sábado, 9 de noviembre de 2019

LA MUERTE NO ES EL FINAL

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura 2 Macabeos 7, 1-2. 9-14
Salmo 16: Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor
2º Lectura: 2 Tesalonicenses 2, 15- 3,5
Evangelio: Lucas 20, 27-38

"Se que la muerte es solo cerrar los ojos, dormir en paz,
y despertarse alegre en tu bondad,
se que en tus brazos, Padre, la noche estalla de claridad,
cuando nos das tu beso de eternidad"
(Canción "Mi amigo vive" de Cesáreo Gabaraín)

El relato de la primera lectura es realmente escalofriante: siete jóvenes son torturados y asesinados por causa de su fe, en presencia de su madre; pero hay algo sorprendente:no son como aquellos que enarbolan una causa política, esperando que esta triunfe, mueren confiando en Dios, que los resucitará para la vida eterna como recompensa por su fidelidad.
En tiempos de Jesús el tema de la resurrección de los muertos no estaba del todo zanjado: los fariseos creían en ello, los saduceos (grupo al que pertenecía la casta sacerdotal) no; por ello, son estos últimos quienes le plantean a Jesús el caso de la mujer que se casa con un hombre que muere sin dejar descendencia y, en cumplimiento de la "Ley del levirato" (que mandaba casarse al hermano con la viuda para dar descendencia al difunto) esta mujer se casó con siete hermanos, no tiene descendencia y al final muere ella. Cuando resuciten los muertos ¿quién será su marido? Me imagino que Jesús, al oír su inquietud, habrá soltado una carcajada y podría decir, como una propaganda que se hacía en los años setenta "Esa pregunta ni se pregunta".
La realidad después de la muerte es diferente a la de este mundo: en la resurrección ya no habrá matrimonio ni muerte, "son como ángeles, son como hijos de Dios", y Él será su realidad, su gozo su paz. Pero Jesús, además, reafirma la enseñanza: Dios es un Dios de vivos y no de muertos, los que ya no están en este mundo viven para Dios.
¿Qué hay después de la muerte? Esta es la pregunta que durante siglos se ha planteado la humanidad, muchas civilizaciones han intuido que hay vida después de la muerte, y realizaban ritos funerarios preparando a sus difuntos para el viaje al "mas allá" de la manera mas agradable posible; también han querido averiguar, a través de espiritistas y brujos como es la vida después de la muerte y alguna "información" para sacar ventaja en alguna situación difícil. En eso quizás nos parecemos a los saduceos, en que queremos "saber" que hay fuera de este mundo, sin tomarnos en serio que nos espera una resurrección para la vida, si es que somos fieles.
Sabemos que vamos a morir, lo recordamos la semana pasada que conmemoramos a los fieles difuntos; pero también sabemos que Dios no nos ha creado para que pasemos algún tiempo en la tierra y después desaparezcamos, que nos quiere vivos en su Reino, nos quiere resucitados para la vida eterna. Esa confianza, que ya la tenían los hermanos Macabeos, nos la fortalece Jesús, el vencedor de la muerte, el primer resucitado; no interesan los detalles de "como es" el mas allá. algunos santos videntes usarán figuras y símbolos para hablar del cielo donde está Dios, del purgatorio donde nos purificamos antes de llegar al cielo, o del infierno donde el mayor tormento es no poder gozar jamás de la gloria de Dios.
Hoy pongamos nuestra confianza en Jesús que nos promete la resurrección para la vida eterna si es que somos fieles; que no quiere la muerte de ninguno de sus hijos a los que ha llamado a la vida por amor. Pongamos nuestra esperanza en María a quien le decimos con frecuencia "Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte".

viernes, 1 de noviembre de 2019

LA ALEGRÍA DE LA CONVERSIÓN

DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1° Lectura:Sabiduría 11, 23-12, 2
Salmo 144: Te ensalzaré, Dios mío, mi Rey.
2° Lectura: 2 Tesalonicenses 1, 11- 2, 2
Evangelio: Lucas 19, 1-10

Zaqueo era "jefe de publicanos", como si el Evangelio quisiera decirnos que era "peor que los otros", mas abusivo, más ladrón, mas corrupto: vivía en Jericó (se me viene a la mente la parábola del Buen Samaritano, en que el hombre fue asaltado camino a esa ciudad, como si la zona fuera un poco peligrosa); y además de baja estatura (¿por qué siempre en la televisión los jefes de las mafias son "chatos"?).
Pero este hombre pecador tuvo la curiosidad de conocer a Jesús, no le interesa treparse a un árbol como si fuera un niño, solo quería ver al Maestro de quien seguramente ha oído hablar. Y Jesús lo ve, y lo llama. "Tú que has venido a llamar a los pecadores, Cristo ten piedad", rezamos en el Acto penitencial de a Misa. Jesús ha llamado por su nombre a un pecador y va a comer a su casa. ¡Qué escándalo! Un profeta un hombre de Dios no debe entrar a comer en casa de un pecador, de un corrupto, de un traidor a la patria, servidor de Roma. Pero si de salvar a una persona se trata, Jesús no tiene problema en entrar a su casa.
Zaqueo está contento, ¿qué habrán conversado? No creo que Jesús se haya dedicado a recriminarle por sus pecados, seguro habrá sido la comida más alegre y feliz que Zaqueo haya tenido. Y este encuentro fue suficiente para tomar la mejor decisión de su vida: arrepentirse de su pecado, enmendarse y reparar el daño que haya hecho. Y nadie le impone ninguna penitencia, él solito dice "Doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si he abusado de alguien le devolveré cuatro veces mas". Y no hay ningún pesar, ni una cara larga, ni un momento desagradable; Zaqueo está feliz porque Jesús lo llamó con cariño, fue a su casa, bastó ese encuentro para que todo cambie.
"Te compadeces de todos... cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan... Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida". Dios nos ha creado con amor, y quiere que vivamos una vida digna; el pecado destruye esa vida que Dios ha creado, pero Él, en lugar de buscar vengarse, da muchas oportunidades al ser humano, a fin de que se arrepienta: "a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida"; a pesar de nuestros pecados Dios nos ama y nos quiere vivos, por ello nos perdona, es "lento a la cólera y rico en piedad".
Jesús nos dijo que "hay mas alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse", pero la alegría no se quedó en el cielo, sino que llegó y desbordó el corazón de Zaqueo. ¿Sentimos alegría cuando Dios nos perdona? En el sacramento de la Penitencia ser da ese encuentro entre Jesús y el pecador, un encuentro que sana el corazón afligido, pero que debe dar vida, esperanza y alegría aún al pecador mas miserable. La penitencia que se impone en las confesiones ¿son oraciones dichas por rutina o buscan reparar en algo el daño causado por el pecado? Recuerdo a un sacerdote que, a los niños que se confesaban que se habían portado mal con su mamá, les decía "En penitencia anda a darle un beso a tu madre", y es que el beso de un hijo arrepentido, puede reparar mucho más que rezar cien veces el Padre nuestro de manera mecánica.
Hoy pidamos al Señor la alegría de la conversión, que brota del encuentro con Dios que tiene misericordia de sus hijos, que nos hace capaz de reparar el daño ocasionado por nuestros pecados. Pidamos esa alegría de la conversión para aquellas personas que no hacen nada por corregirse, que descubran el rostro de Dios que los amó desde siempre y los llamó a la vida como sus hijos para siempre.

domingo, 27 de octubre de 2019

FARISEOS Y PUBLICANOS


DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"
Lecturas Bíblicas:
1° Lectura: Eclesiástico 35, 15b-17. 20-22a
Salmo 33: Si el afligido invoca al Señor, El lo escucha.
2° Lectura: 2 Timoteo 4, 6-8. 16-18
Evangelio: Lucas 18, 9-14

El Evangelio de hoy nos presenta dos tipos de personas: por un lado están los fariseos quienes cumplían la ley hasta el más mínimo detalle; pero no pocas veces se fijaban en minucias, olvidándose de la justicia y la misericordia, y lo más grave de todo era que despreciaban a aquellos que no vivían su fe al mismo modo que ellos; y por otro lado están los publicanos, cobradores de impuestos al servicio del Imperio Romano, considerados como pecadores públicos y traidores a la patria, corruptos que abusaban de la gente cobrando tribustos más altos para llenarse los bolsillos.

La oración del fariseo muestra su forma de relacionarse con el Señor: el amor de Dios hay que merecerlo, ganarlo con el cumplimiento de la ley y cuanto más ayunos y sacrificios, mejor, solo le faltó decir: “Señor, apláudeme”. Por su lado el publicano se dirige a Dios con vergüenza, se reconoce pecador, y le pide su misericordia. La conclusión de Jesús es que el publicano vuelve a su casa “justificado”, hecho justo por Dios, perdonado, acogido, pero el fariseo no, porque no necesita de Dios, ya está bien “recompensado”.

No soy como los otros” Todos tenemos un fariseo dentro, seamos conservadores o progresistas, tenemos la tendencia a considerarnos mejores que los demás y los despreciamos, a los que son “como nosotros” les pasamos por alto sus defectos y errores, pero a los “otros” los condenamos con mucha facilidad; la soberbia nos gana. Nos falta la humildad del publicano, se muestra a Dios tal cual es, pide su misericordia, y recibe el perdón, la gracia; es él quien, sin cumplir la ley al detalle, ni hacer sacrificios, está más cerca de Dios.

