martes, 31 de diciembre de 2019

OTRO AÑO QUE QUEDA ATRÁS

"Otro año que queda atrás,
mil momentos que recordar,
otro año, mil sueños mas,
hecho realidad.

Los problemas vienen y van
y al final todo sigue igual,
No hay montaña que pueda mas 
que la voluntad..."

Seguramente en estos días habrán escuchado está canción, en la versión que hace años grabaron "Los Toribianitos", la letra es muy conmovedora: mira al pasado con calma, "gira el mundo, gira el reloj.." y nos da un toque de esperanza para el año que viene.
Traigo a colación esta canción, dentro de este ambiente de Navidad y de fin de año, porque estuve el pasado 18 de Diciembre por la mañana en la posada navideña que tienen los niños de primaria del Colegio "Hermano Anselmo María" y escuché a mis amigos de 6º "B" entonar esta canción, ayudados de una pista musical y llevando la voz mi amigo Axel Gamboa, se despedían del colegio, abrazados unos a otros; es verdad que no era la mejor entonación musicalmente hablando, pero se me hizo un nudo en la garganta, y como ya lo he dicho otra vez, soy muy emotivo.
Junto con ellos cantaron todas las aulas en diversos momentos, cada cual a su estilo: 6º "A" cantando "Canta, rie, bebe" con mucha elegancia y picardía (que gusto oír a Oscar Solis); 5º "A", cantando "Cholito Jesús", junto a su maestra que, vestida de cuzqueña, acompañaba el baile de sus alumnos; 5º "B" me sorprendió, no solo por ver a mi amigo Francisco Rodríguez vestido de pastor, sino porque al final hicieron una pirámide humana que me rompió los esquemas (se lucieron); la profesora Margot, como siempre, presentaba muy bien vestidos a sus alumnos; los niños de primer grado bailando con mucha gracia... Perdonen que no mencione a todos, pero sepan que cada uno de ellos se ganaron los aplausos que les dimos.
Aunque ese día no era la clausura del año escolar (y ya había estado en la graduación de la promoción 2019 unos días atrás), esta actividad tenía un fuerte sabor a despedida y nostalgia; me despedí de los alumnos de 6º grado con mucho cariño y agradecimiento, a varios los he conocido muy pequeños (recuerdo con mucho cariño a Christopher León, el primer amigo que tuve en esa promoción), los he preparado para la Primera Comunión, hemos compartido la amistad... Verdaderamente otro año que queda atrás, otra promoción que se despide, otro grupo de Anselminos que continua su camino...
Para nadie es un secreto que parte de mi corazón está allí, que voy y regreso contento de haber compartido con ellos; por eso en medio de la nostalgia y de la pena (después de todo, ahora con las redes sociales, siempre es posible estar comunicado), el sentimiento que me embargaba era de un profundo agradeciendo por tanto bien recibido. Y, Dios mediante, seguiremos echando una mano en la catequesis de Primera Comunión (algunos padres de familia están esperando como será el próximo año).
Pero no todo quedó aquí, la tarde de ese día tuve la Velada CAPU en la PUCP, donde tuve mi estreno como "libretista y director" (?) de teatro, y mi "reaparición" en las tablas después de 26 años, actuando en "Blanca Nieves y los siete cracks", pero de eso hablaré en otro post.

A todos ¡FELIZ AÑO 2020!

domingo, 29 de diciembre de 2019

UNA FAMILIA COMO LA NUESTRA

DOMINGO DENTRO DE LA OCTAVA DE NAVIDAD
FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA 
Ciclo "A"

Lecturas bíblicas:
1º Lectura: Eclesiástico 3, 2-6. 12-14
Salmo 127: Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos
2º Lectura: Colosenses 3, 12-21
Evangelio: Mateo 2, 13-15. 19-23

Que duda cabe que la familia de Jesús fue una familia feliz; y claro es muy fácil creer eso, si Jesús, que es Dios está allí ("quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta", dice Santa Teresa de Jesús); si María, que no fue tocada por el pecado original era la madre de familia, y si san José era un hombre justo, como nos dijo el Evangelio del domingo pasado; "así cualquiera", como decimos; así tener un a familia perfecta es muy sencillo. Y si es una familia perfecta, aunque pobre, todo es "color de rosa", nada de problemas ni dificultades; hasta podemos imaginar a los ángeles haciendo las tareas domésticas... Pero, creer esto es alejarse de la realidad.
Efectivamente la familia de Nazaret era una familia judía como todas, que tenían los mismos usos y costumbres sociales y religiosos de aquella época, distintos y a veces opuestos a los nuestros (por ejemplo, en aquella época la mujer estaba muy relegada en la sociedad); estuvo compuesta por la gente más santa, eran pobres pero felices; pero no por eso estuvieron libres de problemas y dificultades: problemas que no vinieron por una conducta incorrecta, o una "incompatibilidad de caracteres" entre María y José; tampoco porque Jesús haya sido un "chico malcriado" (aunque les dio un susto a sus padres, cuando a los 12 años se quedó en el templo de Jerusalén); sino por otras circunstancias que ellos no esperaban y que les dio mas de un dolor de cabeza...
El Evangelio de hoy nos presenta una de ellas: Herodes, al sentirse burlado por los magos decide dar muerte a los niños menores de dos años en Belén; y José tiene que huir a Egipto junto a María y José. Podemos imaginar las dificultades que tuvieron que afrontar: un viaje que surge de urgencia, no planificado, saben que van a Egipto (posiblemente a Alejandría, donde habían comunidades judías) ¿dónde van a vivir? ¿de qué van a vivir? ¿Se imaginan ustedes ese viaje en el cual no llevan más que lo que tienen puesto y algunas cositas mas porque no hay opción a una movilidad para hacer una mudanza? ¿Se imaginan el miedo con el que tuvieron que dejar su hogar y sus seguridades para poder salvar la vida de Jesús? ¿Se imaginan lo que habrían sufrido cuando se enteraron de la matanza de los niños en Belén ordenada por Herodes? Estas dificultades perturban gravemente a una familia; y esto lo saben muy bien quienes han venido huyendo desde nuestra serranía a Lima en la época del terrorismo; los que buscan condiciones de vida mas seguras y dignas; los que, como tantos venezolanos que encontramos en nuestras calles, buscan un trabajo que les permita tener mejores ingresos que los que tenían en su patria, para que sus seres queridos tengan algo que comer. Y todo esto en medio de una situación incierta, llena de riesgos, en la que solo queda agarrarse de las manos de Dios.
La vida de la familia de Nazaret será una vida de trabajo, donde José se ganará la vida como artesano, María atenderá las labores de la casa, y Jesús irá creciendo, ayudando a su madre y aprendiendo el oficio de su padre; todo de la mano de Dios. Tan humano y tan divino, una familia como la nuestra, al punto que, cuando Jesús salió a predicar, muchos de sus paisanos no lo podían creer "¿no es este el hijo del carpintero?".
Cada familia es sagrada, allí esta Dios. Que cada familia sea como la de Jesús no es una meta inalcanzable, si cada quien se esfuerza por amar y respetar a su cónyuge, si los hijos aman y obedecen a sus padres, si los padres aman y son pacientes y comprensivos. Hay muchos retos que la Iglesia debe asumir para evangelizar a las familias, la Exhortación "Amoris laetitia" del papa Francisco nos habla de esto; valdría la pena leerlo y reflexionarlo; si queremos familias santas, en medio de las dificultades y problemas que nos rodean, tenemos, como Iglesia, que ponernos a trabajar, mirando la realidad y sembrando el Evangelio con esperanza. Dios hará que esto, en su momento de fruto.

lunes, 23 de diciembre de 2019

NOCHEBUENA


25 de Diciembre
NATIVIDAD DEL SEÑOR
MISA DE MEDIANOCHE

Lecturas bíblicas:
1º Lectura: Isaías 9, 1-3. 5-6
Salmo 95: Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor.
2º Lectura: Tito 2, 11-14
Evangelio: Lucas 2, 1-14

