sábado, 25 de julio de 2015

MUSICA MAESTRO

Después de tres meses retomo la tarea de escribir en este blog. No es que no haya tenido nada que decir: tenía planeado escribir un artículo sobre mi gusto por la ópera para el 24 de Junio (con fecha y todo), algunas confesiones de mi vida universitaria para el 16 de Julio; y está pendiente escribir un artículo sobre el armonio de la iglesia de la Soledad, pero aún no me he grabado tocándolo. Prometo que, en las próximas semanas iré compartiendo con ustedes estas experiencias.
Como lo dije en otra ocasión, quienes me conocen saben de mi gusto por la música clásica, gusto que me viene de familia. La he escuchado desde que estaba en las entrañas de mi madre y he crecido escuchándola en casa. Recuerdo que, cuando era niño, mi papá los domingos por la noche ponía sus discos en una radiola (parecida a la que ven en la foto) que teníamos en casa. Al oir esa música se imponía el silencio que mi mamá, mis hermanos y yo guardábamos con mucho respeto. Por lo general se oían piezas sinfónicas y música de violín, instrumento que mi papá toca, mas adelante, mi papá llevó dos discos de música de piano, donde Arthur Rubisntein tocaba piezas de Chopin; y cuando en 1979 compraron un tocacasette comencé a oir la música de órgano de Bach y "El Mesías" de Handel. Se nos hizo tan familiar, tan natural, que nos parecía extraño que haya gente que no aprecie la música clásica. Por mi parte le tomé interés, cariño y gusto, mucho más que mis hermanos. 
a la música clásica se le ha llamado "música seria" o "música culta", quizás por eso algunos le tienen un poco de rechazo y otros la escuchan con cierto prejuicio. Recuerdo que, cuando iba de campamento con los acólitos de Desamparados puse un casette de música clásica en el camino y el chofer, un hombre sencillo, se sintió encantado con lo que escuchaba, pero me pregunto "¿Qué grado de instrucción hay que tener para escuchar esa música?". Yo sonreí y le dije: "Ninguno, si le gusta, disfrútela".
De entre la música que escuchábamos cuando éramos niños, un autor que mi papá le tomó mucho interés fue Pablo de Sarasate, violinista y compositor español; al punto que no solo tenía grabaciones de sus obras musicales, sino también las partituras para violín y piano (alguna vez le he escuchado tocar alguna de ellas). Y hoy, mientras navegaba por internet, se me ocurrió escuchar alguna de sus composiciones. Quizás mas que escribir sobre él (pueden buscarlo en google), lo que deseo es invitarlos a escuchar su música que, como dice mi papá, es música que llega al alma, y que a mi me trae muchísimos recuerdos.
Este gusto por la música clásica (y por la buena música) me ha servido para servir a la Iglesia en la liturgia: tocar el órgano, cantar lo mejor que se pueda (recuerdo a un niño del Colegio "Hermano Anselmo María" que me preguntó "Manuelito ¿tú has cantado en la ópera?"), a buscar buenas piezas musicales para ambientar los templos, a apreciar y hasta cantar el canto gregoriano. Y porque no, también a apreciar la música popular y descubrir que tienen mucho de decir (siempre que escucho una canción presto mucha atención a la letra). La música nos puede llevar a Dios y a apreciar la belleza que viene de Dios.
De Pablo de Sarasate les invito a escuchar (haciendo click en los nombres): "Viva Sevilla" (que espero les agrade a mis Hermanos Soleanos), "Malagueña""Habanera""Capricho Vasco""Romanza Andaluza""Jota Navarra" y "Zapateado"; que son las piezas musicales que mas recuerdo haber oido de niño.
¡Que las disfruten!

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