martes, 17 de marzo de 2015

PREGÓN DE SEMANA SANTA 2 - NOTAS HISTORICAS

Basílica del Santo Sepulcro Jerusalén
La Semana Santa constituye el corazón del Año Litúrgico. La primera celebración de la Iglesia ha sido, desde los tiempos apostólicos, el Domingo, día del Señor Resucitado. En el siglo II comenzaría a destacar uno al año, el Domingo de Pascua de Resurrección, cuya fecha se calculaba tomando en cuenta la llegada de la primavera en el hemisferio norte y la luna llena. Más adelante, en tiempos de San Ambrosio, siglo IV, la celebración de este misterio se amplió a tres días: el Triduo Pascual de la muerte, sepultura y resurrección del Señor y, más adelante, a la semana completa.
Los ritos con que celebramos los días santos no nacieron por idea de un Papa o de un Obispo, sino que provienen de diversas tradiciones litúrgicas, principalmente de las Comunidades Cristianas de Roma y de Jerusalén, que se fueron integrando a través del tiempo. Veamos dos ejemplos: el Domingo anterior a la Pascua de Resurrección la Iglesia Romana celebraba la Pasión del Señor, a la que en el siglo VIII se le añadió la procesión de los ramos que se tenía en Jerusalén desde principios del siglo V. El otro ejemplo es la celebración del Viernes Santo: en la Iglesia Romana se tenía, antiguamente, una celebración de la Palabra que concluía con la Oración de los Fieles, posteriormente se añadió la Adoración de la Cruz, rito que tuvo su origen en la Iglesia de Jerusalén, y que es relatado por la Peregrina Egeria en el siglo IV.
Con el tiempo estas celebraciones han tenido algunos cambios, el más importante de todos ha sido la anticipación, en el siglo XVI, de la Vigilia Pascual a la mañana del Sábado Santo (de allí el nombre de “Sábado de Gloria”), que trajo como consecuencia que la celebración de la Pascua perdiera el valor y la importancia que tuvo en sus comienzos. La reforma de la Semana Santa que hizo el Papa Pio XII en 1955 devolvió a la Vigilia Pascual su carácter nocturno en la noche del Sábado al Domingo, tal como la hacemos en la actualidad.
Cristo Románico - Siglo XI
Las celebraciones litúrgicas fueron complementadas con las procesiones que organizaban las Cofradías existentes desde la Edad Media. En el siglo XVI las cofradías sevillanas se consolidan y organizan las “Estaciones de Penitencia” hacia las iglesias cercanas, llevando en procesión las imágenes que representan la pasión del Señor. Esto ayudaba a los fieles a contemplar el misterio “como si presente me hallase[i], en un tiempo en el que los textos bíblicos se proclamaban en latín, lengua que muchos desconocían. El arte cristiano también tuvo su evolución: la Iglesia primitiva representaba a Jesús como el “Buen Pastor”, en el siglo V aparecerán las primeras imágenes de Cristo Crucificado. Los crucifijos del arte románico (siglo XI y XII), representarán a Jesús vivo, puesto en la cruz, pero no clavado a ella; sino con túnica larga, como si fuera un rey triunfante y solemne. El arte gótico presenta a Jesús desnudo, muerto, rígido, crucificado con tres clavos (como el Señor de Burgos de San Agustín); un ejemplo curioso es el Cristo del Castillo de San Francisco de Javier que aparece muerto, pero sonriendo. El renacimiento del siglo XV nos presentará la belleza del cuerpo humano. Más adelante, el arte barroco que se desarrolló entre los siglos XVI y XVIII nos mostrará la pasión con toda su crudeza, lo más realistamente posible: Cristo muerto, desnudo, sufriente, desangrado. Cuando en 1541 se erige la diócesis de Lima, como sufragánea de la Arquidiócesis de Sevilla, se traen a estas tierras la tradición artística y religiosa Andaluza y, con ello, la forma de celebrar la Semana Santa seguirá los moldes y esquemas que se tenían en esta región de España.
A los pocos años de la conquista los migrantes españoles comenzaron a fundar Cofradías o Corporaciones dedicados al culto de la Pasión del Señor La primera Cofradía fundada en Lima fue la de la Vera Cruz, en 1540, por Francisco Pizarro, que poseía unos fragmentos de la Cruz donde murió Jesús, obsequio del Papa Paulo III (hacemos votos por su pronto regreso a la Comunión con el Arzobispado de Lima); luego en 1559 se fundará la Cofradía de la Piedad en la iglesia de la Merced; en 1571 un grupo de sevillanos pide permiso al Cabildo de Lima para llevar en procesión a Nuestra Señora de la Soledad la noche del Jueves Santo; y en 1593 se funda la Hermandad o Cofradía del Señor de Burgos en San Agustín.
Podemos imaginar cómo eran las procesiones pasionarias de Lima colonial: de noche, la ciudad sin alumbrado eléctrico, los pasos procesionales acompañados de los “hermanos de luz” que portaban velas, y de los penitentes o “hermanos de sangre” que recorrían las procesiones flagelándose (no se sorprendan, era parte de la religiosidad de esa época).
Procesión de Viernes Santo
Iglesia de la Soledad
