jueves, 30 de abril de 2009

DERECHO - PUC


Ayer se cumplían los 90 años de la Fundación de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde estudie para ser abogado entre los años 1990 a 1994.
Les debo confesar que estudie Derecho no por “vocación sobrenatural” o por ser un “apasionado de las leyes”, sino más bien por insinuación de mis padres, aprovechando la oportunidad que se presentó de estudiar en la Universidad Católica del Perú. Completados los Estudios Generales, en 1990 inicié mis estudios en la Facultad de Derecho. Fue una época de cambios: por una parte el país salía del primer gobierno de Alan García (no necesito recordarles la situación calamitosa que se vivía en ese entonces); el panorama político mundial cambiaba (hacia pocos meses que había caído el Muro de Berlín y Gorbachov implementaba cambios en la Unión Soviética); y la Facultad de Derecho de la Católica dejaba las aulas prefabricadas (que algunos llamaban “el gallinero”) para mudarse a su nuevo pabellón. Fui de los alumnos que estrenamos las nuevas aulas de derecho, cuando faltaba concluir la construcción, y durante el tiempo que estudié allí, vi como crecían y se implementaban los ambientes y aulas de la facultad. Lo único que no pudimos ver concluido fue el Auditorio de Derecho (donde algunos de mis compañeros soñaban con graduarse), y que en 1996 decían que se estaba hundiendo.
Durante el tiempo que estudié Derecho no sólo me forme como Abogado, sino también como persona. Tuve profesores para todos los gustos: exigentes y relajados; interesantes y aburridos; dedicados y flojos; los que respetaban las opiniones ajenas y los que no aceptaban ideas distintas; los que nos motivaban a participar en clase respetando nuestra libertad y silencio, y los que nos obligaban a decir cualquier cosa trabajándonos al susto; los que hablaban con sencillez y aterrizando en la realidad y los que trataban de impresionarnos con doctrinas jurídicas de otros mundos; en otras palabras tuve Maestros y simplemente profesores. Y de entre los primeros menciono a Marcial Rubio, Lorenzo Zolezzi, Francisco Eguiguren, Mario Pasco, Armando Zolezzi, Víctor Prado, Carlos Montoya Anguerry, Jacqueline Otiniano (con quien llevé el curso de Gestión Empresarial en el último semestre de mi carrera y que me ayudó muchísimo en mi formación personal justo cuando iniciaba mi experiencia en los Ejercicios Espirituales en Octubre de 1994)…; podría mencionar mas nombres, pero no quiero extenderme. A los segundos (los simplemente “profesores”) no los menciono, no quiero herir susceptibilidades.
Y sí como hay estilos de enseñar, también hay estilos de aprender, pues también habíamos alumnos para todos los gustos: los que apuntaban hasta el suspiro del profesor y los que se contentaban con un telegrama por cada clase; los que asistían siempre a clases y en primera fila, y los que se “tiraban la pera” sin ningún escrúpulo y nunca salían jalados; los atentos y los dormilones; los que escuchaban en atento silencio y los que discutían por cualquier cosa, aun sin saber de que se trataba; los que leían hasta por gusto y los que lo hacían solo por obligación; los que "metían vicio" y los “seriecitos”; y todo eso con sus respectivos matices y variantes. Yo fui un alumno silencioso, me gustaba escuchar, por eso intervenía muy poco en clase (me resultaban sumamente pesadas las discusiones estériles en las que no se llegaba a ninguna conclusión práctica, como cuando se discutía la naturaleza jurídica del “contrato x” en la moderna doctrina jurídica de Sri Lanka); no solía faltar a clases (a no ser que hubiese un motivo justificado); y no pocas veces me encontré con lecturas en las que vi “muchas palabras y ninguna idea”. Pero, de lo que se quejaban mis profesores era de mi caligrafía: mi jefe de práctica de Derechos Reales me recomendó que comprara un “Cuaderno de Caligrafía Palmer” (de esos que usan los niños de primaria); la Dra. Delia Revoredo me bajó un punto en el examen parcial de Derecho Internacional Privado, y la Dra. Paula Hernández “no sabía si aprobarme o desaprobarme” en el examen porque yo tenía una “letra de pulga”.
Y al hablar de la Facultad de Derecho no puedo dejar de recordar a Filiberto Tarazana, trabajador sencillo y amigable. Era el Conserje de la Facultad, se encargaba de publicar los avisos acerca de algún cambio en la programación de las clases y de devolvernos los exámenes. Bromeaba con todos, sonreía a todos, era amigo de todos. “Fili” no necesitó ser Abogado, tener Maestrías ni Doctorados para ser, en el corazón de los que pasamos por la Facultad de Derecho de la Universidad Católica, nuestro Maestro y nuestro Decano. Y es que, cuando una persona es sencilla y trabaja con cariño y dedicación, no necesita de títulos ni grados para ocupar los más altos cargos en los corazones de quienes los rodean.
Les dije al comienzo que no soy un Abogado por “vocación sobrenatural” sino que, como dije en mi artículo sobre mis “Diez años de Abogado”, he visto fracasar el derecho; por ello soy un Abogado con los pies bien puestos en la tierra, consciente de que estamos para solucionar problemas y no para complicarlos. Me impactó muchísimo una frase del Dr. Carlos Montoya Anguerry quien, desde su experiencia como Magistrado de la Corte Superior de Lima decía: “El Derecho no está en las Europas ni en las Españas… el Derecho está en el pueblo”; que equivale a decir que el Derecho no está en doctrinas jurídicas de otras realidades, el Derecho está aquí, en la realidad que vivimos todos los días.
Y para eso nos formaron en la Facultad de Derecho de la Católica: para servir aquí y ahora.

