domingo, 5 de noviembre de 2017

CAPU

Cuando ingresé a la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1987 y supe de la existencia del CAPU (Centro de Asesoría Pastoral Universitaria), lo veía únicamente como la Capilla de la Universidad, que preparaba para la confirmación, que acompañaba espiritualmente a los alumnos, y que tenía grupos juveniles. Recuerdo que el P. Manuel Marzal, S.J. me sugirió darle una visita al P. Luis Martínez, S.J. (entonces Director del CAPU); pero como mis actividades pastorales estaban puestas en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados (cantaba en coro, y después vinieron la catequesis de niños y los acólitos) y, por otro lado, los grupos juveniles no eran precisamente algo que llame mi atención, solo me limitaba a asistir a Misa y a rezar con frecuencia ya que estaba en una de las rutas para llegar a mi recordada Facultad de Derecho.
Como también lo he comentado varias veces el trabajo con los acólitos en Desamparados ha sido la actividad que mas empeño le puse, con aciertos y errores, pero con el corazón puesto allí. Fue por eso que, cuando en el 2008 tuve que dejar al Grupo de Acólitos en otras manos, afronté, no siempre de la manera mas acertada, uno de los procesos más dolorosos en mi vida al servicio de la Iglesia. Recuerdo que alguien me dijo "¿Y no has pensado hacer lo mismo con otro grupo de muchachos?", pero en aquellas circunstancias eso me parecía impensable. Un año después volví a Desamparados y tomo su tiempo que las cosas vuelvan a su rumbo original; por otro lado entablé amistad con los acólitos de San Pedro a quienes, siempre que podía, les daba algunas pistas para mejorar la liturgia. Después, cuando me hice Hermano Oblato de Nuestra Señora de la Soledad, comencé a invitar a algunos niños para que sean acólitos en nuestro templo, tarea nada fácil pues no somos parroquia (como no lo es la mayoría de iglesias del Centro Histórico de Lima) ni tampoco vive mucha gente dentro de ese espacio ocupado por comercios y sedes del gobierno.
La Pontificia Universidad Católica del Perú ha pasado por momentos difíciles en su relación con la Iglesia Católica, los mismos que gracias a Dios han sido superados. Este año nombraron como Director del CAPU al P. Juan Bytton, S.J. (ex alumno de la Católica) a quien conocía desde antes de su ingreso a la Compañía de Jesús, y me propuso ser acompañante de la Comunidad "San Tarcisio", integrada por los acólitos de la Universidad. Pues, sin pensarlo mucho, como dice la canción "Yo temblando te dije. aquí estoy Señor" (y valgan verdades que lo dije temblando, porque no sabía que me dirían mis Hermanos Oblatos de Nuestra Señora de la Soledad, gracias a Dios el H. Rafael Andrade me dijo "Tú sabes que no suelo decir que 'No', siempre y cuando cumplas con nosotros"). Con todo eso, manos a la obra.
Y allí conocí primero a Álvaro y a Raúl, los coordinadores de la Comunidad. Sospecho que les habrá llamado la atención la presencia de este "hermano", un poco mayor. Y después, un lunes a reunirnos con todos, a conocer quienes eran. Una de las primeras cosas que les dije es "No me digan 'hermano', solo Manuel", y es que ante todo se trataba de ser amigos. Debo confesar que lo que me ha "decepcionado" es ver que no hay ninguno de Derecho: ¡CASI TODOS SON DE INGENIERÍA! Al punto que cuando llega uno nuevo y pregunto de que Facultad es, la respuesta que escucho es "Ingeniería de..." (¡Y pensar que en Derecho nos burlábamos de los ingenieros!). Que se hace.
Creo que la principio no debió haber sido fácil comenzar a reunirse conmigo (es normal, sobretodo en una época de cambios en el CAPU), pero poco a poco comenzamos a acercarnos y conocernos. El pasado Viernes 20 de Octubre los acólitos jugaron fulbito con otros alumnos de la Universidad y me invitaron a acompañarlos (creo que ellos esperaban que juegue con ellos, pero físicamente no estoy en condiciones: quizás un fusilón podría haberme mandado al hospital). Y después almorzamos juntos. ¡Qué gran experiencia, un gusto comer con los "cracks"! (como suelen llamarse ellos) Y se me ocurrió invitarlos a acolitar el 1 de Noviembre en San Pedro, aunque solo fueron cuatro, estuvimos muy contentos: "¿por qué nos has invitado hoy?", me preguntaron, y les respondí: "Porque antiguamente, en Desamparados, hoy celebrábamos el 'Día del Acólito' y hoy quise celebrarlo con ustedes". Creo que después de varios años he celebrado con ilusión este día de Todos los Santos.
Y hoy hemos tenido la Misa de Confirmación, donde estuvieron la mayoría de los "cracks". ¡Qué gusto me dio verlos desenvolverse tan bien! Consultando con sencillez alguna duda, ordenando todo con mucha responsabilidad, atentos a la celebración... ¡He acabado tan contento, que he querido compartirlo con ustedes!
Gracias Juan Bytton, S.J. por haberme traído de regreso a la Católica, haciendo lo que me gusta hacer. Y muchas gracias Cracks: Alvaro, Raúl, Angelmario, Tom (ten cuidado cuando hables de comida: mi oído derecho escucha muy bien), Diego, Richard, Alex, Emerson, Ralph (cantas bien, creo que el próximo año te voy a pedir que cantes algo), Aramiz; a los invitados de hoy Sebastián y Diego; a los que recién llegan y a los que seguimos esperando. Tenemos un buen camino por recorrer juntos, el tiempo que Dios disponga. Y, aunque no lo crean, ustedes me ayudan mucho a crecer y a caminar en mi vocación de Hermano Soleano.
¡Gracias Cracks por tanto bien recibido!

