domingo, 13 de mayo de 2018

ACTUACIONES DEL DIA DE LA MADRE

A lo largo del año existen en el calendario algunas fechas que son motivos de grandes celebraciones, actuaciones escolares, agasajos y hasta regalos. De todas las que conozco las más "populares" son el Día de la Madre, Fiestas Patrias y Navidad. Y, sobretodo en los colegios, estas fechas son motivo de grandes actuaciones, cada cual con un tipo particular de números: el Día de la Madre, con sus clásicas poesías; Fiestas Patrias con nuestra música y los desfiles escolares, y Navidad con los ya famosos villancicos (de "los Toribianitos", para variar).
Las actuaciones por el "Día de la Madre", además de las poesías que solemos escuchar (de las cuales hay un repertorio inmenso) y de los discursos en los cuales se dicen cosas que, en su momento, nos movían a reflexión, pero de tanto repetir ya no suenan a nada (por ejemplo eso de "todos los días son el día de la madre"); tienen un componente que se ha hecho tradicional: las canastas con víveres que se sortean entre las madres que han colaborado. Sin embargo, en ocasiones como esta, la vida nos da lecciones: en otro salón de mi colegio la ganadora de la canasta fue una madre que no había colaborado en nada, lo cual originó una controversia, ya que no había cumplido con el requisito para participar en el sorteo; con todo la hicieron venir de su centro de labores (era trabajadora del hogar y por eso no había asistido a la actuación). Según me contaron la señora, llorando, pidió disculpas por no poder colaborar "ni siquiera con una caja de fósforos", pero no tenía dinero para hacerlo; pero todos comprendieron que la canasta se la llevó quien realmente la merecía.
Durante mi época escolar estuve involucrado en las actuaciones por esta fecha: desde aquella primera coreografía que hicimos en la "Sección amarilla" en 1975 en mis tiempos de Inicial, donde mi profesora Inés Gutierrez me hizo encabezar la fila (no recuerdo que hicimos, solo la melodía que, al piano, tocaba la mamá de una de mis compañeras y que correspondía a una canción que terminaba diciendo "te quiero a ti, una vuelta y nada mas"). En primaria declamaba poesías, en una de esas veces miraba fijamente a mi mamá (lo cual originó algunas críticas, porque me dijeron "Tu debías mirar a TODAS las madres, no solo a la tuya"); otro año cantamos "Zaña" que fue un auténtico desastre porque alguno se desafinó, y si no fuera por que Alexander Curay tocaba el cajón y no recuerdo quien se puso a bailar, hubiera sido una tragedia.
Y no solo en el colegio, recuerdo que en 1979, nos reunimos en la casa de mi abuela materna y los primos (varios éramos niños) improvisamos una actuación (con equipo de sonido y micrófono). Me tocó hacer el rol de "maestro de ceremonias" muy al estilo del recordado Pablo de Madalengoitia, donde entrevistaba a mi mamá, a mi abuelita y a alguna de mis tías; animaba y presentaba a mis primos que cantaban, declamaban y no se que más hacían. Aquella celebración fue memorable, no solo porque hice uno de los roles que mas me ha gustado (pude improvisar bien), sino porque fue el último año que mi abuelita Rosario estuvo con nosotros. Y ahora que recuerdo, creo que a la semana siguiente, me comí los famosos "nueve tamales", tal como lo narro en "Los tamales de la abuelita".
