martes, 19 de marzo de 2013

AL DIA SIGUIENTE

Ha terminado el proceso de consulta popular sobre si debía o no revocarse a la Alcaldesa de Lima y a su cuerpo de regidores. No voy a hacer ningún análisis político sobre el tema, que mas de uno ya lo está haciendo con mejores criterios que yo.
En lo que quiero reflexionar, desde la fe, es en la forma como hemos vivido este proceso, porque me da la impresión que muchos de nosotros, que nos decimos creyentes, hemos dado un grave anti testimonio de nuestra fe.
Yo se que cada quien es libre de creer en la opción política que desee, y defenderla con todos los argumentos que tenga a la mano. Pero, cuando ya se comienza a recurrir a la mentira, a las generalizaciones, a la "piconería", al argumento barato, a atacar al contrincante hasta por lo más insignificante... ¡todo por defender nuestras convicciones!; es allí cuando me pregunto ¿no podemos analizar con objetividad? ¿no nos da miedo hacer juicios temerarios acerca de nuestro prójimo? ¿aprobará Dios y nos aplaudirá por todo lo que hemos dicho en esa campaña de revocatoria? 
Me apena ver la manipulación de las conciencias que se han hecho acerca del tema de la revocatoria, en especial cuando oia a un Pastor Evangélico a través de la televisión dirigiendo el voto de sus fieles, amenazándoles casi con castigos divinos si es que no votaban como el les decía. Me da pena que muchos católicos tengan que recurrir a todas estas bajezas contra el prójimo, prójimo al que se supone que debemos amar, ¡que son nuestros hermanos!
No es fácil ser cristiano cuando los fanatismo y pasiones políticas, deportivas y hasta religiosas nos enceguecen. Si hay que confrontar ideas que sea eso, confrontar ideas, con respeto, sin mentiras ni calumnias. ¡Que bien vale recordar lo que decía el Papa Juan XXIII "hay que distinguir el error de la persona que lo profesa" (Cf. Pacem in terris Nº 158). Por ello es bueno pedir al Espíritu Santo que nos de la sabiduría para ser tolerantes con nuestro prójimo, para ser humildes y aceptar con cariño y respeto las discrepancias, y que nos de la humildad para reconocer que nos estamos equivocando, o que no actuamos como cristianos, en lugar de buscar justificaciones que son solo una expresión de nuestra soberbia.
Gracias a Dios ya pasó la revocatoria. Ahora podré abrazar a todos mis amigos, en especial a los que discrepan conmigo. Ojalá aprendamos a ser hermanos y no rivales. ¿No es este el sueño de Jesús?

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