Y espero que pronto llegue gente de Derecho.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Y SE ACABO OCTUBRE

Bueno, Octubre se acabó ayer, pero para los limeños el "mes morado", dedicado al Señor de los Milagros ha terminado en la tarde de hoy con la "guardada" de su imagen en el Monasterio de las Nazarenas. En otros años he escrito un artículo al comienzo del mes, esta vez lo hago al final, después de haber estado en la Av. Tacna mientras la imagen del Cristo moreno llegaba a su Santuario.
Octubre es fiesta netamente limeña, la procesión está rodeada de la alegría de la música criolla, "el 28 se siente fiesta y jarana por las calles", me decía un hermano Cofrade de Nuestra Señora de la Soledad. En ese sentido, creo que hay que "sacarle el jugo" al "Día de la Canción Criolla" como conclusión de este mes tan tradicional y revalorizar nuestra música y nuestra comida, como ya se hace en varios lugares (aprovecho este momento para agradecer a mis amigos del Colegio "Hermano Anselmo María", con quienes compartí esta celebración: no pude estar con todos, pero me alimentaron demasiado bien). Creo que la mejor forma de combatir el "Halloween" no es satanizarlo (a un ateo o a un agnóstico le va a importar muy poco si es diabólico o no), sino revalorizando nuestra fiesta, mostrando que los peruanos tenemos mucho que celebrar y compartir con lo que nuestra cultura (y también nuestra fe) nos han dado, que es mil veces mejor que lo que se copia de otros lugares.
Hoy estuve en la guardada del Señor de los Milagros: Miles de personas pugnaban por estar lo mas cerca posible de la puerta del Monasterio de las Nazarenas para despedirse de la imagen hasta el próximo año, muchos de ellos con el corazón emocionado y con lágrimas en los ojos. No faltaron los celulares que filmaban y fotografiaban ese momento y estorbaban la mirada de otras personas; tampoco faltaron aquellos que se metían entre la gente, incluso de manera poco educada, ocasionando las protestas de los asistentes. Y pensaba que, seguramente, cuando Jesús predicaba no faltaría quien se haga paso entre la multitud a como de lugar y gente que se incomode por eso; quien se ponga a conversar con el que está al lado y haya necesidad de pedirle que se calle; quien se ponga de puntillas o ponga a su hijo o a su amigo en sus hombres y estorbe la vista a los demás. Creo que Jesús ya debe estar acostumbrado a nuestro exceso de entusiasmo, así como a nuestras imprudencias y fragilidades.
Y mientras nos despedíamos de la imagen del Señor de los Milagros, acompañados por el sonido de la banda, de las voces de las cantoras, de las aclamaciones de los fieles y del espectáculo de los fuegos artificiales, resonaba en mi corazón las últimas palabras del Evangelio de San Mateo "yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo". Aunque no veamos ese lienzo que pasea por nuestras calles desde 1687 Jesús se queda con nosotros en cada sagrario, en cada Misa, en cada templo, en cada hermano; camina bien cerquita de nosotros; Jesús se hace presente en cada gesto nuestro que da gloria a Dios.
Se acabó Octubre "mes morado en que se engalana Lima". Parece que este año se ha ido muy rápido. Ahora a continuar con la vida ordinaria, con las tareas que tenemos cada día. Que cuando llegue Octubre del 2018 tengamos algo nuevo que compartir con Jesús, el Señor de los  Milagros. Hoy, solo digamosle como muchos nazarenos: "Gracias, Viejo, hasta el próximo año, si Tú lo permites".
Y, permítanme añadir: Te mando un abrazo, con todo el corazón.