"Transcurridos innumerables siglos que, desde el principio, Dios creo el cielo y la tierra..." con estas palabras comienza el texto de la "Calenda", que nos sitúa en el momento histórico del nacimiento de Jesús: miles de años después de la creación, siglos después de la emigración de Abraham de Ur de Caldea, de la salida de Egipto del pueblo de Israel bajo la guía de Moisés, de la coronación de David, del destierro a Babilonia... y junto con la historia sagrada, la historia de la humanidad: en la Olimpiada 94 de los griegos, el año 752 de la fundación de Roma, en el año 14 del reinado del emperador Augusto... nace Jesús en Belén de Judea. Las referencias históricas no acaban aquí: el Evangelio nos da una pista mas: siendo Cirino gobernador de Siria. En ese momento de la historia, siendo el pueblo de Israel colonia romana, se decreta un censo con el cual la autoridad romana quería saber cuantos eran sus súbditos y poder cobrar los impuestos. Ese es el momento en que "Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres..." (Tito 2, 11), el momento en que nace Jesús, como un niño pequeño, indefenso, que trae la alegría a la humanidad. 
Jesús nace en la pobreza, en una familia pobre, que tiene que refugiarse en una gruta, y tiene por cuna un pesebre, desde pequeño no tendrá donde reclinar la cabeza. Y es a unos pastores que pasaban la noche velando su rebaño, a quienes se les anuncia el nacimiento del Salvador. Son personas pobres, ignorantes, postergados... y son los primeros en conocer al Salvador. "Y aquí tienen la señal: encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre". No es una señal portentosa o extraordinaria, Dios se manifiesta en la sencillez de un niño recién nacido; y esa señal solo la pueden reconocer los corazones humildes y sencillos.
Y ante este acontecimiento tan grade y tan sencillo los ángeles cantan: "Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama", no es solo la glorificación de Dios sino el deseo de la paz, y la alegría para la humanidad; el deseo de bendición y salvación que viene a la tierra por el nacimiento de Jesús.
Hoy es Nochebuena. Ojala los templos se sigan llenando de gente que va a oír el relato que escuchamos en esta noche de Navidad, a ver los nacimientos... Ojalá en los hogares e instituciones se mantenga esa hermosa costumbre de armar los nacimientos, recreando lo que oímos en este Evangelio, que nos hace imaginar como pudo haber nacido Jesús, no solo en su momento histórico, sino entre nosotros, en nuestros contextos culturales, en nuestra realidad, haciendo que Jesús  sea, realmente, Dios con nosotros, aquí y ahora.
Hoy es Nochebuena. Que en las iglesias, los hogares y las calles suenen los villancicos, que cantemos el nacimiento de Jesús, que es alegría y esperanza. 
Hoy es Nochebuena. Jesús nace entre nosotros, en medio de este "pueblo que camina en tinieblas" (Isaías 9, 1); en medio de una sociedad herida por el pecado social de la corrupción, la violencia, el maltrato a la familia; pero también en medio de las esperanzas, de los esfuerzos de muchas personas que quieren el bien de sus hermanos, que comparten su alegría con los que están tristes, que se hacen solidarios con los que no tienen para comer; en medio de aquellos que por diversos motivos no tendrán una Navidad alegre como quisieran; en medio de tantos enfermos en los hospitales, de presos en las cárceles, de migrantes que llorarán no estar con sus seres queridos, de muchos trabajadores que tendrán que estar lejos de sus hogares en una noche como esta.
Hoy es Nochebuena, y a todos viene el Señor; sea cual sea su situación; a todos se nos invita a contemplar al Niño Jesús. Aunque estemos en lugares diversos, si nos reunimos esta noche en torno al Niño de Belén, no hay duda que estaremos juntos. 
Que María y José, a quienes hemos recordado en estos días finales del Adviento, nos ayuden a preparar el corazón para acoger a Jesús.

¡FELIZ NAVIDAD!

Les invito a leer la Carta Apostólica "Admirabile signum" del papa Francisco, sobre el significado y el valor del Belén.

domingo, 22 de diciembre de 2019

ÚLTIMOS DÍAS DE ADVIENTO

DOMINGO IV DE ADVIENTO
Ciclo "A

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Isaías 7, 10-14
Salmo 23: Va a entrar el Señor, él es el rey de la gloria
2º Lectura: Romanos 1, 1-7
Evangelio: Mateo 1, 18-24

Dentro de la costumbre judía el matrimonio se realizaba en dos etapas: la primera eran los esponsales, tiempo en el cual los prometidos quedaban obligados a la fidelidad (era posible que la novia quede embarazada, ya que era tratada como esposa), y después venía las bodas solemnes durante los cuales se llevaba a la novia a vivir a casa del novio. Hay que decir que no había un "matrimonio" en el templo, ante un sacerdote o levita; sino que todo se hacía dentro de un contexto familiar, con la participación de los amigos de los novios.
En el tiempo de los esponsales María queda embarazada y José se preocupa: sabe que el niño que viene en camino no es su hijo, la mentalidad machista de su época le faculta repudiarla y hasta denunciarla por adúltera, tiene la prueba a su favor; pero sabe que de hacerlo María moriría apedreada, y José, que es un hombre justo, la ama. La solución más adecuada es repudiarla en secreto, nadie se enterará, todos creerían que es hijo de José y el podría "rehacer su vida" lejos de Nazaret. Aunque parezca extraño, María se quedaría casi como una "madre sola" o una "madre soltera".
¡Cuanto sufriría José! Es doloroso no entender lo que sucede, mas aún cuando lo más lógico, lo más natural, cuando la única explicación posible es que se trate de un adulterio.
Pero Dios quiso que su Hijo nazca en una familia constituida, con un papá y una mamá; a la que no le ahorró ni el trabajo, ni las dificultades, ni las dudas. Y en medio de ellas le muestra a José que él ha sido elegido para ser el padre adoptivo del Salvador: "José, Hijo de David, no temas llevarte a María tu mujer..." Y lo que comenzó con miedo y dudas, se convierte en Buena Noticia, Evangelio: "la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo..."; no hay adulterio, es Dios quien ha hecho este prodigio, y ahora José se encargará de darle al Niño el linaje del rey David y acogerlo y amarlo como hijo; de ser la figura paterna que necesita todo varón en su infancia.
Quizás José no entendía todo el misterio, pero vería que las palabras del profeta, que seguramente habría escuchado en la Sinagoga, se hacían realidad en su propia vida: "Miren la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros". Y  después de esto, José acoge como esposa a María, se celebran las bodas solemnes, y comienza la vida familiar de estos dos esposos, que serán el padre y la madre del Salvador del mundo.
Y en la sencillez de un hogar, pobre, sencillo, un hogar común y corriente vino el Salvador al mundo. Aquel Adviento familiar era solo el deseo de recibir al niño que está por nacer, con ilusión, con alegría; sin nada más que el deseo de la llegada del "Emmanuel", "Dios con nosotros". ¿Cómo vivimos estos últimos días de Adviento? Es muy posible que estemos ultimando los detalles de nuestras celebraciones navideñas a nivel familiar o institucional; pero que eso no nos quite del corazón al centro de esta celebración: Jesús. Miremos a José y María en su sencillez, y en estos días finales de Adviento avivemos el fuego de la ilusión de recibir a Jesús, no importa cuantas dificultades y dudas hayan en nuestros corazones: ¡San José también las tuvo! Pero en medio de todo Dios lo sostuvo y dispuso de todo para su bien.
Que María y José nos ayuden a preparar el corazón para que Jesús esté con nosotros en una Navidad sin fin.

domingo, 15 de diciembre de 2019

¿ERES TU EL QUE TENIA QUE VENIR?

DOMINGO III DE ADVIENTO
Ciclo "A"

Lecturas Bíblicas: 
1º Lectura: Isaías 35, 1-6a. 10
Salmo 145: Ven Señor, ven a salvarnos.
2º Lectura: Santiago 5, 7-10
Evangelio: Mateo 11, 2-11

La semana pasada no pudimos escuchar el Evangelio referido a Juan el Bautista, porque en el Perú celebramos la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, pero si leemos el capítulo 3 de san Mateo, así como los demás Evangelios, la predicación del Bautista causó un gran revuelo: un hombre que había vivido solo durante su vida, vestido con piel de camello, que comía miel y saltamontes, anunciaba en el desierto un mensaje de conversión: "Preparen el camino del Señor". Y la gente se convertía ante las palabras de este hombre que movía los corazones de los que eran considerados los peores pecadores: publicanos y prostitutas.
A Juan el Bautista no le fue bien: denunció el adulterio de Herodes con su cuñada Herodías, y perdió su libertad por eso. Para nadie es un "placer" estar en la cárcel: las recientes noticias acerca de la investigación sobre la corrupción nos muestran como las personas involucradas huyen de la posibilidad de una prisión preventiva o un arresto domiciliario ¿se imaginan cual habrá sido la situación de Juan el Bautista, en una cárcel que era mucho mas inhumana que las de hoy? Y en esas condiciones comienzan las preguntas y las inquietudes... Juan ha anunciado la llegada del Mesías y lo ha reconocido al bautizarlo; pero, estando en la cárcel sus discípulos la traen las noticias de como Jesús se hace cada vez más famoso, su predicación es mas fuerte que la suya y hace signos y prodigios nunca antes vistos, pero no sale al ataque de los romanos, no es como el Rey David, ni actua de la manera que ellos esperaban... 
"¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?"Jesús no les responde con un "si" o un "no"; solo les remite a los signos mesiánicos, anunciado por los profetas: "los ciegos ven, los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos poyen; los muertos resucitan..."y esos signos los realizaba Jesús de Nazaret "¡Y dichoso quien no se sienta defraudado por mi!", dichoso quien vea en todo eso la mano de Dios que actúa en la persona de Jesús
"¿Qué salieron a contemplar en el desierto?" Las palabras de Jesús sobre el Bautista son para reivindicar su figura: es el mas grande profeta, es el "Elías" que tenia que preceder al Mesías, el mensajero que precede al Salvador. el mas grande los nacidos de mujer.
Quizás muchos se preguntan: "¿Es Jesús a quien esperamos, o esperamos a otro?" Hay gente que efectivamente espera a otro Mesías, otro Salvador, que los libre de sus problemas económicos, que nos libre de la corrupción, de los problemas sociales, políticos económicos; un Mesías que obre de inmediato, venganza de sus enemigos e instaure su reino ya... Y como Jesús no colma sus expectativas, andan buscando a otro a quien sirven a pie juntillas. "¡Dichoso quien no se sienta defraudado por mi!"
Este domingo, llamado tradicionalmente "Gaudete" es una invitación a la alegría: se acerca la Navidad, la celebración del misterio del nacimiento de Jesús. Celebraremos el nacimiento de un Salvador que ha ido dando la vida a muchos hombres y mujeres sencillos, a gente que ha puesto su confianza en Él. Jesús sigue dando vista a los ciegos, haciendo caminar a paralíticos, resucitando a muchos muertos que por el pecado propio o ajeno yacen en tinieblas y en sombra de muerte. Celebrar la navidad no es solo pensar en hacer fiestas familiares, sino agradecer a Dios que nos dio a su Hijo el que tenia que venir, el que vino y se queda con nosotros; es comprometerse a continuar, como Iglesia, las obras de Jesús, dando vida y anunciando la Buena Noticia.
Que la alegría y la esperanza de estos días de Adviento la contagiemos a nuestros hermanos, sobretodo a aquellos que por diversas razones están en la tristeza, en la enfermedad en la pena: Jesús viene a buscarlos ya  salvarlos.