viernes, 3 de abril de 2009

¿SEMANA SANTA O VACACIONES DE FIN DE VERANO?



Es verdad que los tiempos han cambiado, la forma de vivir la Semana Santa hasta hace solo unos años es diferente a la de hoy: antes, por enfatizar en el aspecto de la muerte del Señor se ponía el acento en los Vía Crucis, las visitas a los monumentos y las procesiones de la Dolorosa, del Crucificado y del Santo Sepulcro; y por eso se recalcaba mucho en el asunto del ayuno y la abstinencia, el "no divertirse" (ni siquiera reirse) en el Viernes Santo, escuchar sólo música clásica, ver las clásicas películas de Semana Santa (me acuerdo de "El mártir del Calvario" que vi en 1975, cuando tenía 5 años) y hasta vestirse de negro (recuerdo a unas señoras de la Comunidad Eucarística de la mi parroquia rezando ante el Monumento vestidas de negro el Viernes Santo de 1985). Hoy en día la Iglesia ya no usa el color negro para la muerte de Cristo, sino el rojo del triunfo de los mártires, se conserva el ayuno y la abstinencia (aunque a veces me parece que solo por cumplir), se pone más interés en las celebraciones litúrgicas que en los ejercios de piedad y, sobretodo, se está haciendo el esfuerzo por revalorizar y poner énfasis en la Resurrección de Cristo. Muchos van de retiro espiritual en estos días y otros viajan a provincias (por ejemplo a Ayacucho) para celebrar la Semana Santa alli.
Pero también, como el mundo se va desacralizando, en los últimos 20 años, se aprovechan estos días para irse de vacaciones, "semana tranca" como dicen, para irse de viaje o campamento y divertirse, algunos sanamente y otros sin límites. Pero eso sí, dicen que creen en Dios, que "no hace falta ir la iglesia para estar cerca de Dios", se preocupan de "no comer carne" el Viernes Santo en sus campamentos (me pregunto qué sentido puede tener hacer abstinencia de carne sin referencia a Cristo) y otras cosas mas. Es verdad que, estamos en los últimos días de sol, y durante el verano no hay un "fin de semana largo" que nos permita irnos a la palya y hacer un campamento pues, aunque los escolares y universitarios estén de vacaciones, muchos tenemos que seguir trabajando como de costumbre.
El sábado pasado comentaba con los acólitos de Desamparados el Evangelio del Domingo V de Cuaresma (Juan 12, 20-33): unos griegos, que habían ido a Jerusalén para la Pascua, le dijeron a uno de los apóstoles: "Queremos ver a Jesús", y les decía a los acólitos si en esta Semana Santa y en esta Pascua también nosotros queremos ver a Jesús. Me pregunto: si un Católico no quiere ver a Jesús en Semana Santa, sino que se va de campamento, de vacaciones de fin de verano, o de "semana tranca" ¿Será que no le interesa Dios? Y no valen excusas de "yo creo en Dios a mi manera", o "que es un problema entre Dios y yo" y tantas cosas que se dicen. Seamos honestos, cuando no queremos acompañar a Jesús en "su hora", es porque en el fondo (y también en la superficie) no nos ineteresa, podremos tener una fe muy bien formada "intelectualmente", sabernos el catecismo de memoria, decir que "lo mas importante es ayudar al prójimo", pero la verdad es que el corazón es ateo o agnóstico, porque el primer mandamiento "Amar a Dios sobre todas las cosas" ha quedado olvidado.
No pretendo imponer mi fe a nadie, y si usted, amable y paciente lector no es Católico, no se haga problema, total no es su fe y no tiene porque pensar como yo. Pero si usted dice ser Católico (aunque sea a su manera) le invito a pensar ¿Qué hará esta Semana Santa para ver a Jesús, para acompañarlo en "su hora", la hora de pasar de este mundo al Padre, amándonos hasta el extremo (Cf. Juan 13, 1), para participar de su Muerte y, sobretodo, de su Resurrección?
La respuesta la tiene usted. No se quede sin responder. No podemos ser indiferentes con Jesús.
La foto corresponde a la procesión de Nuestra Señora de ls Soledad el Viernes Santo del 2007 y ha sido tomada de http://cofradiadelasoledadlima.com/fotos_frameset.htm