viernes, 22 de septiembre de 2017

MISTERIOS DE SOLEDAD

Hoy terminamos los cultos gloriosos en honor de Nuestra Señora de la Soledad: han sido días muy intensos, desde la semana cultural hasta los oficios religiosos que culminan hoy, pasando por la Misa Solemne del día 15 y la procesión del domingo pasado. Pero también han sido días para meditar en los dolores de la Virgen y observar como esos sufrimientos se repiten en muchas personas que nos rodean; aunque quizás no nos demos cuenta.
El pasado Miércoles 13 tuve que ir al Juzgado de Paz de Breña a entregar unos documentos de un caso que patrocino como abogado. Mientras esperaba mi turno un señor me pidió que acompañara a un menor de edad, amigo de su hijo, a una declaración ante el Juzgado. Acepté a regañadientes porque tenía una reunión una hora después. El muchacho al que iba a acompañar era un escolar de 17 años que tenía el aspecto de un "reguetonero"; y su madre, un poco descuidada en su aspecto, nos decía que su hijo era su "Calle de la Amargura". Mientras el joven declaraba, la madre se quejaba de la conducta de su hijo y no saber que hacer para corregirlo, ella, que normalmente vende golosinas por el Centro Histórico de Lima, me dijo: "mi hijo no llega a casa... hay veces que tengo que trabajar en la morgue, y veo llegar chicos como mi hijo..."
La madre hablaba con calma, pero el corazón se me estrujó, más aún cuando su hijo me hizo recordar a uno de mis antiguos acólitos de Desamparados: veía en ella el dolor del hijo perdido, el miedo a recibir, como María, el cadáver del hijo. Y aunque tenía prisa por acabar e irme rápido, terminada la audiencia hablé con aquel joven: "No malogres tu vida", le dije; y él me respondió, no sin antes decirme que su papá no vive con él: "salgo de mi casa porque me siento solo, mi mamá sale todo el día a trabajar..." No dejaba de resonar en mi cabeza la letra de esa canción de Franco de Vita "No basta que de afecto tú le has dado bien poco, todo por culpa del maldito trabajo y del tiempo... No basta porque de haber tenido un problema lo habría resuelto comprando en la esquina lo que había..." (y valgan verdades que ya la había comprado alguna vez).
Me despedí de ese muchacho con mucho cariño (el señor que me había pedido que lo acompañe estaba muy interesado en saber que hablaba con él: creo que se daba cuenta que no creí en lo que había declarado ante el juez). Y mientras me iba a mi reunión (a la que llegué a tiempo), meditaba en los misterios de la Soledad que acababa de contemplar.
Y con ese recuerdo en el corazón tuve que dirigir el rezo de la Corona Dolorosa y el Ejercicio del Septenario en los días siguientes: no podía dejar de pensar en esa gente y en otras cuyos dolores he contemplado en diversas circunstancias. 
Los Hermanos de Nuestra Señora de la Soledad, Cofrades, Colaboradores y Oblatos, tenemos como lema "Ecce Mater tua", Allí tienes a tu Madre, que nuestro Estatuto interpreta como "Así como María estuvo al pie de la cruz de Jesús, así también nosotros queremos estar presentes ante el dolor de nuestros hermanos". Y leyendo esto, pienso a veces que Dios me ha llevado a la Soledad no solo para atender la liturgia, tocar el órgano y hacer un poco de pastoral, sino también para realizar el oficio de consolar que Jesús asume con su resurrección.
Por ahora solo queda acercarme a cada misterio de la soledad con el mismo respeto y reverencia que a los dolores de María, y como ella, meditar todo esto en el corazón.

