viernes, 22 de septiembre de 2017

MISTERIOS DE SOLEDAD

Hoy terminamos los cultos gloriosos en honor de Nuestra Señora de la Soledad: han sido días muy intensos, desde la semana cultural hasta los oficios religiosos que culminan hoy, pasando por la Misa Solemne del día 15 y la procesión del domingo pasado. Pero también han sido días para meditar en los dolores de la Virgen y observar como esos sufrimientos se repiten en muchas personas que nos rodean; aunque quizás no nos demos cuenta.
El pasado Miércoles 13 tuve que ir al Juzgado de Paz de Breña a entregar unos documentos de un caso que patrocino como abogado. Mientras esperaba mi turno un señor me pidió que acompañara a un menor de edad, amigo de su hijo, a una declaración ante el Juzgado. Acepté a regañadientes porque tenía una reunión una hora después. El muchacho al que iba a acompañar era un escolar de 17 años que tenía el aspecto de un "reguetonero"; y su madre, un poco descuidada en su aspecto, nos decía que su hijo era su "Calle de la Amargura". Mientras el joven declaraba, la madre se quejaba de la conducta de su hijo y no saber que hacer para corregirlo, ella, que normalmente vende golosinas por el Centro Histórico de Lima, me dijo: "mi hijo no llega a casa... hay veces que tengo que trabajar en la morgue, y veo llegar chicos como mi hijo..."
La madre hablaba con calma, pero el corazón se me estrujó, más aún cuando su hijo me hizo recordar a uno de mis antiguos acólitos de Desamparados: veía en ella el dolor del hijo perdido, el miedo a recibir, como María, el cadáver del hijo. Y aunque tenía prisa por acabar e irme rápido, terminada la audiencia hablé con aquel joven: "No malogres tu vida", le dije; y él me respondió, no sin antes decirme que su papá no vive con él: "salgo de mi casa porque me siento solo, mi mamá sale todo el día a trabajar..." No dejaba de resonar en mi cabeza la letra de esa canción de Franco de Vita "No basta que de afecto tú le has dado bien poco, todo por culpa del maldito trabajo y del tiempo... No basta porque de haber tenido un problema lo habría resuelto comprando en la esquina lo que había..." (y valgan verdades que ya la había comprado alguna vez).
Me despedí de ese muchacho con mucho cariño (el señor que me había pedido que lo acompañe estaba muy interesado en saber que hablaba con él: creo que se daba cuenta que no creí en lo que había declarado ante el juez). Y mientras me iba a mi reunión (a la que llegué a tiempo), meditaba en los misterios de la Soledad que acababa de contemplar.
Y con ese recuerdo en el corazón tuve que dirigir el rezo de la Corona Dolorosa y el Ejercicio del Septenario en los días siguientes: no podía dejar de pensar en esa gente y en otras cuyos dolores he contemplado en diversas circunstancias. 
Los Hermanos de Nuestra Señora de la Soledad, Cofrades, Colaboradores y Oblatos, tenemos como lema "Ecce Mater tua", Allí tienes a tu Madre, que nuestro Estatuto interpreta como "Así como María estuvo al pie de la cruz de Jesús, así también nosotros queremos estar presentes ante el dolor de nuestros hermanos". Y leyendo esto, pienso a veces que Dios me ha llevado a la Soledad no solo para atender la liturgia, tocar el órgano y hacer un poco de pastoral, sino también para realizar el oficio de consolar que Jesús asume con su resurrección.
Por ahora solo queda acercarme a cada misterio de la soledad con el mismo respeto y reverencia que a los dolores de María, y como ella, meditar todo esto en el corazón.