En secundaria recuerdo que me "colé" al coro que organizaba el profesor de música, don Lorenzo Humberto Sotomayor (me habían eliminado en el "casting") y cantamos, acompañados al piano por el mismo profesor, la canción "Madre mía", que años después la enseñé a los niños del colegio "Hermano Anselmo María" y a los acólitos de Desamparados (es curioso, pero después de casi 25 años de haberla cantado, recordaba no solo melodía, sino también la introducción al piano que hacía el Profesor Sotomayor, con lo cual pude tocarla tal cual la aprendí en el colegio a los 12 años). También di algunos discursos alusivos a la fecha de los cuales no recuerdo nada de lo que dije, y sospecho que quienes me habrán escuchado tampoco. Lo que si recuerdo con mucho cariño fue el agasajo que dimos a las madres en 5º de secundaria: un mano a mano poético entre Alexander Curay y su mamá (donde que quedó comprobado que lo que se hereda no se hurta), Martín Jurado declamó la letra del tango "Silencio en la noche" (impresionante y conmovedor, realmente se lució); y luego baile con las mamás.
Después que acabé el colegio ya casi no he participado en este tipo de actuaciones, salvo para acompañar tocando el teclado o hacer una oración y reflexión. El pasado viernes estuve en la actuación del "Anselmo" para hacer una oración por este día; y me quedé impresionado oyendo cantar en inglés a los niños de 2º grado, así como por la versión teatralizada de la canción "Una carta al cielo" que hicieron los niños de 6º grado (me hizo recordar cuando en mi colegio, "Hipólito Unanue", mi profesora Gladys Benites escenificó el poema "Yo pido para mi madre"). Sin embargo, hasta entonces no había caído en la cuenta de lo complicado que es ser madre y maestra a la vez: no poder asistir al colegio de sus hijos por celebrar el Día de la Madre con otros niños. Eso ya lo había comentado mi profesora Pina Canales y luego Claudia y Miriam, profesoras del "Anselmo". Y sin ir muy lejos, que complicado debió haber sido para mi mamá tener que escaparse del trabajo para asistir a tres celebraciones en colegios distintos, o en aulas distintas. Y se me viene a la mente la cara triste (y las lágrimas) de un niño cuya madre, seguro que por trabajo, no pudo estar con él.
Lo hermoso de estas actuaciones es ver el talento de los niños y jóvenes, su alegría de poder compartir con sus mamás, y la emoción de las madres (y también las abuelas) a quienes se les "cae la baba" al ver participar a sus hijos. Quizás se olviden de la poesía, se desafinen en la canción, no se escuche el teatro o falte ensayo al baile, pero para una madre siempre serán unas grandes estrellas; como lo fui yo para la mía en aquella actuación familiar o cuando declame mirándole a los ojos en 1980.