El papa Francisco ha puesto mucho énfasis en la misericordia de Dios, es mostrarnos que el amor de Dios es gratuito, que no hacemos un concurso de méritos para llegar hasta El, basta con acercarnos con humildad, reconocernos frágiles; Dios nos ama y conoce nuestro barro. Muchos lo han criticado por esto, siguen creyendo que el amor de Dios “hay que merecerlo”, si así fuera no perdonaría a los pecadores, Jesús no habría contado la parábola del “Hijo pródigo”, ni habría regalado su perdón a la mujer que le ungió los pies con perfume o a la adúltera.

Pidamos a Dios un corazón humilde, que se reconozca frágil, que aunque no haya cometido los pecados de “los otro” no está libre de caer en ellos. Oremos por tantos hermanos que no se atreven a acercarse a Dios porque saben que sus culpas son muy graves, hagámonos solidarios con ellos, que nuestro corazón no los condene, sino más bien los comprenda y acoja. Dios rechaza a los soberbios, pero acoge a los humildes y sencillos.

 

domingo, 20 de octubre de 2019

ORAR CON INSISTENCIA

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Éxodo17, 8-13
Salmo 120: El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra
2º Lectura: 2 Timoteo 3, 14- 4, 2
Evangelio: Lucas 18, 1-8

La parábola de hoy nos presenta dos personajes: por un lado, un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres, que ha sido identificado como un funcionario corrupto aunque, mas bien, creo que se trata de una persona que no tiene obligación de dar cuenta a nadie de sus actos, que no tiene superiores que le puedan fiscalizarlo o quitarle su poder, y que por eso puede actuar como quiere; y por otro lado la viuda, una mujer indefensa no solo por ser mujer, sino también por no tener un esposo que la defienda, que posiblemente se encontraría en un juicio con algún acreedor que podía quitarle lo poco que tenía; pero, por la manera como actúa, da la impresión que es una mujer "de armas tomar", porque tengamos en cuenta que las costumbres en tiempos de Jesús no le permitían a las mujeres dirigirse con libertad a los hombres, y ésta, además de "cargosa", le puede golpear en la cara al juez.
También llama la atención que Jesús, de alguna manera, compare a su Padre con un juez injusto, y es que ambos no tienen otro superior a quien dar cuentas, así que pueden actuar como deseen. Pero, la gran diferencia está en que el juez hace justicia porque harto de los reclamos de la viuda, (y también por temor a una agresión física); Dios escucha a sus elegidos porque los ama, porque son sus hijos, porque no quiere el sufrimiento de aquellos a quienes ha dado la vida.
Jesús nos invita a orar con confianza y sin desfallecer. Es verdad que cuando le pedimos algo a Dios lo hacemos desde nuestro punto de vista, lo que queremos, lo que nos conviene, pocas veces pensamos si nuestra petición podría perjudicar o al menos no gustar a otros. Sin embargo, hemos de orar con fe, pedirle con fe sabiendo que Él puede concedernos lo que pedimos, y que en definitiva, el nos concederá los que venga mejor para todos sus hijos, porque como decía el P. Antonio Alonso,. S.J. es infinitamente bueno, sabio y poderoso.
Y así nos invita a orar Jesús, con fe y con insistencia, con la confianza de que Dios no da de largas a sus hijos, con la insistencia de quien necesita algo y sabe que lo pide a la persona indicada; con la confianza de que Dios es tu Padre que no te dará un huevo o un escorpión, sino lo que necesitas, que es el quien tiene la última palabra, que será su palabra y su voluntad todopoderosa la que tenga la última palabra.
Que al reflexionar en esta parábola nos demos cuenta que que tenemos un Dios que es Padre y que está atento a nuestras necesidades porque somos sus hijos.

sábado, 12 de octubre de 2019

ES DE BIEN NACIDOS SER AGRADECIDOS

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas bíblicas:
1º Lectura: 2 Reyes 5, 14-17
Salmo 97: El Señor revela a las naciones su justicia
2º Lectura: 2 Timoteo 2, 8-13
Evangelio: Lucas 17, 11-19

Como ya hemos hablado en otras ocasiones la lepra era un grave problema de salud pública, quien la padecía era excluido de la comunidad por temor al contagio, estaban condenados a vivir lejos de su familia, de la sociedad y hasta del culto. Por otro lado, al no estar la medicina tan desarrollada, algunas enfermedades de la piel eran consideradas como lepra, de allí que algunas se curaban y otras no.
Estos diez leprosos ven a lo lejos a Jesús (no podían acercarse, eran impuros y corrían el riesgo de ser agredidos) y le gritan pidiendo compasión, y Jesús, sin hacer gesto alguno, les manda a los sacerdotes para que, de acuerdo a la ley de Moisés, certifique que se han curado, cosa que sucede mientras van de camino. Pero he aquí que de los diez, solo uno, al verse curado, regresa donde Jesús; y por si fuera poco, era un samaritano, es decir un extranjero, un separado, un hereje...
"Es de bien nacidos ser agradecidos", dice un refrán. Para el samaritano lo más importante no era tanto tener el "certificado de curación" que le podía dar el sacerdote del templo, sino más bien agradecer el bien recibido: podía volver a hacer su vida familiar, social, podía acercarse a Dios sin temor a ser rechazado a pedradas... Y su alegría es muy grande: por eso vuelve alabando a Dios con grandes gritos, no puede quedarse callado: ha vuelto a la vida. Y por eso Jesús le dice: "Tu fe te ha salvado".
La primera lectura nos ha contado un relato semejante (valdría la pena leer, en forma completa, el capítulo 5 del segundo libro de los Reyes, para entender el contexto del relato): Naamán, un general sirio, pagano, enfermo de lepra recurre al profeta Eliseo para ser curado, este le manda bañarse siete veces en el río Jordán y quedó curado, y su alegría es tan grande que quiere darle obsequios a Eliseo y hace el propósito de servir al Señor, es decir al Dios de Israel. En ambos casos los dos extranjeros son curados por la mano de Dios y los dos son agradecidos; pero no solo han recuperado la salud: se han encontrado con alguien que les ha cambiado la vida.
¿Somos agradecidos con Dios por lo que hemos recibido de Él? Toda gracia, todo favor, todo bien que henos recibido de Dios son una muestra de su amor, de su misericordia, de que nos mira con cariño; pero también son la oportunidad de encontrarnos con Él, de dejarnos salvar por Él, de seguirle a Él. Y ante tanto amor que Dios nos regala nuestra única respuesta es ser agradecidos con Él, no solo alabando su bondad, sino siguiendo el camino de Jesús, porque cuando nos encontramos con Él, nuestra vida queda marcada.
¿Somos agradecidos con las personas que hacen algo por nosotros? Una canción para niños que escuché hace años dice que palabras como "muchas gracias" y "por favor" tienen "mucha magia"; y es que no solo son muestras de "buena educación", sino que pueden tocar los corazones, "romper hielos", tender puentes, establecer relaciones, ganar amigos. Se me viene a la mente el cuento de "Androcles y el león": un esclavo que ha escapado de su amo y se encuentra con un león que no puede atacarlo, porque tiene una espina en la pata que le impide moverse, él le quita la espina y el león deja de sufrir; pero Adrocles es apresado y condenado a ser devorado por un león, y cuando es llevado al coliseo para cumplir con su castigo, el león hambriento lo reconoce y no lo ataca. No esperemos que Dios agradezca "en el mas allá"a quienes nos hacen algún bien, Él también muestra su agradecimiento a  través de sus hijos, ¡no seamos ingratos!
Pidamos a Dios un corazón agradecido, que reconozca el bien que Dios nos da, que sea generoso con aquellos que nos hacen algún bien, que nunca olvide lo bueno que hayamos recibido de los demás; que sepa perdonar los gestos de ingratitud que nunca faltan. Pidamos a Jesús un corazón como el suyo.

sábado, 5 de octubre de 2019

FE

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Habacuc 1, 2-3. 2, 2-4
Salmo 94: Escucharemos tu voz, Señor.
2º Lectura: 2 Timoteo 1, 6-8. 13-14
Evangelio: Lucas 17, 5-10

