jueves, 5 de diciembre de 2013

UN ALMUERZO MEMORABLE

Para un estudiante de Derecho de la PUC ganar las olimpiadas de la Facultad era un acontecimiento digno de ser celebrado. Pues bien, en 1992 mi promoción "Goce", había campeonado por segunda vez las Olimpiadas y eso había que celebrarlo. Así que se organizó un almuerzo para el Sábado 5 de Diciembre, desde la 1.00 p.m. "hasta morir" como dijo Salvador del Solar.
El lugar elegido era la casa de Pedro Velásquez López Raygada en San Miguel, asi que allí me dirigí para compartir con mis amigos, y si la memoria no me falla, llegué temprano (como de costumbre). No recuerdo que almorzamos, pero si recuerdo que, como era el cumpleaños de Manuel Barrios, no encontraron mejor forma de "agasajarlo" que bañarlo en cerveza en el jardín de la casa.
Bien, terminamos de comer a eso de las 3.00 p.m.; y ¿ahora qué? Lo lógico era bailar hasta que las fuerzas nos lo permitan. Sin embargo, era la época en que no llovía en la sierra del Perú y eso obligaba a restringir la electricidad en la ciudad ocho horas al día; y, por esas casualidades de la vida en aquel barrio no había luz desde las 9.00 a.m. hasta las 5.00 p.m. ¿Qué hacemos, conversamos?
Y en ese momento (seríamos como 80 los que estábamos sentados en la sala) surgió la idea: "juguemos a la botella borracha". Y aprobamos la idea. Aún recuerdo la cara sonriente de Enrique Ferrand que dijo con mucha picardía. "Esto es un contrato. ¿Aceptan?". La respuesta no se hizo esperar: "¡Aceptamos!".
Y comenzó el juego. 
Los castigos mas graciosos y comprometedores fueron los mas utilizados para amenizar aquella tarde calurosa de Diciembre. No puedo entrar en detalles al respecto, una vez más debo ejercer la "autocensura" (ya les dije que este blog lo leen niños y gente de Iglesia), tampoco se imaginen castigos "triple x" o para mayores de 18 años con DNI y advertencia. A este servidor también le tocó su castigo, pero, como no me convenía cumplirlo, Jorge Vega (cuando no) me lo conmutó a que tomara pisco puro en una tapita de botella. Bueno, no soy de tomar, así que el castigo lo cumplí a medias y casi con lágrimas en los ojos.
Por aquel entonces ya brillaba mi afición por la fotografía y lleve mi cámara para ese almuerzo; pero, lamentablemente se me había acabado el rollo (no habían cámaras digitales) y me quedé con ganas de tomar fotos por las que algunos hubieran pagado lo que sea con tal que no salgan publicadas. el juego acabó casi a las 5.00 no solo porque ya llegaba la luz (y por fin habría baile), sino porque llegó el Dr. Luis Hernández Berenguel, profesor de la facultad, padrino de la promoción (en esas olimpiadas y dos años después en la graduación) y padre de Juan Luis Hernández, así que había que portarse bonito nomás.
Pero, así como yo era uno de los primeros en llegar, también era uno de los primeros en irme, eran las 5 y yo tenía que tocar tres matrimonios en Desamparados a las 6.00, 7.00 y 8.00 p.m. Con el dolor de mi corazón dejé aquella celebración ("¿Te vas, Manuel?", "Si", "¿Regresas?", "No lo se", "Ah, que te vaya bien") y a cumplir con los compromisos asumidos (después supe que no me necesitaban para los matrimonios de 6.00 ni de 7.00 p.m.: habían coros para esas misas).
¿Qué pasó entonces? Bueno, de lo que no se no hablo. Supongo que se habrán divertido. Sin embargo, el matrimonio de las 8.00 p.m. acabó temprano, así que tomé un taxi y me dirigí lo más rápido que pude al lugar del crim..., perdón, a la casa de Pedro.
Les dije que el almuerzo era desde la 1.00 p.m. hasta morir. Llegué como a las 9.30 p.m. ("¡Manuel, volviste!" me dijo Ricardo Ortiz de Zevallos) y ya estaban agonizando: algunos bailaban frenéticamente, otros dos o tres bailaban en las escaleras, otros bailaban con cierta coquetería, uno lloraba por un amor perdido y yo, como de costumbre, dando ánimos. Las cosas no acaban allí: algunos dormían la borrachera, y habían ocasionado algún destrozo en la casa, entre ellos malograr el fax. Pedro Velásquez debió haberse ganado una buena llamada de atención por parte de su familia. Una hora mas y me fui a mi casa, al igual que los demás.
Dos días después en la Universidad me encontré con Juan Peña (que se había quedado dormido por efectos del alcohol en plena fiesta), y me dijo "Manuel, no me acuerdo de nada de lo que hice esa noche"; entonces, no se me ocurrió mejor cosa que gastarle una broma (bueno ese semestre le jugué muchas bromas a Juan y él ¡siempre me creia!): "Juanito, lo que hiciste esa noche"; "¿Qué hice, no me acuerdo de nada?", "Hiciste esto y esto, y por poco le faltas el respeto a N.N., haciendo tal cosa". 
Pobre Juan, no sabía donde meter la cara, más aún cuando llegando a la puerta principal de la PUC la tarde del Lunes 7 de Diciembre no falto quien, recordando que se quedó borracho y dormido, le dijo, en tono de burla, "Que tal almuerzo, Juan". Después de reirme un rato de su ingenuidad (todo lo que le decía era falso, ni lo vi borracho, ni dormido, es mas no recuerdo haberlo visto tomando ni siquiera agua), le dije que todo era una broma. Juan molesto me dijo que nunca mas me creería en lo que le iba a decir (cosa que no cumplió ninguna de las veces que cayó en mis bromas).
Con la gente de Goce tuvimos un almuerzo por las Olimpiadas en 1993, luego un reencuentro en 1995 y otro en el 2004, al que, como de costumbre, llegué temprano y me fui temprano, porque tenía que atender las Misas en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados (cuando le conté esto al P. José Francisco Navarro, S.J. Superior de la Comunidad Jesuita de Desamparados me llamó la atención: no por haber ido al almuerzo, sino por no haberme quedado mas tiempo a compartir con mis amigos, ya que por esta vez las otras actividades podían esperar).
Todas estas experiencias las guardo en el corazón, con la gente de "Goce" viví con alegría esta etapa de mi vida y de mi formación profesional. Mas allá de lo anecdótico, de lo gracioso y hasta de lo comprometedor, tengo siempre presente el regalo de la amistad que ahora retribuyo con mis oraciones, y con el deseo y la esperanza de volverme a reunir con ellos, ya no para hacer las mismas travesuras de antes (ya no estamos para esos menesteres), sino para recordar y compartir la amistad y la vida que Dios nos ha regalado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ESE CUADRO PARECE UN LOMITO SALTADO?