¡FELIZ DIA DE LA MADRE!

sábado, 24 de marzo de 2018

¿A QUIEN BUSCAN?


Desde los años de mi niñez me ha llamado la atención las celebraciones de la Semana Santa, primero en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados cuando mi mamá nos llevaba a Misa el Domingo de Ramos y el templo estaba repleto de fieles; luego cuando comencé a asistir a la celebración de la Cena del Señor (inolvidable la Misa del Jueves Santo en Desamparados en 1982, así como la noble sencillez y elegancia del Monumento que preparaban las religiosas Misioneras parroquiales del Niño Jesús de Praga, capitaneadas por la M. Virginia Luzquiños); luego las procesiones del Santo Cristo de la agonía; y desde 1983 la Vigilia Pascual. Años después, cuando fui agente de Pastoral de Liturgia y formador de Acólitos, le ponía mucho empeño a las celebraciones de Semana Santa.
Hoy como Hermano Oblato de Nuestra Señora de la Soledad sigo preparando las celebraciones de Semana Santa con mucho cariño porque, como bien me dijo el H. Rafael Andrade cuando le hablaba de mi deseo de ser Oblato "En la Soledad se viven estos días con mucha intensidad". Y no podía ser de otro modo: la Cofradía de la Soledad (la rama principal de nuestra institución) fue creada para Solemnizar el Viernes Santo al mismo estilo que en los reinos de España, teniendo la misma regla de la Cofradía de la Soledad de San Lorenzo de Sevilla. 
Como la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad se encuentra en el Centro Histórico de Lima puedo ver a muchísima gente que en esos días asiste a las celebraciones litúrgicas, a las procesiones, o simplemente recorre las iglesias cuyo arte colonial es realmente impresionante. Al verlos me pregunto ¿A quién buscan? ¿Qué es lo que les mueve a recorrer iglesias y procesiones en estos días? Y me lo pregunto a raíz de un comentario que tuvimos en la Comunidad de Acólitos "San Tarcisio" de la Pontificia Universidad Católica del Perú a raíz de la reciente visita del Papa Francisco al Perú: ¿Qué es lo que mueve a tanta gente a querer ver al Papa? ¿Es fe, esperanza, curiosidad...?
Para quien no tiene fe, estas expresiones de devoción no pasan de ser tradiciones que se siguen por costumbre, cada vez más vacía, y que poco a poco se irá perdiendo. Y claro que es verdad que algunas costumbres se han perdido: ya la gente no viste de negro el Viernes Santo, los medios de comunicación ya no transmiten el "Sermón de las Siete palabras", ahora las radios pasan cualquier música cuando antes solo se oia música clásica, la gente antes no se reia ni jugaba el Viernes Santo....
Pero volvamos a lo fundamental: ¿A quien buscamos? No es acaso la misma pregunta que Jesús hace a los soldados cuando lo van a detener en el Huerto de Getsemaní "¿A quién buscan?"
Yo creo que mas allá de las costumbres, de las que se mantienen y de las que se perdieron; mas allá del esplendor de las procesiones o de las celebraciones litúrgicas (que nos esmeramos en preparar con mucho cariño); la gente puede responder "A Jesús de Nazaret": buscamos a Jesús de Nazaret que se hace presente en la liturgia, a quien queremos ver en el arte barroco, a quien queremos oir en la música, en las marchas procesionales, a quien le abrimos el corazón en las lecturas y oraciones de la liturgia... Pienso en este momento en el "Oficio del Descendimiento" que tenemos en la iglesia de la Soledad, siguiendo el Ritual que se tiene en la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén: la gente vestida de negro viendo como los hermanos Priostes y Cofrades desclavan la imagen del "Cristo del descendimiento" (Talla en madera de Pedro de Noguera de 1620), contemplando como es perfumado por los Hermanos Oblatos para ser llevado a la sepultura, teniendo como telón de fondo del Canto gregoriano y la polifonía de Semana Santa... Uno puede ver rostros con lágrimas en los ojos, que reflejan la emoción. No, no es "psicología de masas", tampoco la impresión de quien se emociona con una película o una telenovela: es el corazón que busca a Jesucristo y que en estas expresiones de fe puede encontrarlo.
Todas estas muestras de fe, si se viven con sinceridad son un encuentro con Jesús; solo que no basta quedarnos en el misterio de la Pasión; sino que Él, que HA RESUCITADO, sigue saliendo a nuestro encuentro en muchas circunstancias que irán mas allá de lo devocional o litúrgico. Quizás nos tomará por sorpresa, y seremos nosotros los que le preguntemos ¿A quien buscas Jesús?
Y Jesús resucitado nos dirá: Te busco a ti.

La foto es cortesía de mi amigo Ricardo Granados y es del Oficio del Descendimiento de la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad.