lunes, 24 de julio de 2017

Y AHORA POR EL GUADALUPE

En mis tiempos escolares no existía el "Día del Logro", día en que los colegios abren sus puertas al público en general para que los alumnos demuestren lo aprendido. Bueno, antes lo aprendido se "demostraba" (?) ante los profesores en los exámenes, y ante los padres de familia al recibir las calificaciones.
Tengo amigos en el Colegio "Nuestra Señora de Guadalupe", algunos de los cuales he conocido cuando estudiaban la primaria en el Colegio "Hermano Anselmo María", situado a unos pasos (cruzando la Avenida Alfonso Ugarte); así que el "Día del logro" era una excelente ocasión para reencontrarme con Hendrick, Napoleón, Joaquín y Guiseppe; y de paso conversar con los alumnos sobre los temas que exponen.
Y eso fue lo que hice: visitar las diversas áreas (y no solo la de religión) y escuchar lo que ellos tenían que compartir con sus oyentes. Y la experiencia fue fascinante.
Que interesante fue recordar lo que es una ecuación cuadrática (si, esas ecuaciones de segundo grado que fueron mis pesadillas en tercero de secundaria); que me expliquen como funciona una central hidroeléctrica (algo tan complejo, pero explicado y expuesto con tanta claridad); que me hagan caer en la cuenta que, por mi contextura física, estoy con sobrepeso; que me refresquen mis clases de física sobre planos inclinados; o filosofando para que sirven las matemáticas... ¡Que gusto ver a Yamil, uno de los acólitos de la Soledad, explicando con mucha calma y propiedad el tema de como surge la agricultura y la ganadería! No faltó quien me hablara en inglés y me explicara sobre los alimentos y yo, con lo poco que se, le decía que soy intolerante a la leche de vaca y como pocos vegetales.
También aproveché de hacer algunas sugerencias en el curso de religión: les vendría bien agregar algo de música a sus exposiciones sobre la muerte de Jesús (por ejemplo la Pasión de San Mateo de Bach), o cuando explican la creación, el Oratorio de la Creación de Haydn; y así otras piezas; sugerencia que también di a la profesora de religión.
Pero lo que mas me gusto fue conocer a Hugo, un alumno que toca violín, pero que no se animaba a hacerlo. Me comentó que participaba en "Sinfonía por el Perú" y yo, por mi parte, le dije que soy organista. "¿Puede conseguirme partituras?", y le recomendé algunas páginas de internet. Pero cuando me dijo que tocaba "Czardas" de Monti, la verdad me quedé sorprendido. "A ver si para el próximo día del logro tocamos algo".
Lástima que el frío y la garúa obligaba a que esta actividad acabe rápido. Por otro lado el clima podía provocar que mi resfrío se agrave, así que a despedirme y marcharme a la Soledad. Y mientras me iba en el taxi, meditaba en mi corazón esta experiencia, profundamente agradecido y pensé de inmediato compartirla en este blog, escribiendo y escuchando el concierto para violín de Beethoven, pensando que algún día podré tocar con Hugo algo de música clásica.
Gracias por tanto bien recibido, por ver a mis amigos de siempre.
Ah, y gracias también por los caramelos y dulces que me regalaron; aunque el médico me los ha prohibido, siempre es bueno endulzarse la vida. ¿No lo creen?