lunes, 24 de julio de 2017

Y AHORA POR EL GUADALUPE

En mis tiempos escolares no existía el "Día del Logro", día en que los colegios abren sus puertas al público en general para que los alumnos demuestren lo aprendido. Bueno, antes lo aprendido se "demostraba" (?) ante los profesores en los exámenes, y ante los padres de familia al recibir las calificaciones.
Tengo amigos en el Colegio "Nuestra Señora de Guadalupe", algunos de los cuales he conocido cuando estudiaban la primaria en el Colegio "Hermano Anselmo María", situado a unos pasos (cruzando la Avenida Alfonso Ugarte); así que el "Día del logro" era una excelente ocasión para reencontrarme con Hendrick, Napoleón, Joaquín y Guiseppe; y de paso conversar con los alumnos sobre los temas que exponen.
Y eso fue lo que hice: visitar las diversas áreas (y no solo la de religión) y escuchar lo que ellos tenían que compartir con sus oyentes. Y la experiencia fue fascinante.
Que interesante fue recordar lo que es una ecuación cuadrática (si, esas ecuaciones de segundo grado que fueron mis pesadillas en tercero de secundaria); que me expliquen como funciona una central hidroeléctrica (algo tan complejo, pero explicado y expuesto con tanta claridad); que me hagan caer en la cuenta que, por mi contextura física, estoy con sobrepeso; que me refresquen mis clases de física sobre planos inclinados; o filosofando para que sirven las matemáticas... ¡Que gusto ver a Yamil, uno de los acólitos de la Soledad, explicando con mucha calma y propiedad el tema de como surge la agricultura y la ganadería! No faltó quien me hablara en inglés y me explicara sobre los alimentos y yo, con lo poco que se, le decía que soy intolerante a la leche de vaca y como pocos vegetales.
También aproveché de hacer algunas sugerencias en el curso de religión: les vendría bien agregar algo de música a sus exposiciones sobre la muerte de Jesús (por ejemplo la Pasión de San Mateo de Bach), o cuando explican la creación, el Oratorio de la Creación de Haydn; y así otras piezas; sugerencia que también di a la profesora de religión.
Pero lo que mas me gusto fue conocer a Hugo, un alumno que toca violín, pero que no se animaba a hacerlo. Me comentó que participaba en "Sinfonía por el Perú" y yo, por mi parte, le dije que soy organista. "¿Puede conseguirme partituras?", y le recomendé algunas páginas de internet. Pero cuando me dijo que tocaba "Czardas" de Monti, la verdad me quedé sorprendido. "A ver si para el próximo día del logro tocamos algo".
Lástima que el frío y la garúa obligaba a que esta actividad acabe rápido. Por otro lado el clima podía provocar que mi resfrío se agrave, así que a despedirme y marcharme a la Soledad. Y mientras me iba en el taxi, meditaba en mi corazón esta experiencia, profundamente agradecido y pensé de inmediato compartirla en este blog, escribiendo y escuchando el concierto para violín de Beethoven, pensando que algún día podré tocar con Hugo algo de música clásica.
Gracias por tanto bien recibido, por ver a mis amigos de siempre.
Ah, y gracias también por los caramelos y dulces que me regalaron; aunque el médico me los ha prohibido, siempre es bueno endulzarse la vida. ¿No lo creen?