La fe se define como la virtud teologal que nos permite confiar en Dios.Todos queremos tener mas fe, más confianza en Jesús, una fe que no admita dudas ni crisis, que haga maravillas deslumbrantes, y siempre hablamos de la fe de María, de los santos que en medio de todo, nunca dejaron de confiar en el Señor. Los discípulos le piden a Jesús "Auméntanos la fe", y él, en su respuesta, les dice que, si tuvieran una fe tan pequeña como un granito de mostaza, harían maravillas.
¡Cuanto quisiéramos una fe así!
Sin embargo la fe se manifiesta en todo su grandeza, precisamente "cuando las papas queman", cuando las dificultades parecen destruirnos: miremos la fe de María al pie de la cruz; la fe del ladrón que cree que Jesús es Rey cuando lo ve crucificado e insultado, la fe de los mártires que entregan su vida por el Evangelio cuando son maltratados, la fe de tantos hombres y mujeres sencillos que en medio de las adversidades saben que Dios no los va a defraudar y, aunque las cosas no salgan como esperan, saben que Dios dispone algo mejor para ellos.
Quizás la mayor experiencia de fe no sea hacer que se muevan las montañas y los árboles, ni siquiera la posibilidad de hacer milagros, sino de poner el corazón en las manos de Dios que nos ama con ternura. Esa experiencia de confianza es la que vemos en miles de personas que en este mes de octubre acompañarán al Señor de los Milagros, no solo por las calles de Lima, sino en tantos lugares donde hayan compatriotas nuestros. Hace solo unas horas estuve en la salida del Señor de los Milagros del Monasterio de las Madres Nazarenas y era impresionante ver como mucha gente ponía sus necesidades en las manos del "Cristo Moreno", enfermos y ancianos que hacían esfuerzos para estar en la Avenida Tacna, padres de familia que llevan a sus niños para enseñarles esta devoción que seguramente los marcaba desde niños, devotos que acudían con alegría a esta cita con el Señor. Esta gente sencilla y anónima no tienen la fe del tamaño de un grano de mostaza, sino del tamaño de una gran catedral; y nos enseñan, a muchos de nosotros que nos enfrascamos en discusiones teológicas y pastorales, que muchas veces dividen a la Iglesia, lo que es la fe en Dios que es Padre y abraza a todos sus hijos.
Pidamos al Señor que aumente nuestra fe, que no es incrementar nuestros conocimientos religiosos, sino aumentar nuestra confianza y nuestro cariño en Él.

domingo, 29 de septiembre de 2019

EL PECADO QUE NO VEMOS


DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Amós 6, 1a. 4-7
Salmo 145: Alaba. alma mía, al Señor.
2º Lectura: 1 Timoteo 6, 11-16
Evangelio: Lucas 16, 19-31

La parábola de hoy, al igual que la de la semana pasada, puede prestarse a una mala interpretación: creer que Dios salva al pobre por ser pobre y condena al rico por ser rico; es más quienes, siguiendo a Carlos Marx, sostienen que la religión es el opio del pueblo (es decir, sedante, analgésico del pueblo), encontrarán en este Evangelio el sustento a sus afirmaciones: no importa que el pobre sufra en la tierra, en el cielo tendrá su premio.
Nada mas alejado de las palabras de Jesús: no son el anuncio del "premio al sufrimiento", sino una llamada de atención para ver si somos o no solidarios con nuestro prójimo. La semana pasada Jesús nos advertía que no se puede servir a Dios y al dinero, que nos puede hacer caer en la avaricia y en la corrupción; pero ahora nos advierte que el dinero nos puede hacer perder de vista a quien está a nuestro lado: el mendigo de la parábola estaba en las narices del rico, era obvio que tenían que cruzarse con él, que su presencia llamaría la atención de los habitantes de su casa y de quienes asistían a sus banquetes, y a alguno, con un mínimo de compasión le debió llamar la atención "pero nadie le daba nada", la pasaban tan bien que habían aprendido a ignorarlo.
Y ese fue el pecado del rico, y por ese pecado se condenó. Y se hace consciente de eso cuando, después de morir, Lázaro es llevado al seno de Abraham y él va al infierno, y ya no hay nada que hacer; del infierno no hay escapatoria, ni atenuación posible; por eso le pide a Abraham que mande a Lázaro a advertir a sus hermanos que corrijan su conducta y no corran su misma suerte, pero la respuesta es negativa: si no hacen caso a Moisés y a los Profetas no se convertirán ni aunque resucite un muerto.
Cuando hablamos de pecado pensamos muchas veces en cuestiones de moral sexual, o si asistimos o no a misa; algunos dicen "yo no robo, yo no mato" y se consideran libres de toda culpa.Posiblemente el rico de la parábola cumplía con sus deberes religiosos como cualquier judío, a lo mejor cumplía los preceptos sin mayor problema, pero olvida un mandamiento importante: amar al prójimo; ese es su pecado, no ser solidario con el prójimo que está cerca de él, ser egoísta al punto de olvidarse por completo de alguien que sufre. 
Ese es el pecado que no vemos, y como ese hay varios mas que están vinculados con el amor al prójimo y la justicia: es pecado dejar morir de hambre, es pecado mortal no pagar sueldos justos, es pecado no pagar deudas, es pecado no cumplir con el pago a quienes nos dan un servicio... Y es pecado porque hemos dejado que el egoísmo cierre nuestro corazón al amor al prójimo, ese amor al prójimo que hizo que los primeros cristianos sean solidarios unos con otros, al punto de vender sus bienes para satisfacer las necesidades del otro.
Al igual que en la parábola los "Lázaros" que pasan hambre pueden estar en nuestras narices: se dan casos de familias en los que unos están pasando una situación de estabilidad económica, mientras otros pasan necesidad; pero también hay personas que están a nuestro lado sin algo que comer (se me viene a la mente aquella vez que un mendigo espero a que una persona se levante de la mesa en una pollería del Jr. Trujillo en el Rimac y corrió a coger lo que sobraba de comidas en el plato); y ni que se diga de tantos migrantes, no solo venezolanos, sino también del interior del Perú, a quienes por no ser de los nuestros tratamos con indiferencia cuando nos piden alguna muestra de solidaridad. Es verdad que no podemos aliviar el hambre de todos, y que en no pocas ocasiones nos engañan para sacarnos algo de dinero, pero, si reconocemos la necesidad de nuestro prójimo; no podemos ser indiferentes.
Recordemos las palabras de Jesús "Lo que hiciste con uno de estos mis hermanos mas pequeños, conmigo lo hiciste". Y de eso nos juzgará el Señor.

domingo, 22 de septiembre de 2019

¿A QUIEN SERVIMOS?

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Amós 8, 4-7
Salmo 112: Alaben al Señor, que ensalza al pobre.
2º Lectura: 1 Timoteo 2, 1-8
Evangelio: Lucas 16, 1-13

La parábola que escuchamos hoy llama la atención: ¿acaso Jesús pone como ejemplo a un corrupto? El administrador de la parábola es un mal gestor que, cuando es descubierto, adultera los documentos de su jefe para que, cuando lo despidan, tenga quien le acoja y le de trabajo. En medio de todo, es un hombre astuto para "salirse con la suya", pero las palabras de Jesús son, mas bien, una llamada de atención ¿por qué, muchas veces, los "hijos de este mundo" son mas astutos que los "hijos de la luz"? Se me viene a la mente las palabras que he oido a algunas madres de familia (y también a algunas maestras) que llaman la atención a los que niños que son hábiles para las travesuras y les dicen "¡Para eso sí eres bueno, pero para estudiar y para cumplir con tus deberes...!"
Muchas veces para hacer el mal somos hábiles. ¿No vemos acaso en las noticias la habilidad que tienen los corruptos para recurrir a las triquiñuelas mas ingeniosas para dar apariencia de legalidad a sus fechorías? ¡Y ni que se diga de los delincuentes que tratan de borrar las huellas de sus delitos! ¿Somos igual de astutos e ingeniosos para vivir el Evangelio, para servir a los demás, para cumplir con nuestros deberes? ¿o, más bien, inventamos salidas para evadir el Evangelio?
Y después de la parábola de hoy, Jesús nos da dos enseñanzas: "El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar...". La confianza es muy importante en las relaciones humanas, y nos damos cuenta, sobretodo en el terreno económico, que una persona a la que no se le puede confiar poco, difícilmente se le puede confiar algo mas importante; pero si es responsable con poco, uno tiene indicios de que esta persona es de fiar y no defrauda. Se me viene a la mente el ejemplo que me pusieron hace varios años, cuando estudiaba para ser conciliador extrajudicial: la confianza es como un trozo de papel, si uno lo arruga, ya no puede recuperar su forma original y se estropea. ¿Somos, los católicos, dignos de confianza?
"Ningún siervo puede servir a dos amos..." Estas palabras Jesús la aplica al dinero, pero también podríamos decir que no se puede servir, a la vez, a Dios y a la soberbia; a Dios y a la avaricia, a Dios y a la lujuria,... Y en el fondo no se trata solo de servir, sino de poner el corazón: cuando amamos a Dios de verdad, le servimos con el corazón entero pero, cuando no le amamos, fácilmente buscamos otros dioses a quienes servimos y le damos nuestras capacidades e inteligencia; cuando alguien a ama al dinero mas que Dios, recurrirá a todos los medios para conseguirlo, no tendrá escrúpulos en ser corrupto; y ni que se diga de la lujuria, la avaricia y demás vicios... la inteligencia se pone a su servicio.
¿A quién servimos? ¿a quien le damos el corazón y la inteligencia? Somos un país de mayoría católica, pero parece que el Evangelio no está presente en nuestra sociedad, basta ver las noticias sobre la corrupción para darse cuenta que muchos de los denunciados son bautizados como nosotros, que han hecho la primera comunión, que rezan al Señor de los Milagros o son devotos de algún santo... y ni sonde fiar en lo poco, ni en nada, porque su astucia está al servicio de los sus intereses y de las obras de las tinieblas.
Hagamos el propósito de ser personas de fiar, de que hemos puesto el corazón en servir a Cristo, que nuestras capacidades están al servicio de Cristo, a quien amamos con todo el corazón. Hoy también, siguiendo las palabras de San Pablo elevemos nuestras súplicas por toda la humanidad, por nuestros gobernantes; porque Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad..