domingo, 8 de diciembre de 2019

LLENA DE GRACIA

8 de Diciembre
SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN 
DE LA VIRGEN MARÍA

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Génesis 3, 9-15. 20
Salmo 97: Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
2º Lectura: Efesios 1, 3-6. 11-12
Evangelio: Lucas 1, 26-28

Hoy hacemos un paréntesis al tiempo de Adviento para celebrar una fiesta muy querida de la Virgen María: su inmaculada concepción. Esta es una fiesta que a muchos les trae recuerdos: la primera comunión, la profesión religiosa, la ordenación sacerdotal... son muchos que en este día de María celebran un acontecimiento importante de sus vidas, los que se han puesto bajo la protección de María.
¿Pero que es la inmaculada concepción? Dios, que es infinitamente poderoso, preservó a una mujer del pecado original para que fuera la madre de su Hijo, en previsión de su muerte en la cruz. La primera lectura nos habla del pecado de Adán y Eva, pecado que trajo la ruina a la humanidad; pero hemos sido elegidos por Dios Padre para ser como su Hijo Jesucristo, y esa elección se hace de manera más perfecta en María, purísima desde el primer momento de su vida, para que sea la morada donde comenzará a tener vida humana Dios Hijo.
"Alégrate, llena de gracia..." palabras tan sencillas que expresan una hermosa realidad: María está llena de Dios; ella es la mejor expresión de lo que Dios quiere para la humanidad, que seamos santos e irreprochables ante Él por el amor. Y esta mujer sencilla, llena de gracia, es la que introduce a Dios Hijo en la cultura de su tiempo y en la historia humana.
"¿Quién será la mujer que a tantos inspiró poemas bellos de amor...?", dice una canción de Cesáreo Gabaraín. María es la mujer que ha inspirado al arte en sus diversas manifestaciones; la mujer a la que se dirigen hombres y mujeres de toda condición y cultura; María la llena de gracia de Dios y de la humanidad. 
Y ese cariño a María, la llena de gracia, es un compromiso para la Iglesia para amar y respetar a la mujer, pues por medio de una Mujer vino Jesucristo a vivir entre nosotros. Por eso nos resulta doloroso que en estos días hayan movimientos feministas que vayan a las puertas de los templos a protestar contra la violencia a la mujer, como si la Iglesia promovieran esos abusos; al contrario como comunidad de bautizados no podemos aprobar la más mínima práctica de violencia, maltrato o abuso contra la mujer, ellas nos recuerdan a María y, también porque no decirlo, a nuestras propias madres, de quienes hemos recibido la vida, y también el don de la fe. La Iglesia está a favor de la vida de todos, incluso los no nacidos; ojalá aquellos que organizan marchas y actos vandálicos en los templos lo entendieran bien, y se den cuenta que nos buscamos el mal de nadie, sino la vida para todos, incluso para los que piensan distinto a nosotros.
Hoy celebremos a María, pura, sencilla, sin pecado, imagen de la Iglesia salvada por Jesucristo, hoy cantemos a esta Madre que intercede por nosotros ante su Hijo. Hoy miremos a María con cariño, a la  mujer buena que esperó, mejor que nadie, la venida del Mesías.

domingo, 1 de diciembre de 2019

ESTAR ATENTOS

DOMINGO I DE ADVIENTO
Ciclo "A"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Isaías 2, 1-5
Salmo 121: Vamos alegres a la casa del Señor
2º Lectura: Romanos 13, 11-14
Evangelio: Mateo 24, 37-44

Puede resultar extraño hablar del final de los tiempos cuando comenzamos el Adviento (y con él el año litúrgico 2020), se supone que es un tiempo de esperanza y alegría, las calles ya nos ponen en "ambiente navideño"; y sin embargo la liturgia nos habla de la segunda venida del Señor, un tema que "da miedo", porque el "fin del mundo" el "Apocalipsis" es sinónimo de guerras, destrucciones, terremotos, hambruna... y eso ni alegra, ni da esperanza.
Y sin embargo desde los primeros tiempos del cristianismo rezamos "Marana tha, Ven Señor Jesús", lo decimos siempre en la misa; porque lo mejor que nos puede pasar es la venida del Señor; y allí radica la esperanza que ya comenzamos a soñar al escuchar las palabras de Isaías en la primera lectura "De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo": lo que antes fueron armas para destruir, se convierten en instrumentos para construir, ya no hay enfrentamientos entre pueblos.
Pero he aquí que corremos el peligro de estar distraídos: en estos días muchos estudiantes están con la angustia de los exámenes finales, las promociones y graduaciones, los balances de fin de año, los agasajos de navidad, los regalos, las comidas, los aguinaldos... Somos un país católico que no está muy atento a la venida del Señor, y hemos puesto nuestro interés en la búsqueda del poder que nos lleva a la corrupción, a la violencia, a destruir todo lo que no está de acuerdo con nuestra forma de ver el mundo; todas estas son señales de que, como dice la canción "Al mundo le falta vida, al mundo le falta luz, al mundo le falta el cielo, al mundo le faltas tu".
Y Jesús nos invita a estar atentos, a que las preocupaciones (muchas de ellas legítimas) no nos quiten de vista lo fundamental; no sabemos ni el día ni la hora de su segunda venida, tampoco sabemos en que momento Él sale a nuestro encuentro y nos sorprende (y no pensemos solo en la muerte o el fin del mundo: el Señor viene de muchas maneras, a veces sorprendentes).
"Dense cuenta del momento en que viven" dice san Pablo; estemos atentos a la venida del Señor en nuestro contexto actual, tengamos la esperanza de que Él puede hacer, con nuestra ayuda, que el mundo sea mejor. Que podamos tener la esperanza del profeta Isaías y soñemos con una sociedad en la que la violencia se transforme en paz, la corrupción en honradez, la ambición en servicio y solidaridad; que caminemos a la luz del Señor, porque con Jesús todo será mejor.

¡Feliz Adviento!

sábado, 23 de noviembre de 2019

UN REY DISTITNTO

SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO
Ciclo "C"

Lecturas bíblicas
1º Lectura: 2 Samuel 5, 1-3
Salmo 121: Vamos alegres a la casa del Señor
2º Lectura: Colosenses 1, 12-20
Evangelio: Lucas 23, 35-43

El pasaje del Evangelio de esta solemnidad con la que cerramos el año litúrgico 2019, nos sitúa en el Calvario: Jesús está en la cruz, agonizante, a su lado dos malhechores, mucha gente se encontraba en Jerusalén para la fiesta de la Pascua y debería estar sobrecogida al ver que, durante los días de la fiesta más importante para los judíos, el profeta que hacía milagros era ajusticiado.
Y mientras está en la cruz solo escucha insultos y burlas: "Que se salve a si mismo, si él es el Mesías". Para alguien que está agonizante estas palabras son una gran tentación, Jesús es el Mesías, el Ungido del Señor, podía bajarse de la cruz y demostrar su poder, todo Jerusalén quedaría impactado ante esta manifestación de su grandeza, no quedaría duda alguna, estarían ante un rey todopoderoso, al cual hay que servir a toda costa. Pero Jesús sigue en la cruz, tiene que llevar a cabo la salvación de la humanidad, y debe pasar por la muerte, como cualquier ser humano; seguramente alguno quedaría decepcionado al ver esa derrota, no se trataría del Mesías, sino de un falso profeta, como tantos que han surgido a lo largo de su historia.
Y en medio de esa terrible experiencia uno de los delincuentes que estaban en la cruz, le dice: "Jesús, acuérdate de mi cuando llegues a tu Reino". Quizás no nos demos cuenta de la magnitud de estas palabras  porque ya la hemos escuchado tantas veces en la liturgia y en las películas, que solo las repetimos por costumbre; pero pensemos un poco: ¿alguien, en su sano juicio, puede creer que un condenado a muerte, desangrado y desfigurado, insultado por la gente, puede ser un rey? ¿podría usted hacerlo, amable lector? Y no solo eso, aquel malhechor se pone como el más humilde de los súbditos, casi sin saber que decir, solo le pide a Jesús que, cuando llegue el día de su gloria, se acuerde de él. La respuesta de Jesús no será para dentro de miles de años, "Hoy estarás conmigo en el paraíso", hoy, el ladrón perdonado, estará en el Reino.
Jesús en la cruz no se parece en nada a los reyes de los cuentos de hadas que hemos leído de niños, tampoco se parece a los reyes que hemos conocido por historia: Carlos V, Felipe II, Enrique VIII; es por el contrario un rey crucificado, un rey que se hace solidario con los que sufren, que ocupa el lugar de un delincuente, que ha pasado por su vida sirviendo a sus hermanos, antes que pidiendo honores y pleitesías, un rey que ha lavado los pies a sus discípulos como un esclavo más. Celebrar a Jesucristo Rey del Universo es celebrar a un rey todopoderoso, triunfador del pecado y de la muerte, cuya grandeza no está en hacer gala de su poder, sino en hacerse uno de entre nosotros; un rey que quiere conquistar el mundo no a la fuerza del sometimiento humano, sino haciendo discípulos y amigos que sigan sus pasos; un rey "ungido del Señor" que nos hace partícipes de su realeza en el bautismo; un rey que abre los brazos en una cruz de dolor, para acoger y a abrazar con cariño a la humanidad y llevarla a su Reino.
"Reine Jesús por siempre, reine su corazón, en nuestra patria y en nuestro suelo, que es de María la nación". Que este canto nos recuerde que Jesús quiere reinar en nuestros corazones, para poder reinar en el mundo entero. A eso estamos llamados sus súbditos que, mas que siervos, somos amigos de un Rey que nos ha robado el corazón y nos compromete a construir su Reino de paz y justicia, sin miedo a la cruz porque, si le hemos seguido en la pena y en la cruz, también le seguiremos en la gloria (Cf. Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola).

sábado, 16 de noviembre de 2019

¿Y CUANDO VA A SER ESO?