martes, 26 de diciembre de 2017

NAVIDAD SI, NAVIDAD NO

Emerson, estudiante universitario, me escribe el sábado 23 diciéndome que va a salir a repartir unos panes a la gente necesitada la tarde del día 24 de diciembre. Me pedía alguna sugerencia para poder realizar mejor este servicio y, aunque casi nunca he participado en actividades de este tipo por Navidad, le sugerí que se cuidara de que la gente no se le abalanzara y le pida comida de manera desordenada. Anoche me escribe: "Manuel ayude a personas que necesitaban mucho mas que un pan y un jugo, conversé un poco e hicimos una pequeño oración". Se nota que está contento: ha dado un poco de alegría en Navidad a quienes se sienten tristes o les falta algo de comer.
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Rossana y Carlos son unos amigos con quienes trabajé en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados, compartimos el trabajo fuerte por Navidad y Semana Santa. Mientras nos saludamos por Navidad Rossana me pide oraciones por su hija que el día 27 dará a luz. Después de esto, mientras meditaba, siguiendo las lecturas de estos días de Adviento, en el nacimiento de San Juan Bautista, me ponía a pensar en la alegría que deben sentir muchos hogares ante la llegada de un niño, que tal vez demoró en llegar, el niño deseado, que quizás se ha pasado por una y mil peripecias para poder llegar con bien al día del parto. Y pensaba como Carlos y Rossana, al igual que muchos en estos días de Navidad abrazaran a un hijo o a un nieto y dirán, como Zacarías, llenos de emoción "Bendito sea el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido  su pueblo,...", Bendito sea Dios que nos visita y nos da la alegría de enviar a un niño pequeño a nuestra familia. Tendrán una "Navidad con sabor a Adviento" porque un niño llega a la familia.
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Carlos y Christian, antiguos acólitos de Desamparados, pasarán su primera Navidad sin su padre que ha fallecido hace pocos meses. Por su parte Jairo, también ex acólito de Desamparados, pasará su primera Navidad sin su madre que está en el extranjero visitando a su hermana. Han decidido reunirse en Nochebuena para celebrar el nacimiento de Jesús, cenar juntos y seguramente recordar los tiempos en que ayudaron en Misa en una noche como esta.
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La política peruana ha estado revuelta en estos días: un pedido de vacancia presidencial que no prosperó; y en la tarde del 24 de Diciembre se concede el indulto humanitario al expresidente Alberto Fujimori. Muchos están sorprendidos ante esto: unos celebran la medida, y otros están indignados y salen a las calles. Un amigo, estudiante de Derecho de la PUCP y miembro de una de las comunidades del CAPU asiste con dolor a la Misa de Nochebuena, sin saber que pensar, pero hace un gran esfuerzo para poder acoger al Niño Jesús en su corazón. Ricardo, Hermano Colaborador de los Hermanos de Nuestra Señora de la Soledad, me cuenta que en su casa evitaron hablar del tema para centrarse solo en el nacimiento de Jesús; pero en otras familias discutieron del tema en la cena de Navidad y acabaron peleando.
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Por la noche de ayer, 25 de Diciembre, me puse a tocar el órgano en mi casa; quise practicar el Concierto de Navidad de Corelli y mientras lo hacía pensaba en tantas personas que estaban por la calle protestando por el indulto. Este año el "Cuento de Navidad" de Dickens y el Ballet "Cascanueces" cedieron su lugar a los noticieros donde las bombas lacrimógenas a la espalda de la catedral de Lima y el grito de un periodista herido en la Plaza San Martín entristecían el día del nacimiento de Jesús. "Paz a los hombres que ama el Señor".
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"Vino a los suyos y los suyos no le recibieron, pero a cuantos le recibieron les da poder para ser hijos de Dios". (Juan 1, 12)
Muchos hemos celebrado la Navidad en familia, otros haciendo el bien o compartiendo su casa y su mesa para que sea mas llevadero el dolor de la ausencia. Jesús vino en el prójimo y le abrieron la puerta o salieron a su encuentro, lo importante es que en Navidad Jesús encontró un lugar donde nacer y se quedó con ellos.
Pero en otros lugares le cerraron la puerta en la cara: esta vez no fue solo la sociedad de consumo, sino la indignación por el momento político que les hizo olvidar que Jesús tocaba las puertas de sus corazones, se dejaron llevar por la pasión y por su ideología a la que convirtieron en "dios" en la noche en que nace Dios. Algunos no quisieron cerrarle las puertas al Salvador y lo acogieron a pesar de sus sentimientos encontrados y otros se hicieron solidarios con los que sintieron que sus heridas se reabrieron.
Es difícil celebrar la Navidad cuando las circunstancias son adversas, no se piensa en acoger a Jesús cuando en Nochebuena el mundo no es perfecto; por eso queremos que, al menos por ese día, todo esté en paz. Sin embargo recordemos que "Para esta tierra sin luz nace el Señor"*, y que es precisamente en estos momentos de dificultad donde Jesús quiere nacer en nuestros corazones, que cuando María y José buscaban posada en Belén todos estaban ocupados con "sus" problemas: que hay mucha gente, que todas las habitaciones estaban ocupadas, que aquí no hay lugar... Y en una cueva, rodeado de animales, nace el Salvador, y es reconocido por pastores pobres que también tenían sus problemas, pero que se dieron tiempo para ver a Jesús.
No se trata de tapar el sol con un dedo: los problemas personales existen y no se acaban en Navidad, las discrepancias políticas existen y no se solucionan en Nochebuena. Pero en medio de ello hay que hacerle sitio a Jesús que viene a salvarnos y solo busca que lo acojamos.
Solo habrá Navidad si le hacemos sitio a Jesús y nos ponemos delante de Él, como las niñas de la foto, que con sencillez y acompañada de su grupo de danzas se postran ante el Niño de Belén del nacimiento de la Catedral de Lima.

