sábado, 31 de agosto de 2019

HACERSE LOS ULTIMOS

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Eclesiástico 3, 19-21. 30-31
Salmo 67: Has preparado, Señor, tu casa a los desvalidos
2º Lectura: Hebreos 12, 18-19. 22-24a.
Evangelio: Lucas 14, 1. 7-14

A primera vista las palabras de Jesús podrían ser vistas como un "Manual de urbanidad y buenas costumbres" (como el "Manual de Carreño" o las recomendaciones de Frieda Holler), destinado a evitar pasar un mal rato en una reunión social. Nada mas lejos de la intención del Evangelio de hoy.
En realidad, de lo que se trata es de no dejarnos llevar por la soberbia, por esa tentación que muchas veces nos mueve a sentirnos mas importantes que los demás, a querer tener privilegios que nos pongan por encima de los otros. ¿Quién no busca tomarse fotos (o "selfies") con los personajes de la farándula, con la gente de dinero, con los líderes políticos, con los obispos? Y no es malo tener el recuerdo gráfico de que hemos "conocido" a estas personas (aunque ellos después no recuerden habernos visto "ni en la pelea de perros"); pero no pocas veces lo que queremos expresar es que el poder y el éxito de estas personas nos alcanzan a nosotros, pero no a los demás.
"Cuando te conviden vete a sentarte en el último puesto..." El último puesto no es atractivo, pero es el que Jesús indica a sus discípulos, es el puesto del que no anda buscando figurar ni escalar posiciones, el puesto del que no es tenido en cuenta, el puesto del servidor que se preocupa de su prójimo y por eso posterga sus "legítimos intereses" para que los demás puedan estar mejor. La sociedad actual no aconseja ir al último puesto, palabras como "autoestima", "competitividad", "meritocracia" son mal entendidas y utilizadas para despreciar a aquel que quiera seguir los consejos de Jesús; por eso muchas veces el cristiano tendrá que ir contra la corriente.
"El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido". El cristiano debe imitar a Jesucristo, quien "siendo de condición divina no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo pasando por uno de tantos... por eso, Dios lo levantó sobre todo y le concedió el nombre sobre todo nombre" (Filipenses 2, 6-7. 9); debe ser humilde cuando, por diversas circunstancias es reconocido socialmente, alcanza puestos de importancia, o tiene éxito económico. La humildad no consiste en andar diciendo que "no valemos nada" (pero en el fondo pensamos lo contrario); es mas bien reconocer que todo es don de Dios que nos lo ha confiado porque nos ama, que nos lo confía para hacernos los últimos para servir mejor. La humildad nos hace más cercanos a los demás y también mas cercanos a Dios que "revela sus secretos a los humildes".
Que Dios nos haga humildes como Jesús y como María, en ellos encontramos el modelo de la sencillez cristiana.

sábado, 24 de agosto de 2019

¿NOS SALVAREMOS?

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Isaías 66, 18-21
Salmo 116: Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio
2º Lectura: Hebreos 12, 5-7. 11-13
Evangelio: Lucas 13, 22-30