sábado, 14 de septiembre de 2019

MADRE DOLOROSA, MADRE DE MISERICORDIA

SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

EN EL MISTERIO DE SU SOLEDAD
15 de Septiembre

Lecturas Bíblicas
1º Lectura: Judit 13, 17-20a.
Salmo 144: El Señor es cariñoso con todas sus criaturas
2º Lectura: Colosenses 1, 18-24
Evangelio: Juan 19, 25-27

La familia Soleana celebra hoy la solemnidad de Nuestra Señora de los Dolores en el misterio de su Soledad. Durante estos días hemos ido contemplando los momentos de dolor que vivió María al lado de Jesús: la profecía de Simeón, la Huida a Egipto, la pérdida de Jesús en el templo, el encuentro en la calle de la Amargura, la muerte de Jesús, el descendimiento de la cruz, la sepultura de Jesús y su soledad. Cada dolor ha sido una puñalada que atravesaba su corazón de madre; quizás los más terribles fueron los que le tocó sufrir el Viernes Santo: ¡qué terrible saber que su hijo iba a ser crucificado, verlo torturado con una corona de espinas, verlo morir como un malhechor, recibir el cadáver, sepultarlo rápidamente y quedarse sola, sin un esposo o un hijo que la cuide! 
Son muchas madres las que sufren como María viendo a sus hijos enfermos o victimas de un vicio, viendo morir a sus hijos y no poder evitarlo; recibiendo los cadáveres de sus hijos y enterrándolos después; es imposible no pensar en las madres de las víctimas de la violencia, del terrorismo, del feminicidio... Nos hemos acostumbrado a la imagen de "La Piedad" de Miguel Angel y a muchas obras de arte que nos muestran a María dolorosa con un rostro triste, pero sereno y resignado; sin embargo pienso que la imagen del "Descendimiento" de Rogier van der Weyden, donde vemos a la Virgen que se desmaya al ver el cadáver de su Hijo, o el llanto desgarrador de María al abrazar a su hijo muerto en la película "Jesús de Nazaret" de Franco Zefirelli retrata, con mayor verosimilitud, aquella frase que leemos en las Sagradas Escrituras: "¿A quién te compararé para consolarte virgen, hija de Sión?. Inmensa como el mar es tu desgracia ¿quién podrá curarte?" (Lamentaciones 2, 13).
Y en medio de ese dolor María "da a luz" a los discípulos de su Hijo que, a lo largo de la historia, la han amado con un cariño filial, con la mas grande de las veneraciones, le han dedicado las mejores expresiones de su fe, de su arte, la han buscado como el hijo que pide el consuelo de una madre. Y como la muerte no fue el final, María tiene la alegría de tener el mas grande consuelo, la resurrección de Jesús quien encabeza a la multitud de sus hijos, de los redimidos. Por eso la liturgia de hoy y la procesión "de Gloria" de Nuestra Señora de la Soledad no tiene el color del luto que vemos el Viernes y Sábado Santo, sino la esperanza y la alegría de que el dolor de Jesús y de María han redimido al mundo, de que ella nos acompañará en la soledad que nos toque vivir y nos recibirá con un beso maternal cuando su Hijo nos lleve al cielo.
Las lecturas del Domingo XXIV del Tiempo Ordinario nos hablan de la misericordia de Dios: San Pablo nos cuenta su propio testimonio: fue perseguidor y blasfemo, pero Dios tuvo compasión de él; (1 Timoteo 1, 12-17); y San Lucas nos presenta tres parábolas referidas a la misericordia de Dios: la oveja perdida, la moneda perdidas y el hijo pródigo; las tres parábolas tienen como contexto la crítica de los fariseos hacia Jesús por acoger a los pecadores y comer con ellos: un hombre de Dios no puede juntarse con los "impuros", con los que no cumplen la ley, con los enemigos de Dios; y Jesús muestra como es el corazón de su Padre: no habla de teorías o especulaciones, habla de lo que sabe porque su Padre y Él son uno solo, porque Él se comporta como su Padre, porque sus sentimientos y su corazón son los mismos de su Padre. Y su padre acoge a los pecadores, no los condena, hace fiesta por el hijo que vuelve a casa aunque llegue hecho un "estropajo humano", abraza y besa al hijo al que seguramente muchos tendrían asco de tocar; y su alegría es tan grande que hace fiesta, aunque hayan otros hijos que lo vean mal, que se escandalicen; pero el Padre quiere en casa a los dos hijos, al que se fue para vivir perdidamente y al que no quiere entrar porque le parece mal que se festeje el regreso del hijo perdido.
Hoy nos hace falta releer con el corazón estas parábolas, mirar el corazón del Padre que es el mismo corazón de Jesús: abrir los brazos a tantos alejados que viven al margen de Dios y que necesitan encontrar en los hijos de la Iglesia un rostro amable y acogedor: ¡cuántos "enemigos de Dios" volverían a casa si les mostrásemos que Dios los ama con ternura! ¿Cuando dejaremos de ver como enemigos a las personas que apoyan la ideología de género, el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, el odio a la Iglesia, y les mostrásemos el rostro de Dios que los ama con ternura? ¡Eso convertiría muchos corazones, mucho más que discusiones estériles que solo buscan imponer los criterios propios de uno u otro lado! ¡Qué no se nos "salga el fariseo" cuando vemos al Papa, a un obispo, a un sacerdote o religioso que se acerca a estos hijos alejados a los que muchos no quieren acercarse porque su vida moral "da asco", es "impura"! ¡El corazón de Dios es misericordia que no tiene límites!
El Corazón de María, atravesado por una espada de dolor, es un corazón de misericordia, es el corazón que modelo a Jesús. Ella intercede y acoge a sus hijos. Reparar el Corazón de María no es solo hacer penitencia u obras de piedad por nuestros pecados y los del mundo, es también rogar por la conversión de sus hijos, es acoger a los hijos pecadores para que sepan que, aunque sus vidas hayan sido un desastre, siempre hay una Madre que los recibe y los ama, y está Jesús que ha dado la vida por ellos y que la mayor alegría de su Padre es ver a TODOS sus hijos reunidos en su Reino.
Que María nos ayude a tener un corazón misericordioso, como el de su Hijo.

domingo, 8 de septiembre de 2019

SEGUIR A JESÚS

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Sabiduría 9, 13-19
Salmo 89: Señor tu has sido nuestro refugio de generación en generación
2º Lectura: Filemón 9-10b. 12-17
Evangelio: Lucas 14, 25-33

Es muy fácil pensar que las palabras del Evangelio de hoy están dirigidas a aquellas personas que deseen consagrar sus vidas como sacerdotes o religiosos, entonces si tiene sentido aquello de posponer al padre y a la madre, o de tomar la cruz y seguir a Jesús.
Sin embargo Jesús no dirige estas palabras a un grupito de "elegidos" que desean seguirlo mas radicalmente; mas bien se dirige a "mucha gente que lo acompañaba", por lo tanto estas palabras están dirigidas a todo aquel que quiera ser cristiano, desde donde le toque estar; y todos están invitados a seguirlo radicalmente: el soltero, el casado, el religioso, el sacerdote, el célibe, los novios, los viudos, los padres de familia... no hay estados de vida más perfectos que otros, como escuché decir al Cardenal Augusto Vargas Alzamora, S.J.: la perfección está en la vida cristiana.
Esta radicalidad de la vida cristiana no es producto de una imposición, o de una exigencia que se asume como una obligación; sino más bien como consecuencia del cariño que se le toma a Jesucristo y nos hace seguirlo con radicalidad. Cuando leemos el evangelio, lo meditamos y lo hacemos vida vamos conociendo a Jesucristo, y es él quien va cautivando nuestro corazón, nos entusiasma con su proyecto y nos hace partícipes de su reino; entonces el discípulo es capaz de seguirle hasta las últimas consecuencias. No se trata de posponer al padre ya a la madre, por el solo hecho de dejarlos (eso podría ser un acto de rebeldía o de desprecio a la familia), sino de jerarquizar nuestra vida, poniendo a Jesús en primer lugar, de buscar primero, el Reino de Dios y su justicia, y los demás vendrá después.
Y allí estamos llamados a seguirle, a encender el fuego que haga arder la tierra; le seguimos llevando nuestras cruces al hombro, no negándolas, disimulándolas o dejándolas de lado; sino asumiéndolas en serio y caminando detrás de Jesús, pero con el corazón contento y confiado en que vamos con él.
¿Cuánto tiempo le dedicamos en nuestras catequesis o reuniones de grupos pastorales a hablar de Jesús? ¿Entusiasmamos a los niños y jóvenes con la persona de Jesús de Nazaret, o solo nos limitamos a transmitir doctrina y hacer dinámicas? Jesucristo no es una idea, ni una doctrina, es una persona que nos llama a seguirlo de verdad, sino no somos dignos de Él.
¿Qué me impide seguir a Jesús? ¿Cuáles son las cosas que pongo en primer lugar, posponiendo a Jesús y su Evangelio? Se trata de seguirle llevando nuestra pesada cruz, algunas visibles y otras escondidas, porque sabemos lo pesadas y "terroríficas" que son. No se trata de botar la cruz, o esperar un momento oportuno para seguir a Jesús; es ahora cuando hay que seguirle, llevando nuestra propia cruz.
Que María, cuya Natividad celebramos hoy nos anime a seguir a su Hijo llevando nuestra cruz. Que hagamos caso a las palabras de María: "Hagan todo lo que Él les diga".