jueves, 12 de marzo de 2009

HAN LLEGADO LOS DIAS DE PENITENCIA


"Han llegado los días de penitencia:
expiemos nuestros pecados y salvaremos nuestras almas"

(Liturgia de las Horas de Cuaresma).

Tenía pendiente escribir este artículo desde el 25 de Febrero, en que celebrábamos el Miércoles de ceniza, comienzo del Tiempo de Cuaresma en el que nos preparamos para celebrar la Pascua. En este día la Iglesia nos invita, con el rito de la imposición de la ceniza, al arrepentimiento y a la conversión, y nos manda a ayunar y a abstenernos de carne como signo de penitencia.
Sin embargo, este día de penitencia pasa desapercibido para muchos católicos en nuestro medio: el hecho de que se trate de un día laborable en el que hay que ir a trabajar no permite a muchos tener tiempo para ir a Misa y recibir la ceniza, y menos para andarse preocupando en ayunar o hacer abstinencia, a lo cual hay que añadir que la supresión del carnaval (que se celebraba los tres días antes del Miércoles de Ceniza), y su traslado a los domingos de febrero, hace que, fuera de los que asisten a Misa los domingos o tengan un calendario litúrgico, no sepan que día cae en el año en curso.
Por otro lado, las practicas penitenciales del ayuno y la abstinencia (mandadas también el Viernes Santo) muchas veces se quedan en el aspecto externo. Tanto a un sacerdote en su homilía, como a un periodista haciendo un reportaje de los campamentos de Semana Santa les he oido decir con insistencia: "Hoy no se come carne", y eso está bien, pero pareciera que lo más importante es cumplir con la práctica y nada mas. Es más, me cuestiona muchísimo el hecho que el Viernes Santo no se coma carne, pero se coma bacalao, pescado que para esos días se convierte, por su precio elevado, en alimento de lujo, cuyo consumo desvirtúa el sentido de la penitencia.
¿Cuál es el sentido de la penitencia cuaresmal?
Ante todo VOLVER A DIOS, poner de nuevo el corazón en Él y confrontar nuestra vida a los pies del Señor, cuya muerte y resurrección celebraremos en la Semana Santa. Si no se vuelve a Dios la imposición de la ceniza se convierte en costumbre piadosa, el ayuno y la abstinencia se convierten en prácticas dietéticas, o en apariencia de devoción casi farisaica (se ayuna y no se come carne, se hace propaganda de esto, pero no se habla de la conversión). Al confrontar nuestra vida delante de Jesús crucificado nos damos cuenta que no siempre hemos sido fieles con el Dios - Amigo que "nos amó hasta el extremo" (Jn 13, 1) y es frente a esa ingratitud que nosotros decidimos humillarnos ante Él para pedir su misericordia, recordando que no somos nada ("Acuerdate que eres polvo y en polvo te convertirás") y que estamos invitados a convertirnos y a creer en el Evangelio. El ayunar y el abstenernos de carne nos enseñará a refrenar nuestras pasiones (aquellas que nos llevaron al pecado) y a elevar nuestro espíritu (Cf. Prefacio IV de Cuaresma).
Pero también es una invitación a volver el corazón al prójimo. El pecado y el mal en el mundo ofenden a Dios, pero muchas veces ofenden a los hermanos que son "imagen y semejanza de Dios". Y entonces el ayuno y la abstinencia serán ocasión para "dominar nuestro afán de suficiencia y repartir nuestros bienes con los necesitados" (Prefacio III de Cuaresma). De nada sirve que que hagamos ayunos uno o dos días al año, cuando hay hermanos que ayunan no por penitencia, sino porque no tienen para comer. A eso apunta el profeta Isaías cuando dice: "El ayuno que yo quiero es éste, dice el Señor: Abrir las prisiones injustas..., dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne" (Is 58, 6-7). El ayuno que Dios quiere es que compartamos con nuestros hermanos, y dejar de lado nuestros egoísmos, que si yo me privo de algo que sea para darlo a quien no tiene. ¿No sería una práctica agradable a Dios "ayunar" de diversión, de televisión, del chat, hasta del deporte, para emplear ese tiempo para leer la Palabra de Dios, visitar a un enfermo, o hacer alguna tarea en el hogar, el colegio o el trabajo que más me cuesta hacer? ¿No cree usted que está dentro del espíritu de este día dejar de tomarme un helado, una gaseosa, de comer algo mas sencillo y aquello que he "ahorrado" darlo a quien no tiene ni siquiera un pedazo de pan para comer, o para comprarle una medicina a quien no tiene recursos? Y todo esto en el silencio del corazón, con alegría "cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lavate la cara" (Mt 6, 17), no para lucirse o inspirar lástima.
Que, en estos días de Cuaresma, tengamos la experiencia de Zaqueo (Lc 19), experiencia comentada por el Cardenal Carlo María Martini, S.J. en sus reflexiones sobre el Salmo 50: Zaqueo se encontró con Jesús, Jesús fue a comer con él, y él lleno de alegría cambió de vida, su penitencia no fueron oraciones, ni peregrinaciones, su penitencia fue devover lo robado y compartir sus bienes con mucha generosidad y todo esto con mucha alegría. La respuesta de Jesús fue "Hoy ha llegado la salvación a esta casa". Que el encuentro con Jesús nos traiga la conversión y el perdón, que nuestro ayuno y abstinencia sea nuestra respuesta a esa amistad del Señor que acoge y perdona con cariño y que Él nos pueda decir en lo mas profundo del corazón, con la misma sonrisa que le dijo a Zaqueo, que hoy ha llegado la salvación a nuestra vida.
Les invito a leer el mensaje de Cuaresma del Papa Benedicto XVI en http://www.arzobispadodelima.org/notas/2009/febrero/cuaresma_2009.pdf