El tema de las postrimerías, muerte, juicio, infierno y gloria, es algo que llama nuestra atención, todos tenemos la curiosidad de saber lo que pasa a partir del momento de la muerte; y como no tenemos datos científicos ni comprobados, la curiosidad va en aumento, dándole valor a cualquier respuesta con apariencia de verdad.
"¿Serán pocos los que se salven?" Me da la impresión que, en el fondo, lo que querían preguntar es "¿Me salvaré yo?", porque si son pocos los salvados la tendremos difícil (se me viene a la memoria, la enseñanza de los Testigos de Jehová, que afirman que llegarán al Reino solo 144,000 personas, haciendo una interpretación excesivamente literal de Apocalipsis 7,4). Pero Jesús no responde a la pregunta, sino mas bien da la pauta para que seamos salvados: "Esfuércense en entrar por la puerta estrecha...
Salvarse, llegar al Reino ha de ser un camino que exigirá esfuerzo: no basta con ser parte del pueblo elegido (como lo pensaban los judíos), con estar bautizado o cumplir con costumbres y ritos religiosos; es necesario poner de nuestra parte para que la gracia de Dios no quede infecunda. Todo lo que vale cuesta: le cuesta a un estudiante estudiar con ahínco para alcanzar una profesión en la Universidad; le cuesta  al que aprende a tocar un instrumento; le ha costado a nuestros deportistas que han obtenido medallas en los Juegos Panamericanos, no es suficiente con que tengan las habilidades para una profesión, la música o el deporte, sino estudian, no practican o no entrenan no alcanzarán sus metas; del mismo modo, hay que entrar por la "puerta estrecha" de una vida íntegra, honesta delante de Dios, de servicio al prójimo. 
"Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios". La llamada a la salvación no es solo para un grupo exclusivo y excluyente: "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad..." (1 Timoteo 2,4). Son muchas las personas que no conocerán el Evangelio (de hecho los cristianos no somos mayoría en el mundo), y sin embargo, Dios no los olvida: "Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir al salvación eterna" (Lumen Gentium Nº 16). El amor y la misericordia de Dios son más grandes que la Iglesia, y Él es el único que decide quien se salva y quien no.
Mas que preocuparnos por saber, con lujo de detalles, cuántos se salvarán, preocupémonos por trabajar por nuestra salvación; la misericordia de Dios es grande, si, pero si nosotros no nos dejamos abrazar por ella, si no damos testimonio de nuestra fe, si no nos esforzamos por entrar por la puerta estrecha, asi estemos bautizados, así cumplamos con prácticas piadosas nos quedaremos fuera del Reino. Dios nos quiere en su Reino, pero depende de nosotros aceptar esta invitación.
"Dios, que te creo sin ti, no te salvará sin ti" (San Agustín)

sábado, 17 de agosto de 2019

FUEGO QUE DA VIDA

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas bíblicas:
1º Lectura: Jeremías 38, 4-6. 8-10
Salmo 39: Señor, date prisa en socorrerme
2º Lectura: Hebreos 12, 1-4
Evangelio: Lucas 12, 49-53

Siempre hemos llamado a Jesús el "Príncipe de la paz" (así lo leemos en la primera lectura de la Misa de la noche de Navidad); antes de la comunión el sacerdote dice "Señor Jesucristo que dijiste a los apóstoles la paz les dijo, mi paz les doy"; y siempre le pedimos que la paz para el mundo; ¿Cómo es que ahora Jesús nos dice que no ha venido a traer la paz sino la división? ¿Es que Jesús se contradice?
Si leemos bien el Evangelio Jesús no habla de traer división en un afán de molestar a otros, de hacer pleitos, de dejarnos llevar por las ambiciones o las envidias... Ante todo Jesús ha venido a traer fuego que haga arder la tierra, no en plan incendiario y destructor (de esos que quieren quemar todo porque "no están de acuerdo con el sistema"); sino un fuego que de vida y calor, que de luz que alumbre y haga fiesta (se me viene a la memoria la indicación que hace la liturgia sobre el fuego que se enciende para la Vigilia Pascual en semana santa: "cuyo resplandor debe ser tal que disipe las tinieblas e ilumine la noche"); un fuego que transforme, como el de un horno que cocina la masa y hace que se convierta en pan caliente para ser compartido en las familias.
Pero a veces el fuego da miedo, porque ilumina y no queremos ver, porque no deseamos que cambie "lo que siempre fue así", porque no nos interesa que de vida a lo que creemos que ya no vale la pena, porque preferimos la oscuridad para vivir de cualquier manera... Y es allí donde comienzan los problemas porque hay que tomar decisiones que no siempre van a ser del agrado de todos, habrán quienes comenzarán a criticar, a hacer advertencias en nombre de la prudencia, no faltarán familiares y amigos que, desconcertados, no acepten el fuego de Jesús que transforma; y comienzan a funcionar todos los mecanismos psicológicos para manipular voluntades, para hacer sentir mal, provocando rupturas y divisiones en la familia, en la sociedad y hasta en la misma Iglesia.
Cuando uno es "alumbrado y quemado" por el fuego de Jesús se deja llevar por él y va encendiendo otros fuegos, como se transmite la llama de la Vigilia Pascual; y quien se ha sentido tocado por ese fuego sabe que, aunque sea signo de contradicción, aunque no sea comprendido y le lluevan las críticas y soledades, ha optado por el seguimiento de Jesús. Francisco de Asís, Teresa de Ávila, Ignacio de Loyola, Rosa de Lima y tantos santos han sido tocados por este fuego que da vida, fueron incomprendidos, atacados por su familia y hasta por la misma Iglesia; pero el fuego de Jesús fue más fuerte que iluminó las tinieblas e hizo ver que Él estaba allí.
Hoy la invitación de Jesús es a alumbrar con su fuego; sin temor a las divisiones que se van a dar; pero en medio de eso nos dará su paz, que no es la paz de los cementerios o la calma que precede a la tormenta, dino la paz del que tiene a Dios en el corazón y es feliz por eso. A eso estamos invitados por el bautismo y la confirmación.