sábado, 31 de agosto de 2019

HACERSE LOS ULTIMOS

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Eclesiástico 3, 19-21. 30-31
Salmo 67: Has preparado, Señor, tu casa a los desvalidos
2º Lectura: Hebreos 12, 18-19. 22-24a.
Evangelio: Lucas 14, 1. 7-14

A primera vista las palabras de Jesús podrían ser vistas como un "Manual de urbanidad y buenas costumbres" (como el "Manual de Carreño" o las recomendaciones de Frieda Holler), destinado a evitar pasar un mal rato en una reunión social. Nada mas lejos de la intención del Evangelio de hoy.
En realidad, de lo que se trata es de no dejarnos llevar por la soberbia, por esa tentación que muchas veces nos mueve a sentirnos mas importantes que los demás, a querer tener privilegios que nos pongan por encima de los otros. ¿Quién no busca tomarse fotos (o "selfies") con los personajes de la farándula, con la gente de dinero, con los líderes políticos, con los obispos? Y no es malo tener el recuerdo gráfico de que hemos "conocido" a estas personas (aunque ellos después no recuerden habernos visto "ni en la pelea de perros"); pero no pocas veces lo que queremos expresar es que el poder y el éxito de estas personas nos alcanzan a nosotros, pero no a los demás.
"Cuando te conviden vete a sentarte en el último puesto..." El último puesto no es atractivo, pero es el que Jesús indica a sus discípulos, es el puesto del que no anda buscando figurar ni escalar posiciones, el puesto del que no es tenido en cuenta, el puesto del servidor que se preocupa de su prójimo y por eso posterga sus "legítimos intereses" para que los demás puedan estar mejor. La sociedad actual no aconseja ir al último puesto, palabras como "autoestima", "competitividad", "meritocracia" son mal entendidas y utilizadas para despreciar a aquel que quiera seguir los consejos de Jesús; por eso muchas veces el cristiano tendrá que ir contra la corriente.
"El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido". El cristiano debe imitar a Jesucristo, quien "siendo de condición divina no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo pasando por uno de tantos... por eso, Dios lo levantó sobre todo y le concedió el nombre sobre todo nombre" (Filipenses 2, 6-7. 9); debe ser humilde cuando, por diversas circunstancias es reconocido socialmente, alcanza puestos de importancia, o tiene éxito económico. La humildad no consiste en andar diciendo que "no valemos nada" (pero en el fondo pensamos lo contrario); es mas bien reconocer que todo es don de Dios que nos lo ha confiado porque nos ama, que nos lo confía para hacernos los últimos para servir mejor. La humildad nos hace más cercanos a los demás y también mas cercanos a Dios que "revela sus secretos a los humildes".
Que Dios nos haga humildes como Jesús y como María, en ellos encontramos el modelo de la sencillez cristiana.

sábado, 24 de agosto de 2019

¿NOS SALVAREMOS?

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Isaías 66, 18-21
Salmo 116: Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio
2º Lectura: Hebreos 12, 5-7. 11-13
Evangelio: Lucas 13, 22-30

El tema de las postrimerías, muerte, juicio, infierno y gloria, es algo que llama nuestra atención, todos tenemos la curiosidad de saber lo que pasa a partir del momento de la muerte; y como no tenemos datos científicos ni comprobados, la curiosidad va en aumento, dándole valor a cualquier respuesta con apariencia de verdad.
"¿Serán pocos los que se salven?" Me da la impresión que, en el fondo, lo que querían preguntar es "¿Me salvaré yo?", porque si son pocos los salvados la tendremos difícil (se me viene a la memoria, la enseñanza de los Testigos de Jehová, que afirman que llegarán al Reino solo 144,000 personas, haciendo una interpretación excesivamente literal de Apocalipsis 7,4). Pero Jesús no responde a la pregunta, sino mas bien da la pauta para que seamos salvados: "Esfuércense en entrar por la puerta estrecha...
Salvarse, llegar al Reino ha de ser un camino que exigirá esfuerzo: no basta con ser parte del pueblo elegido (como lo pensaban los judíos), con estar bautizado o cumplir con costumbres y ritos religiosos; es necesario poner de nuestra parte para que la gracia de Dios no quede infecunda. Todo lo que vale cuesta: le cuesta a un estudiante estudiar con ahínco para alcanzar una profesión en la Universidad; le cuesta  al que aprende a tocar un instrumento; le ha costado a nuestros deportistas que han obtenido medallas en los Juegos Panamericanos, no es suficiente con que tengan las habilidades para una profesión, la música o el deporte, sino estudian, no practican o no entrenan no alcanzarán sus metas; del mismo modo, hay que entrar por la "puerta estrecha" de una vida íntegra, honesta delante de Dios, de servicio al prójimo. 
"Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios". La llamada a la salvación no es solo para un grupo exclusivo y excluyente: "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad..." (1 Timoteo 2,4). Son muchas las personas que no conocerán el Evangelio (de hecho los cristianos no somos mayoría en el mundo), y sin embargo, Dios no los olvida: "Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir al salvación eterna" (Lumen Gentium Nº 16). El amor y la misericordia de Dios son más grandes que la Iglesia, y Él es el único que decide quien se salva y quien no.
Mas que preocuparnos por saber, con lujo de detalles, cuántos se salvarán, preocupémonos por trabajar por nuestra salvación; la misericordia de Dios es grande, si, pero si nosotros no nos dejamos abrazar por ella, si no damos testimonio de nuestra fe, si no nos esforzamos por entrar por la puerta estrecha, asi estemos bautizados, así cumplamos con prácticas piadosas nos quedaremos fuera del Reino. Dios nos quiere en su Reino, pero depende de nosotros aceptar esta invitación.
"Dios, que te creo sin ti, no te salvará sin ti" (San Agustín)

sábado, 17 de agosto de 2019

FUEGO QUE DA VIDA

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas bíblicas:
1º Lectura: Jeremías 38, 4-6. 8-10
Salmo 39: Señor, date prisa en socorrerme
2º Lectura: Hebreos 12, 1-4
Evangelio: Lucas 12, 49-53

Siempre hemos llamado a Jesús el "Príncipe de la paz" (así lo leemos en la primera lectura de la Misa de la noche de Navidad); antes de la comunión el sacerdote dice "Señor Jesucristo que dijiste a los apóstoles la paz les dijo, mi paz les doy"; y siempre le pedimos que la paz para el mundo; ¿Cómo es que ahora Jesús nos dice que no ha venido a traer la paz sino la división? ¿Es que Jesús se contradice?
Si leemos bien el Evangelio Jesús no habla de traer división en un afán de molestar a otros, de hacer pleitos, de dejarnos llevar por las ambiciones o las envidias... Ante todo Jesús ha venido a traer fuego que haga arder la tierra, no en plan incendiario y destructor (de esos que quieren quemar todo porque "no están de acuerdo con el sistema"); sino un fuego que de vida y calor, que de luz que alumbre y haga fiesta (se me viene a la memoria la indicación que hace la liturgia sobre el fuego que se enciende para la Vigilia Pascual en semana santa: "cuyo resplandor debe ser tal que disipe las tinieblas e ilumine la noche"); un fuego que transforme, como el de un horno que cocina la masa y hace que se convierta en pan caliente para ser compartido en las familias.
Pero a veces el fuego da miedo, porque ilumina y no queremos ver, porque no deseamos que cambie "lo que siempre fue así", porque no nos interesa que de vida a lo que creemos que ya no vale la pena, porque preferimos la oscuridad para vivir de cualquier manera... Y es allí donde comienzan los problemas porque hay que tomar decisiones que no siempre van a ser del agrado de todos, habrán quienes comenzarán a criticar, a hacer advertencias en nombre de la prudencia, no faltarán familiares y amigos que, desconcertados, no acepten el fuego de Jesús que transforma; y comienzan a funcionar todos los mecanismos psicológicos para manipular voluntades, para hacer sentir mal, provocando rupturas y divisiones en la familia, en la sociedad y hasta en la misma Iglesia.
Cuando uno es "alumbrado y quemado" por el fuego de Jesús se deja llevar por él y va encendiendo otros fuegos, como se transmite la llama de la Vigilia Pascual; y quien se ha sentido tocado por ese fuego sabe que, aunque sea signo de contradicción, aunque no sea comprendido y le lluevan las críticas y soledades, ha optado por el seguimiento de Jesús. Francisco de Asís, Teresa de Ávila, Ignacio de Loyola, Rosa de Lima y tantos santos han sido tocados por este fuego que da vida, fueron incomprendidos, atacados por su familia y hasta por la misma Iglesia; pero el fuego de Jesús fue más fuerte que iluminó las tinieblas e hizo ver que Él estaba allí.
Hoy la invitación de Jesús es a alumbrar con su fuego; sin temor a las divisiones que se van a dar; pero en medio de eso nos dará su paz, que no es la paz de los cementerios o la calma que precede a la tormenta, dino la paz del que tiene a Dios en el corazón y es feliz por eso. A eso estamos invitados por el bautismo y la confirmación.