sábado, 8 de julio de 2017

AL MAESTRO CON CARIÑO

El título del presente artículo nos recuerda a la película del mismo nombre protagonizada por Sidney Poitier, y trata de la historia de un maestro negro, Mark Thackeray, quien tiene a su cargo un grupo de alumnos de conducta difícil en Londres y que, con mucha paciencia y empeño no solo logra transmitirles conocimientos, sino también hacer de ellos mejores personas.
La celebración del "Día del Maestro" siempre es motivo para reflexionar en esta noble tarea. Un buen maestro no solo transmite conocimientos, sino que forma a la persona, le marca la vida, puede despertar en ellos los mejores valores y talentos, o simplemente dejarlos apagados; puede crear gente triunfadora o gente mediocre; puede hacer de ellos mejores personas o gente sin mayor aspiración. Y todo eso no se hace solo con palabras y discursos, sino con el ejemplo, con el trato, con la forma de proceder. No puedo dejar de recordar otra película que vi hace poco mas de 11 años: "Les Choristes" ("Los chicos del coro"), que narra la historia de un maestro que, a través del canto y la música y dando un trato diferente, puede cambiar el corazón de los muchachos de un reformatorio.
Pero así como los maestros nos "marcan", también los alumnos dejamos una grata huella en quienes nos educan. Quizás el mejor elogio que podemos escuchar es que nuestros maestros, entre tantos que han educado y a pesar de los años, recuerdan nuestro rostro y nuestro nombre. El año pasado, después de mas de cuarenta años volví a ver a mi profesora de Inicial Inés Gutiérrez, que me visitó en la iglesia de la Soledad: no puede contener la emoción que ya casi no podía seguir cantando en la Misa (tuve que pedir a un hermano cofrade que cantara fuerte), y fue impresionante cuando me dijo "Nunca te he olvidado". Meses mas tarde, con motivo del almuerzo por la celebración de las Bodas de Perla de mi promoción de Colegio, en el momento de la entrega de los recuerdos, mi Profesora Agripina Canales dijo: "Esto es para Manuel, un alumno inolvidable".
Por mi parte, siempre me ha gustado enseñar. Durante muchos años he dirigido acólitos y he preparado a muchos niños para la Primera Comunión en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados (no en vano, cuando hice el Pregón de Semana Santa el 2015, Luis Ángel Olivera dijo que yo me caracterizaba por "dedicarme a la formación de los más pequeños"); pero también he enseñado a jóvenes y adultos en diversas ocasiones. Cada grupo humano es distinto, con los niños me he sentido un niño más, un amigo más; con los adultos la experiencia es distinta, es más exigente y a veces más gratificante. Creo que mi vocación está más en la enseñanza que en el Derecho; y gracias a Dios y a mis Hermanos de la Soledad, en la actualidad puedo desempeñarla como catequista de Primera Comunión, encargado de acólitos y Secretario de Formación de nuestra institución.
Y como todos he tenido alumnos con diversas formas de proceder: unos nos invitan a aprender y enseñar mas, y otros que no se interesan por mucho; los que están porque les interesa, y los que solo lo hacen por cumplir; los que escuchan todo sin decir nada, y los que critican todo; los que acogen con corazón sencillo lo que uno comparte, y los que creen saber mas que uno y buscan demostrar que sus otros maestros son mejores que uno; los agradecidos que ponen en practica lo aprendido, y los que no dan valor a lo que uno les enseña... Hay de todo y no me asusta; mas bien mi deber es comprender a cada uno de ellos porque también en ocasiones he actuado igual; "tratar iguales a los iguales, y desiguales a los desiguales", como decía el Dr. Mario Pasco en la Universidad; y adaptarnos a los diversos procesos de cada persona, como bien aprendí con los Jesuitas.
Gracias a todos mis Maestros, desde el colegio, la universidad, la pastoral, la música, la liturgia, la vida profesional, la vida espiritual, y la vida como Soleano; perdonen que no mencione nombres pero, como ya dije en otro momento, mencionar a unos es ser injusto con otros. Sigo aprendiendo de ustedes y pido a Dios que haga fructificar lo que ustedes han sembrado.
Gracias a quienes me recibieron como maestro y formador en diversos momentos de mi vida. Gracias a los maestros que conozco, y que me animan a hacer las cosas mejor; y gracias a los alumnos y discípulos que me han hablado bien de sus maestros (se me viene a la mente las palabras de gratitud de M. Virginia Luzquiños de las Misioneras Parroquiales, hablándome muy bien de su Maestra de Novicias M. Carmen Murrugarra).
Y gracias al "Anselmo" y a sus alumnos que ayer me dieron el porta lapiceros que aparece en la foto de este artículo como regalo por el "Día del Maestro". La verdad, el cariño de estos niños, ya recompensa muchísimo lo poco que hago por ellos.

lunes, 17 de abril de 2017

NOCHE DE RECUERDOS

"Con paz en el alma a coro cantemos
esta noche santa de grandes recuerdos"
(Esteban de Cegoñal)