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Malaquías 4, 1-2a
Salmo 96: El Señor llega para regir la tierra con justicia
2º Lectura: 2 Tesaloniceneses 3, 7-12
Evangelio: Lucas 21, 5-9

El Evangelio nos sitúa en los días previos a la pasión: Jesús ha entrado en Jerusalén y sus discípulos comienzan a admirar la belleza del templo, orgullo del pueblo judío. No era el templo que edificó Salomón (destruido cuando deportaron a los judíos a Babilonia), sino uno posterior. El templo era el centro del culto, lugar donde se ofrecían a Dios holocaustos y sacrificios por el perdón de los pecados. Aunque parezca sorprendente el templo de Jerusalén se asemejaría mas a un matadero o "camal" que a una catedral de las que conocemos, donde el olor del incienso se mezclaba con el de la carne quemada. 
Un templo tan impresionante sería casi la imagen de la "eternidad", de algo indestructible. Pero no es así: todo será destruido, no quedará piedra sobre piedra. Al pensar en esto, no puedo dejar de recordar en el incendio de la Catedral de Notre Dame en abril pasado: ¿quién se imaginaría que aquel imponente templo medieval, que durante siglos fue la imagen de París, se incendiaría en plena Semana Santa? Y ni que se diga de la destrucción de las Torres Gemelas en 11 de septiembre del 2001, cuando vimos por televisión como dos aviones colisionaron contra el centro financiero más importante del mundo y todo se vino abajo... Ver estos acontecimientos nos parecía increíble, algo se acababa, parecía el fin. Esa fue la sensación de los discípulos de Jesús al oír este anuncio: no solo era el fin de un monumento (que ocurrió en el año 70 cuando las tropas romanas sitiaron y destruyeron Jerusalén, y con la ciudad el Templo), sino era la visión del final de los tiempos: se acabó todo, era el fin del mundo.
Y por eso las palabras de Jesús no solo se refieren a la destrucción de Jerusalén, sino al fin del mundo, a un periodo en el cual habrán falsos profetas, guerras, desastres naturales y persecuciones; y ante un panorama tan desolador, la invitación de Jesús no es a tener miedo, ni a andar asustado, sino a perseverar con valentía y con la absoluta confianza en que "ni un cabello de nuestra cabeza perecerá", que pase lo que pase, si somos fieles, Dios nos salvará.
Debemos ser sinceros: siempre han habido guerras, desastres naturales, persecuciones; y en medio de estos acontecimientos surgen los falsos profetas que nos invitan a seguirlos; siempre los ha habido, y no hay que asustarnos de ello; la diferencia está en que antes no nos enterábamos porque las noticias viajaban más despacio, en cambio, en los últimos años y gracias al internet, nos enteramos de todo casi de inmediato.
"¿Y cuándo va a ser eso?" Al igual que el tema de lo que hay después de la muerte, el fin del mundo es otro de los temas que inquieta a la humanidad ¿cuando sucederá? Que miedo, ojalá no veamos eso... Y cada año andamos pendientes de las profecías y vaticinios que algunos esotéricos comienzan a publicar, recurrimos a adivinos para que nos lean las cartas, la mano y hasta las hojas de coca. Y nuestra confianza en Dios ¿cómo queda?
Las lecturas de hoy no son una invitación al miedo, a pensar que el fin es tan inminente que ya no tiene sentido trabajar o estudiar; esa es la crítica que hace San Pablo a algunos cristianos de Tesalónica que andan metiéndose en todo y no trabajan porque el fin del mundo es inminente; por eso tendrá una frase muy dura "el que no trabaja, que no coma".
No interesa cuando será el fin del mundo, quizás nuestra muerte legue más rápido y allí se habrá acabado nuestro mundo. Lo que importa es perseverar, seguir con nuestra vida haciendo la voluntad de Dios, caminando sin angustias ni miedos. Dios no nos quiere miedosos, ni meros espectadores de los acontecimientos del mundo, nos quiere constructores de su Reino, optimistas y alegres, empeñados en hacer que su Evangelio, que es Buena Noticia, y no anuncio de calamidades, llegue a toda la humanidad, comenzando por los que están cerca de nosotros.

sábado, 9 de noviembre de 2019

LA MUERTE NO ES EL FINAL

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura 2 Macabeos 7, 1-2. 9-14
Salmo 16: Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor
2º Lectura: 2 Tesalonicenses 2, 15- 3,5
Evangelio: Lucas 20, 27-38

"Se que la muerte es solo cerrar los ojos, dormir en paz,
y despertarse alegre en tu bondad,
se que en tus brazos, Padre, la noche estalla de claridad,
cuando nos das tu beso de eternidad"
(Canción "Mi amigo vive" de Cesáreo Gabaraín)

El relato de la primera lectura es realmente escalofriante: siete jóvenes son torturados y asesinados por causa de su fe, en presencia de su madre; pero hay algo sorprendente:no son como aquellos que enarbolan una causa política, esperando que esta triunfe, mueren confiando en Dios, que los resucitará para la vida eterna como recompensa por su fidelidad.
En tiempos de Jesús el tema de la resurrección de los muertos no estaba del todo zanjado: los fariseos creían en ello, los saduceos (grupo al que pertenecía la casta sacerdotal) no; por ello, son estos últimos quienes le plantean a Jesús el caso de la mujer que se casa con un hombre que muere sin dejar descendencia y, en cumplimiento de la "Ley del levirato" (que mandaba casarse al hermano con la viuda para dar descendencia al difunto) esta mujer se casó con siete hermanos, no tiene descendencia y al final muere ella. Cuando resuciten los muertos ¿quién será su marido? Me imagino que Jesús, al oír su inquietud, habrá soltado una carcajada y podría decir, como una propaganda que se hacía en los años setenta "Esa pregunta ni se pregunta".
La realidad después de la muerte es diferente a la de este mundo: en la resurrección ya no habrá matrimonio ni muerte, "son como ángeles, son como hijos de Dios", y Él será su realidad, su gozo su paz. Pero Jesús, además, reafirma la enseñanza: Dios es un Dios de vivos y no de muertos, los que ya no están en este mundo viven para Dios.
¿Qué hay después de la muerte? Esta es la pregunta que durante siglos se ha planteado la humanidad, muchas civilizaciones han intuido que hay vida después de la muerte, y realizaban ritos funerarios preparando a sus difuntos para el viaje al "mas allá" de la manera mas agradable posible; también han querido averiguar, a través de espiritistas y brujos como es la vida después de la muerte y alguna "información" para sacar ventaja en alguna situación difícil. En eso quizás nos parecemos a los saduceos, en que queremos "saber" que hay fuera de este mundo, sin tomarnos en serio que nos espera una resurrección para la vida, si es que somos fieles.
Sabemos que vamos a morir, lo recordamos la semana pasada que conmemoramos a los fieles difuntos; pero también sabemos que Dios no nos ha creado para que pasemos algún tiempo en la tierra y después desaparezcamos, que nos quiere vivos en su Reino, nos quiere resucitados para la vida eterna. Esa confianza, que ya la tenían los hermanos Macabeos, nos la fortalece Jesús, el vencedor de la muerte, el primer resucitado; no interesan los detalles de "como es" el mas allá. algunos santos videntes usarán figuras y símbolos para hablar del cielo donde está Dios, del purgatorio donde nos purificamos antes de llegar al cielo, o del infierno donde el mayor tormento es no poder gozar jamás de la gloria de Dios.
Hoy pongamos nuestra confianza en Jesús que nos promete la resurrección para la vida eterna si es que somos fieles; que no quiere la muerte de ninguno de sus hijos a los que ha llamado a la vida por amor. Pongamos nuestra esperanza en María a quien le decimos con frecuencia "Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte".

viernes, 1 de noviembre de 2019

LA ALEGRÍA DE LA CONVERSIÓN

DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1° Lectura:Sabiduría 11, 23-12, 2
Salmo 144: Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey.
2° Lectura: 2 Tesalonicenses 1, 11- 2, 2
Evangelio: Lucas 19, 1-10