sábado, 10 de agosto de 2019

ESTAR PREPARADOS

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas
1º Lectura: Sabiduría 18, 6-9
Salmo 32: Dichoso el pueblo a quien Dios escogió como heredad
2º Lectura: Hebreros 11, 1-2. 8-19
Evangelio: Lucas 12, 32-48

El Evangelio es, ante todo "Buena noticia", no tiene como intención ni asustar, ni desanimarnos; y en esa línea comienzan las palabras del texto de hoy: "No temas, pequeño rebaño: porque su Padre ha tenido a bien darles el reino".
El Padre nos quiere en su reino, esa es nuestra meta; y por eso hemos de estar vigilantes porque esta vida es pasajera, todo lo que tenemos o podemos tener no son sino medios para amar y servir a Dios y al prójimo. Jesús nos invita a vender nuestros bienes y a dar limosna no para acabar con la propiedad privada; sino más bien a no distraernos con con los bienes materiales, como si fueran lo más importante en nuestra vida, pues ellos tarde o temprano irán a parar a otras manos (sino recordemos el Evangelio del domingo pasado).
La exhortación de Jesús a estar con la cintura ceñida (como quien está vestido para salir) y a tener las lámparas encendidas no hay que verla solo en clave de estar listo para la muerte o para el fin del mundo; sino mas bien para cualquier circunstancia en la que Dios sale a nuestro encuentro: una familiar que nos necesita, una situación difícil, una alegría que nos desborda, un proyecto que nos entusiasma... son tantas las circunstancias en la que podemos decir "Esto viene de Dios" ¿Estamos preparados para salir a su encuentro? Pienso en estos momentos en muchos padres de familia que, por no estar preparados, no pueden comulgar en la Primera Comunión de sus hijos porque, pudiendo hacerlo, no se confesaron: les dijeron que estén preparados porque viene el Señor, se distrajeron con la fiesta y los gastos, y cuando Jesús estuvo cerca no lo pudieron acoger.
Todos sabemos que el momento del encuentro decisivo será el de nuestra muerte, y de eso no tenemos conocimiento ni del día ni de la hora. Hay quienes piensan que tienen toda una vida por delante y pueden hacer con su vida lo que quieran, total lo normal es morirse de viejito, o de una enfermedad que dará tiempo de arrepentirse... pero la muerte puede llegar de un modo inesperado, se dan la gran vida, pecados, vida desordenada y Dios llega el día y la hora menos pensada, y lo condenará a la pena de los que no son fieles. Claro que Dios es Padre lleno de misericordia, que acoge y perdona, pero ¿aprovechamos la misericordia para arrepentirnos y convertirnos, o abusamos de ella para vivir de cualquier manera? Con Dios no se juega sucio: "al que mucho se le dio mucho se le exigirá; al mucho se le confió, mas se le exigirá".
Como dijimos al comienzo, estas palabras deben ser Buena Noticia, una invitación a estar vigilantes sin estar distraídos en bienes materiales o cosas sin importancia, ni tampoco abusando de su misericordia, confiando en Dios, nuestro Padre, que nos quiere en su reino por toda la eternidad.

sábado, 3 de agosto de 2019

VANIDAD DE VANIDADES

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23
Salmo 89: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
2º Lectura: Colosenses 3, 1-5. 9-11
Evangelio: Lucas 12, 13-21

Los conflictos por herencias han dividido a muchas familias, la ambición, las envidias y los resentimientos que se guardan desde la infancia afloran al momento de repartir los bienes que dejan los padres u otros familiares: en mi ejercicio profesional recuerdo una conciliación por una división de bienes en la cual la propuesta era razonable, pero la hermana que no la aceptaba dijo "a ti siempre te han hecho caso desde niño...", y allí comprendí que el problema no era legal sino psicológico, y que era necesario buscar ayuda en este sentido para solucionar el tema de la repartición de bienes.
Como bien sabemos Jesús enseñaba con autoridad, la gente se admiraba de su sabiduría y de su forma de comportarse; y eso seguramente motivo a a este hombre del público a pedirle ayuda para resolver un problema de repartición de bienes con su hermano; pero Jesús no ha venido para resolver nuestros problemas legales, sino para salvarnos del pecado que nos impide vivir como hermanos y nos obstaculiza el camino a su Reino. Y para que nos demos cuenta lo mucho que pueden obstaculizar las riquezas nuestro camino al Reino nos cuenta la parábola del hombre rico que, satisfecho con sus ganancias, quiere darse la gran vida, sin saber que pronto dejará este mundo y no se llevará nada de lo acumulado.
"Vanidad de vanidades, todo es vanidad... Hay quien trabaja con destreza habilidad y acierto, y tiene que legarle su porción al que no la ha trabajado..." nos dice la primera lectura. ¡Cuánta gente se dedica a acumular riquezas y cosas, muchas veces llevada por el afán de tener, por la vanidad, por competir con otros; pero les llega la hora de morir y no se llevan nada al más allá. Se me viene a la mente como los egipcios ponían muchos utensilios y joyas a sus muertos, pero no faltaban los ladrones de tumbas que se llevaban lo que había de valor y por eso amenazaban con maldiciones a aquellos que se atrevían a profanar los sepulcros. Pues bien, mas allá de estos hechos históricos, como lo han dicho muchos, entre ellos el papa Francisco, nunca se ha visto que, detrás de una carroza fúnebre, vaya un camión de mudanza.
No es pecado adquirir bienes, realizar negocios, tener objetos de valor, coleccionar cosas... pero ni nosotros somos eternos en esta tierra, ni esos bienes nos acompañarán siempre, pasarán a otras manos por las buenas o por las malas: una venta, permuta o donación, un robo, un embargo, un negocio mal hecho o un préstamo no devuelto nos privarán de ellos, si es que antes no se han destruido; y al final, la muerte nos privará de todo. 
"Aspiren a los bienes de allá arriba, no a los de la tierra", nos dice hoy San Pablo ¿los hemos buscado? ¿Hemos acumulado buenas obras de solidaridad, servicio, caridad con los demás? Esos bienes serán nuestro capital cuando vayamos a presentarnos delante de Dios. ¿Nos presentaremos ante Jesucristo en quiebra o en déficit de buenas obras?

domingo, 28 de julio de 2019

CUANDO OREN DIGAN: "PADRE"

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas bíblicas:
1º Lectura: Génesis18, 20-32
Salmo 137: Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.
2º Lectura: Colosenses 2, 12-14
Evangelio: Lucas 11, 1-13

Seguramente los discípulos de Jesús aprendieron a orar desde que eran niños, los salmos, que rezaban en las sinagoga y en el templo, eran sus oraciones devocionales; pero al ver orar a Jesús algo debió llamarles la atención, que le piden que les enseñe a orar "como Juan les enseñó a sus discípulos".
Y Jesús les responde "Cuando oren digan Padre..." y les enseña la oración mas famosa entre los cristianos, el "Padre nuestro" que todos aprendemos desde niños. Jesús nos enseña a llamar Padre a Dios, no recurre a títulos rimbombantes, sino a la palabra que dicen los niños "Abba" (que se puede traducir por "papito"), con la sencillez del pequeño que habla a su padre sin miedos, y con un profundo cariño; con la confianza del que se sabe amado y protegido y que encuentra en esos brazos la ternura y el consuelo.
Muchos estudiosos de la Biblia y autores religiosos nos han hablado del "Padre nuestro", leernos nos ayudaría mucho a profundizar en esta oración. Pero todos, (tanto los amantes de la lectura, como aquellos que no son muy aficionados a los libros), podemos "saborear" las palabras de esta oración, para ello es necesario rezarlo despacio y tomando conciencia de lo que le decimos a Dios, con la misma confianza con la que Jesús hablaba a su Padre.
Dentro de unos meses el Evangelio de Lucas volverá sobre el tema de la oración: nos recordará que debemos ser insistentes, y en otro momento nos dirá que debemos ser humildes. Pero hoy Jesús nos enseña a orar con confianza: "¿Qué padre entre ustedes, cuando el hijo le pide pan le dará una piedra¿ ¿O si le pide un pez le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo le dará un escorpión?" Ningún padre, ninguna madre, en su sano juicio, sería tan desalmado como para hacer eso; mas bien son muchas las ocasiones en que se quitan un pan de la boca para que coman sus hijos; pero también ningún padre o madre, por más buenos, amorosos y comprensivos que sean van a dar a sus hijos algo que les haga daño ¿Qué padre le daría una botella de coca cola a un hijo diabético? ¿O un helado a un hijo con neumonía? ¿O una copa de vino a un hijo con hepatitis? Pues de la misma manera, Dios que ama a sus hijos, en su infinita sabiduría, sabe lo que nos conviene, y lo que conviene a sus demás hijos; nunca va a conceder algo que nos haga daño a la larga, o que haga daño a otros de sus hijos; y si a veces no nos concede lo que le pedimos con insistencia, es porque el dispone de todo para bien de los que le aman (Cf. Romanos 8)
Hoy que celebramos las Fiestas Patrias en el Perú pidamos con insistencia, y por la intercesión de María Nuestra Señora de la Paz, que el Señor ilumine a nuestras autoridades, nos de la paz, para que nos anime a trabajar por el bien común, a unirnos por encima de intereses particulares. En estos días en que en Lima se celebran los Juegos Panamericanos y nos sentimos orgullosos de nuestros deportistas, de nuestra cultura, de nuestra música y de nuestra gastronomía, hagamos el propósito de unirnos como peruanos, para que cada uno, desde el lugar en que le toque desempeñarse, "haga más grande nuestro Perú", como cantamos con mucha fe en el Himno al Señor de los Milagros.