sábado, 10 de agosto de 2019

ESTAR PREPARADOS

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas
1º Lectura: Sabiduría 18, 6-9
Salmo 32: Dichoso el pueblo a quien Dios escogió como heredad
2º Lectura: Hebreros 11, 1-2. 8-19
Evangelio: Lucas 12, 32-48

El Evangelio es, ante todo "Buena noticia", no tiene como intención ni asustar, ni desanimarnos; y en esa línea comienzan las palabras del texto de hoy: "No temas, pequeño rebaño: porque su Padre ha tenido a bien darles el reino".
El Padre nos quiere en su reino, esa es nuestra meta; y por eso hemos de estar vigilantes porque esta vida es pasajera, todo lo que tenemos o podemos tener no son sino medios para amar y servir a Dios y al prójimo. Jesús nos invita a vender nuestros bienes y a dar limosna no para acabar con la propiedad privada; sino más bien a no distraernos con con los bienes materiales, como si fueran lo más importante en nuestra vida, pues ellos tarde o temprano irán a parar a otras manos (sino recordemos el Evangelio del domingo pasado).
La exhortación de Jesús a estar con la cintura ceñida (como quien está vestido para salir) y a tener las lámparas encendidas no hay que verla solo en clave de estar listo para la muerte o para el fin del mundo; sino mas bien para cualquier circunstancia en la que Dios sale a nuestro encuentro: una familiar que nos necesita, una situación difícil, una alegría que nos desborda, un proyecto que nos entusiasma... son tantas las circunstancias en la que podemos decir "Esto viene de Dios" ¿Estamos preparados para salir a su encuentro? Pienso en estos momentos en muchos padres de familia que, por no estar preparados, no pueden comulgar en la Primera Comunión de sus hijos porque, pudiendo hacerlo, no se confesaron: les dijeron que estén preparados porque viene el Señor, se distrajeron con la fiesta y los gastos, y cuando Jesús estuvo cerca no lo pudieron acoger.
Todos sabemos que el momento del encuentro decisivo será el de nuestra muerte, y de eso no tenemos conocimiento ni del día ni de la hora. Hay quienes piensan que tienen toda una vida por delante y pueden hacer con su vida lo que quieran, total lo normal es morirse de viejito, o de una enfermedad que dará tiempo de arrepentirse... pero la muerte puede llegar de un modo inesperado, se dan la gran vida, pecados, vida desordenada y Dios llega el día y la hora menos pensada, y lo condenará a la pena de los que no son fieles. Claro que Dios es Padre lleno de misericordia, que acoge y perdona, pero ¿aprovechamos la misericordia para arrepentirnos y convertirnos, o abusamos de ella para vivir de cualquier manera? Con Dios no se juega sucio: "al que mucho se le dio mucho se le exigirá; al mucho se le confió, mas se le exigirá".
Como dijimos al comienzo, estas palabras deben ser Buena Noticia, una invitación a estar vigilantes sin estar distraídos en bienes materiales o cosas sin importancia, ni tampoco abusando de su misericordia, confiando en Dios, nuestro Padre, que nos quiere en su reino por toda la eternidad.