Esta letra, que corresponde a una canción de Navidad, expresa lo que he vivido en esta última Vigilia Pascual: una celebración llena de recuerdos, de agradecimiento, de consolación espiritual como bien me hizo ver mi amigo Tito García, S.J.
En la Vigilia canté el Pregón Pascual como lo vengo haciendo desde Desamparados: la primera vez, en 1993, revestido con un alba y un cíngulo que me daba vuelta varias veces a la cintura (era mucho mas delgado), entonaba medio asustado (y con varios errores) el canto de la "Angélica" (como se le llamaba antiguamente); desde entonces lo he venido cantando y mejorando cada vez mas; algunos años han tenido matices peculiares: en 1999 medio afiebrado y convaleciente de una operación de apendicitis, el 2008 estresado y nervioso (los jesuitas habían dejado Desamparados y comenzaban algunas dificultades para mi); el 2011, después de ensayarlo varias veces con el P. Guillermo Villalobos, S.J. (que lo cantó en San Pedro), me salió perfecto, pero fue la última vez que lo cante en Breña: ya Dios me esperaba en la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad; y, desde el 2012 es allí donde vengo entonando el Pregón Pascual, poniendo "alma, corazón y vida".
Y no puedo negar que en estos últimos años han aflorado muchos sentimientos y recuerdos, nombres, personas, circunstancias, que han hecho del Pregón algo más que una mera repetición de un texto del Misal, al punto que el año pasado se me quebró la voz de la emoción.
"Manuel ¿por qué siempre que lees el Pregón Pascual te emocionas?", me acaba de preguntar un Hermano Cofrade de la Soledad que me alumbró con la linterna mientras cantaba y podía observar como me sentía en ese momento. Es que son tantas personas con quienes he celebrado la Pascua en otros años que en ese momento sus rostros se me vienen al corazón, pero también recuerdo a otras personas con quienes me gustaría poder compartir esta celebración: familiares, amigos, sacerdotes, acólitos, religiosos... Es imposible no recordarlos.
Pero este año, ocurrió algo mas fuerte: ya no solo cantaba la Historia de la Salvación de la Humanidad, sino que era mi propia Historia de Salvación personal: por momentos recordaba a quienes me hablaron en tiempos de Ejercicios Espirituales, es así que cuando cantaba "Feliz la culpa que mereció tal Redentor", recordaba que el P. José Francisco Navarro, S.J. (recientemente fallecido) me lo dijo en una ocasión que le hablaba sobre mi propia fragilidad; "En esta noche de gracia, acepta Padre Santo, este sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te ofrece por medio de tus ministros en la solemne ofrenda de este cirio hecho con cera de abejas", cantaba mirando al Cirio que iluminaba el templo con las velas de los fieles, cuidando que no me falle la voz, ya que siempre esta parte me traía problemas por tener notas altas; "Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino" ¡Qué Dios tan grande, que se une a nosotros, que nos da un abrazo de ternura!; "Te rogamos, Señor, que este cirio consagrado a tu nombre arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche... Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que es Cristo, tu Hijo resucitado...", ¡Jesús, que cuando tu regreses nos encuentres a todos reunidos, a los que hoy he recordado, a los que vendrán después, a tus hijos Soleanos y te demos un abrazo bien fuerte!