viernes, 19 de julio de 2019

INQUIETOS Y NERVIOSOS

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO

Ciclo "C"

Lecturas bíblicas
1º Lectura: Génesis 18, 1-10a
Salmo 14: Señor ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
2º Lectura: Colosenses 1, 24-28
Evangelio: Lucas 10, 38-42

¿Quién no quiere recibir en su casa a Jesús? Más de una vez hemos hecho este juego de la imaginación, y todos han respondido que arreglarían la casa muy bien, que tendrían la mejor comida, los mejores platos y manteles, etc. ¡Viene Jesús y hay que recibirlo como él se merece! (se me vienen a la mente frases que he escuchado antes: "honor a quien honor merece", "lo mejor para el Señor"...)
Marta y María, hermanas de Lázaro, reciben a Jesús en su casa de Betania; al parecer eran amigos muy cercanos de Jesús, de esas amistades que son "casi de la familia". Marta, como corresponde al rol femenino de la época, está dedicada a la atención de la visita, preparando la comida; pero María está sentada a los pies de Jesús. Esto debió molestar a Marta, no solo porque ella necesitaba ayuda, sino porque María, que estaba sentada a los pies de Jesús, estaba ocupando un lugar que no le correspondía (solo los varones se sentaban a los pies de los maestros).
Y Marta, como es lógico, reclama lo que considera justo, y en cierto modo tiene razón. Pero Jesús le hace ver dos cosas: Marta está muy "estresada" por muchas cosas que se ha olvidado que Jesús está allí; y que María ha escogido el mejor lugar: ser discípula, oir a Jesús, estar con él, y allí se debe quedar.
Muchos hijos de la Iglesia andamos inquietos y nerviosos preparando "las cosas del Señor": que las Primeras Comuniones, que las celebraciones litúrgicas, que los oficios de Semana Santa, las procesiones... Y claro con buenos motivos "es que tiene que salir perfecto", "honor a quien honor merece", "lo mejor para Dios"; nos angustiamos en que todo salga impecable... pero no estamos con Jesús; el "activismo" ha matado nuestro corazón que ya no hay espacio para Él, no nos encontramos con Él; o peor aún queremos que todo salga bien para nuestra propia gloria, para sentirnos "satisfechos" de que todo salió bien y nos feliciten por lo maravilloso que salio todo. ¿Y Jesús? (Se me viene a la mente el comentario que un sacerdote puso en las redes sociales, quejándose de que la celebración no salió como el quería: "me malograron mi viernes santo").
Como Marta, muchas veces estamos tan distraídos en atender a Jesús que nos olvidamos que Él ha venido para visitarnos, para estar con nosotros, para que le escuchemos. No es que tengamos mala intención, pero nos distraemos con cosas secundarias, que olvidamos que el centro es Jesús. Es verdad que el tiempo se hace corto, que en días de mucho trabajo (sobre todo pastoral) no hay tiempo para nada (menos para largos espacios de oración); pero si no nos damos tiempo para estar con Él, todo se convierte en un activismo sin sentido, sin Jesús (me dan miedo los cristianos sin Cristo). No digo que se hagan las cosas de cualquier forma, sino de que lo hagamos con Cristo, con calma, con paz, sabiendo que nosotros poenk,os de nuestra parte y, como dice una canción "Jesús pone lo demás".
Que el Señor nos conceda darnos cuenta que lo más importante es estar con Él, y que todo lo demás nos debe servir para encontrarle y hacer que otros le encuentren, le escuchen, le amen, le sigan.
"En la oración, 

vive paciente la humildad
en la oración 
nos une viva la amistad.
Guarda tu corazón 
del menosprecio a la plegaria,
guarda tu corazón 
del activismo que nos mata,
en la oración se alegra el alma.
en la oración se funde un pueblo,
en la oración".
"El canto de la sierva" (Grupo "Siembra")

sábado, 13 de julio de 2019

ANSELMINOS DE AYER

David y Julio fueron los primeros amigos que tuve en el Colegio "Hermano Anselmo María"; ellos, junto a otros niños de su colegio, se preparaban para hacer la Primera Comunión en 1998, ya que, como lo comenté en otras ocasiones, la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados atendía la catequesis en los colegios de la jurisdicción.
Acababa de volver de unos Ejercicios Espirituales que me dió el P. Ignacio Muguiro, S.J. en Noviembre de 1998 y Laura, la catequista del grupo, que había planificado que los niños tengan un retiro de dos días en Lurín, me invitó para acompañarlos; sin pensarlo dos veces acepté. Aquel sábado conocí a otros niños: Daniel, Ricardo, Bairo, Santino... e iba conversando con algunos de ellos. Esa noche David me pidió que le contara mi experiencia en los Ejercicios y conversamos un buen rato; entre conversación con algunos y en grupo nos quedamos hasta las 3.00 a.m. y yo tenía que regresar a Lima a las 6.00 para tocar en la Misa de 8.00 a.m. en Desamparados. Unos días después hicieron su Primera Comunión, con gusto acolité la ceremonia y los acompañé al colegio a tomar el tradicional desayuno. David y Julio se quedaron por un tiempo participando de un coro de la parroquia hasta que pasaron a secundaria y les perdí el rastro; y gracias a las redes sociales nos volvimos a encontrar.
Hace algunas semanas David me escribió para invitarme a su matrimonio al que asistí con muchísimo gusto. Y allí después de 20 años me encontré con Daniel y Bairo quien, al verme en la iglesia, no dudo en llamarme: "¡Manuel!", después de tantos años aún se acordaban de mi.
Me tomé unas fotos: con David antes de la misa, con Daniel y Bairo después, tuve el gusto de conocer a sus parejas, y me iba pensando como ellos, habiendo compartido tan poco (y en el caso de Bairo apenas el saludo cuando era niño), me recordaban con cariño. 
Y me decía "Algo bueno hice por ellos". Dios me conceda ver más momentos iguales.

* * *
A Gianpierre lo conocí el 2005, también se preparaba para la Primera Comunión, pero en esta ocasión ya conocía a varios niños del "Anselmo" a quienes había invitado a participar el Grupo de Acólitos de la Parroquia. Le hice la invitación del caso; al principio su respuesta era negativa pero el sábado siguiente a su Primera Comunión entraba "de novicio" al grupo y acolitaba por primera vez el 8 de Diciembre de ese mismo año. Era un excelente alumno en el colegio y acólito responsable. Cuando el clero diocesano asumió la dirección de la parroquia hubo que hacer un cambio de la vestimenta de los acólitos: dejaron las albas blancas y se les dio sotanas rojas a los menores y negras a los mayores; pero la mayoría de ellos no tenía recursos para costearlo, así que pedí ayuda a mis amigos de la Universidad Católica y a otras personas más para esto; si mal no recuerdo fue Marco Alarcón quien regaló la sotana roja para Gianpierre ("sotana roja es cardenal" le decía). Gianpierre fue acólito hasta el 2011, ese mismo año se confirmó (algunos pensaron que yo sería el padrino, pero no fue así) y el 2012 ocupó el primer puesto al terminar la secundaria en el "Anselmo".
Al terminar el colegio publicó en facebook "Oficialmente pre-universitario", y pensaba "ese grado de instrucción no existe"; sabía que quería estudiar ingeniería en San Marcos y le advertía "A San Marcos entran los que estudian". Estudió, ingresó, se mató estudiando a pesar de las dificultades (de alguna manera he acompañado su proceso universitario) y hace unos meses me dijo "Manuel me graduo en julio, quiero que me acompañes en la ceremonia", yo gustoso separé la fecha para asistir.
Hace unas horas he regresado de la graduación que se realizó en el Colegio "San Agustín", no podía dejar de recordar la mía hace casi 25 años (les prometo hablar de ella en agosto); en los rostros de aquellos jóvenes veía los rostros de mis sobrinos, de tantos acólitos y "cuyes" que he acompañado y, por supuesto, el rostro de los "cracks" de San Tarcisio de la Pontificia Universidad Católica del Perú, quienes dentro de poco estarán en una ceremonia igual. Aunque no cantaron "Color esperanza" como los niños de primaria, debo confesar que estaba emocionado como si el que se graduaba fuera mi hijo, al punto que derramé varias lágrimas.
Después de la foto con Gianpierre (que me puso su birrete en la cabeza), pensaba como ese niño, a quien también acompañé en su graduación en primaria, ahora es un Ingeniero Industrial.
Y me decía "Algo bueno hice por él". Dios me conceda ver más momentos iguales.