sábado, 14 de febrero de 2009

PRINCESITA


La palabra “Princesita” me evoca la imagen de una linda señorita, adolescente, personaje de los cuentos de hadas, dueña de una belleza e inocencia cautivante. Seguramente que hoy, “Día del amor y de la amistad” (creo que es mas propio celebrar hoy el “Día de los enamorados”); muchos jovencitos verán a su “media naranja” como una “Princesita”, llamandolas de esa manera.
Pues a todos ellos les propongo esta canción de José Padilla, titulada “Princesita”, cuya letra copio a continuación, (la escuché por primera vez en el verano de 1982). Seguro que harán suyos los sentimientos que allí se expresan. Espero se las dediquen a las damas que les tienen enajenado el corazón.

Princesita,
princesita la de ojos azules
y labios de grana,
mariposa
mariposa de lindos colores,
florecilla de alegres mañanas.

Mira
el que a tus plantas suspira,
Quiere
al que adorándote muere
Besa
mi encantadora princesa,
al que tus ojos azules
tus labios de grana
tus lindos colores
cautivan el alma.

Mírame, quiéreme, bésame, bésame.
En tus ojos
hay sol de esperanza,
en tus labios,
olor de claveles,
en tu risa argentina
hay alegría
y en tu boca,
el dulzor de las mieles.