Zaqueo era "jefe de publicanos", como si el Evangelio quisiera decirnos que era "peor que los otros", mas abusivo, más ladrón, mas corrupto: vivía en Jericó (se me viene a la mente la parábola del Buen Samaritano, en que el hombre fue asaltado camino a esa ciudad, como si la zona fuera un poco peligrosa); y además de baja estatura (¿por qué siempre en la televisión los jefes de las mafias son "chatos"?).
Pero este hombre pecador tuvo la curiosidad de conocer a Jesús, no le interesa treparse a un árbol como si fuera un niño, solo quería ver al Maestro de quien seguramente ha oído hablar. Y Jesús lo ve, y lo llama. "Tú que has venido a llamar a los pecadores, Cristo ten piedad", rezamos en el Acto penitencial de a Misa. Jesús ha llamado por su nombre a un pecador y va a comer a su casa. ¡Qué escándalo! Un profeta un hombre de Dios no debe entrar a comer en casa de un pecador, de un corrupto, de un traidor a la patria, servidor de Roma. Pero si de salvar a una persona se trata, Jesús no tiene problema en entrar a su casa.
Zaqueo está contento, ¿qué habrán conversado? No creo que Jesús se haya dedicado a recriminarle por sus pecados, seguro habrá sido la comida más alegre y feliz que Zaqueo haya tenido. Y este encuentro fue suficiente para tomar la mejor decisión de su vida: arrepentirse de su pecado, enmendarse y reparar el daño que haya hecho. Y nadie le impone ninguna penitencia, él solito dice "Doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si he abusado de alguien le devolveré cuatro veces mas". Y no hay ningún pesar, ni una cara larga, ni un momento desagradable; Zaqueo está feliz porque Jesús lo llamó con cariño, fue a su casa, bastó ese encuentro para que todo cambie.
"Te compadeces de todos... cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan... Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida". Dios nos ha creado con amor, y quiere que vivamos una vida digna; el pecado destruye esa vida que Dios ha creado, pero Él, en lugar de buscar vengarse, da muchas oportunidades al ser humano, a fin de que se arrepienta: "a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida"; a pesar de nuestros pecados Dios nos ama y nos quiere vivos, por ello nos perdona, es "lento a la cólera y rico en piedad".
Jesús nos dijo que "hay mas alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse", pero la alegría no se quedó en el cielo, sino que llegó y desbordó el corazón de Zaqueo. ¿Sentimos alegría cuando Dios nos perdona? En el sacramento de la Penitencia ser da ese encuentro entre Jesús y el pecador, un encuentro que sana el corazón afligido, pero que debe dar vida, esperanza y alegría aún al pecador mas miserable. La penitencia que se impone en las confesiones ¿son oraciones dichas por rutina o buscan reparar en algo el daño causado por el pecado? Recuerdo a un sacerdote que, a los niños que se confesaban que se habían portado mal con su mamá, les decía "En penitencia anda a darle un beso a tu madre", y es que el beso de un hijo arrepentido, puede reparar mucho más que rezar cien veces el Padre nuestro de manera mecánica.
Hoy pidamos al Señor la alegría de la conversión, que brota del encuentro con Dios que tiene misericordia de sus hijos, que nos hace capaz de reparar el daño ocasionado por nuestros pecados. Pidamos esa alegría de la conversión para aquellas personas que no hacen nada por corregirse, que descubran el rostro de Dios que los amó desde siempre y los llamó a la vida como sus hijos para siempre.

domingo, 27 de octubre de 2019

FARISEOS Y PUBLICANOS


DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"
Lecturas Bíblicas:
1° Lectura: Eclesiástico 35, 15b-17. 20-22a
Salmo 33: Si el afligido invoca al Señor, El lo escucha.
2° Lectura: 2 Timoteo 4, 6-8. 16-18
Evangelio: Lucas 18, 9-14

El Evangelio de hoy nos presenta dos tipos de personas: por un lado están los fariseos quienes cumplían la ley hasta el más mínimo detalle; pero no pocas veces se fijaban en minucias, olvidándose de la justicia y la misericordia, y lo más grave de todo era que despreciaban a aquellos que no vivían su fe al mismo modo que ellos; y por otro lado están los publicanos, cobradores de impuestos al servicio del Imperio Romano, considerados como pecadores públicos y traidores a la patria, corruptos que abusaban de la gente cobrando tribustos más altos para llenarse los bolsillos.

La oración del fariseo muestra su forma de relacionarse con el Señor: el amor de Dios hay que merecerlo, ganarlo con el cumplimiento de la ley y cuanto más ayunos y sacrificios, mejor, solo le faltó decir: “Señor, apláudeme”. Por su lado el publicano se dirige a Dios con vergüenza, se reconoce pecador, y le pide su misericordia. La conclusión de Jesús es que el publicano vuelve a su casa “justificado”, hecho justo por Dios, perdonado, acogido, pero el fariseo no, porque no necesita de Dios, ya está bien “recompensado”.

No soy como los otros” Todos tenemos un fariseo dentro, seamos conservadores o progresistas, tenemos la tendencia a considerarnos mejores que los demás y los despreciamos, a los que son “como nosotros” les pasamos por alto sus defectos y errores, pero a los “otros” los condenamos con mucha facilidad; la soberbia nos gana. Nos falta la humildad del publicano, se muestra a Dios tal cual es, pide su misericordia, y recibe el perdón, la gracia; es él quien, sin cumplir la ley al detalle, ni hacer sacrificios, está más cerca de Dios.

El papa Francisco ha puesto mucho énfasis en la misericordia de Dios, es mostrarnos que el amor de Dios es gratuito, que no hacemos un concurso de méritos para llegar hasta El, basta con acercarnos con humildad, reconocernos frágiles; Dios nos ama y conoce nuestro barro. Muchos lo han criticado por esto, siguen creyendo que el amor de Dios “hay que merecerlo”, si así fuera no perdonaría a los pecadores, Jesús no habría contado la parábola del “Hijo pródigo”, ni habría regalado su perdón a la mujer que le ungió los pies con perfume o a la adúltera.

Pidamos a Dios un corazón humilde, que se reconozca frágil, que aunque no haya cometido los pecados de “los otro” no está libre de caer en ellos. Oremos por tantos hermanos que no se atreven a acercarse a Dios porque saben que sus culpas son muy graves, hagámonos solidarios con ellos, que nuestro corazón no los condene, sino más bien los comprenda y acoja. Dios rechaza a los soberbios, pero acoge a los humildes y sencillos.

 

domingo, 20 de octubre de 2019

ORAR CON INSISTENCIA

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Éxodo17, 8-13
Salmo 120: El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra
2º Lectura: 2 Timoteo 3, 14- 4, 2
Evangelio: Lucas 18, 1-8

La parábola de hoy nos presenta dos personajes: por un lado, un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres, que ha sido identificado como un funcionario corrupto aunque, mas bien, creo que se trata de una persona que no tiene obligación de dar cuenta a nadie de sus actos, que no tiene superiores que le puedan fiscalizarlo o quitarle su poder, y que por eso puede actuar como quiere; y por otro lado la viuda, una mujer indefensa no solo por ser mujer, sino también por no tener un esposo que la defienda, que posiblemente se encontraría en un juicio con algún acreedor que podía quitarle lo poco que tenía; pero, por la manera como actúa, da la impresión que es una mujer "de armas tomar", porque tengamos en cuenta que las costumbres en tiempos de Jesús no le permitían a las mujeres dirigirse con libertad a los hombres, y ésta, además de "cargosa", le puede golpear en la cara al juez.
También llama la atención que Jesús, de alguna manera, compare a su Padre con un juez injusto, y es que ambos no tienen otro superior a quien dar cuentas, así que pueden actuar como deseen. Pero, la gran diferencia está en que el juez hace justicia porque harto de los reclamos de la viuda, (y también por temor a una agresión física); Dios escucha a sus elegidos porque los ama, porque son sus hijos, porque no quiere el sufrimiento de aquellos a quienes ha dado la vida.
Jesús nos invita a orar con confianza y sin desfallecer. Es verdad que cuando le pedimos algo a Dios lo hacemos desde nuestro punto de vista, lo que queremos, lo que nos conviene, pocas veces pensamos si nuestra petición podría perjudicar o al menos no gustar a otros. Sin embargo, hemos de orar con fe, pedirle con fe sabiendo que Él puede concedernos lo que pedimos, y que en definitiva, el nos concederá los que venga mejor para todos sus hijos, porque como decía el P. Antonio Alonso,. S.J. es infinitamente bueno, sabio y poderoso.
Y así nos invita a orar Jesús, con fe y con insistencia, con la confianza de que Dios no da de largas a sus hijos, con la insistencia de quien necesita algo y sabe que lo pide a la persona indicada; con la confianza de que Dios es tu Padre que no te dará un huevo o un escorpión, sino lo que necesitas, que es el quien tiene la última palabra, que será su palabra y su voluntad todopoderosa la que tenga la última palabra.
Que al reflexionar en esta parábola nos demos cuenta que que tenemos un Dios que es Padre y que está atento a nuestras necesidades porque somos sus hijos.

sábado, 12 de octubre de 2019

ES DE BIEN NACIDOS SER AGRADECIDOS

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas bíblicas:
1º Lectura: 2 Reyes 5, 14-17
Salmo 97: El Señor revela a las naciones su justicia
2º Lectura: 2 Timoteo 2, 8-13
Evangelio: Lucas 17, 11-19

