jueves, 15 de septiembre de 2016

LA SEÑORA ME HA INVITADO A SU CASA

Era el Miércoles 15 de Septiembre del 2010 pasadas las 4.00 p.m. y me dirigía al local de la Reniec que está en el Jr. Ancash para hacer una diligencia, vi la iglesia de la Soledad con las puertas abiertas de par en par y quise entrar a rezar (no visitaba el templo desde el incendio del 2005). Cuando entré vi el templo destrozado por el incendio, pero acondicionado para tener una Misa, el Santísimo Sacramento estaba expuesto y vi el altar del Nazareno (hoy ya casi restaurado en su totalidad): debajo de varios repintes se adivinaba que habían columnas bellamente adornadas con pan de plata. Pero lo que más me impactó fue que, en medio de tanto daño causado por el incendio, se sentía que uno encontraba a Dios allí. Seis meses después tocaba las puertas de la Soledad para entrar en la Comunidad de Hermanos Oblatos de Nuestra Señora de la Soledad, el resto de la historia ya la he contado en este blog hace dos años, y lo pueden leer en Hermano Oblato de Nuestra Señora-de la Soledad.
Nuestra Señora me ha invitado a su casa y es Jesucristo quien me ha puesto al lado de su Madre: me invitó siendo un niño cuando visité la iglesia el Primer Domingo de Cuaresma de 1980, siendo joven cuando visitaba la iglesia para algunas misas a las que asistía o para recorrer el tiempo para mirar un armonio arrinconado al pie del púlpito y que he tenido la oportunidad de tocarlo en muchas ocasiones, o para tomar fotos al Cristo del Calvario, hoy ya restaurado (y más bonito que antes del incendio). Y después, ya siendo adulto para ser Hermano Oblato.
Y al igual que todos los Hermanos Soleanos, sean Cofrades, Colaboradores u Oblatos, he ayudado en algo en la tarea difícil de devolverle la Casa a Nuestra Señora: me tocó llegar en el último año en que se vendía comida los domingos en la puerta de la iglesia y había que quedarse todo un día, para despachar las viandas, para limpiar y cargar mesas; como otros hermanos, tenía que poner el hombro para limpiar lo que ensuciaban las palomas y gallinazos para tener el templo listo para los cultos del Viernes Santo; soy testigo del trabajo fuerte que hacen los Priostes por preparar pasos procesionales en Semana Santa y Septiembre; del esfuerzo por reconstruir la el templo y de las lágrimas de alegría de algunas hermanas al ver que lo estábamos logrando.
No solo levantamos el templo, sino también restauramos la comunidad que asiste regularmente los Domingos a la Misa Mayor a las 12.00 m., en la que los Hermanos Oblatos, semana tras semana, atendemos la liturgia, dándole el mayor esplendor posible, no para gloria nuestra, sino para la "Gloria de Dios y la Salvación de los hombres" (como me decía el Hermano Prior ayer); y para que Nuestra Señora tenga una casa de puertas abiertas a sus hijos.
La Señora me ha invitado a su casa no para quedarme sentado, sino para servir, con lo que aprendí en Desamparados; para invitar a otros a su casa; para que juntos a los demás Hermanos de la Soledad hagamos de su casa un lugar donde estar con Jesucristo, donde darle un abrazo.
Hoy 15 de Septiembre, Solemnidad de Nuestra Señora de los Dolores en el Misterio de su Soledad, escribo estas líneas con un corazón agradecido a María por la invitación; emocionado porque la Casa de María es también mi casa, NUESTRA CASA; dando gracias a los Hermanos de la Familia Soleana por tanto bien recibido.
Escribo estas líneas mientras contemplo la foto de este artículo, la misma que ha sido tomada por el Hermano Cofrade Francisco Romero; y voy escuchando el "Gloria" de Marco Frisina, cuya versión castellana y partitura ya he estado ensayando para cantarla en la Soledad.

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