Mi princesa yo te quiero,
quiéreme, porque me muero, !ay!
Princesita,
princesita la de ojos azules
de labios de grana,
mariposa,
mariposa de lindos colores,
florecilla de alegre mañana.
Les invito a escucharla, entonada por el gran Maestro Alfredo Krauss. El video está tomado de http://www.youtube.com/

miércoles, 4 de febrero de 2009

DIEZ AÑOS DE ABOGADO

Suelo recordar, casi siempre con detalle, los aniversarios de muchos acontecimientos de mi vida: Bautismo (29 de Noviembre de 1969); primer día de clases de primaria (12 de Abril de 1976); Primera Comunión (30 de Diciembre de 1979, el día mas importante de mi vida); Confirmación (23 de Noviembre de 1986); Graduación de la Promoción de la Universidad (10 de Agosto de 1994); Examen de Grado para Abogado (24 de Septiembre de 1998); etc.
En estos días he cumplido 10 años de haberme incorporado al Colegio de Abogados de Lima (CAL); lo curioso es que, recordando tantas fechas y detalles, no recuerde exactamente si mi incorporación fue el 30 o 31 de Enero de 1999 (tampoco recuerdo el día que ingresé a la Universidad Católica); solo recuerdo que fue un Viernes por la noche y que por esos días el Cardenal Juan Luis Cipriani comenzaba su ministerio pastoral como Arzobispo de Lima.
El 24 de Septiembre de 1998 di el examen de grado, casi nadie lo sabía, solo mi hermano y un par de amigos. Cuando aprobé el examen llamé a mi casa a mi mamá, preguntándole si había hecho el chocolate que le pedí, comunicándole que había aprobado el examen y pidiéndole que le avise mi papá (que se había acostado, como era su costumbre, a las 8.00 p.m.). Cuando hace poco cumplí 10 años de aquel examen un amigo de Desamparados me estuvo buscando para saludarme por aquel aniversario e incluso pensaba invitarme a tomar un lonche. “La vida te da sorpresas”, me dijo, y valgan verdades que me sorprendió.
Después del examen de grado hay que hacer los trámites para incorporarse, en el caso de los que estamos en Lima, al CAL y poder ejercer como Abogados. Recuerdo que entre los trámites que tenía que hacer era presentar copia de mi Libreta Militar, y que hacía varios años que la había perdido (como no la necesitaba para nada, no me preocupe por pedir un duplicado). Fue gracioso cuando tuve que asentar la denuncia para tramitar el duplicado y me preguntaron “¿Dónde la perdió?”; “No lo se”, respondí; “¿Cuándo la perdió?”, preguntaron; “No me acuerdo”, volví a responder. Al final pusieron que la había perdido hacía pocos días por la Plaza Dos de Mayo. Total, lo mismo daba.
La incorporación al CAL se hace en una ceremonia en la cual juramos cumplir con nuestro deber profesional, nos dan nuestro carnet y nos entregan nuestra medalla que es una estrella de siete puntas que lleva grabada la frase “Orabunt causas melius” (el P. Ignacio Muguiro, S.J. me dijo que significaba “Defendamos las causas mejores”), la misma que sujetamos al cuello con una cinta celeste y que la empleamos para los actos oficiales e informes orales. A partir de ese momento ya era Abogado “de verdad”. Como dato curioso, les comento que en Febrero de 1999 se tuvieron las vacaciones judiciales, y en Marzo del mismo año me operaron de apendicitis, lo cual retrasó mi “debut” como Abogado hasta el mes de Abril.
Han pasado 10 años, y mi visión del Derecho no es la de un apasionado por la Ley, sino la de un hombre que, como escuché en mi primera clase de Derecho Procesal Civil 1 con el Dr. Lorenzo Zolezzi (esto si me acuerdo) en Agosto de 1990, ha visto fracasar el Derecho, ha saboreado como la justicia es lenta, y como la gente busca (en no pocos casos) sacarle la vuelta a la ley. Lo he visto en diversos procesos judiciales y también en mi desempeño como Director de un Centro de Conciliación Extrajudicial. También es la visión de un Abogado que piensa que el Derecho y la Ley no deben ser complicados, que no hay que perder el tiempo (ni los papeles) presentando argumentos que en nada van a contribuir a solucionar un problema, que mas bien hay que “ir al grano” dejando de lado detalles y palabreos inútiles; que la mejor forma de preparar la sustentación de nuestro punto de vista es conocer el argumento del “enemigo” y hasta pensar como él, para ver por donde está el punto débil; que se debe conocer la verdad de la causa que defendemos (incluso con sus puntos en contra); y, fiel al estilo de la Dirección Espiritual recibida de los Jesuitas, dejar a nuestro cliente en la mas absoluta libertad para que, conociendo todos los puntos de vista, decida lo que el crea conveniente para el manejo de su caso, haciéndose responsable de sus decisiones. Después de todo, él es el principal interesado.
No deja de ser curioso que hay gente que no me cree que soy abogado ("¿de esos que hacen juicios?", me preguntó un niño); y no pocos me han dicho (con buena voluntad y hasta con cariño) que no tengo vocación para esto. A veces pienso que no se equivocan, pero espero estar poniendo de mi parte para llevar esta cruz lo mejor que se pueda.
Escribo sobre esto después de haber estado en la Misa por el primer mes de fallecimiento de doña María Mena Jaime de Castillo, la primera persona que confió en mi como Abogado en Abril de 1999 y mientras escucho la Overtura “Caballería Ligera” de Franz Von Suppe.