Con todos estos sentimientos era inevitable no derramar una lágrima de emoción y agradecimiento; y, a pesar de la bulla que venía de la calle no me distraje ni me desafiné.
Pero no quedó todo allí: las lecturas, tantas veces escuchadas, me sonaron distinto: "Al principio Dios creó el cielo y la tierra... y dijo Dios hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza... y les dijo crezcan, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla... y vio Dios que todo era muy bueno" (Génesis 1, primera lectura de la Vigilia Pascual), y me venía al corazón la imagen de Dios mirando con cariño a su creación, a cada uno de nosotros; "Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te reuniré. En un arrebato de ira te escondí te escondí un instante mi rostro, pero con misericordia eterna te quiero" (Isaías 54, cuarta lectura de la Vigilia): ¡cuanto cariño de parte de Dios!, "¡qué incomparable ternura y caridad!". Otra vez lo meditado en los Ejercicios Espirituales resonaba en mi corazón. Los textos de la liturgia no eran letra muerta, sino experiencia de vida, donde uno reencuentra a Dios.
Creo que la emoción me ganó al punto que dos Hermanos Cofrades notaron que tocaba el órgano con mas expresión de lo acostumbrado (bueno, que podía hacer si lo que tocaba era la Cantata de Bach "Jesús alegría de los hombres"); luego después de la Comunión las notas de "Luz que vence a la sombra" me hicieron recordar a mis amigos Rossana Morales, Carlos Bustamente y Carlos Aguinaga (ojalá pueda cantarlo con ellos en la Soledad). Y al final el "Regina coeli" entonado a viva voz por los Hermanos Soleanos, eran el colofón perfecto para esta Misa: "Madre de la Soledad: ya pasó todo, alégrate, alégranos, sonríenos, estamos contentos con tu Hijo, contigo. ¡Aleluya!".
Cuando uno vive la liturgia con el corazón abierto encuentra a Dios, vive la Pascua el "Paso del Señor" por su propia vida. Y cuando se experimenta esto se celebra a Jesucristo vivo.
Los Hermanos de la Soledad venimos celebrando con mucha intensidad la Semana Santa Limeña desde 1603. Si bien es cierto que nuestro mayor esfuerzo está en el Viernes Santo, llegamos a la Pascua con un corazón agradecido. Yo creo que todos ellos, en esa Noche Santa de Pascua, en medio de tanto cansancio, deben haberse sentido agradecidos a Dios por tanto bien recibido; y al igual que yo deben haber recordado a tantos Hermanos que "nos han precedido en el signo de la fe y duermen el sueño de la paz"; ahora recuerdo cuando el año pasado le dije a la Hermana Cofradesa Consuelo San Martín, que postergaba una operación para estar peesente en la Semana Santa: "no podía haber un Viernes Santo sin la Sra. Consuelo", y a las pocas semanas se fue a celebrar la Pascua definitiva con su hija Milagros fallecida unos meses antes: ella que sufrió como María la muerte de un hijo, debe estar cantando con ella "Aleluya, vivamos la alegría dada a luz en el dolor" ("Nuestra Pascua inmolada", Himno de la Liturgia de las Horas).
Termino la Semana Santa con el deseo de volver a celebrar la Pascua con tanta gente a la que he recordado en esa noche santa: "Goce también la tierra inundada de tanta claridad... Alégrese nuestra Madre la Iglesia revestida de luz tan brillante". Y así como en Navidad nos sentimos unidos a los que, estando lejos, contemplan también al Niño recién nacido, que en cada Pascua nos unamos a todos nuestros hermanos que celebran que Jesús vive en medio de nosotros.
"¡Que noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!"