*Canción "Todos los días nace el Señor" de Juan Antonio Espinoza. 

domingo, 5 de noviembre de 2017

CAPU

Cuando ingresé a la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1987 y supe de la existencia del CAPU (Centro de Asesoría Pastoral Universitaria), lo veía únicamente como la Capilla de la Universidad, que preparaba para la confirmación, que acompañaba espiritualmente a los alumnos, y que tenía grupos juveniles. Recuerdo que el P. Manuel Marzal, S.J. me sugirió darle una visita al P. Luis Martínez, S.J. (entonces Director del CAPU); pero como mis actividades pastorales estaban puestas en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados (cantaba en coro, y después vinieron la catequesis de niños y los acólitos) y, por otro lado, los grupos juveniles no eran precisamente algo que llame mi atención, solo me limitaba a asistir a Misa y a rezar con frecuencia ya que estaba en una de las rutas para llegar a mi recordada Facultad de Derecho.
Como también lo he comentado varias veces el trabajo con los acólitos en Desamparados ha sido la actividad que mas empeño le puse, con aciertos y errores, pero con el corazón puesto allí. Fue por eso que, cuando en el 2008 tuve que dejar al Grupo de Acólitos en otras manos, afronté, no siempre de la manera mas acertada, uno de los procesos más dolorosos en mi vida al servicio de la Iglesia. Recuerdo que alguien me dijo "¿Y no has pensado hacer lo mismo con otro grupo de muchachos?", pero en aquellas circunstancias eso me parecía impensable. Un año después volví a Desamparados y tomo su tiempo que las cosas vuelvan a su rumbo original; por otro lado entablé amistad con los acólitos de San Pedro a quienes, siempre que podía, les daba algunas pistas para mejorar la liturgia. Después, cuando me hice Hermano Oblato de Nuestra Señora de la Soledad, comencé a invitar a algunos niños para que sean acólitos en nuestro templo, tarea nada fácil pues no somos parroquia (como no lo es la mayoría de iglesias del Centro Histórico de Lima) ni tampoco vive mucha gente dentro de ese espacio ocupado por comercios y sedes del gobierno.
La Pontificia Universidad Católica del Perú ha pasado por momentos difíciles en su relación con la Iglesia Católica, los mismos que gracias a Dios han sido superados. Este año nombraron como Director del CAPU al P. Juan Bytton, S.J. (ex alumno de la Católica) a quien conocía desde antes de su ingreso a la Compañía de Jesús, y me propuso ser acompañante de la Comunidad "San Tarcisio", integrada por los acólitos de la Universidad. Pues, sin pensarlo mucho, como dice la canción "Yo temblando te dije. aquí estoy Señor" (y valgan verdades que lo dije temblando, porque no sabía que me dirían mis Hermanos Oblatos de Nuestra Señora de la Soledad, gracias a Dios el H. Rafael Andrade me dijo "Tú sabes que no suelo decir que 'No', siempre y cuando cumplas con nosotros"). Con todo eso, manos a la obra.
Y allí conocí primero a Álvaro y a Raúl, los coordinadores de la Comunidad. Sospecho que les habrá llamado la atención la presencia de este "hermano", un poco mayor. Y después, un lunes a reunirnos con todos, a conocer quienes eran. Una de las primeras cosas que les dije es "No me digan 'hermano', solo Manuel", y es que ante todo se trataba de ser amigos. Debo confesar que lo que me ha "decepcionado" es ver que no hay ninguno de Derecho: ¡CASI TODOS SON DE INGENIERÍA! Al punto que cuando llega uno nuevo y pregunto de que Facultad es, la respuesta que escucho es "Ingeniería de..." (¡Y pensar que en Derecho nos burlábamos de los ingenieros!). Que se hace.
Creo que la principio no debió haber sido fácil comenzar a reunirse conmigo (es normal, sobretodo en una época de cambios en el CAPU), pero poco a poco comenzamos a acercarnos y conocernos. El pasado Viernes 20 de Octubre los acólitos jugaron fulbito con otros alumnos de la Universidad y me invitaron a acompañarlos (creo que ellos esperaban que juegue con ellos, pero físicamente no estoy en condiciones: quizás un fusilón podría haberme mandado al hospital). Y después almorzamos juntos. ¡Qué gran experiencia, un gusto comer con los "cracks"! (como suelen llamarse ellos) Y se me ocurrió invitarlos a acolitar el 1 de Noviembre en San Pedro, aunque solo fueron cuatro, estuvimos muy contentos: "¿por qué nos has invitado hoy?", me preguntaron, y les respondí: "Porque antiguamente, en Desamparados, hoy celebrábamos el 'Día del Acólito' y hoy quise celebrarlo con ustedes". Creo que después de varios años he celebrado con ilusión este día de Todos los Santos.
Y hoy hemos tenido la Misa de Confirmación, donde estuvieron la mayoría de los "cracks". ¡Qué gusto me dio verlos desenvolverse tan bien! Consultando con sencillez alguna duda, ordenando todo con mucha responsabilidad, atentos a la celebración... ¡He acabado tan contento, que he querido compartirlo con ustedes!
Gracias Juan Bytton, S.J. por haberme traído de regreso a la Católica, haciendo lo que me gusta hacer. Y muchas gracias Cracks: Alvaro, Raúl, Angelmario, Tom (ten cuidado cuando hables de comida: mi oído derecho escucha muy bien), Diego, Richard, Alex, Emerson, Ralph (cantas bien, creo que el próximo año te voy a pedir que cantes algo), Aramiz; a los invitados de hoy Sebastián y Diego; a los que recién llegan y a los que seguimos esperando. Tenemos un buen camino por recorrer juntos, el tiempo que Dios disponga. Y, aunque no lo crean, ustedes me ayudan mucho a crecer y a caminar en mi vocación de Hermano Soleano.
¡Gracias Cracks por tanto bien recibido!

