viernes, 22 de septiembre de 2017

MISTERIOS DE SOLEDAD

Hoy terminamos los cultos gloriosos en honor de Nuestra Señora de la Soledad: han sido días muy intensos, desde la semana cultural hasta los oficios religiosos que culminan hoy, pasando por la Misa Solemne del día 15 y la procesión del domingo pasado. Pero también han sido días para meditar en los dolores de la Virgen y observar como esos sufrimientos se repiten en muchas personas que nos rodean; aunque quizás no nos demos cuenta.
El pasado Miércoles 13 tuve que ir al Juzgado de Paz de Breña a entregar unos documentos de un caso que patrocino como abogado. Mientras esperaba mi turno un señor me pidió que acompañara a un menor de edad, amigo de su hijo, a una declaración ante el Juzgado. Acepté a regañadientes porque tenía una reunión una hora después. El muchacho al que iba a acompañar era un escolar de 17 años que tenía el aspecto de un "reguetonero"; y su madre, un poco descuidada en su aspecto, nos decía que su hijo era su "Calle de la Amargura". Mientras el joven declaraba, la madre se quejaba de la conducta de su hijo y no saber que hacer para corregirlo, ella, que normalmente vende golosinas por el Centro Histórico de Lima, me dijo: "mi hijo no llega a casa... hay veces que tengo que trabajar en la morgue, y veo llegar chicos como mi hijo..."
La madre hablaba con calma, pero el corazón se me estrujó, más aún cuando su hijo me hizo recordar a uno de mis antiguos acólitos de Desamparados: veía en ella el dolor del hijo perdido, el miedo a recibir, como María, el cadáver del hijo. Y aunque tenía prisa por acabar e irme rápido, terminada la audiencia hablé con aquel joven: "No malogres tu vida", le dije; y él me respondió, no sin antes decirme que su papá no vive con él: "salgo de mi casa porque me siento solo, mi mamá sale todo el día a trabajar..." No dejaba de resonar en mi cabeza la letra de esa canción de Franco de Vita "No basta que de afecto tú le has dado bien poco, todo por culpa del maldito trabajo y del tiempo... No basta porque de haber tenido un problema lo habría resuelto comprando en la esquina lo que había..." (y valgan verdades que ya la había comprado alguna vez).
Me despedí de ese muchacho con mucho cariño (el señor que me había pedido que lo acompañe estaba muy interesado en saber que hablaba con él: creo que se daba cuenta que no creí en lo que había declarado ante el juez). Y mientras me iba a mi reunión (a la que llegué a tiempo), meditaba en los misterios de la Soledad que acababa de contemplar.
Y con ese recuerdo en el corazón tuve que dirigir el rezo de la Corona Dolorosa y el Ejercicio del Septenario en los días siguientes: no podía dejar de pensar en esa gente y en otras cuyos dolores he contemplado en diversas circunstancias. 
Los Hermanos de Nuestra Señora de la Soledad, Cofrades, Colaboradores y Oblatos, tenemos como lema "Ecce Mater tua", Allí tienes a tu Madre, que nuestro Estatuto interpreta como "Así como María estuvo al pie de la cruz de Jesús, así también nosotros queremos estar presentes ante el dolor de nuestros hermanos". Y leyendo esto, pienso a veces que Dios me ha llevado a la Soledad no solo para atender la liturgia, tocar el órgano y hacer un poco de pastoral, sino también para realizar el oficio de consolar que Jesús asume con su resurrección.
Por ahora solo queda acercarme a cada misterio de la soledad con el mismo respeto y reverencia que a los dolores de María, y como ella, meditar todo esto en el corazón.