lunes, 2 de febrero de 2009

DIAS Y NOCHES DE AMOR Y GUERRA


Comparto con ustedes este poema de Eduardo Galeano, que encontré en un conjunto de lecturas para Ejercicios Espirituales editado por el Centro de Espiritualidad Ignaciana del Perú.
Les invito a leerlo y a examinar, con sinceridad, nuestra conciencia a la luz de este texto. A mi, personalmente, me cuestiona. Creo que muchos podemos vernos retratados aquí, negarlo sería ser deshonesto.

¿Cuántas veces he sido un dictador?

¿Cuántas veces un inquisidor,
un censor, un carcelero?

¿Cuántas veces he prohibido a quienes más quería,
la libertad y la palabra?

¿De cuántas personas me he sentido dueño?

¿A cuántas he condenado
porque cometieron el delito de no ser yo?

¿No es la propiedad privada de las personas
más repugnante que la propiedad de las cosas?

¿A cuánta gente usé,
yo que me creía tan al margen de la sociedad de consumo?

¿No he deseado o celebrado, secretamente,
la derrota de otros?

¿Quién no reproduce, dentro de sí,
al mundo que lo genera?

¿Quién está a salvo de confundir a su hermano con un rival
y a la mujer que ama con la propia sombra?

sábado, 24 de enero de 2009

REENCUENTRO VIRTUAL

De pie: Ernesto, Gloria, Yo, Alex, Elizabeth, Fernando,
Agachados: Lupe, Magaly, Mirko y Patty.
Diciembre de 1992

En un artículo anterior les comentaba que Carlos, acólito de la parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados, me dijo una vez “Manuel, tú te emocionas cuando hablas de tus amigos de la Universidad”. Pues bien, esta emoción la he vuelto a sentir al reencontrarme con varios amigos de La Católica, a través de http://www.facebook.com/, una de las tantas páginas para “hacer amigos” (como el famoso “Hi5”), a la cual me incorporé, curiosamente, por una invitación de Carlos.
Con varios de ellos no tenía contacto desde que acabamos los estudios, como el caso de Lupe Rodríguez, Enrique Ferrand, Salvador del Solar, Paul Duclós, Tiki Mejía; con otros ya me había encontrado en diversas ocasiones, como es el caso de Alex Contreras, Homi Rodríguez, Eduardo Guevara, Ronald Fernández Dávila, Mirko Peraltilla; además he podido tener contacto con gente de otras promociones de la Facultad de Derecho de la Católica, como es el caso de Raul Campos, Jorge Paniagüe y Marco Benavente. (No se piquen aquellos cuyos nombres omito por razones de brevedad).
Y es que, como suele ocurrir, al acabar los estudios cada quien emprende su camino: en algunos casos por motivos de trabajo o de estudios salen fuera del país, otros al contraer matrimonio ya tienen otras prioridades, cada cual construye su vida, esperamos que para bien.
La emoción y la alegría del “reencuentro virtual” que he tenido en estos días ha sido una experiencia, que ha fortalecido la amistad que me une a la gente de la Universidad, a quienes recuerdo con muchísimo cariño. El poder reencontrarme a través del Internet con mis amigos, el hecho de saludarles, colocar fotografías de nuestra época de estudiantes, de que estas fotos den origen a comentarios llenos de recuerdo y de nostalgia, e incluso de colgar nuestras fotografías en la actualidad con nuestras actividades o familias, hace que, parafraseando a San Pablo, “nos sintamos cerca los que antes estábamos lejos”, que podamos compartir experiencias, que a la distancia podamos saludarnos a través de una computadora, que hagamos que esa amistad no sea algo del pasado sino del presente, a pesar de las circunstancias que no nos permiten vernos personalmente.
Y este “reencuentro virtual” ensancha el corazón y la esperanza de que pronto pueda darles un fuerte abrazo, recordar viejos tiempos y compartir nuestras experiencias, esta vez en vivo y en directo.