Y espero que pronto llegue gente de Derecho.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Y SE ACABO OCTUBRE

Bueno, Octubre se acabó ayer, pero para los limeños el "mes morado", dedicado al Señor de los Milagros ha terminado en la tarde de hoy con la "guardada" de su imagen en el Monasterio de las Nazarenas. En otros años he escrito un artículo al comienzo del mes, esta vez lo hago al final, después de haber estado en la Av. Tacna mientras la imagen del Cristo moreno llegaba a su Santuario.
Octubre es fiesta netamente limeña, la procesión está rodeada de la alegría de la música criolla, "el 28 se siente fiesta y jarana por las calles", me decía un hermano Cofrade de Nuestra Señora de la Soledad. En ese sentido, creo que hay que "sacarle el jugo" al "Día de la Canción Criolla" como conclusión de este mes tan tradicional y revalorizar nuestra música y nuestra comida, como ya se hace en varios lugares (aprovecho este momento para agradecer a mis amigos del Colegio "Hermano Anselmo María", con quienes compartí esta celebración: no pude estar con todos, pero me alimentaron demasiado bien). Creo que la mejor forma de combatir el "Halloween" no es satanizarlo (a un ateo o a un agnóstico le va a importar muy poco si es diabólico o no), sino revalorizando nuestra fiesta, mostrando que los peruanos tenemos mucho que celebrar y compartir con lo que nuestra cultura (y también nuestra fe) nos han dado, que es mil veces mejor que lo que se copia de otros lugares.
Hoy estuve en la guardada del Señor de los Milagros: Miles de personas pugnaban por estar lo mas cerca posible de la puerta del Monasterio de las Nazarenas para despedirse de la imagen hasta el próximo año, muchos de ellos con el corazón emocionado y con lágrimas en los ojos. No faltaron los celulares que filmaban y fotografiaban ese momento y estorbaban la mirada de otras personas; tampoco faltaron aquellos que se metían entre la gente, incluso de manera poco educada, ocasionando las protestas de los asistentes. Y pensaba que, seguramente, cuando Jesús predicaba no faltaría quien se haga paso entre la multitud a como de lugar y gente que se incomode por eso; quien se ponga a conversar con el que está al lado y haya necesidad de pedirle que se calle; quien se ponga de puntillas o ponga a su hijo o a su amigo en sus hombres y estorbe la vista a los demás. Creo que Jesús ya debe estar acostumbrado a nuestro exceso de entusiasmo, así como a nuestras imprudencias y fragilidades.
Y mientras nos despedíamos de la imagen del Señor de los Milagros, acompañados por el sonido de la banda, de las voces de las cantoras, de las aclamaciones de los fieles y del espectáculo de los fuegos artificiales, resonaba en mi corazón las últimas palabras del Evangelio de San Mateo "yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo". Aunque no veamos ese lienzo que pasea por nuestras calles desde 1687 Jesús se queda con nosotros en cada sagrario, en cada Misa, en cada templo, en cada hermano; camina bien cerquita de nosotros; Jesús se hace presente en cada gesto nuestro que da gloria a Dios.
Se acabó Octubre "mes morado en que se engalana Lima". Parece que este año se ha ido muy rápido. Ahora a continuar con la vida ordinaria, con las tareas que tenemos cada día. Que cuando llegue Octubre del 2018 tengamos algo nuevo que compartir con Jesús, el Señor de los  Milagros. Hoy, solo digamosle como muchos nazarenos: "Gracias, Viejo, hasta el próximo año, si Tú lo permites".
Y, permítanme añadir: Te mando un abrazo, con todo el corazón.