La Cofradía de la Soledad realizaba la imponente “Ceremonia del descendimiento” en la plaza de San Francisco la tarde del Viernes Santo; para lo cual se contrató al escultor catalán Pedro de Noguera en 1619 a fin de que tallara una imagen articulada de Cristo que pudiera ser colocado en la cruz y luego descendido para ser llevado en procesión por las calles de Lima. La procesión que salía de esta iglesia en el siglo XVII estaba compuesta por varios pasos o andas: el paso de “La lanzada” de Longinos, “El Descendimiento”, “La Santa Cruz”, “El Santo Entierro”, el “Paso de palio” que llevaba a Nuestra Señora de la Soledad y el “Paso de la loza”. La procesión iba acompañada de los religiosos de los conventos de Lima, los caballeros de Orden de Santiago y de la Orden de Malta, los alumnos de la Universidad de San Marcos, penitentes y hermanos de luz que vestían el hábito de la Soledad (Guillermo Lohmann señala que en algún año salieron cerca de mil penitentes acompañando esta procesión)[ii]. El mejor testimonio de esta procesión lo tenemos en los cuadros del siglo XVII de autor anónimo que conservamos en nuestra Sala de Cabildos.
Antigua iglesia de
Desamparados
Pero no solo la liturgia y las procesiones eran la expresión de la fe limeña en esos días. A unas pocas cuadras de aquí, en lo que hoy es el jardín de Palacio de Gobierno, se encontraba la antigua iglesia de Nuestra Señora de los Desamparados. Allí el P. Francisco del Castillo S.J., “el Apóstol de Lima”, comenzó con los alumnos de la “Escuela de Cristo” en 1660 la devoción al “Señor de la Agonía”. Esta práctica no era un sermón, sino que consistía en la meditación de las “Siete Palabras de Cristo en la Cruz”, ejercicios de oración mental y vocal, exposición de imágenes a través de un sistema de puertas y tornos en la iglesia, acompañado de música de arpa, que duraba tres horas. La imagen del Santo Cristo de la Agonía, con la que se inició esta devoción, se venera actualmente en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados en Breña, y salió en procesión la noche del Viernes Santo desde 1975 hasta el año 2007. A la muerte del Padre Del Castillo, en 1673, el P. Alonso Messía, S.J. “sistematizó y propagó el Sermón de las Siete Palabras con el opúsculo “La Devoción de las tres horas de la agonía de Cristo Nuestro Señor y método con que se practicaba en el Colegio Máximo de San Pablo de la Compañía de Jesús de Lima y en toda la provincia del Perú[iii]. La “devoción al Señor de la Agonía” se convirtió así en el “Sermón de las Tres Horas” que hoy conocemos. 
Santo Cristo de la Agonía
A lo largo de la historia, en Lima, quienes más han destacado en la predicación de las “Siete Palabras” han sido los padres de la Compañía de Jesús. Permítanme mencionar dos nombres: el P. Carlos Martínez, S.J. quien murió de un ataque al corazón el Viernes Santo de 1928 en la iglesia de San Pedro, al terminar de predicar la séptima palabra: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”; y el P. Salvador Tito Otero, S.J. quien, a través de la radio y, sobretodo de América Televisión Canal 4, predicó durante muchos años las Siete Palabras, para lo cual se preparaba con meses de anticipación, sin dejar nada a la improvisación[iv].
Con orgullo podemos decir que “Las Siete Palabras” nacieron en esta ciudad de Lima, por obra de los Padres de la Compañía de Jesús.
Las reformas borbónicas en el siglo XVIII, los problemas económicos en España y en el Virreinato del Perú, provocaron la decadencia de la Semana Santa limeña: ya no había dinero para organizar las “Estaciones de Penitencia”. La Independencia y la llegada de la República, acentuaron la decadencia de las cofradías y devociones de origen español; por lo que el culto a Nuestra Señora de la Soledad quedó limitado a los actos litúrgicos y devocionales en el templo.
Sin embargo, las procesiones de Semana Santa no dejaron de realizarse en otras partes del Perú; a las tradiciones religiosas venidas de España se le fueron integrando elementos de la cultura andina. Mención especial merece la Semana Santa de Ayacucho, que es una extraordinaria manifestación de fe comparable solo con Sevilla. El miedo causado por la violencia y el terrorismo que azotaron durante años a nuestros hermanos ayacuchanos, no hizo que ellos escondan su fe: ellos unieron sus dolores a la Cruz con la esperanza de que un día, Jesucristo Resucitado les daría la paz, les daría la vida.
¡La violencia y a la muerte no destruyeron la fe de la Iglesia!
En 1989 gracias al empeño de Monseñor Alberto Brazzini Díaz Ufano, Obispo Auxiliar de Lima, se revitalizó la Semana Santa de esta ciudad. En 1990 Nuestra Señora de la Soledad vuelve a recorrer el Centro Histórico de Lima, asignándose como fecha el Sábado Santo; el año 2006 recuperó como día propio el Viernes Santo; y el año 2012 se vuelve a hacer la Ceremonia del Descendimiento, después de más de 200 años.
Esta es la fe y la tradición de la Iglesia y de la Familia Soleana, de la cual nos sentimos orgullosos, porque son la expresión del cariño que le tenemos a Jesucristo y a Nuestra Madre de la Soledad.

Les invito a escuchar "Behold the lamb of God" (Este es el Cordero de Dios) de "El Mesías" de Handel.


[i] San Ignacio de Loyola: Ejercicios Espirituales Nº 114
[ii] Guillermo Lohman: “La Semana Santa de Lima”. Editado por el Fondo Editorial del Banco de Crédito
[iii] P. Enrique Rodríguez, S.J., “Siete Palabras para Tito Otero”. Publicado en el Anuario de la Compañía de Jesús del Perú del año 2010.
[iv] Cf. Enrique Rodriguez S.J.: Siete Palabras para Tito Otero Publicado en el Anuario de la Compañía de Jesús del Perú del año 2010.

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