgué por primera vez (30 de Diciembre de 1979) a los 10 años, y mi Confirmación (cuyo proceso tuvo sus dificultades), no era sino reafirmar algo que ya había confirmado (valga la redundancia) en mi Primera Comunión. Por ello siempre que he podido le he puesto mi cuota de espiritualidad y de entusiasmo personal a los niños a quienes he acompañado en su preparación para la Primera Comunión: el encuentro con Jesús se puede dar cuando aun somos niños y tenemos un corazón capaz de encariñarse con Él para siempre, hasta el final.

El pasado Viernes 7 de Octubre alrededor del 100 jóvenes de mi Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados salieron a hacer su retiro de Confirmación. Bueno a la hora de salida las clásicas escenas de mamás (y también papás) despidiendo a sus hijos, algunos de forma muy emotiva (parecía que se iban a un largo viaje), de muchachas se iban por tres días pero llevaban una maleta que mas parecía una mudanza. Nada que no haya visto antes.

Tuvieron dos días completos de trabajo intenso: charlas, dinámicas, oración, reflexión, compartir, lágrimas (por siaca: un retiro no es una bomba lacrimógena: su éxito no está en función de cuanto uno llore). El Domingo 9 regresaron del retiro. Después de acolitar la Misa de 6.00 p.m. en la iglesia de San Pedro de Lima, salí “volando” hacia Desamparados para saludarlos (“Manuel, ¿te vas volando en tu escoba?”; “No, en mi alfombra”). Llegue minutos antes de que comiencen a ir a sus casas. Poco antes habían estado cantando y bailando en el salón parroquial después de haber participado en la Santa Misa. Los vi contentos, cansados, con sueño y animados. Me dio gusto saludar a varios de ellos que son o han sido acólitos que he formado.

Algunos de estos jóvenes acólitos me han dicho: “Manuel: ¡he encontrado a Cristo!”. Yo les he dicho “No es así. A Cristo lo has encontrado hace rato, sino no serías Acólito. Lo que pasa es que ahora le has hecho caso”. Y es que Jesús sale a nuestro encuentro y puede ocurrir que, como los discípulos de Emaus, no nos damos cuenta que Él camina con nosotros, nos sonríe, nos acompaña, nos hace arder el corazón, pero no lo reconocemos; es después cuando nos abre los ojos de la fe y decimos “Era verdad, el Señor estaba aquí”. Un retiro es una experiencia fuerte de Dios, que toca y remueve el corazón. Uno se ve “cara a cara” con Cristo, le habla, se encariña y se entusiasma con Él. Uno se llena de alegría y de buenos propósitos.

Pero hay que volver a la realidad: la casa con sus alegrías y problemas; los estudios y el trabajo, allí de donde salimos; allí donde parece que Dios se esconde… La vida nos vuelve a absorver. Y es allí donde el entusiasmo y los buenos propósitos del retiro pueden comenzar a disolverse. “Flor de un día”, dirán algunos. Cuando pienso en eso, me vienen a la memoria los sentimientos de esperanza que tenía el P. Miguel Marina, S.J., un santo sacerdote jesuita fallecido en 1995 (de quien me dijeron que sería el Director Espiritual ideal para mi, si no fuera porque su salud estaba muy deteriorada): él daba retiros a mucha gente (entre ellos policías) y le decían si es que no temía que la vida se “trague” a sus ejercitantes y eche por tierra el trabajo que el hacía dándoles retiros; él, les respondía que “al menos les hemos dado tres días de Jesucristo en la vida”; y es que el P. Marina sabía muy bien que él sembraba y que Dios, a su tiempo hará germinar la semilla y producirá frutos. Por eso, aunque quizás en algún tiempo estos jóvenes ya no tengan el entusiasmo con el que volvieron de su retiro, yo sé que el Señor hará su obra. Y Jesús nunca fracasa.

Al escribir estas líneas se me viene al corazón el rostro de André, Guillermo, Leonardo, Bruno, Johnny, Christian, Gianpierre, Diego, Piero André, Ignacio y Piero Fernando. Los veo cansados y contentos. Los menciono porque a ellos los he formado como Acólitos y les he hablado de Jesús con el alma. Quizás con alguno he sido mas serio y exigente que con otros. Y desde aquí rezo por ellos y con ellos; porque tengo la plena seguridad de que lo sembramos en ellos un día dará frutos, como en la parábola del Evangelio. Aunque quizás ya no esté para verlo.

* La foto corresponde al archivo fotográfico de mi amigo Manuel Rodríguez (no hay que ganarse indulgencias con "Avemarías" ajenos).