Como ya hemos hablado en otras ocasiones la lepra era un grave problema de salud pública, quien la padecía era excluido de la comunidad por temor al contagio, estaban condenados a vivir lejos de su familia, de la sociedad y hasta del culto. Por otro lado, al no estar la medicina tan desarrollada, algunas enfermedades de la piel eran consideradas como lepra, de allí que algunas se curaban y otras no.
Estos diez leprosos ven a lo lejos a Jesús (no podían acercarse, eran impuros y corrían el riesgo de ser agredidos) y le gritan pidiendo compasión, y Jesús, sin hacer gesto alguno, les manda a los sacerdotes para que, de acuerdo a la ley de Moisés, certifique que se han curado, cosa que sucede mientras van de camino. Pero he aquí que de los diez, solo uno, al verse curado, regresa donde Jesús; y por si fuera poco, era un samaritano, es decir un extranjero, un separado, un hereje...
"Es de bien nacidos ser agradecidos", dice un refrán. Para el samaritano lo más importante no era tanto tener el "certificado de curación" que le podía dar el sacerdote del templo, sino más bien agradecer el bien recibido: podía volver a hacer su vida familiar, social, podía acercarse a Dios sin temor a ser rechazado a pedradas... Y su alegría es muy grande: por eso vuelve alabando a Dios con grandes gritos, no puede quedarse callado: ha vuelto a la vida. Y por eso Jesús le dice: "Tu fe te ha salvado".
La primera lectura nos ha contado un relato semejante (valdría la pena leer, en forma completa, el capítulo 5 del segundo libro de los Reyes, para entender el contexto del relato): Naamán, un general sirio, pagano, enfermo de lepra recurre al profeta Eliseo para ser curado, este le manda bañarse siete veces en el río Jordán y quedó curado, y su alegría es tan grande que quiere darle obsequios a Eliseo y hace el propósito de servir al Señor, es decir al Dios de Israel. En ambos casos los dos extranjeros son curados por la mano de Dios y los dos son agradecidos; pero no solo han recuperado la salud: se han encontrado con alguien que les ha cambiado la vida.
¿Somos agradecidos con Dios por lo que hemos recibido de Él? Toda gracia, todo favor, todo bien que henos recibido de Dios son una muestra de su amor, de su misericordia, de que nos mira con cariño; pero también son la oportunidad de encontrarnos con Él, de dejarnos salvar por Él, de seguirle a Él. Y ante tanto amor que Dios nos regala nuestra única respuesta es ser agradecidos con Él, no solo alabando su bondad, sino siguiendo el camino de Jesús, porque cuando nos encontramos con Él, nuestra vida queda marcada.
¿Somos agradecidos con las personas que hacen algo por nosotros? Una canción para niños que escuché hace años dice que palabras como "muchas gracias" y "por favor" tienen "mucha magia"; y es que no solo son muestras de "buena educación", sino que pueden tocar los corazones, "romper hielos", tender puentes, establecer relaciones, ganar amigos. Se me viene a la mente el cuento de "Androcles y el león": un esclavo que ha escapado de su amo y se encuentra con un león que no puede atacarlo, porque tiene una espina en la pata que le impide moverse, él le quita la espina y el león deja de sufrir; pero Adrocles es apresado y condenado a ser devorado por un león, y cuando es llevado al coliseo para cumplir con su castigo, el león hambriento lo reconoce y no lo ataca. No esperemos que Dios agradezca "en el mas allá"a quienes nos hacen algún bien, Él también muestra su agradecimiento a  través de sus hijos, ¡no seamos ingratos!
Pidamos a Dios un corazón agradecido, que reconozca el bien que Dios nos da, que sea generoso con aquellos que nos hacen algún bien, que nunca olvide lo bueno que hayamos recibido de los demás; que sepa perdonar los gestos de ingratitud que nunca faltan. Pidamos a Jesús un corazón como el suyo.

sábado, 5 de octubre de 2019

FE

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Habacuc 1, 2-3. 2, 2-4
Salmo 94: Escucharemos tu voz, Señor.
2º Lectura: 2 Timoteo 1, 6-8. 13-14
Evangelio: Lucas 17, 5-10

La fe se define como la virtud teologal que nos permite confiar en Dios.Todos queremos tener mas fe, más confianza en Jesús, una fe que no admita dudas ni crisis, que haga maravillas deslumbrantes, y siempre hablamos de la fe de María, de los santos que en medio de todo, nunca dejaron de confiar en el Señor. Los discípulos le piden a Jesús "Auméntanos la fe", y él, en su respuesta, les dice que, si tuvieran una fe tan pequeña como un granito de mostaza, harían maravillas.
¡Cuanto quisiéramos una fe así!
Sin embargo la fe se manifiesta en todo su grandeza, precisamente "cuando las papas queman", cuando las dificultades parecen destruirnos: miremos la fe de María al pie de la cruz; la fe del ladrón que cree que Jesús es Rey cuando lo ve crucificado e insultado, la fe de los mártires que entregan su vida por el Evangelio cuando son maltratados, la fe de tantos hombres y mujeres sencillos que en medio de las adversidades saben que Dios no los va a defraudar y, aunque las cosas no salgan como esperan, saben que Dios dispone algo mejor para ellos.
Quizás la mayor experiencia de fe no sea hacer que se muevan las montañas y los árboles, ni siquiera la posibilidad de hacer milagros, sino de poner el corazón en las manos de Dios que nos ama con ternura. Esa experiencia de confianza es la que vemos en miles de personas que en este mes de octubre acompañarán al Señor de los Milagros, no solo por las calles de Lima, sino en tantos lugares donde hayan compatriotas nuestros. Hace solo unas horas estuve en la salida del Señor de los Milagros del Monasterio de las Madres Nazarenas y era impresionante ver como mucha gente ponía sus necesidades en las manos del "Cristo Moreno", enfermos y ancianos que hacían esfuerzos para estar en la Avenida Tacna, padres de familia que llevan a sus niños para enseñarles esta devoción que seguramente los marcaba desde niños, devotos que acudían con alegría a esta cita con el Señor. Esta gente sencilla y anónima no tienen la fe del tamaño de un grano de mostaza, sino del tamaño de una gran catedral; y nos enseñan, a muchos de nosotros que nos enfrascamos en discusiones teológicas y pastorales, que muchas veces dividen a la Iglesia, lo que es la fe en Dios que es Padre y abraza a todos sus hijos.
Pidamos al Señor que aumente nuestra fe, que no es incrementar nuestros conocimientos religiosos, sino aumentar nuestra confianza y nuestro cariño en Él.

domingo, 29 de septiembre de 2019

EL PECADO QUE NO VEMOS


DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Amós 6, 1a. 4-7
Salmo 145: Alaba. alma mía, al Señor.
2º Lectura: 1 Timoteo 6, 11-16
Evangelio: Lucas 16, 19-31

La parábola de hoy, al igual que la de la semana pasada, puede prestarse a una mala interpretación: creer que Dios salva al pobre por ser pobre y condena al rico por ser rico; es más quienes, siguiendo a Carlos Marx, sostienen que la religión es el opio del pueblo (es decir, sedante, analgésico del pueblo), encontrarán en este Evangelio el sustento a sus afirmaciones: no importa que el pobre sufra en la tierra, en el cielo tendrá su premio.
Nada mas alejado de las palabras de Jesús: no son el anuncio del "premio al sufrimiento", sino una llamada de atención para ver si somos o no solidarios con nuestro prójimo. La semana pasada Jesús nos advertía que no se puede servir a Dios y al dinero, que nos puede hacer caer en la avaricia y en la corrupción; pero ahora nos advierte que el dinero nos puede hacer perder de vista a quien está a nuestro lado: el mendigo de la parábola estaba en las narices del rico, era obvio que tenían que cruzarse con él, que su presencia llamaría la atención de los habitantes de su casa y de quienes asistían a sus banquetes, y a alguno, con un mínimo de compasión le debió llamar la atención "pero nadie le daba nada", la pasaban tan bien que habían aprendido a ignorarlo.
Y ese fue el pecado del rico, y por ese pecado se condenó. Y se hace consciente de eso cuando, después de morir, Lázaro es llevado al seno de Abraham y él va al infierno, y ya no hay nada que hacer; del infierno no hay escapatoria, ni atenuación posible; por eso le pide a Abraham que mande a Lázaro a advertir a sus hermanos que corrijan su conducta y no corran su misma suerte, pero la respuesta es negativa: si no hacen caso a Moisés y a los Profetas no se convertirán ni aunque resucite un muerto.
Cuando hablamos de pecado pensamos muchas veces en cuestiones de moral sexual, o si asistimos o no a misa; algunos dicen "yo no robo, yo no mato" y se consideran libres de toda culpa.Posiblemente el rico de la parábola cumplía con sus deberes religiosos como cualquier judío, a lo mejor cumplía los preceptos sin mayor problema, pero olvida un mandamiento importante: amar al prójimo; ese es su pecado, no ser solidario con el prójimo que está cerca de él, ser egoísta al punto de olvidarse por completo de alguien que sufre. 
Ese es el pecado que no vemos, y como ese hay varios mas que están vinculados con el amor al prójimo y la justicia: es pecado dejar morir de hambre, es pecado mortal no pagar sueldos justos, es pecado no pagar deudas, es pecado no cumplir con el pago a quienes nos dan un servicio... Y es pecado porque hemos dejado que el egoísmo cierre nuestro corazón al amor al prójimo, ese amor al prójimo que hizo que los primeros cristianos sean solidarios unos con otros, al punto de vender sus bienes para satisfacer las necesidades del otro.
Al igual que en la parábola los "Lázaros" que pasan hambre pueden estar en nuestras narices: se dan casos de familias en los que unos están pasando una situación de estabilidad económica, mientras otros pasan necesidad; pero también hay personas que están a nuestro lado sin algo que comer (se me viene a la mente aquella vez que un mendigo espero a que una persona se levante de la mesa en una pollería del Jr. Trujillo en el Rimac y corrió a coger lo que sobraba de comidas en el plato); y ni que se diga de tantos migrantes, no solo venezolanos, sino también del interior del Perú, a quienes por no ser de los nuestros tratamos con indiferencia cuando nos piden alguna muestra de solidaridad. Es verdad que no podemos aliviar el hambre de todos, y que en no pocas ocasiones nos engañan para sacarnos algo de dinero, pero, si reconocemos la necesidad de nuestro prójimo; no podemos ser indiferentes.
Recordemos las palabras de Jesús "Lo que hiciste con uno de estos mis hermanos mas pequeños, conmigo lo hiciste". Y de eso nos juzgará el Señor.

domingo, 22 de septiembre de 2019

¿A QUIEN SERVIMOS?

