viernes, 19 de junio de 2009

RECUERDOS DE MI NIÑEZ: "PEDRO Y EL LOBO"


Los que me conocen saben de mi afición a la música clásica desde que era un niño. De hecho, creo que llevo esa música en los genes, ya que mi padre toca el violín desde que estaba en el colegio y mi madre aprendió a escucharla cuando iba a los conciertos de la Orquesta de Cámara de la Universidad de San Marcos, casa de estudios donde ambos estudiaron, se conocieron, se enamoraron y trabajaron hasta 1995 (lo único que no lograron transmitirme en los genes fue su interés por la ciencia, ya que ambos son biólogos y yo abogado).
He escuchado muchísimas piezas de música clásica desde que era pequeño. La primera a la que recuerdo haberle prestado atención fue a la Danza Húngara Nº 5 de Brahms, de la que teníamos dos discos en casa, en uno de los cuales había en la portada un cuadro representando a gente de Europa oriental bailando.
Contaba con 5 años de edad cuando mi tío Miguel, hermano mayor de mi papá quien, dicho sea de paso, por no tener hijos, engreía a todos los sobrinos tomándonos fotos en cada ocasión, regalándonos libros, juguetes y golosinas (ahora hace lo mismo, pero con los sobrinos nietos), consiguió el disco de "Pedro y el lobo", cuento musical del compositor ruso Sergio Prokofiev, y se lo dio a mi papá para que lo escuchemos en casa.
Este cuento, como dice la grabación, no es como otros cuentos, lo cuentan la música y los instrumentos de una orquesta, y cada personaje está representado por instrumentos musicales: Pedro, los instrumentos de cuerda; el abuelo, el fagot, los pajarito, la flauta; el gato, el clarinete; el pato, el oboe; los cazadores, los timbales y el bombo; y el lobo, los cornos. Esta obra tiene como objetivo motivar el interés de los niños por la música clásica. La historia, adaptación de un cuento popular, es la siguiente: Pedro, un niño, sale a jugar y se encuentra con el pajarito, el pato se escapa de la casa y al encontrarse con el pajarito se ponen a discutir; aparece un gato que intenta comerse al pajarito, pero él escapa. El abuelo, llama la atención a Pedrito por haber salido de la casa y se lo lleva. En eso aparece un lobo (cuando escuché el cuento por primera vez me imaginaba que los lobos eran enormes como las vacas, después supe que eran casi como un perro pastor alemán), que atrapa y se come al pato. Pedrito, al ver esto, con la ayuda del pajarito logra atrapar al lobo; aparecen los cazadores y se llevan al lobo al zoológico en medio de una marcha triunfal, la reflexión del abuelo y la alegría del pajarito.
Este cuento lo he escuchado muchas veces siendo niño; me lo aprendí de memoria al punto que a los 5 años me llevaron a un programa infantil de televisión para que lo cuente, cosa que nunca se realizó y pasé buena parte del programa (que era en vivo) paseándome por el set de televisión y metiéndome en cuanto rincón pude. Con el tiempo dejé de lado a "Pedro y el lobo" para escuchar otras piezas, sobretodo cuando a los 14 años comencé a aprender a tocar el piano y el órgano. En 1989, estudiando en la Universidad Católica, me tocó llevar el curso de Apreciación Musical, que dictaba el Maestro Armando Sánchez Málaga, y volví a escuchar el cuento, esta vez con los oídos críticos de un estudiante universitario, pero con el corazón de niño que llevo dentro; creo que esto último fue lo que primó, al punto que me invadió un sentimiento de nostalgia por los años infantiles, la música tuvo un sonido diferente, y mientras algunos de mis compañeros se aburrían en clase, a mi se me hacía un nudo en la garganta.
He escuchado varias versiones del cuento y lo he visto en televisión y en internet. Lo que nunca me quedó claro fue el destino del pato: cuando era niño creía que al lobo le abrían la panza y rescataban al pato (no se de donde saqué eso, debo haberlo confundido con otro cuento, donde el lobo es también el "malo de la película"); luego en otra versión vi que el pato escapaba del vientre del lobo; y hay otra versión donde el lobo no se come al pato, quien se esconde en un árbol, pero todos lo creen muerto al ver algunas plumas del pato en el hocico del lobo. Lo cierto es que, al final del cuento, se oye al oboe representando al pato graznando vivo en la panza del lobo, pues como nos dijo el Maestro Sánchez Málaga, el pato no podía estar muerto: es un cuento para niños.
Escúchelo en http://abriendosenderos.com/paraninos.html

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Y ahora usted, mi amable lector, se preguntará ¿Por qué después de tantos artículos de espiritualidad y de experiencias "mas serias", hablo ahora de un cuento infantil?
Muy sencillo: hoy cumplo 40 años y a pesar del tiempo, de los estudios y de los altibajos de la vida, sigo siendo un niño travieso. Y muy orgulloso de serlo.

1 comentario:

Elizabeth dijo...

Me has hecho llorar Manuel, siempre seremos ninos y a pesar que han pasado anhos yo siento que soy la misma y me he indentificado con tu historia. Gracias!