viernes, 22 de septiembre de 2017

MISTERIOS DE SOLEDAD

Hoy terminamos los cultos gloriosos en honor de Nuestra Señora de la Soledad: han sido días muy intensos, desde la semana cultural hasta los oficios religiosos que culminan hoy, pasando por la Misa Solemne del día 15 y la procesión del domingo pasado. Pero también han sido días para meditar en los dolores de la Virgen y observar como esos sufrimientos se repiten en muchas personas que nos rodean; aunque quizás no nos demos cuenta.
El pasado Miércoles 13 tuve que ir al Juzgado de Paz de Breña a entregar unos documentos de un caso que patrocino como abogado. Mientras esperaba mi turno un señor me pidió que acompañara a un menor de edad, amigo de su hijo, a una declaración ante el Juzgado. Acepté a regañadientes porque tenía una reunión una hora después. El muchacho al que iba a acompañar era un escolar de 17 años que tenía el aspecto de un "reguetonero"; y su madre, un poco descuidada en su aspecto, nos decía que su hijo era su "Calle de la Amargura". Mientras el joven declaraba, la madre se quejaba de la conducta de su hijo y no saber que hacer para corregirlo, ella, que normalmente vende golosinas por el Centro Histórico de Lima, me dijo: "mi hijo no llega a casa... hay veces que tengo que trabajar en la morgue, y veo llegar chicos como mi hijo..."
La madre hablaba con calma, pero el corazón se me estrujó, más aún cuando su hijo me hizo recordar a uno de mis antiguos acólitos de Desamparados: veía en ella el dolor del hijo perdido, el miedo a recibir, como María, el cadáver del hijo. Y aunque tenía prisa por acabar e irme rápido, terminada la audiencia hablé con aquel joven: "No malogres tu vida", le dije; y él me respondió, no sin antes decirme que su papá no vive con él: "salgo de mi casa porque me siento solo, mi mamá sale todo el día a trabajar..." No dejaba de resonar en mi cabeza la letra de esa canción de Franco de Vita "No basta que de afecto tú le has dado bien poco, todo por culpa del maldito trabajo y del tiempo... No basta porque de haber tenido un problema lo habría resuelto comprando en la esquina lo que había..." (y valgan verdades que ya la había comprado alguna vez).
Me despedí de ese muchacho con mucho cariño (el señor que me había pedido que lo acompañe estaba muy interesado en saber que hablaba con él: creo que se daba cuenta que no creí en lo que había declarado ante el juez). Y mientras me iba a mi reunión (a la que llegué a tiempo), meditaba en los misterios de la Soledad que acababa de contemplar.
Y con ese recuerdo en el corazón tuve que dirigir el rezo de la Corona Dolorosa y el Ejercicio del Septenario en los días siguientes: no podía dejar de pensar en esa gente y en otras cuyos dolores he contemplado en diversas circunstancias. 
Los Hermanos de Nuestra Señora de la Soledad, Cofrades, Colaboradores y Oblatos, tenemos como lema "Ecce Mater tua", Allí tienes a tu Madre, que nuestro Estatuto interpreta como "Así como María estuvo al pie de la cruz de Jesús, así también nosotros queremos estar presentes ante el dolor de nuestros hermanos". Y leyendo esto, pienso a veces que Dios me ha llevado a la Soledad no solo para atender la liturgia, tocar el órgano y hacer un poco de pastoral, sino también para realizar el oficio de consolar que Jesús asume con su resurrección.
Por ahora solo queda acercarme a cada misterio de la soledad con el mismo respeto y reverencia que a los dolores de María, y como ella, meditar todo esto en el corazón.