sábado, 8 de julio de 2017

AL MAESTRO CON CARIÑO

El título del presente artículo nos recuerda a la película del mismo nombre protagonizada por Sidney Poitier, y trata de la historia de un maestro negro, Mark Thackeray, quien tiene a su cargo un grupo de alumnos de conducta difícil en Londres y que, con mucha paciencia y empeño no solo logra transmitirles conocimientos, sino también hacer de ellos mejores personas.
La celebración del "Día del Maestro" siempre es motivo para reflexionar en esta noble tarea. Un buen maestro no solo transmite conocimientos, sino que forma a la persona, le marca la vida, puede despertar en ellos los mejores valores y talentos, o simplemente dejarlos apagados; puede crear gente triunfadora o gente mediocre; puede hacer de ellos mejores personas o gente sin mayor aspiración. Y todo eso no se hace solo con palabras y discursos, sino con el ejemplo, con el trato, con la forma de proceder. No puedo dejar de recordar otra película que vi hace poco mas de 11 años: "Les Choristes" ("Los chicos del coro"), que narra la historia de un maestro que, a través del canto y la música y dando un trato diferente, puede cambiar el corazón de los muchachos de un reformatorio.
Pero así como los maestros nos "marcan", también los alumnos dejamos una grata huella en quienes nos educan. Quizás el mejor elogio que podemos escuchar es que nuestros maestros, entre tantos que han educado y a pesar de los años, recuerdan nuestro rostro y nuestro nombre. El año pasado, después de mas de cuarenta años volví a ver a mi profesora de Inicial Inés Gutiérrez, que me visitó en la iglesia de la Soledad: no puede contener la emoción que ya casi no podía seguir cantando en la Misa (tuve que pedir a un hermano cofrade que cantara fuerte), y fue impresionante cuando me dijo "Nunca te he olvidado". Meses mas tarde, con motivo del almuerzo por la celebración de las Bodas de Perla de mi promoción de Colegio, en el momento de la entrega de los recuerdos, mi Profesora Agripina Canales dijo: "Esto es para Manuel, un alumno inolvidable".
Por mi parte, siempre me ha gustado enseñar. Durante muchos años he dirigido acólitos y he preparado a muchos niños para la Primera Comunión en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados (no en vano, cuando hice el Pregón de Semana Santa el 2015, Luis Ángel Olivera dijo que yo me caracterizaba por "dedicarme a la formación de los más pequeños"); pero también he enseñado a jóvenes y adultos en diversas ocasiones. Cada grupo humano es distinto, con los niños me he sentido un niño más, un amigo más; con los adultos la experiencia es distinta, es más exigente y a veces más gratificante. Creo que mi vocación está más en la enseñanza que en el Derecho; y gracias a Dios y a mis Hermanos de la Soledad, en la actualidad puedo desempeñarla como catequista de Primera Comunión, encargado de acólitos y Secretario de Formación de nuestra institución.
Y como todos he tenido alumnos con diversas formas de proceder: unos nos invitan a aprender y enseñar mas, y otros que no se interesan por mucho; los que están porque les interesa, y los que solo lo hacen por cumplir; los que escuchan todo sin decir nada, y los que critican todo; los que acogen con corazón sencillo lo que uno comparte, y los que creen saber mas que uno y buscan demostrar que sus otros maestros son mejores que uno; los agradecidos que ponen en practica lo aprendido, y los que no dan valor a lo que uno les enseña... Hay de todo y no me asusta; mas bien mi deber es comprender a cada uno de ellos porque también en ocasiones he actuado igual; "tratar iguales a los iguales, y desiguales a los desiguales", como decía el Dr. Mario Pasco en la Universidad; y adaptarnos a los diversos procesos de cada persona, como bien aprendí con los Jesuitas.
Gracias a todos mis Maestros, desde el colegio, la universidad, la pastoral, la música, la liturgia, la vida profesional, la vida espiritual, y la vida como Soleano; perdonen que no mencione nombres pero, como ya dije en otro momento, mencionar a unos es ser injusto con otros. Sigo aprendiendo de ustedes y pido a Dios que haga fructificar lo que ustedes han sembrado.
Gracias a quienes me recibieron como maestro y formador en diversos momentos de mi vida. Gracias a los maestros que conozco, y que me animan a hacer las cosas mejor; y gracias a los alumnos y discípulos que me han hablado bien de sus maestros (se me viene a la mente las palabras de gratitud de M. Virginia Luzquiños de las Misioneras Parroquiales, hablándome muy bien de su Maestra de Novicias M. Carmen Murrugarra).
Y gracias al "Anselmo" y a sus alumnos que ayer me dieron el porta lapiceros que aparece en la foto de este artículo como regalo por el "Día del Maestro". La verdad, el cariño de estos niños, ya recompensa muchísimo lo poco que hago por ellos.