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Amós 8, 4-7
Salmo 112: Alaben al Señor, que ensalza al pobre.
2º Lectura: 1 Timoteo 2, 1-8
Evangelio: Lucas 16, 1-13

La parábola que escuchamos hoy llama la atención: ¿acaso Jesús pone como ejemplo a un corrupto? El administrador de la parábola es un mal gestor que, cuando es descubierto, adultera los documentos de su jefe para que, cuando lo despidan, tenga quien le acoja y le de trabajo. En medio de todo, es un hombre astuto para "salirse con la suya", pero las palabras de Jesús son, mas bien, una llamada de atención ¿por qué, muchas veces, los "hijos de este mundo" son mas astutos que los "hijos de la luz"? Se me viene a la mente las palabras que he oido a algunas madres de familia (y también a algunas maestras) que llaman la atención a los que niños que son hábiles para las travesuras y les dicen "¡Para eso sí eres bueno, pero para estudiar y para cumplir con tus deberes...!"
Muchas veces para hacer el mal somos hábiles. ¿No vemos acaso en las noticias la habilidad que tienen los corruptos para recurrir a las triquiñuelas mas ingeniosas para dar apariencia de legalidad a sus fechorías? ¡Y ni que se diga de los delincuentes que tratan de borrar las huellas de sus delitos! ¿Somos igual de astutos e ingeniosos para vivir el Evangelio, para servir a los demás, para cumplir con nuestros deberes? ¿o, más bien, inventamos salidas para evadir el Evangelio?
Y después de la parábola de hoy, Jesús nos da dos enseñanzas: "El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar...". La confianza es muy importante en las relaciones humanas, y nos damos cuenta, sobretodo en el terreno económico, que una persona a la que no se le puede confiar poco, difícilmente se le puede confiar algo mas importante; pero si es responsable con poco, uno tiene indicios de que esta persona es de fiar y no defrauda. Se me viene a la mente el ejemplo que me pusieron hace varios años, cuando estudiaba para ser conciliador extrajudicial: la confianza es como un trozo de papel, si uno lo arruga, ya no puede recuperar su forma original y se estropea. ¿Somos, los católicos, dignos de confianza?
"Ningún siervo puede servir a dos amos..." Estas palabras Jesús la aplica al dinero, pero también podríamos decir que no se puede servir, a la vez, a Dios y a la soberbia; a Dios y a la avaricia, a Dios y a la lujuria,... Y en el fondo no se trata solo de servir, sino de poner el corazón: cuando amamos a Dios de verdad, le servimos con el corazón entero pero, cuando no le amamos, fácilmente buscamos otros dioses a quienes servimos y le damos nuestras capacidades e inteligencia; cuando alguien a ama al dinero mas que Dios, recurrirá a todos los medios para conseguirlo, no tendrá escrúpulos en ser corrupto; y ni que se diga de la lujuria, la avaricia y demás vicios... la inteligencia se pone a su servicio.
¿A quién servimos? ¿a quien le damos el corazón y la inteligencia? Somos un país de mayoría católica, pero parece que el Evangelio no está presente en nuestra sociedad, basta ver las noticias sobre la corrupción para darse cuenta que muchos de los denunciados son bautizados como nosotros, que han hecho la primera comunión, que rezan al Señor de los Milagros o son devotos de algún santo... y ni sonde fiar en lo poco, ni en nada, porque su astucia está al servicio de los sus intereses y de las obras de las tinieblas.
Hagamos el propósito de ser personas de fiar, de que hemos puesto el corazón en servir a Cristo, que nuestras capacidades están al servicio de Cristo, a quien amamos con todo el corazón. Hoy también, siguiendo las palabras de San Pablo elevemos nuestras súplicas por toda la humanidad, por nuestros gobernantes; porque Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad..

sábado, 14 de septiembre de 2019

MADRE DOLOROSA, MADRE DE MISERICORDIA

SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

EN EL MISTERIO DE SU SOLEDAD
15 de Septiembre

Lecturas Bíblicas
1º Lectura: Judit 13, 17-20a.
Salmo 144: El Señor es cariñoso con todas sus criaturas
2º Lectura: Colosenses 1, 18-24
Evangelio: Juan 19, 25-27

La familia Soleana celebra hoy la solemnidad de Nuestra Señora de los Dolores en el misterio de su Soledad. Durante estos días hemos ido contemplando los momentos de dolor que vivió María al lado de Jesús: la profecía de Simeón, la Huida a Egipto, la pérdida de Jesús en el templo, el encuentro en la calle de la Amargura, la muerte de Jesús, el descendimiento de la cruz, la sepultura de Jesús y su soledad. Cada dolor ha sido una puñalada que atravesaba su corazón de madre; quizás los más terribles fueron los que le tocó sufrir el Viernes Santo: ¡qué terrible saber que su hijo iba a ser crucificado, verlo torturado con una corona de espinas, verlo morir como un malhechor, recibir el cadáver, sepultarlo rápidamente y quedarse sola, sin un esposo o un hijo que la cuide! 
Son muchas madres las que sufren como María viendo a sus hijos enfermos o victimas de un vicio, viendo morir a sus hijos y no poder evitarlo; recibiendo los cadáveres de sus hijos y enterrándolos después; es imposible no pensar en las madres de las víctimas de la violencia, del terrorismo, del feminicidio... Nos hemos acostumbrado a la imagen de "La Piedad" de Miguel Angel y a muchas obras de arte que nos muestran a María dolorosa con un rostro triste, pero sereno y resignado; sin embargo pienso que la imagen del "Descendimiento" de Rogier van der Weyden, donde vemos a la Virgen que se desmaya al ver el cadáver de su Hijo, o el llanto desgarrador de María al abrazar a su hijo muerto en la película "Jesús de Nazaret" de Franco Zefirelli retrata, con mayor verosimilitud, aquella frase que leemos en las Sagradas Escrituras: "¿A quién te compararé para consolarte virgen, hija de Sión?. Inmensa como el mar es tu desgracia ¿quién podrá curarte?" (Lamentaciones 2, 13).
Y en medio de ese dolor María "da a luz" a los discípulos de su Hijo que, a lo largo de la historia, la han amado con un cariño filial, con la mas grande de las veneraciones, le han dedicado las mejores expresiones de su fe, de su arte, la han buscado como el hijo que pide el consuelo de una madre. Y como la muerte no fue el final, María tiene la alegría de tener el mas grande consuelo, la resurrección de Jesús quien encabeza a la multitud de sus hijos, de los redimidos. Por eso la liturgia de hoy y la procesión "de Gloria" de Nuestra Señora de la Soledad no tiene el color del luto que vemos el Viernes y Sábado Santo, sino la esperanza y la alegría de que el dolor de Jesús y de María han redimido al mundo, de que ella nos acompañará en la soledad que nos toque vivir y nos recibirá con un beso maternal cuando su Hijo nos lleve al cielo.
Las lecturas del Domingo XXIV del Tiempo Ordinario nos hablan de la misericordia de Dios: San Pablo nos cuenta su propio testimonio: fue perseguidor y blasfemo, pero Dios tuvo compasión de él; (1 Timoteo 1, 12-17); y San Lucas nos presenta tres parábolas referidas a la misericordia de Dios: la oveja perdida, la moneda perdidas y el hijo pródigo; las tres parábolas tienen como contexto la crítica de los fariseos hacia Jesús por acoger a los pecadores y comer con ellos: un hombre de Dios no puede juntarse con los "impuros", con los que no cumplen la ley, con los enemigos de Dios; y Jesús muestra como es el corazón de su Padre: no habla de teorías o especulaciones, habla de lo que sabe porque su Padre y Él son uno solo, porque Él se comporta como su Padre, porque sus sentimientos y su corazón son los mismos de su Padre. Y su padre acoge a los pecadores, no los condena, hace fiesta por el hijo que vuelve a casa aunque llegue hecho un "estropajo humano", abraza y besa al hijo al que seguramente muchos tendrían asco de tocar; y su alegría es tan grande que hace fiesta, aunque hayan otros hijos que lo vean mal, que se escandalicen; pero el Padre quiere en casa a los dos hijos, al que se fue para vivir perdidamente y al que no quiere entrar porque le parece mal que se festeje el regreso del hijo perdido.
Hoy nos hace falta releer con el corazón estas parábolas, mirar el corazón del Padre que es el mismo corazón de Jesús: abrir los brazos a tantos alejados que viven al margen de Dios y que necesitan encontrar en los hijos de la Iglesia un rostro amable y acogedor: ¡cuántos "enemigos de Dios" volverían a casa si les mostrásemos que Dios los ama con ternura! ¿Cuando dejaremos de ver como enemigos a las personas que apoyan la ideología de género, el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, el odio a la Iglesia, y les mostrásemos el rostro de Dios que los ama con ternura? ¡Eso convertiría muchos corazones, mucho más que discusiones estériles que solo buscan imponer los criterios propios de uno u otro lado! ¡Qué no se nos "salga el fariseo" cuando vemos al Papa, a un obispo, a un sacerdote o religioso que se acerca a estos hijos alejados a los que muchos no quieren acercarse porque su vida moral "da asco", es "impura"! ¡El corazón de Dios es misericordia que no tiene límites!
El Corazón de María, atravesado por una espada de dolor, es un corazón de misericordia, es el corazón que modelo a Jesús. Ella intercede y acoge a sus hijos. Reparar el Corazón de María no es solo hacer penitencia u obras de piedad por nuestros pecados y los del mundo, es también rogar por la conversión de sus hijos, es acoger a los hijos pecadores para que sepan que, aunque sus vidas hayan sido un desastre, siempre hay una Madre que los recibe y los ama, y está Jesús que ha dado la vida por ellos y que la mayor alegría de su Padre es ver a TODOS sus hijos reunidos en su Reino.
Que María nos ayude a tener un corazón misericordioso, como el de su Hijo.

