sábado, 15 de septiembre de 2018

TU CONOCES NUESTRAS PENAS

DOLOROSA DE PIE JUNTO A LA CRUZ,
TÚ CONOCES NUESTRAS PENAS,
PENAS DE UN PUEBLO QUE SUFRE.

Dolor de los cuerpos que sufren enfermos,
el hambre de gentes que no tienen pan,
silencio de aquellos que callan por miedo,
la pena del triste que está en soledad.

El drama del hombre que fue marginado,
tragedia de niños que ignoran reír,
la burda comedia de huecas promesas,
la farsa de muertos que deben vivir.

Dolor de los hombres sin tregua oprimidos,
cansancio de brazos en lucha sin fin,
cerebros lavados a base de slogans,
el rictus amargo del pobre infeliz.

El llanto de aquellos que suman fracasos,
la cruz del soldado que mata el amor,
pobreza de muchos sin libro en las manos,
derechos del hombre truncados en flor.
(Juan Antonio Espinoza)

Esta canción era uno de los clásicos del repertorio del Viernes Santo en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados; la letra no habla de los dolores de Nuestra Señora, sino mas bien de los dolores de nuestros hermanos en diversas circunstancias, dolores que se sufren en silencio y en los cuales el hombre grita como Jesús en la Cruz: "Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has abandonado?".
La traigo a colación no solo porque hoy hemos celebrado la Solemnidad de Nuestra Señora de los Dolores en el misterio de su Soledad, sino porque el día que lo ensayé con los Hermanos Soleanos había hecho una visita al LUM (Lugar de la Memoria y la Reconciliación) en compañía de un acólito de la Comunidad de San Tarcisio de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Lo que uno ve en el LUM es parte de la historia dolorosa del Perú, muerte y sufrimiento causado por la violencia terrorista y también por parte del Estado (aunque cueste aceptarlo). Las fotos, videos, testimonios audiovisuales son una muestra del mal que somos capaces de hacer, y que a veces no queremos ver. Es verdad que a muchos puede no gustarles un museo de esta naturaleza, que muchos quisieran decir que las cosas no ocurrieron así, donde los malos solo sean los terroristas, pero la realidad es siempre mas compleja. Debo señalar que, si alguien afirma que ese museo hace apología al terrorismo, comete un gravísimo error.
"Tú conoces nuestras penas, penas de un pueblo que sufre". ¡Qué grandes son nuestras penas! ¡Qué grandes son las penas, los dolores de María! María vio sufrir a su Hijo en la cruz, pero han habido madres que vieron a sus hijos salir de sus casas para no verlos nunca, sin saber si sufren o no. María tuvo al Hijo muerto en sus brazos, pero unas madres no tuvieron siquiera ese consuelo, y otras solo pudieron tener cerca de ellas un ataúd con los huesos de sus hijos que apenas pudieron reconocer. María pudo enterrar a su hijo, pero hay madres que no tienen cadáver que enterrar y han colocado en unos nichos del LUM los pocos recuerdos que tienen de sus hijos: fotos, ropa, objetos personales, hasta un certificado con las calificaciones escolares... apenas eso para que, simbólicamente, tengan una tumba que visitar. Esos dolores son de María.
Y es dolor de María ver a sus hijos empuñando las armas, con sus "cerebros lavados a base de solgans" entregados a la causa de la violencia y el terror; a otros hijo discriminando y discriminados por ser habitantes del ande peruano, a niños que sufren porque les arrebataron a sus padres, personas que, para defender al Estado, matan justos y pecadores...
Sin embargo, la visita al LUM termina con un cántico de esperanza: uno de los últimos videos que pude ver fue el de la fiesta de un pueblo: a pesar del dolor, de la muerte, siempre hay esperanza de vida, de resurrección: Jesús vence a la muerte y su Madre pasa del dolor a la alegría y es ella quien nos consuela.
Si no miramos el dolor de nuestro prójimo (y no hablo solo de lo que podamos ver en lugares como el LUM), nuestra contemplación de los dolores de la Virgen se queda solo en devociones huecas, cuando lo que Dios nos pide es que seamos solidarios con los demás: "La religión pura e intachable a los ojos de Dios consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones..." (Santiago 1, 27)
Que María, la Madre dolorosa, que conoce lo que sufrimos nos enseñe a ser hermanos de os que como ella pasan por la cruz y el sufrimiento. Cuando somos solidarios con nuestro prójimo lo somos también con Jesús y María.