lunes, 17 de abril de 2017

NOCHE DE RECUERDOS

"Con paz en el alma a coro cantemos
esta noche santa de grandes recuerdos"
(Esteban de Cegoñal)

Esta letra, que corresponde a una canción de Navidad, expresa lo que he vivido en esta última Vigilia Pascual: una celebración llena de recuerdos, de agradecimiento, de consolación espiritual como bien me hizo ver mi amigo Tito García, S.J.
En la Vigilia canté el Pregón Pascual como lo vengo haciendo desde Desamparados: la primera vez, en 1993, revestido con un alba y un cíngulo que me daba vuelta varias veces a la cintura (era mucho mas delgado), entonaba medio asustado (y con varios errores) el canto de la "Angélica" (como se le llamaba antiguamente); desde entonces lo he venido cantando y mejorando cada vez mas; algunos años han tenido matices peculiares: en 1999 medio afiebrado y convaleciente de una operación de apendicitis, el 2008 estresado y nervioso (los jesuitas habían dejado Desamparados y comenzaban algunas dificultades para mi); el 2011, después de ensayarlo varias veces con el P. Guillermo Villalobos, S.J. (que lo cantó en San Pedro), me salió perfecto, pero fue la última vez que lo cante en Breña: ya Dios me esperaba en la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad; y, desde el 2012 es allí donde vengo entonando el Pregón Pascual, poniendo "alma, corazón y vida".
Y no puedo negar que en estos últimos años han aflorado muchos sentimientos y recuerdos, nombres, personas, circunstancias, que han hecho del Pregón algo más que una mera repetición de un texto del Misal, al punto que el año pasado se me quebró la voz de la emoción.
"Manuel ¿por qué siempre que lees el Pregón Pascual te emocionas?", me acaba de preguntar un Hermano Cofrade de la Soledad que me alumbró con la linterna mientras cantaba y podía observar como me sentía en ese momento. Es que son tantas personas con quienes he celebrado la Pascua en otros años que en ese momento sus rostros se me vienen al corazón, pero también recuerdo a otras personas con quienes me gustaría poder compartir esta celebración: familiares, amigos, sacerdotes, acólitos, religiosos... Es imposible no recordarlos.
Pero este año, ocurrió algo mas fuerte: ya no solo cantaba la Historia de la Salvación de la Humanidad, sino que era mi propia Historia de Salvación personal: por momentos recordaba a quienes me hablaron en tiempos de Ejercicios Espirituales, es así que cuando cantaba "Feliz la culpa que mereció tal Redentor", recordaba que el P. José Francisco Navarro, S.J. (recientemente fallecido) me lo dijo en una ocasión que le hablaba sobre mi propia fragilidad; "En esta noche de gracia, acepta Padre Santo, este sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te ofrece por medio de tus ministros en la solemne ofrenda de este cirio hecho con cera de abejas", cantaba mirando al Cirio que iluminaba el templo con las velas de los fieles, cuidando que no me falle la voz, ya que siempre esta parte me traía problemas por tener notas altas; "Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino" ¡Qué Dios tan grande, que se une a nosotros, que nos da un abrazo de ternura!; "Te rogamos, Señor, que este cirio consagrado a tu nombre arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche... Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que es Cristo, tu Hijo resucitado...", ¡Jesús, que cuando tu regreses nos encuentres a todos reunidos, a los que hoy he recordado, a los que vendrán después, a tus hijos Soleanos y te demos un abrazo bien fuerte!