domingo, 8 de septiembre de 2019

SEGUIR A JESÚS

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Sabiduría 9, 13-19
Salmo 89: Señor tu has sido nuestro refugio de generación en generación
2º Lectura: Filemón 9-10b. 12-17
Evangelio: Lucas 14, 25-33

Es muy fácil pensar que las palabras del Evangelio de hoy están dirigidas a aquellas personas que deseen consagrar sus vidas como sacerdotes o religiosos, entonces si tiene sentido aquello de posponer al padre y a la madre, o de tomar la cruz y seguir a Jesús.
Sin embargo Jesús no dirige estas palabras a un grupito de "elegidos" que desean seguirlo mas radicalmente; mas bien se dirige a "mucha gente que lo acompañaba", por lo tanto estas palabras están dirigidas a todo aquel que quiera ser cristiano, desde donde le toque estar; y todos están invitados a seguirlo radicalmente: el soltero, el casado, el religioso, el sacerdote, el célibe, los novios, los viudos, los padres de familia... no hay estados de vida más perfectos que otros, como escuché decir al Cardenal Augusto Vargas Alzamora, S.J.: la perfección está en la vida cristiana.
Esta radicalidad de la vida cristiana no es producto de una imposición, o de una exigencia que se asume como una obligación; sino más bien como consecuencia del cariño que se le toma a Jesucristo y nos hace seguirlo con radicalidad. Cuando leemos el evangelio, lo meditamos y lo hacemos vida vamos conociendo a Jesucristo, y es él quien va cautivando nuestro corazón, nos entusiasma con su proyecto y nos hace partícipes de su reino; entonces el discípulo es capaz de seguirle hasta las últimas consecuencias. No se trata de posponer al padre ya a la madre, por el solo hecho de dejarlos (eso podría ser un acto de rebeldía o de desprecio a la familia), sino de jerarquizar nuestra vida, poniendo a Jesús en primer lugar, de buscar primero, el Reino de Dios y su justicia, y los demás vendrá después.
Y allí estamos llamados a seguirle, a encender el fuego que haga arder la tierra; le seguimos llevando nuestras cruces al hombro, no negándolas, disimulándolas o dejándolas de lado; sino asumiéndolas en serio y caminando detrás de Jesús, pero con el corazón contento y confiado en que vamos con él.
¿Cuánto tiempo le dedicamos en nuestras catequesis o reuniones de grupos pastorales a hablar de Jesús? ¿Entusiasmamos a los niños y jóvenes con la persona de Jesús de Nazaret, o solo nos limitamos a transmitir doctrina y hacer dinámicas? Jesucristo no es una idea, ni una doctrina, es una persona que nos llama a seguirlo de verdad, sino no somos dignos de Él.
¿Qué me impide seguir a Jesús? ¿Cuáles son las cosas que pongo en primer lugar, posponiendo a Jesús y su Evangelio? Se trata de seguirle llevando nuestra pesada cruz, algunas visibles y otras escondidas, porque sabemos lo pesadas y "terroríficas" que son. No se trata de botar la cruz, o esperar un momento oportuno para seguir a Jesús; es ahora cuando hay que seguirle, llevando nuestra propia cruz.
Que María, cuya Natividad celebramos hoy nos anime a seguir a su Hijo llevando nuestra cruz. Que hagamos caso a las palabras de María: "Hagan todo lo que Él les diga".

sábado, 31 de agosto de 2019

HACERSE LOS ULTIMOS

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Eclesiástico 3, 19-21. 30-31
Salmo 67: Has preparado, Señor, tu casa a los desvalidos
2º Lectura: Hebreos 12, 18-19. 22-24a.
Evangelio: Lucas 14, 1. 7-14

A primera vista las palabras de Jesús podrían ser vistas como un "Manual de urbanidad y buenas costumbres" (como el "Manual de Carreño" o las recomendaciones de Frieda Holler), destinado a evitar pasar un mal rato en una reunión social. Nada mas lejos de la intención del Evangelio de hoy.
En realidad, de lo que se trata es de no dejarnos llevar por la soberbia, por esa tentación que muchas veces nos mueve a sentirnos mas importantes que los demás, a querer tener privilegios que nos pongan por encima de los otros. ¿Quién no busca tomarse fotos (o "selfies") con los personajes de la farándula, con la gente de dinero, con los líderes políticos, con los obispos? Y no es malo tener el recuerdo gráfico de que hemos "conocido" a estas personas (aunque ellos después no recuerden habernos visto "ni en la pelea de perros"); pero no pocas veces lo que queremos expresar es que el poder y el éxito de estas personas nos alcanzan a nosotros, pero no a los demás.
"Cuando te conviden vete a sentarte en el último puesto..." El último puesto no es atractivo, pero es el que Jesús indica a sus discípulos, es el puesto del que no anda buscando figurar ni escalar posiciones, el puesto del que no es tenido en cuenta, el puesto del servidor que se preocupa de su prójimo y por eso posterga sus "legítimos intereses" para que los demás puedan estar mejor. La sociedad actual no aconseja ir al último puesto, palabras como "autoestima", "competitividad", "meritocracia" son mal entendidas y utilizadas para despreciar a aquel que quiera seguir los consejos de Jesús; por eso muchas veces el cristiano tendrá que ir contra la corriente.
"El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido". El cristiano debe imitar a Jesucristo, quien "siendo de condición divina no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo pasando por uno de tantos... por eso, Dios lo levantó sobre todo y le concedió el nombre sobre todo nombre" (Filipenses 2, 6-7. 9); debe ser humilde cuando, por diversas circunstancias es reconocido socialmente, alcanza puestos de importancia, o tiene éxito económico. La humildad no consiste en andar diciendo que "no valemos nada" (pero en el fondo pensamos lo contrario); es mas bien reconocer que todo es don de Dios que nos lo ha confiado porque nos ama, que nos lo confía para hacernos los últimos para servir mejor. La humildad nos hace más cercanos a los demás y también mas cercanos a Dios que "revela sus secretos a los humildes".
Que Dios nos haga humildes como Jesús y como María, en ellos encontramos el modelo de la sencillez cristiana.

sábado, 24 de agosto de 2019

¿NOS SALVAREMOS?

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Isaías 66, 18-21
Salmo 116: Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio
2º Lectura: Hebreos 12, 5-7. 11-13
Evangelio: Lucas 13, 22-30

El tema de las postrimerías, muerte, juicio, infierno y gloria, es algo que llama nuestra atención, todos tenemos la curiosidad de saber lo que pasa a partir del momento de la muerte; y como no tenemos datos científicos ni comprobados, la curiosidad va en aumento, dándole valor a cualquier respuesta con apariencia de verdad.
"¿Serán pocos los que se salven?" Me da la impresión que, en el fondo, lo que querían preguntar es "¿Me salvaré yo?", porque si son pocos los salvados la tendremos difícil (se me viene a la memoria, la enseñanza de los Testigos de Jehová, que afirman que llegarán al Reino solo 144,000 personas, haciendo una interpretación excesivamente literal de Apocalipsis 7,4). Pero Jesús no responde a la pregunta, sino mas bien da la pauta para que seamos salvados: "Esfuércense en entrar por la puerta estrecha...
Salvarse, llegar al Reino ha de ser un camino que exigirá esfuerzo: no basta con ser parte del pueblo elegido (como lo pensaban los judíos), con estar bautizado o cumplir con costumbres y ritos religiosos; es necesario poner de nuestra parte para que la gracia de Dios no quede infecunda. Todo lo que vale cuesta: le cuesta a un estudiante estudiar con ahínco para alcanzar una profesión en la Universidad; le cuesta  al que aprende a tocar un instrumento; le ha costado a nuestros deportistas que han obtenido medallas en los Juegos Panamericanos, no es suficiente con que tengan las habilidades para una profesión, la música o el deporte, sino estudian, no practican o no entrenan no alcanzarán sus metas; del mismo modo, hay que entrar por la "puerta estrecha" de una vida íntegra, honesta delante de Dios, de servicio al prójimo. 
"Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios". La llamada a la salvación no es solo para un grupo exclusivo y excluyente: "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad..." (1 Timoteo 2,4). Son muchas las personas que no conocerán el Evangelio (de hecho los cristianos no somos mayoría en el mundo), y sin embargo, Dios no los olvida: "Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir al salvación eterna" (Lumen Gentium Nº 16). El amor y la misericordia de Dios son más grandes que la Iglesia, y Él es el único que decide quien se salva y quien no.
Mas que preocuparnos por saber, con lujo de detalles, cuántos se salvarán, preocupémonos por trabajar por nuestra salvación; la misericordia de Dios es grande, si, pero si nosotros no nos dejamos abrazar por ella, si no damos testimonio de nuestra fe, si no nos esforzamos por entrar por la puerta estrecha, asi estemos bautizados, así cumplamos con prácticas piadosas nos quedaremos fuera del Reino. Dios nos quiere en su Reino, pero depende de nosotros aceptar esta invitación.
"Dios, que te creo sin ti, no te salvará sin ti" (San Agustín)