EL "OTRO" HACE LA VOLUNTAD DE DIOS

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

1º Lectura: Deuteronomio 20, 10-14
Salmo 68: Busquen al Señor y vivirá su corazón
2º Lectura: Colosenses 1, 15-20
Evangelio: Lucas 10, 25-37

"En distintas ocasiones y de muchas maneras" nos han hablado de las parábolas de Jesús y, como ya nos resultan conocidas, al volverlas a escuchar casi de inmediato pensamos en la enseñanza que nos trae a primera vista; como bien decía el P. Mateo Garr, S.J. "hemos domesticado las parábolas" y ya no nos causan la sorpresa que habría causado en tiempos de Jesús.
Al leer la parábola de "El buen samaritano", que se proclama en la misa de este domingo lo más fácil es hablar de la solidaridad y de hacernos prójimos de aquellos que pasan necesidad; y lo más fácil será pensar en tantos santos que han ejercidos obras de caridad con el prójimo (pensemos en San Martín de Porres, Santa Teresa de Calcuta, Santa Soledad Torres Acosta, fundadora de las Siervas de María Ministras de los Enfermos ,cuya vida hemos conocido recientemente en mi Comunidad de hermanos Oblatos de Nuestra Señora de la Soledad); y que son ejemplos a seguir para todos los que creemos en Jesucristo.
Pero si leemos la parábola dentro del contexto en que Jesús lo dijo, nos vamos a quedar sorprendidos. Jesús narra la parábola utilizando elementos muy conocidos por sus oyentes. Comencemos por decir que los Samaritanos eran vistos por los demás israelitas como enemigos, herejes, gente mala; la división del Reino de Israel que se produjo a la muerte de Salomón produjo no solo la separación política, sino también religiosa (los samaritanos tenían un templo rival al de Jerusalén en el monte Garizim); y por todo ello quienes viajaban de Judea a Galilea y viceversa evitaban pasar por Samaria, haciendo caminos más largos. Es más, el mismo nombre que le hemos dado a la parábola "el buen samaritano" se hace eco de este prejuicio (como si los samaritanos tuviesen que ser necesariamente malos, y el personaje de la parábola fuese la excepción). Recordemos también que el sacerdote y el levita (servidor del templo) eran los "profesionales de la religión" gente que estaba cerca de lo sagrado y que, posiblemente, al ver al hombre medio muerto no quisieron ayudarlo porque podrían quedar "impuros" para ejercer sus oficios en el templo (recordemos que, para los judíos, tocar un cadáver, era causa de impureza). Por último, no es de extrañar que el camino de Jericó haya sido un lugar por donde hayan habido bandidos que realizaban asaltos a los viajeros. 
Conociendo estos elementos pensemos en la sorpresa que habrá causado Jesús en sus oyentes: un hombre viaja por un camino peligroso (ese que todos conocen), y es asaltado y golpeado; pasa un sacerdote y un levita pero no lo auxilian (¿tenían miedo de quedar impuros por tocar un muerto? ¿acaso no querían comprometerse? ¿pero no se supone que ellos conocen la voluntad de Dios?), pero pasa un samaritano (un hereje, un enemigo, un hombre "malo") lo recoge, lo lleva a una posada y encima paga los gastos. ¡Ah Jesús, las cosas que te escuchamos! ¿No pudiste poner mejor un buen judío o galileo, u otro levita o sacerdote que ya no tenían turno para auxiliar a este hombre víctima de la violencia? ¡Y encima dices que hagamos lo mismo que él hizo! O sea ¡nos da el ejemplo un enemigo!
¿Se imaginan las caras de los oyentes?
¿Qué pensaríamos nosotros si nos contaran la parábola en estos términos: un partido Perú - Chile en el Estadio Nacional, al acabar el partido un hincha de la selección es asaltado por la calle, le roban sus cosas y lo dejan tirado por la calle, pasa un dirigente de la Federación Peruana de Fútbol, en su tremendo carrazo, y solo mira y se va; pasa un jugador de la selección, ve a su hincha y se va; pero pasa un chileno, se mete entre la gente que mira, recoge al peruano, lo lleva a una clínica, paga los gastos y pide que avisen a la familia del herido? Nos hubiéramos quedado impactados por tal ejemplo.
"¿Cuál de los tres se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?", que es como decir ¿Cuál de los tres hizo la voluntad de Dios?. Y la respuesta es "el otro", el que no es de los nuestros, el que para nosotros es malo. "El mandamiento está muy cerca de ti, en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo" nos dice el libro del Deuteronomio. No solo hacen la voluntad de Dios los que son de los nuestros, los católicos, los de nuestro grupo, los que tienen nuestra misma visión de Iglesia; la hacen también aquellos que nosotros calificamos como malos, los alejados de Dios, los "otros".
"Anda y haz tu lo mismo". Aquí queda el mandato de Jesús, si otras personas que, por diversas circunstancias no viven como pide nuestra fe, pueden hacer la voluntad de Dios, con mayor razón nosotros, que tenemos la fe verdadera, que vamos a Misa, rezamos, nos confesamos, comulgamos. 
¡Que no seamos como el sacerdote y el levita que dejaron de lado la solidaridad por no meterse en problemas!

viernes, 12 de abril de 2019

IN MEMORIAM, MAESTRA TERESA MORAN

Querida maestra:

¡Cuántos recuerdos guardamos de usted!
La vi por primera vez conversando en el patio del Colegio "Hipólito Unanue" con el profesor Gamaniel Palomino, venía para reemplazar al profesor Osorio Rojas del curso de geografía. Como la ví con el rostro serio, pensé que usted sería muy exigente y posiblemente la íbamos a pasar mal. ¡Qué gran equivocación! Nos encontramos con una gran Maestra.
Usted nos enseñó Geografía en segundo año e Historia del Perú en quinto. En sus clases, junto con los temas del curso, había una gran dosis de alegría y entusiasmo; y junto con la materia del curso, nos daba lecciones para la vida. ¡Cómo olvidar su paciencia y buen humor para soportar nuestras palomilladas! ¿Recuerda cuando, en el curso de historia, usted decía "En mis tiempos..." y nosotros, le interrumpíamos exclamando "Uuuuuuuu..." (como quien dice, de que siglo nos hablará)? Y en lugar de enojarse, sonreía y nos seguía la broma "En mis tiempos arcaicos, antiguos y prehistóricos..." y continuaba con su clase. O aquella vez en que había un partido de voley de Perú, a la misma hora de su clase, y mientras usted dictaba con mucha calma, Armando Sánchez anotaba en la pizarra cada punto que obtenía la selección, celebrando al final el triunfo de las chicas de voley.
Hay una lección que recuerdo mucho: usted dijo que, cuando se encuentra con sus ex alumnos, les pregunta ¿a qué te dedicas? Si el joven le dice que estudia o trabaja (aunque sea algo muy humilde) usted se siente orgullosa de él, porque hace algo por la vida; pero si le dice que no se dedica a nada, entonces le preocupa, porque es una vida estéril, sin sentido, un vago. Estas palabras me han servido, no solo para mi propia vida, sino que se han convertido en la pregunta básica que le hago a toda persona que ha conversado conmigo con la intención de ser Hermano de Nuestra Señora de la Soledad, por ello, si la persona me dice que hace algo, va por buen camino; pero, si no se dedica a nada, mis palabras son "primero estudia o trabaja de lo que sea; después hablamos".
Cuando fuimos sus alumnos el respeto y el cariño fue mutuo, no la recuerdo enojada; pero cuando pasábamos a ser ex alumnos, ese respeto y aprecio se multiplicaba: usted nos reconocía por nuestro apellido y promoción; para usted hemos sido jóvenes inquietos, pero nunca malos. Supo lidiar y corregir nuestras travesuras, con firmeza, pero con alegría. Todos la queríamos.
Ente tantas cosas que nos contaba fuera de la clase, nos dijo es, además, arqueóloga de profesión, y que le gustaba el baile. Resultaba gracioso que, siendo arqueóloga, se llevara tan mal con las arañas; y aquella vez en que, por llevar el hábito del Señor de los Milagros, no pudo bailar en un cumpleaños "y había venido una orquesta de Ica".
Usted era Unanuina de corazón, amaba a nuestro "HU", conocía su historia, a sus colegas: nunca habló mal de ninguno, y más bien nos hacía comprender las "particularidades" de alguno de ellos. Nos contó que, cuando nuestro recordado Director Nicanor Castañeda Guerrero estaba enfermo de gravedad, usted le prometió que iría todos los años al Colegio a gritar, con "alma, corazón y vida" (como lo dije en alguna ocasión) nuestra ya famosa arenga "Siempre la H, siempre la U, nadie le gana al HU". Y así lo hizo mientras Dios le dio salud y vida.
La madrugada del Domingo 7 de abril Usted fue a los brazos de Dios. Supe que tuvo una enfermedad que la tuvo muy delicada, alguna vez dijo que estaba "amarilla como los Simpson". Hasta en eso sabía sonreír y bromear. Y desde el cielo ruegue por nosotros, por su familia, por sus muchos amigos y "abuelos cuenta cuentos" que la recuerdan con cariño. De paso también por mi.
Hoy Viernes de Dolores la recuerdo con cariño, pues cuando supo que soy Hermano Oblato de Nuestra Señora de la Soledad, sabía que me había puesto bajo el manto de la Virgen de los Dolores, la misma que lleva su mismo nombre: Teresa Dolores. Sepa usted que hoy, cuando en la iglesia de la Soledad cante la versión española del "Stabat Mater Dolorosa", la encomendaré, no con dolor, sino con la alegría que usted siempre tuvo y nos enseñó.

Gracias Maestra Teresa Dolores Morán Euribe. Que Dios la recompense.