Con todos estos sentimientos era inevitable no derramar una lágrima de emoción y agradecimiento; y, a pesar de la bulla que venía de la calle no me distraje ni me desafiné.
Pero no quedó todo allí: las lecturas, tantas veces escuchadas, me sonaron distinto: "Al principio Dios creó el cielo y la tierra... y dijo Dios hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza... y les dijo crezcan, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla... y vio Dios que todo era muy bueno" (Génesis 1, primera lectura de la Vigilia Pascual), y me venía al corazón la imagen de Dios mirando con cariño a su creación, a cada uno de nosotros; "Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te reuniré. En un arrebato de ira te escondí te escondí un instante mi rostro, pero con misericordia eterna te quiero" (Isaías 54, cuarta lectura de la Vigilia): ¡cuanto cariño de parte de Dios!, "¡qué incomparable ternura y caridad!". Otra vez lo meditado en los Ejercicios Espirituales resonaba en mi corazón. Los textos de la liturgia no eran letra muerta, sino experiencia de vida, donde uno reencuentra a Dios.
Creo que la emoción me ganó al punto que dos Hermanos Cofrades notaron que tocaba el órgano con mas expresión de lo acostumbrado (bueno, que podía hacer si lo que tocaba era la Cantata de Bach "Jesús alegría de los hombres"); luego después de la Comunión las notas de "Luz que vence a la sombra" me hicieron recordar a mis amigos Rossana Morales, Carlos Bustamente y Carlos Aguinaga (ojalá pueda cantarlo con ellos en la Soledad). Y al final el "Regina coeli" entonado a viva voz por los Hermanos Soleanos, eran el colofón perfecto para esta Misa: "Madre de la Soledad: ya pasó todo, alégrate, alégranos, sonríenos, estamos contentos con tu Hijo, contigo. ¡Aleluya!".
Cuando uno vive la liturgia con el corazón abierto encuentra a Dios, vive la Pascua el "Paso del Señor" por su propia vida. Y cuando se experimenta esto se celebra a Jesucristo vivo.
Los Hermanos de la Soledad venimos celebrando con mucha intensidad la Semana Santa Limeña desde 1603. Si bien es cierto que nuestro mayor esfuerzo está en el Viernes Santo, llegamos a la Pascua con un corazón agradecido. Yo creo que todos ellos, en esa Noche Santa de Pascua, en medio de tanto cansancio, deben haberse sentido agradecidos a Dios por tanto bien recibido; y al igual que yo deben haber recordado a tantos Hermanos que "nos han precedido en el signo de la fe y duermen el sueño de la paz"; ahora recuerdo cuando el año pasado le dije a la Hermana Cofradesa Consuelo San Martín, que postergaba una operación para estar peesente en la Semana Santa: "no podía haber un Viernes Santo sin la Sra. Consuelo", y a las pocas semanas se fue a celebrar la Pascua definitiva con su hija Milagros fallecida unos meses antes: ella que sufrió como María la muerte de un hijo, debe estar cantando con ella "Aleluya, vivamos la alegría dada a luz en el dolor" ("Nuestra Pascua inmolada", Himno de la Liturgia de las Horas).
Termino la Semana Santa con el deseo de volver a celebrar la Pascua con tanta gente a la que he recordado en esa noche santa: "Goce también la tierra inundada de tanta claridad... Alégrese nuestra Madre la Iglesia revestida de luz tan brillante". Y así como en Navidad nos sentimos unidos a los que, estando lejos, contemplan también al Niño recién nacido, que en cada Pascua nos unamos a todos nuestros hermanos que celebran que Jesús vive en medio de nosotros.
"¡Que noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!"