FELIZ PASCUA DE RESURRECCION

lunes, 27 de marzo de 2017

EX LUX IN TENEBRIS LUCET

"Y la luz brilló en las tinieblas"

El pasado Viernes 24 de Marzo la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) ha celebrado el Centenario de su fundación. Son muchos los recuerdos que guardo de esta casa de estudios donde, gracias al esfuerzo de mis padres, me formé para ser abogado titulándome el 24 de Septiembre de 1998. Allí pasé muy buenos años de mi vida y conocí a mucha gente a la que tengo el mayor de los aprecios.
Muchas veces se ve a la universidad como una "fábrica de profesionales", a donde se ingresa para estudiar una carrera que nos permita ganar mucho dinero. En realidad no es así: la Ley Universitaria actual la define como una comunidad académica orientada a la investigación y a la docencia, que brinda una formación humanista, científica y tecnológica con una clara conciencia de nuestro país como realidad multicultural.* 
Los que pasamos por la PUCP hemos recibido una buena formación académica y humanista, en una Universidad que fue fundada por el P. Jorge Dinthilac como un centro católico de estudios superiores, a la que el Papa Pio XII erigió como persona de derecho canónico en 1942. Hemos tenido profesores buenos y no tan buenos, con diversidad de criterios y pareceres. Si me preguntan por los buenos, de inmediato me viene a la mente los nombres de Marcial Rubio, Lorenzo Zolezzi, Francisco Eguiguren, Carlos Montoya, Alberto Bustamante... se que hay muchos mas y cada quien añadirá los nombres que mas recuerde. Y si me preguntan por los "no tan buenos", creo que es mejor dejarlos bien guardados en el baúl de los recuerdos (no siempre un buen nombre es garantía de una buena calidad docente o humana).
En la Católica aprendí, además de Derecho, muchas cosas que me abrieron los ojos y el corazón para ser mejor persona, que me mostraron que el mundo es mas grande y más sorprendente de lo que creía; que hicieron que la luz brillara en las tinieblas. Quisiera recordar algunas que aprendí con el corazón:
- Aprendí que las diversas realidades y situaciones humanas deben verse con calma, sin juzgar a las personas.
- Aprendí que, "Un abogado debe estar curado contra el susto", no escandalizarse de nada (Dr. Rogelio Llerena).
- Aprendí que aquellas personas de otras latitudes del mundo a los que llamamos "primitivos", aunque no cuenten con adelantos tecnológicas, tienen  una cultura grande, compleja y mas rica de lo que imaginamos (Dra. Norma Fuller).
- Aprendí que un texto poético, narrativo, o un discurso dicen muchas mas cosas de las que se escuchan, solo hay que observar y estar atento (Roberto Forns).
- Aprendí que el Derecho y la Ley no pocas veces fracasan, y frente a eso no nos queda mas que aceptar la realidad; en unas ocasiones sonreír (y hasta reír a carcajadas) y en otras llorar (Estudie Derecho en la época del autogolpe de 1992).
- Aprendí que el "Derecho no está en las europas y en las españas, sino en el pueblo", no está en los libros de los grandes intelectuales, sino en la realidad que nos rodea (Dr. Carlos Montoya Anguerry).
- Aprendí que, para algunas situaciones hay varias respuestas y soluciones posibles, y que no siempre la del profesor es la única, o la mejor (Dr. Alberto Bustamante, que invitaba a su clase a expositores con ideas diferentes a la suya).
- Aprendi que las ideas se discuten con ideas y con respeto, no con los ataques personales (que son señal  de que no tenemos ideas); y que, en ocasiones, conviene pensar como la parte contraria, para entender sus argumentos y motivaciones y sustentar mejor los nuestros.
- Aprendí que podemos discrepar con nuestros amigos y compañeros, pero solo en las ideas y que más allá de todo eso podemos darnos un fuerte abrazo, compartir y reír con quienes pensamos distinto y hasta de manera antagónica (Se me viene a la mente aquella canción que cantábamos, acompañados de la guitarra de la Dra. Elsa Tueros, en la misa que el P. Manuel Marzal tenía en la capilla de la Universidad los días lunes: "Evangelio es decir amigo, es decir hermano...").
- Aprendí que podemos estudiar con alegría, divertirnos y reírnos de nosotros mismos (Gracias "Goce" que esto lo aprendí con ustedes).
- Aprendí que todos podemos soñar, crecer, fortalecer nuestras flaquezas y ser mejores; que podemos ser líderes comenzando a creer en nosotros mismos; que se puede mirar con optimismo y hacer realidad los sueños (Gracias Prof. Jacqueline Otiniano su curso de "Gestión empresarial" fue el "broche de oro" a mis estudios en la PUCP que estudié cuando comenzaba mi experiencia con los Ejercicios Espirituales de San Ignacio: no pudo haber habido mejor momento).
Por supuesto que aprendí muchas cosas mas. Solo he citado estas que son las que más recuerdo y que, aunque no siempre he seguido con fidelidad lo aprendido, me ayudaron a ser mejor persona, mas cristianos, mas católico y universal.

