
Acababa de volver de unos Ejercicios Espirituales que me dió el P. Ignacio Muguiro, S.J. en Noviembre de 1998 y Laura, la catequista del grupo, que había planificado que los niños tengan un retiro de dos días en Lurín, me invitó para acompañarlos; sin pensarlo dos veces acepté. Aquel sábado conocí a otros niños: Daniel, Ricardo, Bairo, Santino... e iba conversando con algunos de ellos. Esa noche David me pidió que le contara mi experiencia en los Ejercicios y conversamos un buen rato; entre conversación con algunos y en grupo nos quedamos hasta las 3.00 a.m. y yo tenía que regresar a Lima a las 6.00 para tocar en la Misa de 8.00 a.m. en Desamparados. Unos días después hicieron su Primera Comunión, con gusto acolité la ceremonia y los acompañé al colegio a tomar el tradicional desayuno. David y Julio se quedaron por un tiempo participando de un coro de la parroquia hasta que pasaron a secundaria y les perdí el rastro; y gracias a las redes sociales nos volvimos a encontrar.

Me tomé unas fotos: con David antes de la misa, con Daniel y Bairo después, tuve el gusto de conocer a sus parejas, y me iba pensando como ellos, habiendo compartido tan poco (y en el caso de Bairo apenas el saludo cuando era niño), me recordaban con cariño.
Y me decía "Algo bueno hice por ellos". Dios me conceda ver más momentos iguales.
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Al terminar el colegio publicó en facebook "Oficialmente pre-universitario", y pensaba "ese grado de instrucción no existe"; sabía que quería estudiar ingeniería en San Marcos y le advertía "A San Marcos entran los que estudian". Estudió, ingresó, se mató estudiando a pesar de las dificultades (de alguna manera he acompañado su proceso universitario) y hace unos meses me dijo "Manuel me graduo en julio, quiero que me acompañes en la ceremonia", yo gustoso separé la fecha para asistir.
Hace unas horas he regresado de la graduación que se realizó en el Colegio "San Agustín", no podía dejar de recordar la mía hace casi 25 años (les prometo hablar de ella en agosto); en los rostros de aquellos jóvenes veía los rostros de mis sobrinos, de tantos acólitos y "cuyes" que he acompañado y, por supuesto, el rostro de los "cracks" de San Tarcisio de la Pontificia Universidad Católica del Perú, quienes dentro de poco estarán en una ceremonia igual. Aunque no cantaron "Color esperanza" como los niños de primaria, debo confesar que estaba emocionado como si el que se graduaba fuera mi hijo, al punto que derramé varias lágrimas.
Después de la foto con Gianpierre (que me puso su birrete en la cabeza), pensaba como ese niño, a quien también acompañé en su graduación en primaria, ahora es un Ingeniero Industrial.
Y me decía "Algo bueno hice por él". Dios me conceda ver más momentos iguales.