lunes, 24 de julio de 2017

Y AHORA POR EL GUADALUPE

En mis tiempos escolares no existía el "Día del Logro", día en que los colegios abren sus puertas al público en general para que los alumnos demuestren lo aprendido. Bueno, antes lo aprendido se "demostraba" (?) ante los profesores en los exámenes, y ante los padres de familia al recibir las calificaciones.
Tengo amigos en el Colegio "Nuestra Señora de Guadalupe", algunos de los cuales he conocido cuando estudiaban la primaria en el Colegio "Hermano Anselmo María", situado a unos pasos (cruzando la Avenida Alfonso Ugarte); así que el "Día del logro" era una excelente ocasión para reencontrarme con Hendrick, Napoleón, Joaquín y Guiseppe; y de paso conversar con los alumnos sobre los temas que exponen.
Y eso fue lo que hice: visitar las diversas áreas (y no solo la de religión) y escuchar lo que ellos tenían que compartir con sus oyentes. Y la experiencia fue fascinante.
Que interesante fue recordar lo que es una ecuación cuadrática (si, esas ecuaciones de segundo grado que fueron mis pesadillas en tercero de secundaria); que me expliquen como funciona una central hidroeléctrica (algo tan complejo, pero explicado y expuesto con tanta claridad); que me hagan caer en la cuenta que, por mi contextura física, estoy con sobrepeso; que me refresquen mis clases de física sobre planos inclinados; o filosofando para que sirven las matemáticas... ¡Que gusto ver a Yamil, uno de los acólitos de la Soledad, explicando con mucha calma y propiedad el tema de como surge la agricultura y la ganadería! No faltó quien me hablara en inglés y me explicara sobre los alimentos y yo, con lo poco que se, le decía que soy intolerante a la leche de vaca y como pocos vegetales.
También aproveché de hacer algunas sugerencias en el curso de religión: les vendría bien agregar algo de música a sus exposiciones sobre la muerte de Jesús (por ejemplo la Pasión de San Mateo de Bach), o cuando explican la creación, el Oratorio de la Creación de Haydn; y así otras piezas; sugerencia que también di a la profesora de religión.
Pero lo que mas me gusto fue conocer a Hugo, un alumno que toca violín, pero que no se animaba a hacerlo. Me comentó que participaba en "Sinfonía por el Perú" y yo, por mi parte, le dije que soy organista. "¿Puede conseguirme partituras?", y le recomendé algunas páginas de internet. Pero cuando me dijo que tocaba "Czardas" de Monti, la verdad me quedé sorprendido. "A ver si para el próximo día del logro tocamos algo".
Lástima que el frío y la garúa obligaba a que esta actividad acabe rápido. Por otro lado el clima podía provocar que mi resfrío se agrave, así que a despedirme y marcharme a la Soledad. Y mientras me iba en el taxi, meditaba en mi corazón esta experiencia, profundamente agradecido y pensé de inmediato compartirla en este blog, escribiendo y escuchando el concierto para violín de Beethoven, pensando que algún día podré tocar con Hugo algo de música clásica.
Gracias por tanto bien recibido, por ver a mis amigos de siempre.
Ah, y gracias también por los caramelos y dulces que me regalaron; aunque el médico me los ha prohibido, siempre es bueno endulzarse la vida. ¿No lo creen?