¡Gracias por tanto bien recibido!
¡Feliz Centenario a todos mis amigos de la PUCP!

*(Art. 3º de la Ley 30220)

lunes, 23 de enero de 2017

IN MEMORIAM, P. JOSÉ FRANCISCO NAVARRO, S.J.

No es fácil escribir para recordarte. ¿Por dónde comenzar? Además eras muy exigente, te gustaban las cosas bien hechas. Pero como sabes como soy, y que a veces suelo ser un poco enredado para hablar, escribiré como buenamente pueda, aunque desde el cielo me mandarás un "cocacho" para que me exprese con mas propiedad.
Todos los que te recuerdan hablan de tu pasión por la pintura y la literatura. Pero tú me enseñaste a apreciar la música abriendo los oidos y el corazón a diversas expresiones musicales. Aún recuerdo el cocacho que me cayó cuando me hiciste escuchar música de órgano que yo no entendía y te dije que me parecía que un gato pisaba las teclas del órgano. Me animaste muchas veces a ensayar y tocar a los clásicos: "Hoy no cantes, toca a Bach ¡y que no sea lo mismo de ayer!"; a aprender los cantos de Taizé; a apreciar los villancicos cuzqueños y contigo escuché por primera vez la música del barroco andino (se me viene a la mente "A este sol peregrino", las Chiquitanías de Bolivia y la música de Zipolli). Con tu sobrino Jonathan, que toca el violín, acompañamos musicalmente tus misas dominicales: interpretamos con cariño el Canon de Pachelbel, algunas piezas de Mozart y Bach; y, literalmente, "destrocé" el "Lacrimosa" del Requiem de Mozart, que ha sido una de las peores interpretaciones que tuve. Con todo me tuviste paciencia, y me dijiste que yo tenía todo para ser músico y místico, al punto que, cuando faltaba poco para que la Compañía deje Desamparados, toque un Preludio de Bach (el mismo que hoy he tocado antes de escribir este artículo) y te dije: "Esta música es mi oración por la Compañía", y me dijiste: "Si, ya lo había notado", y es que te diste cuenta que había tocado con el alma.
Amabas la liturgia. Si, aunque muchos piensen que los jesuitas no le dan importancia. Yo no sabía lo que era una "Misa rorate" (que recién vine a conocer y acolitar en la Soledad el año 2012) y tuvimos una Misa a la luz de las velas el Tercer Domingo de Adviento, no recuerdo si el año 2003 o 2004, el simbolismo de la oscuridad y de la luz mientras esperamos la llegada del Mesías que nos hacía cantar "en nuestra oscuridad enciende la llama de tu amor, Señor". Aunque parezca increíble cantamos un "Kyrie" que ensayamos con los fieles antes de la Misa y que a alguno de tus hermanos jesuitas le pareció extraño. Contigo aprendí a ser maestro de ceremonias, mucho antes que llegara el clero diocesano a Desamparados; empleábamos el incienso en ocasiones solemnes; preparamos con mucha elegancia el funeral del P. Marzal y el funeral de tu papá salió con la mayor solemnidad posible. Sabías apreciar la liturgia (y eso que fuiste formado en la década de los ochenta, en plena efervescencia de la Teología de la Liberación), y la celebrabas con cariño.
A los 44 años fuiste Superior de Desamparados. Aun recuerdo que un sábado de Agosto del 2004, me llamaste y me dijiste: "Tú que eres abogado, prepara el proyecto para la remodelación de Desamparados". Y con ayuda de algunos materiales, preparamos el proyecto para pedir financiamiento para la pintura e iluminación del templo y el altar mayor, que lució toda su belleza y esplendor en la Misa de Nochebuena del 2004. Recuerdo cuando desde la puerta del templo me invitabas a mirar e imaginar como se vería Desamparados con tal o cual color, con tal o cual arreglo; soñabas con un altar de piedra tal como pide el Misal Romano, lo que hizo el P. Enrique Rodríguez, S.J. antes de irse, al reemplazar el altar de madera por uno de mármol. Lo más difícil para ti fue ser el Superior que cerrara la Comunidad Jesuita de Desamparados y la entregara al Arzobispado de Lima: he compartido tu dolor por ello, la valentía con que hablaste a los fieles explicándoles que los jesuitas dejaban la parroquia porque así lo habían decidido sus superiores por falta de personal (que se ha agudizado mas aún) y no por imposición o mandato del Arzobispo de Lima. Aquella Misa de despedida fue apoteósica: nunca, ni en Navidad ni en Semana Santa estuvo el templo tan lleno de fieles; y los aplausos de agradecimiento no cesaron en mucho rato. Muchos lloramos por ello, y aunque nos ha costado, sabemos (y eso meditaba esta mañana) que Dios dispone de todo para bien de los que le aman.
Por mi parte tengo mucho que agradecerte: aunque no fuiste mi Director Espiritual, me acompañaste en mi caminar en Desamparados: sabías de mis inquietudes vocacionales y me dijiste que me lo tomara en serio. Tenías un "ojo biónico" para descubrir cuando actuábamos por miedo o buscando el prestigio; para desenmascarar al mal espíritu que se metía incluso en las cosas mas buenas y santas para engañarnos; nos decías la verdad, muchas veces de manera muy fuerte. Tu creíste en mi vocación (alguna vez me dijiste que yo podría ir muy bien de Trapense), aunque me decías que me faltaban madurar muchas cosas, y por ello es que fuiste, como nadie, muy exigente conmigo. Y hoy, después de varios años, de haber sido golpeado muchas veces, y haber sido formador, veo que tenías razón (aunque exageraste un poco). Cuando supiste que estaba en la Soledad me dijiste: "Vi una foto tuya con hábito. ¿Estás contento?", y yo te respondí "Si", a lo que me dijiste "Que bien". No sabes como me hubiera gustado que vinieras a la Soledad y conozcas nuestro arte y tradición, estoy seguro que te hubiese encantado.
Ya me debo alistar para ir a trabajar. Recuerdo que, cuando nos despedíamos, me decías "Que de Dios goces y en paz descanses"; y mi respuesta era: "Claro padre, eso quiero: gozar de Dios y descansar esta noche en los brazos de Dios, lo cual no significa morirme". Ahora que caigo en la cuenta, aquella despedida no era una alusión a la muerte, sino una evocación del Salmo 26: "Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida", y del Salmo 22: "El Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar".
Y termino recordando una Misa que celebraste por un señor que bailaba música negra: allí dijiste que con sus danzas daba gloria a Dios. Y yo digo, como todos, que con tu arte has dado gloria a Dios, y ahora lo gozarás "en la vida con el Padre para siempre", como decía el P. Roberto Beckman, S.J., a quien habras dado un fuerte abrazo al llegar a la Casa del Padre.
Gracias P. Navarro por tanto bien recibido.