FELIZ PASCUA DE RESURRECCION

lunes, 27 de marzo de 2017

EX LUX IN TENEBRIS LUCET

"Y la luz brilló en las tinieblas"

El pasado Viernes 24 de Marzo la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) ha celebrado el Centenario de su fundación. Son muchos los recuerdos que guardo de esta casa de estudios donde, gracias al esfuerzo de mis padres, me formé para ser abogado titulándome el 24 de Septiembre de 1998. Allí pasé muy buenos años de mi vida y conocí a mucha gente a la que tengo el mayor de los aprecios.
Muchas veces se ve a la universidad como una "fábrica de profesionales", a donde se ingresa para estudiar una carrera que nos permita ganar mucho dinero. En realidad no es así: la Ley Universitaria actual la define como una comunidad académica orientada a la investigación y a la docencia, que brinda una formación humanista, científica y tecnológica con una clara conciencia de nuestro país como realidad multicultural.* 
Los que pasamos por la PUCP hemos recibido una buena formación académica y humanista, en una Universidad que fue fundada por el P. Jorge Dinthilac como un centro católico de estudios superiores, a la que el Papa Pio XII erigió como persona de derecho canónico en 1942. Hemos tenido profesores buenos y no tan buenos, con diversidad de criterios y pareceres. Si me preguntan por los buenos, de inmediato me viene a la mente los nombres de Marcial Rubio, Lorenzo Zolezzi, Francisco Eguiguren, Carlos Montoya, Alberto Bustamante... se que hay muchos mas y cada quien añadirá los nombres que mas recuerde. Y si me preguntan por los "no tan buenos", creo que es mejor dejarlos bien guardados en el baúl de los recuerdos (no siempre un buen nombre es garantía de una buena calidad docente o humana).
En la Católica aprendí, además de Derecho, muchas cosas que me abrieron los ojos y el corazón para ser mejor persona, que me mostraron que el mundo es mas grande y más sorprendente de lo que creía; que hicieron que la luz brillara en las tinieblas. Quisiera recordar algunas que aprendí con el corazón:
- Aprendí que las diversas realidades y situaciones humanas deben verse con calma, sin juzgar a las personas.
- Aprendí que, "Un abogado debe estar curado contra el susto", no escandalizarse de nada (Dr. Rogelio Llerena).
- Aprendí que aquellas personas de otras latitudes del mundo a los que llamamos "primitivos", aunque no cuenten con adelantos tecnológicas, tienen  una cultura grande, compleja y mas rica de lo que imaginamos (Dra. Norma Fuller).
- Aprendí que un texto poético, narrativo, o un discurso dicen muchas mas cosas de las que se escuchan, solo hay que observar y estar atento (Roberto Forns).
- Aprendí que el Derecho y la Ley no pocas veces fracasan, y frente a eso no nos queda mas que aceptar la realidad; en unas ocasiones sonreír (y hasta reír a carcajadas) y en otras llorar (Estudie Derecho en la época del autogolpe de 1992).
- Aprendí que el "Derecho no está en las europas y en las españas, sino en el pueblo", no está en los libros de los grandes intelectuales, sino en la realidad que nos rodea (Dr. Carlos Montoya Anguerry).
- Aprendí que, para algunas situaciones hay varias respuestas y soluciones posibles, y que no siempre la del profesor es la única, o la mejor (Dr. Alberto Bustamante, que invitaba a su clase a expositores con ideas diferentes a la suya).
- Aprendi que las ideas se discuten con ideas y con respeto, no con los ataques personales (que son señal  de que no tenemos ideas); y que, en ocasiones, conviene pensar como la parte contraria, para entender sus argumentos y motivaciones y sustentar mejor los nuestros.
- Aprendí que podemos discrepar con nuestros amigos y compañeros, pero solo en las ideas y que más allá de todo eso podemos darnos un fuerte abrazo, compartir y reír con quienes pensamos distinto y hasta de manera antagónica (Se me viene a la mente aquella canción que cantábamos, acompañados de la guitarra de la Dra. Elsa Tueros, en la misa que el P. Manuel Marzal tenía en la capilla de la Universidad los días lunes: "Evangelio es decir amigo, es decir hermano...").
- Aprendí que podemos estudiar con alegría, divertirnos y reírnos de nosotros mismos (Gracias "Goce" que esto lo aprendí con ustedes).
- Aprendí que todos podemos soñar, crecer, fortalecer nuestras flaquezas y ser mejores; que podemos ser líderes comenzando a creer en nosotros mismos; que se puede mirar con optimismo y hacer realidad los sueños (Gracias Prof. Jacqueline Otiniano su curso de "Gestión empresarial" fue el "broche de oro" a mis estudios en la PUCP que estudié cuando comenzaba mi experiencia con los Ejercicios Espirituales de San Ignacio: no pudo haber habido mejor momento).
Por supuesto que aprendí muchas cosas mas. Solo he citado estas que son las que más recuerdo y que, aunque no siempre he seguido con fidelidad lo aprendido, me ayudaron a ser mejor persona, mas cristianos, mas católico y universal.

¡Gracias por tanto bien recibido!
¡Feliz Centenario a todos mis amigos de la PUCP!

*(Art. 3º de la Ley 30220)