sábado, 3 de agosto de 2019

VANIDAD DE VANIDADES

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo "C"

Lecturas Bíblicas:
1º Lectura: Eclesiastés 1, 2; 2, 21-23
Salmo 89: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación
2º Lectura: Colosenses 3, 1-5. 9-11
Evangelio: Lucas 12, 13-21

Los conflictos por herencias han dividido a muchas familias, la ambición, las envidias y los resentimientos que se guardan desde la infancia afloran al momento de repartir los bienes que dejan los padres u otros familiares: en mi ejercicio profesional recuerdo una conciliación por una división de bienes en la cual la propuesta era razonable, pero la hermana que no la aceptaba dijo "a ti siempre te han hecho caso desde niño...", y allí comprendí que el problema no era legal sino psicológico, y que era necesario buscar ayuda en este sentido para solucionar el tema de la repartición de bienes.
Como bien sabemos Jesús enseñaba con autoridad, la gente se admiraba de su sabiduría y de su forma de comportarse; y eso seguramente motivo a a este hombre del público a pedirle ayuda para resolver un problema de repartición de bienes con su hermano; pero Jesús no ha venido para resolver nuestros problemas legales, sino para salvarnos del pecado que nos impide vivir como hermanos y nos obstaculiza el camino a su Reino. Y para que nos demos cuenta lo mucho que pueden obstaculizar las riquezas nuestro camino al Reino nos cuenta la parábola del hombre rico que, satisfecho con sus ganancias, quiere darse la gran vida, sin saber que pronto dejará este mundo y no se llevará nada de lo acumulado.
"Vanidad de vanidades, todo es vanidad... Hay quien trabaja con destreza habilidad y acierto, y tiene que legarle su porción al que no la ha trabajado..." nos dice la primera lectura. ¡Cuánta gente se dedica a acumular riquezas y cosas, muchas veces llevada por el afán de tener, por la vanidad, por competir con otros; pero les llega la hora de morir y no se llevan nada al más allá. Se me viene a la mente como los egipcios ponían muchos utensilios y joyas a sus muertos, pero no faltaban los ladrones de tumbas que se llevaban lo que había de valor y por eso amenazaban con maldiciones a aquellos que se atrevían a profanar los sepulcros. Pues bien, mas allá de estos hechos históricos, como lo han dicho muchos, entre ellos el papa Francisco, nunca se ha visto que, detrás de una carroza fúnebre, vaya un camión de mudanza.
No es pecado adquirir bienes, realizar negocios, tener objetos de valor, coleccionar cosas... pero ni nosotros somos eternos en esta tierra, ni esos bienes nos acompañarán siempre, pasarán a otras manos por las buenas o por las malas: una venta, permuta o donación, un robo, un embargo, un negocio mal hecho o un préstamo no devuelto nos privarán de ellos, si es que antes no se han destruido; y al final, la muerte nos privará de todo. 
"Aspiren a los bienes de allá arriba, no a los de la tierra", nos dice hoy San Pablo ¿los hemos buscado? ¿Hemos acumulado buenas obras de solidaridad, servicio, caridad con los demás? Esos bienes serán nuestro capital cuando vayamos a presentarnos delante de Dios. ¿Nos presentaremos ante Jesucristo en quiebra o en déficit de buenas obras?